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Las Tres Cruces - Restaurados

La escena de la crucifixión de Jesús está llena de significado y, si miramos de cerca esa historia, podemos encontrar varias lecciones para nuestra vida hoy. En aquel día hubo tres cruces, la de Cristo y las de dos ladrones. La respuesta de los ladrones ilustra perfectamente las únicas respuestas posibles al Mesías enviado por Dios: creencia o incredulidad, aceptación o rechazo, arrepentimiento o impenitencia.
Texto: Lucas 23:39-43

INTRODUCCIÓN

La vida está llena de elecciones. Había una vez un hombre tonto que servía a un califa en su corte en Bagdad. Cierto día, sin percibirlo, el tonto ofendió al califa en la corte. Para castigar la ofensa, el califa ordenó que debía morir. “Sin embargo”, el gobernante le dijo: “considerando sus muchos años de servicio, dejaré que usted decida cómo quiere que sea su muerte”. “Bien, respondió el tonto de la corte “si a usted no le importa, oh, califa bondadoso, como será mi muerte, yo elijo morir de vejez”.

La vida no siempre le da la posibilidad de elegir cómo morir, pero puede elegir cómo vivir. Usted y yo somos la suma total de las elecciones que hacemos. Hora tras hora, día tras día, hacemos elecciones grandes, pequeñas, difíciles, fáciles, liberadoras, confiadas, egoístas, altruistas.

La escena de la muerte de Jesús se caracteriza por tres cruces; y nosotros podemos usar esa escena para ilustrar la realidad de la salvación. Existen solo tres factores importantes en el proceso de la salvación. Está el proveedor, el receptor y el rechazador. Está el que murió por el pecado, están los que mueren a pecado, y los que mueren en el pecado. Existen solo tres cruces, tres opciones. Existe la cruz de la redención, la cruz de la aceptación y la cruz del rechazo. Existen solo tres personas, el Salvador, el santo y el pecador.

No hay otras posibilidades con relación a la respuesta de la salvación de Dios. Esa es la lección principal de esas tres crucifixiones aquel día.

Dios usó a Jesús y a dos criminales para dramatizar las únicas respuestas posibles al Mesías prometido por Dios: creencia o incredulidad, aceptación o rechazo, arrepentimiento o impenitencia. Uno de cada lado de Jesús. Esas tres cruces fueron llamadas por tres nombres diferentes: la cruz de la redención, la cruz del rechazo y la cruz de la aceptación.

I. LA CRUZ DEL RECHAZO

Esta es la cruz de uno de los ladrones. Murió como vivió, en su pecado. Físicamente estaba cerca de Cristo, pero lejos de él espiritualmente. Jesús podría haberlo salvado si él hubiera reconocido lo que Dios estaba haciendo en su favor. En Lucas 23:39, la Biblia dice “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: ‘Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros’”.

Quiero que notemos algunas cosas sobre ese ladrón en particular. En sus pa- labras no hubo ninguna admisión de su culpa. Él no estaba interesado en admitir que se había equivocado. Estaba disgustado por haber sido atrapado, tenía una tristeza mundana. En otras palabras, no estaba triste por haber ofendido a Dios, de haber pecado contra Dios. No, él lamenta haber sido atrapado, lamenta solo la consecuencia de su pecado.

La Biblia nos habla sobre el resultado final de la tristeza mundana.

2 Corintios 7:10 - “la tristeza del mundo produce muerte”.

Santiago 1:15 - “y el pecado siendo consumado, da a luz la muerte”.

Romanos 6:23 - “Porque la paga del pecado es muerte”.

Ese ladrón era un hombre que estaba recogiendo lo que sembró y no lo estaba disfrutando. Vean, durante toda su vida ese hombre sembró los frutos de la carne. La Biblia nos dice en Gálatas 6:8 que “el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción”.

En lo que dijo ese ladrón también hay escepticismo e incredulidad. Él dice al Señor “Si eres el Cristo” (Lucas 23:39).

Hay una similitud con Mateo 4:3, el diablo le dijo a Jesús: “Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. En el jardín del Edén, el diablo puso la duda en Eva, sobre lo que Dios les había dicho a ella y a Adán: “¿Conque Dios os a dicho ‘No comáis de todo árbol del huerto?’” (Gén. 3:1).

El enemigo está por detrás del escepticismo y la incredulidad y, en ese caso en particular, lo que está sujeto al escepticismo y la incredulidad es la salvación. El diablo es el autor de la confusión. Él quiere que las personas duden de lo que la Palabra de Dios dice, especialmente sobre la salvación. La Biblia nos dice en Hebreos 11:6 cómo debemos llegarnos a Dios “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Es necesario creer.

Finalmente, en la cruz del rechazo, notamos una falta de humildad. En vez de ser humilde y buscar misericordia, Lucas 23:39 nos muestra que ese ladrón insultó y se burló de Jesús. ¿No es eso lo que sucede la mayoría de las veces cuando intentamos testificar a alguien sobre la salvación? El corazón de ese ladrón estaba lleno de orgullo y terminó rechazando al único que podría salvarlo.

La Biblia declara: “[...] antes de la caída la altives de espíritu” (Proverbios 16:18). Y en Santiago 4:6, la Biblia también declara: “[...] Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”.

Con esa cruz, aprendemos que:

1. Jesús puede salvar al profano, al no apto y al inmundo, pero no puede salvar al que no está dispuesto. Debe haber un clamor por misericordia para que se realice la salvación. 

2. Aquí hay una prueba de que no podemos esperar hasta el momento de nuestra muerte para buscar arrepentimiento y perdón.

3. Aquí hay una prueba de que Cristo no fuerza la salvación a nadie. Él solo está a nuestra disposición. La elección es siempre nuestra.

4. Aquí hay una prueba de que una persona puede estar muy cerca de la salvación y aun así perderla. Ese ladrón quería ser librado de su dolor. Quería a un Cristo sin cruz. Muchos buscan a un Cristo que cumpla sus sueños, no a aquel que los salvaría del pecado.

5. Aquí está una prueba de que los que insisten en rechazar se perderán para siempre.

II. LA CRUZ DE LA ACEPTACIÓN

Esta es la cruz del criminal cuya vida fue corta, pero bendecida. Considero interesante que ese ladrón también se burló de Jesús al comienzo, pero después cambió su corazón y su mente. Marcos 15:32 nos dice que los dos criminales lo ridiculizaron. Mateo 27:44 nos dice que ambos lanzaron los mismos insultos contra Jesús. Pero solo Marcos agrega que ese criminal decidió que esa no sería su respuesta final. Se arrepintió e imploró por misericordia.

En primer lugar, es importante observar que temía a Dios. En Lucas 23:40, leemos que este ladrón le dijo al otro: “Ni aun temes tú a Dios [...]”. Él sabía que Dios controlaba su destino. Sabía que Dios era el juez de las cosas.

Segundo, él se dio cuenta que era un hombre condenado y sin salida. Observen sus palabras en el versículo 40 “[...] estando en la misma condenación”.

Tercero, reconoce su pecado y reconoce que mereció su sentencia. Vean el versículo 41: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo”. La Biblia nos dice que “[...] todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23) y que “no hay justo ni aun uno” (Romanos 3:10). El reconocimiento del pecado es el primer paso para ser salvo. Una persona debe primero reconocer que es pecadora. Si no se considera pecadora, no tiene necesidad de ser salvada.

Finalmente, el ladrón notó que solo el Señor Jesucristo podría salvarlo. Se volvió hacia la cruz central, la cruz de la redención y pronunció estas palabras: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (vers. 42). Al contrario del otro ladrón, en la cruz del rechazo, el ladrón en la cruz de la aceptación no tenía dudas de quien era Jesús. Vino a Jesús con humildad, admitió su pecado, aceptó su sentencia de muerte implorando a Dios por misericordia. Ese ladrón creyó en el nombre del Señor Jesucristo para salvarlo. Juan 1:12 dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

III. LA CRUZ DE LA REDENCIÓN

Esta es la cruz de Jesús. Está en el centro. Es la mayor de las tres por ser la doctrina central en todas las Escrituras. Herbert Lockyer dijo: “En la vieja cruz accidentada, vemos al hombre en lo peor, pero a Dios en lo mejor”. Esta cruz representa el amor de Dios en acción.

Notemos la respuesta de Jesús al ladrón en la cruz de la aceptación en el versículo 43: “De cierto te digo hoy que estarás conmigo en el paraíso”. La cruz de Jesús fue una cruz de redención, de perdón y reconciliación con Dios. La cruz de Jesús nos da esperanza y seguridad. Y esa verdad nos puede parecer extraña. ¿Cómo podemos encontrar esperanza y seguridad en un Dios que muere? Ese es el sentimiento de muchos, como el del otro ladrón en la cruz: “Si eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lucas 23:39). Pero la cruz ofrece esperanza y seguridad porque la cruz no era la respuesta final de Dios, sino la tumba vacía. Cristo resucitó, su muerte no fue definitiva, su muerte fue un sacrificio por el pecado, un sacrificio para usted y para mí.

Vea lo que dice Juan 10:17, 18: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. La cruz no es la evidencia de un Dios débil, sino de un Dios fuerte y poderoso, y aun así, un Dios humilde y misericordioso.

¿Cómo ve usted la cruz? Un antiguo Jartum encontrado en una pared en ruinas de la antigua Roma, muestra cuán loco les parecía el mensaje cristiano de la salvación en la cruz a muchas personas de aquella época. Es una caricatura de la crucifixión de Jesús, donde se muestra el cuerpo de un hombre colgado de una cruz, pero el cuerpo tiene la cabeza de un burro. También está la figura de un joven con las manos levantadas en adoración hacia él. Debajo tiene una inscripción: “Él adora a su Dios”. ¿Un Dios crucificado? No tiene sentido, pueden decir muchos. Pero la cruz es en verdad la exhibición del poder de Dios. ¿Cómo ve usted la cruz?

CONCLUSIÓN

Al concluir esta noche, permítanme preguntar: ¿en qué cruz está usted, en la cruz del rechazo o la de la aceptación?

Generalmente las gift cards (tarjetas que valen por un regalo) vienen con un vencimiento. Me ha sucedido que dejé la tarjeta presente en la billetera y me olvidé completamente de ella. Una tarjeta regalo puede valer 100 reales un día y al otro día nada, porque expiró. Se pierde la oportunidad de gastarla y termina en la basura.

El presente del perdón que Dios nos da es como una tarjeta de regalo, es más valioso que cualquier otra cosa que podamos imaginar. Él pagó por ese regalo con la vida de su único Hijo. Dios nos extiende ese valioso regalo y espera que lo aceptemos. Si no lo aceptamos y usamos, ese regalo pierde su valor. Una tarjeta regalo es solo un plástico, a menos que se la use. No espere para reivindicar el regalo de Dios, haga uso de él antes de que sea demasiado tarde. (Mike Silva, would you like fries with that? [Word, 2005]).

Riquezas, títulos académicos, éxito profesional, nada puede ayudar a alguien en el momento de la muerte. Usted puede haber oído hablar de un hombre de  ciencia que estaba andando en barco. Conversaba con un hombre sin instrucción en la balsa. Le preguntó si conocía de geología. Le dijo que no. El hombre respondió: “Bien, un cuarto de su vida se fue”. Entonces le preguntó si conocía de biología. Otra vez le dijo que no. El hombre le dijo: “bien, la mitad de su vida se fue”. Le preguntó si conocía de zoología. El hombre respondió, no. Le volvió a decir: “bien, tres cuartos de su vida se fueron”. En ese momento una ola alcanzó al barco, arrojándose al agua el hombre sin instrucción le gritó: “Usted ¿sabe nadar? Le respondió: “No”. Entonces, le dijo: “toda su vida se terminó”.

Si usted nunca estuvo en el Calvario y no conoció a Jesús como su Salvador, su vida se está desvaneciendo, y a menos que venga a Jesús, perderá su vida para siempre. Hoy es el día de la decisión. Deuteronomio 30:19, 20 dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tú descendencia”.

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