"Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1:9). La Tierra Prometida parecía muy lejana a los israelitas que acampaban bajo la columna de nube en la llanura. Moisés había desaparecido muchos días antes en la densa oscuridad que cubría la cima de la montaña. Seguramente su líder ya había muerto, razonaron, por inanición o por el fuego consumidor de la presencia divina. La multitud mixta se sentía inquieta e impaciente, lista para pasar a la tierra que manaba leche y miel. Aunque este mismo pueblo había hecho pocos días antes un pacto solemne con Dios y se había comprometido a serle obediente, querían un ídolo que pudieran ver. Así que, se reunieron en torno a la tienda de Aarón y le exigieron que creara una imagen idolátrica para ellos. Temiendo por su propia seguridad, Aarón accedió. Esta triste historia es desarrollada en Éxodo 32 al 34. Este relato es solo una de las historias bíblicas que nos instruyen ...
Si fuera testigo de una bola de metal flotando libremente en el aire, se preguntaría naturalmente qué es lo que la suspende invisiblemente. Del mismo modo, en nuestra vida, siempre que los individuos, o tú mismo, adoptamos un comportamiento o un estilo de vida determinados, hay creencias y convicciones subyacentes que nos influyen, a las que llamaré “suspensiones invisibles”. Este principio se aplica a la práctica del diezmo. Proviene de creencias internas. Cuando estas creencias esenciales están ausentes o son inciertas, la práctica del diezmo se abandona o se siente como una carga. En este sexto día de nuestro reavivamiento espiritual de mayordomía cristiana, revisaremos tres de estas creencias cruciales: DIOS ES DUEÑO La motivación para devolver el diezmo surge de la creencia de que Dios es el propietario. A lo largo de la Biblia, hay numerosas referencias que afirman la propiedad de Dios sobre todo lo que hay en el planeta Tierra. Por ejemplo, Salmo 24:1 dice: “De Jehová es la tier...