"Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo". Filipenses 1:6
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". Gálatas 2:20;
"Queridos hermanos, ¡nosotros ya somos hijos de Dios! Y aunque todavía no sabemos cómo seremos en el futuro, sí sabemos que, cuando Jesucristo aparezca otra vez, nos pareceremos a él, porque lo veremos como él es en realidad". 1 Juan 3:2
Muchas veces la vida cristiana se resume en una pregunta angustiante:
¿Podré cambiar?
¿Podré vencer este pecado?
¿Podré permanecer fiel?
¿Podré parecerme a Cristo?
Pero la vida cristiana no se trata de lo que tú puedes hacer por Dios. Se trata de lo que Dios puede hacer en ti.
Por eso el título del mensaje es: ÉL PUEDE
Palabra clave: PUEDE
Él puede sostenerme.
Él puede transformarme.
Él puede reflejarse en mí.
Introducción
Un padre le pidió a su hijo que sacara una grande piedra que estaba en el jardín. El niño decidió intentarlo.
Empujó.
Volvió a empujar.
Se esforzó.
Lloró.
Finalmente se rindió.
Entonces el padre le preguntó:
- ¿Diste todo lo que tenías?
- Sí.
- ¿Te rendiste?
- Sí
- ¿Y por qué no me pedits ayuda?
Muchas veces la vida cristiana se parece a ese niño.
Intentamos cambiar.
Intentamos vencer.
Intentamos ser mejores.
Intentamos parecernos a Cristo.
Pero terminamos cansados porque olvidamos una verdad:
La vida cristiana no consiste en lo que yo puedo hacer para Dios sino en lo que Dios puede hacer en mí.
Hoy descubriremos:
Tres promesas inmensas.
Tres declaraciones de esperanza.
Tres razones para creer.
I. ÉL PUEDE SOSTENERME
Lo que Dios hace es asombroso.
Cuando una persona entra en pacto con Dios mediante el bautismo, no queda sola.
El Padre interviene.
El Hijo interviene.
El Espíritu Santo interviene.
"Cuando el cristiano se somete al solemne rito del bautismo, los tres poderes más altos del universo: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, dan su aprobación a ese acto, comprometiéndose a ejercer su poder en beneficio de él mientras él se esfuerza por honrar a Dios. Es sepultado, a semejanza de la muerte de Cristo, y es levantado a semejanza de su resurrección…” (Reflejemos a Jesús, 99).
¡Qué declaración!
No dice que Dios observará desde lejos.
No dice que Dios simplemente aplaudirá.
Dice que Dios se compromete.
Ilustración
Durante una competencia de ciclismo, un joven sufrió una fuerte caída.
Su bicicleta quedó dañada.
Sus fuerzas desaparecieron.
Estaba listo para abandonar.
Entonces escuchó la voz de su entrenador:
- No te rindas. Estoy aquí.
Aquella voz no eliminó la montaña.
Pero le dio fuerzas para cruzarla.
La mayor diferencia no fue el camino.
Fue saber que no estaba solo.
Ejemplo bíblico
Moisés dijo:
- “¿Quién soy yo para ir a Faraón?” (Éxodo 3:11).
Dios respondió:
- “Yo estaré contigo” (Éxodo 3:12).
No fue la capacidad de Moisés la que liberó a Israel.
Fue la presencia de Dios.
“Cuando Dios te llama a vivir para Él, también se compromete a ayudarte a lograrlo.”
“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:24).
“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará” (Filipenses 1:6).
Pero Dios no nos sostiene únicamente para conservarnos como somos.
El cielo no invierte todo su poder para mantener intacto nuestro viejo corazón.
El siguiente paso es mucho más profundo.
II. ÉL PUEDE TRANSFORMARME
El creyente no cambia su propio corazón. Es el Espíritu quien lo cambia.
Debemos confiar más en el poder divino y menos en el esfuerzo humano.
"Los tres grandes poderes del cielo se comprometen a proporcionar al cristiano toda la asistencia que requiera. El Espíritu cambia el corazón de piedra en un corazón de carne. Y al participar de la Palabra de Dios, los cristianos obtienen una experiencia que busca la semejanza divina". (Reflejemos a Jesús, 99).
Ilustración
Un escultor observó un bloque de mármol enorme y roto.
Un visitante preguntó:
- ¿Qué vas a hacer con esa piedra?
El artista respondió:
- Voy a liberar la estatua que está dentro.
Meses después apareció una obra maestra.
La piedra no se transformó sola.
Un maestro trabajó sobre ella.
Así obra Dios.
Ve lo que todavía no somos.
Pero también ve lo que podemos llegar a ser bajo su gracia.
Ejemplo bíblico
Pensamos en Pedro.
Impulsivo.
Temeroso.
Inestable.
Negó a Cristo tres veces.
Pero después de Pentecostés se convirtió en una roca espiritual.
¿Qué ocurrió?
Pedro no se transformó a sí mismo.
El Espíritu Santo lo transformó.
"Cuando Cristo habita en el corazón por la fe, el cristiano es el templo de Dios. Cristo no habita en el corazón del pecador, sino en el corazón de quien es susceptible a las influencias del Cielo". (Reflejemos a Jesús, 99).
El problema no es solamente abandonar pecados.
El objetivo es que Cristo ocupe el trono del corazón.
Querido joven:
Quizás luchas con algo que nadie conoce.
Una adicción.
Una herida.
Una culpa.
Un temor.
Y a veces te preguntas:
- ¿Realmente puedo cambiar?
La respuesta del evangelio es:
Tú no puedes. Pero Él puede.
El cristianismo no es la historia de personas fuertes.
Es la historia de un Dios poderoso obrando en personas débiles.
Dios no te llama porque ya cambiaste; Dios te llama porque Él puede cambiarte.
Su palabra nos dice:
“Os daré corazón nuevo” (Ezequiel 36:26).
“Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).
Sin embargo, la transformación nunca termina dentro del corazón.
Lo que Cristo hace en nosotros finalmente debe verse fuera de nosotros.
La luz recibida termina siendo reflejada.
III. ÉL PUEDE REFLEJARSE EN MÍ
"El resplandor que procede del verdadero cristiano testifica de su unión con Cristo". (Reflejemos a Jesús, 99)
Todo conduce aquí.
El bautismo.
La presencia de Dios.
La transformación del Espíritu.
Todo tiene un objetivo.
Que Cristo sea visto.
Ilustración
La luna parece brillar.
Pero la luna no tiene luz propia.
Todo su resplandor proviene del sol.
Mientras más directamente recibe la luz, más ilumina la noche.
El creyente funciona igual.
No produce la luz.
La refleja.
Elena White
“El yo está oculto a la vista y Cristo es revelado” (Reflejemos a Jesús, 99).
¡Qué definición extraordinaria de la vida cristiana!
Menos de mí.
Más de Cristo.
Ejemplo bíblico
Cuando Moisés descendió del Sinaí, su rostro resplandecía (Éxodo 34:29).
No porque intentó brillar.
Brillaba porque había estado con Dios.
Muchas personas quieren parecer cristianas.
Dios quiere que estemos tan cerca de Jesús que inevitablemente reflejemos su carácter.
La verdadera espiritualidad no consiste en aparentar.
Consiste en permanecer.
“Quien vive más cerca de Jesús resplandecerá con mayor fulgor” (Reflejemos a Jesús, p. 99).
“La mejor evidencia de que Cristo vive en mí es que otros comienzan a ver a Cristo a través de mí.”
Su palabra afirma:
“Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14).
“Seremos semejantes a él” (1 Juan 3:2).
Conclusión
Un hombre con una enorme deuda había decidido acabar con su vida. Su esposa, viendo su gran angustia, se había anticipado.
Sentado en su escritorio, abrió el cajón, donde guardaba un revólver. En el momento cuando apuntaba sobre su sien, vio un pequeño papel doblado y colocado sobre el escritorio. Estaban escritas en el dos palabritas:
¡ÉL PUEDE!
Tl vez hoy tú solo ves problemas, pero Dios ve algo mucho más grande.
Él ve una vida sostenida por el cielo.
Él ve un corazón transformado por el Espíritu.
Él ve un carácter que refleja a Cristo.
Porque la gran verdad de este mensaje es sencilla:
Él puede sostenerte.
Él puede transformarte.
Él puede reflejarse en ti.
Tú no puedes, pero ¡ÉL PUEDE!
Llamado
Déjame hacerte algunas preguntas:
¿Estás intentando vivir con tus propias fuerzas?
¿Crees que es imposible cambiar?
¿Por que no vienes a Cristo y le entregas toda tu vida?
¿Por qué no hacer una alianza con aquel que puede sostenerte y transformarte?
¿Quieres a partir de hoy se una nueva criatura por el poder de Dios y quieres vivir para él?
Recuerda:
La vida cristiana no depende de lo que tú puedes hacer por Dios.
Depende de lo que Dios puede hacer en ti.
Porque Él puede.
Oración final
Padre amado:
Hoy reconocemos que muchas veces hemos intentado vivir por nuestras propias fuerzas.
Hemos luchado. Hemos tratado de cambiar por nosotros mismos. Pero cada vez que lo intentamos, solo acabamos rendidos
Perdónanos.
Gracias porque el cielo no nos abandona. Gracias porque el Padre nos ama. Gracias porque el Hijo nos salva. Gracias porque el Espíritu Santo sigue transformando corazones.
Señor, donde hay debilidad, muestra tu poder.
Donde hay heridas, trae sanidad.
Donde hay pecado, trae victoria.
Donde hay desánimo, trae esperanza.
Haz realidad en nosotros la experiencia de Pablo:
“Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”.
Que nuestro hogar refleje a Jesús.
Que nuestros jóvenes reflejen a Jesús.
Que nuestra iglesia refleje a Jesús.
Y cuando el mundo nos mire, que no vea nuestra fuerza, sino tu gracia; no nuestros logros, sino la gloria de Cristo, no nuestros fracasos, sino tu victoria.
Porque creemos de todo corazón que tú puedes sostenernos, transformarnos y reflejarte en nosotros para ser testigos fieles hasta lo último de la tierra y hasta el final de la historia.
En el nombre precioso de nuestro Salvador Jesús. Amén.
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