«Lo importante no es ganar, sino participar» (Ethelbert Talbot). Poco después de haber obtenido el permiso de conducir, mi hermano conducía por una estrecha calle de Madrid, buscando sitio para aparcar. De pronto, en plena maniobra de aparcamiento, el coche se apagó, bloqueándose por completo. El volante no giraba ni a la derecha ni a la izquierda. Parados en medio de la calle, nos empezamos a agobiar. Entonces ocurrió un milagro. En esa misma calle, hasta entonces vacía por completo, varias personas se acercaron a ayudarnos. Entre todos empujamos el vehículo hasta dejarlo aparcado, fuera de peligro y sin obstaculizar el tráfico. Después de ayudarnos de manera desinteresada, aquellos desconocidos desaparecieron sin que nos diera tiempo de darles las gracias. Desde entonces, mi hermano y yo siempre recordamos esta experiencia como un milagro del Señor, que nos sacó de un momento de crisis a través de la generosidad de otras personas. Para resultar exitosas, hay acciones que solo se pue...
Un espacio con sermones que procuran fortalecer la fe y la esperanza en Jesús.