"Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Filipenses 1:21). Suele decirse que la muerte es parte de la vida. Eso no es cierto. La muerte es lo contrario de la vida, el enemigo de la vida. Pablo dice enfáticamente que Cristo murió para «destruir por su muerte al que tenía el dominio de la muerte, a saber, al diablo; y librar a los que por temor a la muerte vivían como esclavos toda su vida» (Hebreos 2:14, 15). Aunque estaba dispuesto a morir por Cristo, Pablo confiaba en su destino eterno . Mientras tanto, lo más importante para él era honrar a Cristo y predicar el evangelio al mayor número posible de personas con su propia vida o con su muerte. Tal vez esa sea una de las razones por las que tenemos tantas epístolas suyas, por medio de las cuales pudo llegar a muchas personas y lugares, incluso a algunos sitios que él mismo nunca visitó. La vida es breve, por lo que debemos hacer el mayor impacto posible para el Reino de Dios en el lapso de los años que Dios nos ...
Hagan todo sin queja ni discusión, para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y perversa, en la cual ustedes resplandecen como luces en el mundo» (Fil. 2: 14, 15). Dios dijo a los hebreos que su obediencia a la voluntad divina sería «su sabiduría y su inteligencia ante las naciones, que al oír todas estas leyes dirán: “¡Qué pueblo sabio y entendido, qué nación grande es esta!”» (Deut. 4: 6). Siglos más tarde, Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8: 12). También dijo: «Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no puede esconderse» (Mat. 5: 14). ¿Cómo podemos ser esa luz? Solo mediante una estrecha relación con Jesús, «la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo» (Juan 1: 9). Como dice Filipenses 2: 9 al 11: «Por eso Dios también lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que...