«¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, que tienen de Dios, y que no son sus propios dueños? Porque han sido comprados por precio; por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:19-20).
Nuestro cerebro es como una esponja: todo lo que le llega a través de nuestros sentidos permanece en él. Puede que no seamos conscientes de la mayor parte de lo que ingresa en nuestra mente (sería imposible pensar con claridad si recordáramos todo), pero todo está allí e influye en cierta medida en lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Por eso somos tan vulnerables a la influencia de todo lo malo que nos rodea. La iglesia cristiana ha luchado desde sus inicios con este problema. Por ejemplo, ¿de dónde procede la observancia del domingo? ¿Se originó en la iglesia? No, sino que provino de la cultura circundante.
Podemos ver cómo se manifestó este principio en Corinto. Después de una apelación contra las divisiones internas (1 Corintios 1-4), Pablo pasa ahora a cuestiones relacionadas con la inmoralidad sexual, los pleitos, la prostitución, el matrimonio y la soltería (1 Corintios 5-7). Las normas del mundo les afectaban enormemente. El sectarismo descrito en 1 Corintios 1-4 abrió la puerta al comportamiento inmoral denunciado en los capítulos siguientes. ¿Cómo trata Pablo este pecado en la iglesia y qué lecciones podemos extraer de lo que escribió?
I. DISONANCIA EN LA FE Y LA PRÁCTICA
A lo largo de la historia cristiana, teólogos, pastores y laicos han estudiado el Nuevo Testamento para determinar cómo debería ser la iglesia. Nos maravillamos, por ejemplo, ante la iglesia de los Hechos. Pero rápidamente perdemos de vista un elemento significativo: las personas tienen problemas. El Nuevo Testamento también revela lo que la Biblia dice acerca de cómo no debería ser una iglesia. Las Cartas de Pablo a los corintios son un buen punto de partida.
Lee 1 Corintios 5:1-13. ¿Qué situación escandalosa describe Pablo en este pasaje y por qué es tan inquietante?
La expresión «la esposa de su padre» (1 Corintios 5:1) sugiere que Pablo se refiere a la relación incestuosa entre un hombre y su madrastra. Probablemente esta situación fue denunciada «por los de Cloé» (1 Corintios 1:11). El incesto tenía fama de ser un pecado tan terrible que «no se da ni entre los gentiles» (1 Corintios 5:1). ¡Y ahora estaba ocurriendo en una iglesia cristiana de la era apostólica! Las palabras de Pablo en 1 Corintios 5:1-2 muestran que estaba conmocionado por la noticia de que un miembro de la iglesia estaba cometiendo semejante pecado.
Sin embargo, esta mala situación empeora, ya que Pablo se sorprende aún más al darse cuenta de que, en lugar de sentir pena por la situación, los corintios estaban incluso orgullosos de sí mismos por tolerar tal pecado (1 Corintios 5:1-2). Por lo tanto, tiene la intención de corregir no solo al hombre inmoral, sino también a la iglesia por su aparente disonancia entre la fe y la práctica. De hecho, Pablo deja claro constantemente que la actitud indulgente de la iglesia hacia el hombre incestuoso exigía una corrección. Pero ¿estar orgullosos de tal escándalo sexual, e incluso presumir de ello (1 Corintios 5: 2, 6)? Esto era demasiado para Pablo.
No tenemos una explicación de por qué la iglesia de Corinto era tan tolerante con aquel miembro incestuoso. ¿Quizás era un miembro rico del que se beneficiaba la iglesia? O tal vez, como «todo es permitido» (1 Corintios 6:12), no evaluaban su conducta como debían. Simplemente, no lo sabemos.
Cualesquiera que fueran las verdaderas razones, se volvieron ciegos ante una violación flagrante de las Escrituras (Levítico 18:7-8) y, además, parecen haber estado orgullosos de ello.
¿Qué conductas claramente condenadas en las Escrituras corremos el peligro de tolerar como iglesia en nombre del «amor» y la «aceptación»?
II. LIDIANDO CON EL ESCÁNDALO
Tratar temas relacionados con la sexualidad siempre es difícil. Lo fue para Pablo y lo es para nosotros. En estas situaciones, debemos ser fieles a las Escrituras y abordar el tema con oración y amor. Nunca debemos olvidar que nuestro objetivo es la restauración.
Lee nuevamente 1 Corintios 5:1-13. ¿Cómo les dice Pablo que deben abordar esta situación?
Pablo deja claro, en 1 Corintios 5, que los escándalos sexuales requieren disciplina eclesiástica. Dice que el hombre incestuoso debía ser expulsado (1 Corintios 5:2), juzgado (1 Corintios 5:3), entregado a Satanás (1 Corintios 5:5) y «quitado» de entre ellos (1 Corintios 5:13). A los miembros de la iglesia se les dijo que no se asociaran con él (1 Corintios 5:9, 11) y que ni siquiera comieran con tal persona (1 Corintios 5:11). Pablo emplea un lenguaje fuerte que puede sonar ofensivo para los oídos modernos, pero sus palabras deben entenderse en su contexto histórico. Además, hay que recordar que respondían a un estilo de vida abiertamente pecaminoso. Por lo general, en situaciones extremas, es necesario utilizar un lenguaje severo. En cualquier caso, resulta útil ofrecer una breve explicación de algunas expresiones.
«Quitado de entre ustedes» (1 Corintios 5:2; ver también 1 Corintios 5:13). Esto se refiere a la disciplina eclesiástica.
«Entreguen al tal a Satanás» (1 Corintios 5:5). Debido a que este hombre no eligió estar bajo la protección de Dios viviendo en obediencia a él, se había hecho vulnerable a Satanás. Por lo tanto, esta expresión puede significar simplemente algo así como «permitan que coseche el fruto de sus decisiones».
«No se asocien» (1 Corintios 5:9, 11), «ni aun coman» (1 Corintios 5:11). La estrecha relación con personas sexualmente inmorales se consideraba peligrosa porque los tales podían influir en otros para que imitaran su conducta. En la antigüedad, compartir una comida podía significar también compartir valores. Todos somos susceptibles a las influencias que nos rodean y debemos protegernos tanto como sea posible, especialmente cuando se trata de algo así.
«A fin de que el espíritu sea salvo» (1 Corintios 5:5). La disciplina eclesiástica tiene un carácter rehabilitador. Su objetivo es hacer que los pecadores recobren el sentido común y abandonen su estilo de vida pecaminoso. Es posible que esto sea lo que Pablo quiso decir con «destrucción de la carne» (1 Corintios 5:5). También es posible que el hombre incestuoso de 1 Corintios 5 sea el hombre arrepentido al que se hace referencia más adelante (ver 2 Corintios 2:5-10). La disciplina eclesiástica alcanza su propósito cuando el feligrés que ha errado se reintegra a la comunidad eclesiástica.
III. PROTEGIENDO LA IDENTIDAD DE LA IGLESIA
En 1 Corintios 6:1-11, Pablo continúa su discusión acerca de cómo los cristianos deben abordar los problemas que involucran a personas de la iglesia.
Lee 1 Corintios 5:3, 12-13; 6:1-13. ¿Qué está tratando de enseñar Pablo a los corintios y a nosotros?
La palabra griega pragma, traducida como «algo» en 1 Corintios 6:1, es un término genérico que aquí se refiere a un asunto legal. Es importante recordar que 1 Corintios 6:1-11 no se refiere a un caso penal. La autoridad de los tribunales civiles para los asuntos penales es afirmada en Romanos 13:1-5. Pablo aborda un caso de litigio después de tratar una situación de inmoralidad sexual, tal como lo hizo Moisés en Deuteronomio 22:22-24. Esto demuestra cuán bíblicamente fundamentada es la manera en que Pablo trataba los problemas en la iglesia.
El hecho de que el caso de 1 Corintios 6:1-11 esté enmarcado por pasajes que tratan de la inmoralidad sexual (1 Corintios 5; 1 Corintios 6:12-20) puede sugerir que el asunto al que se refiere 1 Corintios 6:1 también estaba relacionado con la inmoralidad sexual. No sabemos con certeza de qué se trataba, si era un asunto civil menor, como una disputa por una propiedad, o un problema sexual.
Sea cual fuere el pragma en última instancia, Pablo no estaba feliz de ver a los miembros de la iglesia llevar el tema ante un tribunal civil. ¿No podían ellos, como hermanos cristianos, haberlo resuelto en lugar de llevar el asunto ante «los injustos» (1 Corintios 6:1)?
También es posible, como algunos suponen, que los litigantes de 1 Corintios 6:1 fueran el padre y el hijo de 1 Corintios 5:1. En cualquier caso, no es necesario decidir el asunto para entender el punto. Pablo se preocupaba por la identidad de la iglesia como comunidad cristiana tal y como era vista por la sociedad. Los cristianos no deberían «sacar los trapitos al sol» (ver 1 Corintios 6: 6) ni recurrir a medios seculares para juzgar asuntos internos. En el mundo romano, las personas de mayor rango, riqueza o función política solían ser favorecidas en los tribunales. Por el contrario, los cristianos deben juzgar como lo haría Cristo, y distinguirse de los estándares seculares.
Piensa en la lista de pecados que Pablo enumera en 1 Corintios 5:10-11 y 1 Corintios 6:9-10. ¿Por qué enumera los pecados sexuales junto con otros pecados como la idolatría, el robo, la codicia y la extorsión?
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