"Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1:9). La Tierra Prometida parecía muy lejana a los israelitas que acampaban bajo la columna de nube en la llanura. Moisés había desaparecido muchos días antes en la densa oscuridad que cubría la cima de la montaña. Seguramente su líder ya había muerto, razonaron, por inanición o por el fuego consumidor de la presencia divina. La multitud mixta se sentía inquieta e impaciente, lista para pasar a la tierra que manaba leche y miel. Aunque este mismo pueblo había hecho pocos días antes un pacto solemne con Dios y se había comprometido a serle obediente, querían un ídolo que pudieran ver. Así que, se reunieron en torno a la tienda de Aarón y le exigieron que creara una imagen idolátrica para ellos. Temiendo por su propia seguridad, Aarón accedió. Esta triste historia es desarrollada en Éxodo 32 al 34. Este relato es solo una de las historias bíblicas que nos instruyen ...
"Dios, el Señor, me dio lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento al cansado; mañana tras mañana me despierta el oído para que oiga como los sabios" (Isaías 50:4). Era una mañana de sábado ajetreada para aquel pastor. Se había levantado temprano a fin de prepararse para asistir a la Escuela Sabática y al sermón. También estaba dirigiendo una serie de evangelización por la tarde. Recogió las llaves, salió presuroso de la casa y se marchó a toda velocidad. Mientras conducía, se sintió molesto ante la posibilidad de que el pesado tráfico le impidiera llegar a tiempo a la iglesia. ¿Adónde iba tanta gente un sábado de mañana? Entonces, un automóvil se le adelantó sorpresivamente. El pastor frenó bruscamente y levantó el puño en señal de enojo mientras vociferaba contra el imprudente conductor del otro vehículo. El pastor llegó finalmente a la iglesia. Cuando se levantó para dirigir el repaso de la lección, sus ojos recorrieron la clase y se detuvieron en un rostro fami...