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Dios ya proveyó - El Rescate de la Familia Humana

INTRODUCCIÓN

¿Has hecho algo grande para Dios? ¿Qué fue lo más grande que has hecho por Dios? Hoy quiero hablarte de hacer algo verdaderamente grande...

Hoy quiero que recuerdes conmigo la historia de Abraham. Dios había hecho una promesa a Abraham. De su linaje, de su descendencia nacería una gran nación. 

Su hijo, Isaac, el hijo del milagro. Aquel niño de la promesa que nació cuando él tenía 100 años y Sara, su esposa, más de 90. Isaac, era el hijo y el heredero de la promesa de Dios.

Ahora bien, repito la pregunta: ¿Has hecho algo grande para Dios? ¿Qué es lo que Dios está pidiendo de ti como padre, madre, de familia en el tiempo del fin?

De esto conversaremos hoy.

I. LA GRAN PRUEBA

En capítulo 22 del libro de Génesis aparece el momento en la vida de un hombre, donde su fe es probada hasta los límites máximos. Una fe que demuestra ser a toda prueba. 

En este capítulo encontramos a Abraham recibiendo un pedido poco usual, donde Dios le pide que entregue en sacrificio a su propio hijo, el único que tenía con Sarai, su esposa. Leamos juntos el texto: 

"Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” Génesis 22:1.

Notemos lo que dice el texto bíblico:

- Dios prueba a Abraham. En la Biblia Andrews hablando de este episodio aparece una explicación muy clara de lo que significa el hecho de que Dios “probó” a Abraham. Dice así:

“La noción del término hebreo (traducido “tentó” en la RVA) no es la de invitar a alguien a hacer el mal sino a poner a prueba el valor de una persona y desarrollar en ella cualidades positivas” (Biblia Andrews, comentario Génesis 22).

- Entonces, la prueba no se centraba en Isaac sino en Abraham. El objetivo era poner a prueba el valor y la fibra de la persona.

- Dios estaba dispuesto a probar no solo el amor de Abraham hacia él, sino también su propio amor hacia Abraham.

Nota la respuesta de Abraham:

- El no dudó; dijo “Aquí estoy”.

- Abraham conocía la voz de Dios porque a lo largo de los años siempre había cultivado una relación de amistad con él, y estaba dispuesto a hacer lo que sea, sin importar lo que esto significase. 

- La prueba tenía que ver con los que Abraham más amaba: su hijo.

- Él debía sacrificar a su propio hijo. El heredero.

- Parecía una locura pero, él no dudó.

- Abraham no dudó... 

El versículo 3 dice que Abraham, se levantó muy de mañana tomó todo lo necesario para un sacrificio de adoración, junto sus siervos y levantó a Isaac para que fueran juntos al monte Moriah para ofrecer holocausto. No dudó. No cuestionó la decisión de Dios; sólo obedeció.

Este verso termina diciendo: “Se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho”.

II. CAMINO A LA ADORACIÓN

Si continuamos leyendo la historia bíblica encontramos a ese viejo hombre que seguramente estaba caminando en dirección al monte donde entregaría a su único hijo para cumplir la voluntad de Dios.

Los cuestionamientos deben haber fluido en su mente bombardeando su sentido de supervivencia, su amor de padre y todo lo que puedas imaginarte.

En un punto del viaje, Abraham pide a sus siervos que se queden y que a partir de ese momento él y su hijo seguirían viaje. El versículo 5 del mismo capítulo dice:

“Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros” Génesis 22:5.

Estamos yendo para adorar, y cuando lo hagamos “volveremos”. 

Vemos al anciano que sin dudar sigue su camino hacia el monte de la prueba con un propósito: ADORAR... Pero, Isaac ya no era un niño y era un muchacho inteligente. Él ya había visto muchas veces a su padre hacer altares y sacrificar holocaustos. Él sabía que para adorar al Dios verdadero necesitamos de algo muy importante: un sacrificio.

Esto se revela cuando Isaac le pregunta a su padre: 

“Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: ‘Padre mío’. Y él respondió: ‘Heme aquí, mi hijo’. Y él dijo: ‘He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?’ ” Génesis 20:7.

¿Dónde está el cordero? 

Esa fue la pregunta del joven a la cual con voz segura el anciano responde: “Dios proveerá” (v. 8).

III. DIOS PROVEE SOLUCIÓN

Ahora ya estamos en el monte. La escena es terrible. Un joven acostado encima de un montón de piedras y leña alrededor. Su anciano padre, con su mano alzada, levantando un cuchillo y con lágrimas en sus ojos listo para cumplir el mandato y entregar a su hijo en sacrificio de adoración a Dios.

En ese momento dice la Biblia...

“Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.” 

¡No extiendas tu mano! ¡No mates a tu hijo! ¡Yo sé, dice Dios, que tu fe no tiene límites! 

Dice Génesis 22:13:

“Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.”

Dios cumplió las palabras de Abraham: “Dios proveerá” y así lo hizo. 

- Dios mandó el carnero como sustituto de Isaac.

- Isaac vivió gracias al sustituto que ocupó su lugar. 

- La sangre del carnero fue lo que permitió que Isaac viviera.

Me emociona pensar en las palabras de Elena de White cuando en referencia de esta experiencia de Abraham dice:

“Todo el pesar y la agonía que soportó Abraham por esta sombría y temible prueba, tenía por propósito grabar profundamente en él la comprensión del plan de redención en favor del hombre caído. Se le hizo entender mediante su propia experiencia cuán inmensa era la abnegación del Dios infinito al dar a su propio Hijo para que muriese a fin de rescatar al hombre de la ruina y completa. Para Abraham, ninguna tortura mental podía igualarse con la que sufrió al obedecer la orden divina de sacrificar a su hijo” (3TI 407).

En el Nuevo Testamento, Juan el Bautista resumió justamente la misión del Jesús en estas palabras: Jesús, es “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). 

En este mundo en el cual vivimos la única solución para el problema del pecado es Jesucristo. Él es cordero de Dios que cubre los pecados de todos los seres humanos. Él es la solución que Dios ya proveyó ¿Amén?

LLAMADO

Como padres cristianos tenemos una misión muy clara.

- Debemos ser ejemplos para nuestros hijos, haciendo la voluntad de Dios, aunque muchas veces parezca una locura.

- Cada día necesitamos renovar nuestra con anza en Dios, entregar y consagrar nuestra familia en señal de adoración.

- Entregar los nuestros en las manos de Dios porque él es el Único que provee verdadera salvación.

- Somos ejemplos e intercesores.

- Como en la antigüedad, somos llamados a “pintar” los dinteles de la puerta de nuestra casa con la Sangre del Cordero para que nuestros hijos sean salvos (Éxodo 12:7).

De verdad digo esto y con mucha convicción, estamos viviendo en los últimos minutos del reloj profético. Cristo está volviendo y necesitamos hoy más que nunca permitir que la sangre de Jesús limpie de todo pecado nuestra familia.

Dios te llamó a ser un ejemplo. A ser un hombre y una mujer de fe. A ser un intercesor. ¿Estás dispuesto a ser un padre, una madre conforme al corazón de Dios? 

¿Estás dispuesto o dispuesta a jugarte por tu fe y dar todo por Jesús? 

¿Te atreves a decir como Abram “¡Aquí estoy Señor, dime que hacer!?”.

Esto requiere sacrificios, comunión intima, abandonar cosas, y jugarnos para ser padres y madres intercesores por nuestros hijos. 

Hoy somos llamados por Dios a enseñar por precepto y ejemplo a nuestros hijos que la única solución para el problema del pecado es Cristo. Porque fuera de él no hay salvación. ¿Estás dispuesto? 

Entonces ponte de pie y vamos a orar

ORACIÓN

Oh Padre celestial, dame fuerzas y fe para hacer sólo tu voluntad aunque esto requiera sacrificios extremos. Quiero aceptar tu salvación en mi vida. Salva mi familia, te la entrego solo a ti y lo hago en nombre de Jesús. Amén. 


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