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¿Vale la pena vivir por Cristo?

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co 15:58).

Cuando el silencio parece ganar

Hay momentos en la vida en que las palabras parecen insuficientes.

Frente a una tumba.

Frente a una silla vacía.

Frente a una habitación que ya no volverá a ocuparse de la misma manera.

Frente a la ausencia de alguien amado.

En esos momentos surgen preguntas que tocan las fibras más profundas del alma:

  • ¿Dónde está Dios cuando lloramos?
  • ¿Tiene la muerte la última palabra?
  • ¿Volveremos a ver a quienes amamos?
  • ¿Existe algo más allá del cementerio?
  • ¿Vale la pena seguir creyendo cuando el corazón está roto?

1 Corintios 15 responde precisamente a esa angustia.

Y el centro de su mensaje es extraordinario:

La fe del cristiano no es vana.

No porque nunca lloramos.

No porque no sufrimos.

No porque la muerte no exista.

Sino porque Cristo venció la muerte.

Así, Pablo responde a la pregunta más importante del ser humano:

¿Vale la pena vivir por Cristo?

La fe cristiana no descansa en emociones, tradiciones o deseos humanos. Descansa en un hecho histórico y eterno: Jesucristo resucitó. Por eso nuestra fe no es vana, nuestro presente tiene sentido y nuestro futuro está asegurado.

Por eso, su respuesta es un rotundo:

¡Sí!

Porque:

  • Nuestra fe no es vana.
  • Nuestra esperanza no es vana.
  • Nuestro trabajo no es vano.

El ser humano puede soportar muchas cosas.

Puede soportar el dolor.

Puede soportar la pérdida.

Puede soportar el sacrificio.

Pero le resulta casi imposible soportar el absurdo.

Friedrich Nietzsche observó una gran verdad cuando escribió:

“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.

Por eso Pablo dedica todo 1 Corintios 15 a demostrar que el cristianismo no es una ilusión, una imaginación o un consuelo terapéutico.

Porque la vida de un hijo de Dios no termina en el vacío.

Porque la muerte, en la vida del creyente, no tiene la última palabra.

Porque servir a Cristo y vivir para él vale completamente la pena.

En 1 Corintios 15 descubrimos que

Porque:

  1. Cristo vive.
  2. Cristo viene.
  3. Cristo reina.

Y por lo tanto, NO ES en VANO

Vivimos en un mundo de dolor.

Un mundo de pérdidas.

Un mundo de lágrimas.

Un mundo de muerte.

Pero existe una noticia que cambia todo:

Cristo vive, viene y reina

Y porque Cristo vive, viene y reina

  • La fe no es vana.
  • La esperanza no es una ilusión.
  • La victoria no es una fantasía

Repítalo conmigo:

  • Mi fe no es vana.
  • Mi esperanza no es vana.
  • Mi trabajo no es en vano.
Y esas tres verdades cambian completamente la manera en que enfrentamos la vida y también la muerte.

I. NUESTRA FE NO ES VANA

Porque Cristo resucitó y vive

“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co 15:14).

Pablo comienza siendo brutalmente honesto.

¿Qué ocurriría si Cristo no hubiera resucitado?

La respuesta es devastadora:

“Vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co 15:14).

Si Cristo no resucitó:

  • la fe es vana,
  • la predicación es vana,
  • la iglesia es vana,
  • la salvación es vana.

La palabra griega kenós significa:

  • vacío,
  • hueco,
  • sin contenido,
  • sin resultado.

Pablo está diciendo: “Si Cristo sigue en la tumba, el cristianismo es una cáscara vacía.”

Pero inmediatamente proclama: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos” (1 Co 15:20).

Aquel domingo la tumba de Jesús quedó vacía.

El viernes parecía que todo había terminado.

Los discípulos lloraban.

La esperanza parecía sepultada.

Los sueños parecían destruidos.

Pero el domingo por la mañana ocurrió lo impensable.

Cristo resucitó.

Por eso nuestra fe está viva, porque Cristo vive.

Pablo nos recuerda que Jesús murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día.

Gordon Fee escribe:

“La resurrección no constituye una doctrina secundaria; es el acontecimiento indispensable, la realidad central, la piedra angular sobre el cual descansa toda la existencia cristiana” (The First Epistle to the Corinthians [Grand Rapids: Eerdmans, 1987], p. 723).

Hoy no vemos físicamente a Cristo.

Pero sentimos la evidencia de su presencia:

  • oraciones respondidas
  • vidas transformadas,
  • pecadores restaurados,
  • matrimonios reconstruidos,
  • corazones renovados.
Todo esto nos recuerda que Él vive.

María Magdalena llegó llorando al sepulcro.

Pensó que todo había terminado.

Hasta que escuchó una voz:

“¡María!”

Un instante cambió toda su vida.

El Cristo crucificado estaba vivo.

Hoy lloramos.

Y es correcto llorar.

Jesús lloró ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35).

La fe no elimina las lágrimas.

Pero les da significado.

Porque la muerte no pudo retener a Jesús.

Y tampoco podrá retener para siempre a quienes descansan en Él.

Su palabra nos recuerda:
  • ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado". Lucas 24:5, 6.
  • "el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades". Apocalipsis 1:18.
  • Sin embargo, Pablo no se conforma con demostrar que Cristo vive. 

    Porque una pregunta sigue rondando el corazón humano.

    ¿Qué pasa con nosotros?

    ¿Qué sucede con nuestros seres queridos?

    ¿Qué hay después de la muerte?

    Entonces, Pablo nos recuerda que la resurrección no solamente cambió la historia de Jesús, también cambió nuestra historia. Porque el Cristo que resucitó hizo una promesa.Y esa promesa todavía sigue en pie Porque él siempre cumple sus promesas.

    Así, Pablo levanta la mirada hacia el futuro. Si Cristo vive, entonces la esperanza también vive.

    II. NUESTRA ESPERANZA NO ES VANA

    La esperanza es real porque Cristo viene y resucitará a los suyos

    "Y si nuestra esperanza en Cristo es solo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo". 1 Corintios 15:19 NTV.

    Pablo declara que el cristianismo no termina en esta tierra.

    La fe apunta hacia un futuro glorioso.

    William Barclay escribe:

    “La resurrección transforma la tragedia de la muerte en la promesa de la vida” (The Letters to the Corinthians, Westminster Press, 1975, p. 143).

    “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Co 15:20).

    La palabra primicias es fundamental.

    La primera gavilla garantía que aseguraba la cosecha completa.

    Cristo no resucitó sólo para demostrar poder. La resurrección de Cristo garantiza la resurrección de sus hijos.

    Resucitó para garantizar que los que están en Él también resucitarán. Cristo anuncia nuestra resurrección.

    Cristo fue el primero, nosotros seremos los siguientes.

    Anthony Thiselton afirma:

    “La resurrección de Cristo no es un evento aislado, es el comienzo de la nueva creación y garantiza el destino futuro del pueblo de Dios” (The First Epistle to the Corinthians [Grand Rapids: Eerdmans, 2000], p. 1227).

    “La resurrección de Cristo es una muestra de la resurrección final de todos los que duermen en Él” (El Deseado de Todas las Gentes, Buenos Aires: ACES, 2014, p. 730). 

    La esperanza mira más allá de lo visible. 

    Un niño observaba a su padre sembrar un campo.

    Preguntó:

    - ¿Cómo sabes que habrá cosecha?

    El padre tomó una pequeña semilla y respondió:

    - Porque la cosecha ya está aquí, aunque todavía no la veamos.

    Así funciona la esperanza cristiana. La resurrección de Cristo es la primera semilla del gran campo eterno de Dios.

    El dolor sin nombre

    Cuando uno pierde padre o madre, se llama huérfano

    Cuando uno pierde esposo o esposa, se llama viudo

    Pero cuando uno pierde un hijo, ese dolo no tiene nombre.

    Quizá hoy el corazón duele porque la pérdida parece definitiva.

    Pero para el cristiano, los adioses nunca son definitivos, son temporales.

    Pablo escribe:

    “Porque el Señor mismo con voz de mando... descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16).

    Y entonces ocurrirá el gran reencuentro.

    Querido joven:

    Vivimos en una generación que enfrenta ansiedad, incertidumbre y miedo al futuro.

    Muchos jóvenes saben usar tecnología, pero no saben qué hacer con su dolor.

    Conocen las redes sociales, pero desconocen su propósito.

    Tal vez te preguntas:

    • ¿Vale la pena ser fiel?
    • ¿Vale la pena esperar?
    • ¿Vale la pena permanecer?
    • Pablo respondería: Sí.
    • Porque el futuro no está definido por tus circunstancias. Está definido por la promesa de Jesús.

    • “La segunda venida de Cristo es la gran esperanza de la iglesia, el glorioso acontecimiento que ha de coronar el evangelio” (El Conflicto de los Siglos, Buenos Aires: ACES, 2013, p. 347).

    Vivimos en una generación que busca satisfacción inmediata. Que quiere respuestas rápidas, éxito inmediato y reconocimiento instantáneo. Quizá te han dicho:

    • “Vive el presente y disfruta al máximo.”
    • “Aprovecha el momento.”
    • “Sé auténtico y haz lo que te haga feliz.”

    Pero si la muerte fuera el final, apenas tendríamos las pocas y fugaces alegrías de esta vida pasajera.

    La Biblia ofrece algo mucho más grande.

    No solamente una razón para vivir hoy, sino una razón para vivir eternamente.

    Tu historia no termina con tus fracasos o logros

    No termina con tus errores o aciertos

    Con los sueños cumplidos o aquellos que parecen retrasarse

    Porque Dios trabaja con perspectivas eternas. Un hijo de Dios no camina por vista, porque la esperanza cristiana no depende de las circunstancias. Depende de la promesa de Dios. y la esperanza no es ignorar la realidad; es creer que ni el mundo, ni el sufrimiento e incluso la muerte, definen tu historia. Es Dios quien tiene la palabra final, Él es el soberano de la historia, quien ha escrito los capítulos finales de este mundo, quien ha asegurado la victoria; y en breve volverá para dar un grande galardón a quienes le esperan.

    Su palabra nos motiva:
  • "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis". Juan 14:1-3.
  • "Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras". 1 Tesalonicenses 4:16-18
  • "Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo". Tito 2:13.
  • Pero Pablo aún no ha terminado. Hay algo todavía más glorioso que garantiza nuestro futuro.

    Porque el evangelio no sólo habla del pasado.

    Y no sólo habla del futuro.

    También transforma el presente.

    ¿Cómo debemos vivir mientras esperamos?

    La respuesta aparece en los versículos finales. 

    III. NUESTRO TRABAJO NO ES VANO

    Porque Cristo reina, nuestra vida tiene significado y la victoria está asegurada

    “Así que, hermanos míos amados... sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co 15:58)

    Pablo termina donde comenzó.

    Comenzó preguntando: ¿Es vana la fe?

    Y termina afirmando: No solamente la fe no es vana; tampoco, el trabajo es vano.

    Observe algo extraordinario.

    Después de 58 versículos hablando de:

    • la resurrección,
    • la gloria futura,
    • la transformación del cuerpo,
    • la derrota de la muerte,

    Pablo no termina hablando del cielo.

    Termina hablando del trabajo.

    ¿Por qué?

    Porque la doctrina de la resurrección debe cambiar la forma en que vivimos hoy.

    La resurrección no es solamente una buena noticia para el futuro.

    Es una razón para vivir con propósito en el presente.

    Pablo cita una filosofía sumamente moderna:

    “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (1 Co 15:32).

    Esa frase es mucho más profunda de lo que parece.

    No es solamente hedonismo. Es nihilismo.

    Es decir:

    “Si todo termina en la muerte, nada tiene significado.” 

    En otras palabras: "Si todo termina en la tumba, nada importa."

    ¿Por qué sacrificarse?

    ¿Por qué servir?

    ¿Por qué ser santo?

    ¿Para qué evangelizar?

    ¿Para qué dejar comodidades por la causa de Cristo?

    ¿Por qué sufrir por la verdad?

    ¿Por qué vivir para Cristo?

    Si la tumba tiene la última palabra, si la muerte gana, entonces los cínicos tiene razón.

    Pero Pablo responde: Cristo resucitó.

    Y porque Cristo resucitó: la muerte no tiene la última palabra.

    La filosofía del mundo dice:

    "Comamos y bebamos porque mañana moriremos" (1 Co 15:32).

    Pero Pablo responde con una declaración gloriosa: Cristo resucitó, vive, viene y reina en gloria y majestad. Por lo tanto: "hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano". 1 Corintios 15:58.

    Historia de William Carey

    En 1793 William Carey viajó a la India.

    Muchos pensaban que era una locura.

    Vivió pobreza.

    Sufrió enfermedades.

    Perdió un hijo.

    Vio morir a seres queridos.

    Soportó oposición constante.

    Por años sus resultados fueron escasos.

    Algunos habrían dicho: "Tu esfuerzo es inútil."

    Pero Carey siguió trabajando.

    Traduciendo la Biblia.

    Predicando.

    Formando discípulos.

    Abriendo escuelas.

    Décadas después, miles de vidas habían sido transformadas.

    Lo que parecía una semilla enterrada se convirtió en una gran cosecha.

    ¿Por qué perseveró?

    Porque creía que nada de lo hecho para Cristo era inútil.

    El mundo mide el éxito por resultados inmediatos; Dios mira con aprecio cada tarea que realizamos con fidelidad.

    Historia de David Livingstone

    David Livingstone pasó años explorando África y predicando el evangelio.

    En algunas regiones parecía que todo esfuerzo era infructuoso.

    Las enfermedades lo consumían.

    La soledad era constante.

    Los resultados parecían pequeños.

    Sin embargo, después de su muerte, miles siguieron el camino que él abrió para llevar el evangelio al continente africano.

    Alguien le preguntó una vez por qué soportaba tantos sacrificios.

    Su respuesta refleja perfectamente el espíritu de 1 Corintios 15:

    "Nunca hice un sacrificio."

    ¿Por qué?

    Porque a comparación de la recompensa eterna, todo quedaba en extremo pequeño. Porque entendía que servir a Cristo nunca es una pérdida de talento ni desperdicio de tiempo.

    Una historia sencilla

    Una maestra de escuela sabática pasó cuarenta años enseñando niños.

    Nunca escribió un libro.

    Nunca predicó ante multitudes.

    Nunca apareció en una plataforma.

    Al jubilarse dijo:

    —No sé si hice alguna diferencia.

    Años después llegó una carta.

    La escribió un pastor.

    Decía:

    —Yo fui uno de aquellos niños. Aprendí de Jesús en su clase. Hoy cientos han conocido a Cristo porque usted me enseñó el evangelio.

    Esa mujer descubrió algo. Que vale la pena servir, que vale la pena luchar. Porque las semillas un día se tornarán árboles gigantes con cientos de frutos.

    Porque incluso en su muerte el cristiano glorifica a Dios, porque testifica de su amor y su poder y testimonio permanece. Porque su vida y su muerte no pasan despercibidas para el Señor; porque 

    "Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos" Salmos 116:15.

    "Porque para mi el vivir es cristo y el morir es ganancia" Filipenses 1:21.

    Servir al Señor nunca es en vano. Ningún esfuerzo por Cristo ha sido en vano. Aunque a nuestros ojos pueda parecer insignificante, oara Dios es sumamente valioso.

    Querido joven:

    Quizás piensas que tu influencia es pequeña.

    Tal vez compartiste un mensaje bíblico y nadie respondió.

    Tal vez invitaste a un amigo a la iglesia y rechazó la invitación.

    Tal vez has orado durante años por alguien.

    Y te preguntas: ¿Vale la pena?

    Pablo responde: Sí.

    Incluso en medio de nuestras lágrimas.

    Incluso en medio del dolor.

    Incluso en medio de las pérdidas y el valle de la muerte.

    Porque Dios no abandona a sus hijos y nunca desperdicia una vida consagrada a Él.

    Quizás no veas hoy los resultados, pero en el Reino de Dios, una semilla enterrada, aunuqe puede parecer perdida, en realidad, está preparándose para dar fruto.

    La victoria es más que resistir

    Muchas veces pensamos que la vida cristiana consiste simplemente en aguantar.

    Sobrevivir. Resistir. No rendirse.

    Pero Pablo utiliza otro lenguaje.

    Escuche: "Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria" (1 Co 15:57).

    No dice: "Nos ayuda a sobrevivir."

    Dice: "Nos da la victoria."

    1 Corintios 15 no es el manifiesto de los sobrevivientes.

    Es el himno de los vencedores. “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria” (1 Corintios 15:57).

    Este es el clímax del capítulo. El grito triunfal. Pablo desafía al último enemigo: ¿Quién es ese último enemigo? - La muerte. “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:26).

    Anthony Thiselton señala que este pasaje constituye uno de los himnos triunfales más extraordinarios de todo el Nuevo Testamento (The First Epistle to the Corinthians, Eerdmans, 2000, p. 1277). 

    Leon Morris afirma:

    “La resurrección demuestra que el señorío de Cristo es una realidad presente que culminará en la derrota final de la muerte” (1 Corinthians, Grand Rapids: Eerdmans, 1985, p. 218).

    Pablo desafía a la muerte:

    La muerte que ha aterrorizado a la humanidad desde el Edén.

    El enemigo que ha hecho llorar a madres.

    Ha separado familias.

    Ha cerrado ojos.

    Ha llenado cementerios.

    Ha roto corazones.

    ¿Qué sucede con el enemigo más temido de todos?

    ¿Qué ocurre con la muerte?

    Pablo responde en los versículos finales.

    “La muerte ha sido sorbida en victoria” (1 Co 15:54).

    Pablo trata a la muerte como un enemigo derrotado.

    “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Co 15:55).

    Un padre caminaba con su pequeño hijo cuando una abeja comenzó a revolotear dentro del automóvil.

    Estaba aterrorizado. El niño era alérgico.

    Su padre tomó la abeja con la mano.

    Después de unos segundos la liberó.

    El niño continuó nervioso.

    Entonces el padre mostró la palma de su mano.

    El aguijón había quedado clavado allí.

    —Ya no puede lastimarte, ni hacerte daño —dijo.

    Eso fue exactamente lo que Cristo hizo en la cruz.

    Tomó sobre sí el aguijón de la muerte: el pecado.

    “Cristo salió triunfante de la tumba y proclamó sobre el sepulcro abierto: ‘Yo soy la resurrección y la vida’” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 729).

    Por eso el creyente ya no enfrenta la muerte como una derrota definitiva. 

    Nadie se burla de un enemigo invencible.

    Pablo puede hacerlo porque sabe que Cristo ya ganó.

    El pecado perderá.

    El mal fracasará

    La muerte será derrotada.

    Porque Cristo vencerá.

    Y los redimidos vencerán con Él.

    Entonces "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron". Apocalipsis 21:4.

    Mientras para el mundo la muerte es un punto final, para el cristianos es apenas una coma.

    Su palabra afirma:

    "Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá". Juan 11:25.

    "Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas" Filipenses 3:20, 21.

    El cristianismo no es el relato de personas que apenas llegaron.

    Es la historia de personas que triunfaron en Cristo.

    No somos sobrevivientes del pecado.

    Somos vencedores por la gracia de Dios.

    No somos víctimas del mal.

    Somos participantes del triunfo de Cristo.

    Romanos 8:37 declara:

    "Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó."

    “La vida cristiana es más que una lucha continua; es una victoria continua obtenida por la fe en Cristo” (Los Hechos de los Apóstoles[Buenos Aires: ACES, 2011], p. 448).

    Porque el mundo nos lleva de fracaso en fracaso, pero Cristo nos lleva de victoria en victoria.
    Porque con Dios siempre se gana, con Dios, nunca se pierde.  

    "Porque Cristo reina, ninguna oración se pierde, ningún sacrificio se desperdicia, ninguna lágrima es olvidada y ningún servicio realizado para Él tes en vano."

    CONCLUSIÓN

    Permítanme terminar con una historia.

    En un museo europeo se exhibía una pintura llamada “El juego de ajedrez”.

    Representaba a un joven jugando contra Satanás.

    Sobre el tablero parecía que el enemigo había ganado.

    Todas las piezas importantes habían desaparecido.

    El muchacho parecía condenado.

    Años después, un campeón mundial de ajedrez observó cuidadosamente la pintura.

    Después de varios minutos dijo:

    —Hay un error.

    Los visitantes preguntaron:

    —¿Cuál?

    El maestro respondió:

    —El rey todavía tiene un movimiento.

    La partida no ha terminado.

    Eso es exactamente lo que enseña 1 Corintios 15.

    Cuando parecía que el pecado había ganado:

    Cristo tenía un movimiento más.

    Cuando parecía que la cruz era el final:

    Cristo tenía un movimiento más.

    Cuando parecía que la muerte había triunfado:

    Cristo tenía un movimiento más.

    Y ese movimiento se llamó: RESURRECCIÓN.

    Porque Cristo vive, la fe está viva.

    Porque Cristo viene, la esperanza es real.

    Porque Cristo reina, la victoria está asegurada

    Por eso, nuestra fe no es vana.

    Por eso, nuestra esperanza no es vana

    Por eso, nuestro trabajo servicio,  trabajo y sacrificio por Cristo no es en vano.

    Por eso, Pablo concluye:

    “Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

    Permíteme preguntarte:

    • ¿Descansa tu fe sobre el poder vivificador de Jesús?
    • ¿Estás poniendo tu fe en tus fuerzas o en tu Salvador que vivió, murió y resucitó por ti?
    • ¿Esperas ardientemente y apresuras la venida Jesús trabajando incansablemente por él?
    • ¿Quieres que Jesús sea el soberano de tu vida y que tenga la última palabra sobre tu familia y tu historia?

     

    Porque en Cristo:

    la fe no es vana, la esperanza no es vana, y el servicio no es vano.

    Con Cristo la victoria es inminente. Porque con Dios siempre se gana y con Dios nunca se pierde.


    Cuando nuestra fe sea débil, recuérdanos que Cristo vive.

    Cuando nuestras lágrimas sean muchas, recuérdanos que Cristo vuelve.

    Cuando nuestras batallas parezcan imposibles, recuérdanos que Cristo reina.

    Fortalece a los jóvenes que luchan con dudas.

    Consuela a quienes han perdido seres amados.

    Levanta a quienes se sienten derrotados.

    Renueva nuestra esperanza en la resurrección.

    Ayúdanos a vivir cada día esperando tu regreso glorioso.

    Y cuando suene la trompeta final, permite que podamos encontrarnos con Jesús y decir:

    “Valió la pena creer. Valió la pena esperar. Valió la pena perseverar.”

    Gracias por recordarnos que nuestra fe no fue vana, nuestra esperanza no fue vana y nuestro trabajo, amor y dedicación a ti nunca son en vano.

    En el nombre de Jesús, nuestro Salvador resucitado, nuestro Rey que viene y nuestro Señor que reina.

    Amén.





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    “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). La resurrección de Cristo garantiza la transformación de los creyentes, la derrota definitiva de la muerte y el significado eterno de nuestro servicio. Propósito Motivar a la iglesia a vivir con esperanza, valentía y perseverancia, sabiendo que la victoria final ya fue asegurada por Jesucristo.  La iglesia de Corinto enfrentaba diversos problemas: Divisiones internas, Inmoralidad, Litigios entre creyentes, Abusos en la cena del Señor, Confusión doctrinal. Entre esas dificultades surgió una corriente que cuestionaba la resurrección corporal futura. Influenciados por concepciones griegas que despreciaban el cuerpo material, algunos corintios aceptaban la inmortalidad del alma, pero rechazaban la resurrección física. Pablo responde afirmando que : - Cristo resucitó verdaderamente - Los creyentes resucitarán verdaderamente - La victoria final sobre la muerte será completa ...