"Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1:9). La Tierra Prometida parecía muy lejana a los israelitas que acampaban bajo la columna de nube en la llanura. Moisés había desaparecido muchos días antes en la densa oscuridad que cubría la cima de la montaña. Seguramente su líder ya había muerto, razonaron, por inanición o por el fuego consumidor de la presencia divina. La multitud mixta se sentía inquieta e impaciente, lista para pasar a la tierra que manaba leche y miel. Aunque este mismo pueblo había hecho pocos días antes un pacto solemne con Dios y se había comprometido a serle obediente, querían un ídolo que pudieran ver. Así que, se reunieron en torno a la tienda de Aarón y le exigieron que creara una imagen idolátrica para ellos. Temiendo por su propia seguridad, Aarón accedió. Esta triste historia es desarrollada en Éxodo 32 al 34. Este relato es solo una de las historias bíblicas que nos instruyen ...
Hoy en día se pone un énfasis excesivo en la acumulación de riqueza y posesiones materiales. Los anuncios nos dicen que podemos ser ricos y dejar nuestros trabajos si solo compramos y seguimos la estrategia “probada” de algún millonario artífice de su éxito. Las revistas, los programas de televisión y las redes sociales nos bombardean continuamente con imágenes de estilos de vida opulentos, casas y adquisiciones lujosas. Incluso entre los cristianos, la creencia y la promulgación del “evangelio de la prosperidad” cultiva una actitud de egoísmo materialista que socava la visión bíblica de los cristianos como fieles mayordomos a quienes se les han confiado recursos para glorificar a Dios y servir a los demás. ¿Estamos inclinados a priorizar las posesiones? El enfoque sesgado sobre la riqueza monetaria es equivocado y pasa por alto la esencia genuina de lo que constituye la auténtica prosperidad y la vida abundante. Para aquellos guiados por principios bíblicos, el concepto de mayordomía,...