"Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo". (Lucas 14: 33).
La mayordomía cristiana enfatiza el hecho de convertirnos en discípulos de Cristo. Va más allá de las actividades de recaudación de fondos. De hecho, es mucho más fácil dar de nuestros recursos ocasional o incluso regularmente a la iglesia que vivir de la manera que Jesús quisiera que lo hiciéramos.
El máximo desafío de la mayordomía cristiana es seguir a Cristo en todos los aspectos de nuestras vidas.
Las Escrituras elaboran el concepto de discipulado cristiano, instándonos a imitar las virtudes de Cristo. Somos llamados a demostrar total fidelidad (1 Corintios 4: 2). Según Jesús, el verdadero discipulado tiene un costo (Lucas 14: 25-33).
Lucas 14: 25-33 dice: “Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les decía: ‘Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que, después que haya puesto el cimiento, no pueda acabarla y todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar’. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo’”.
Podemos hacer dos observaciones iniciales sobre este pasaje. En primer lugar, Jesús es quien define el verdadero discipulado. Dado que el discipulado implica ser como Jesús, ¿quién mejor que él para explicar su esencia? En segundo lugar, estas palabras están dirigidas a la multitud que sigue a Jesús, abordando las “realidades del discipulado”. Destacan lo que deben entender y practicar quienes actualmente siguen a Jesús; personas que ya están involucradas en el camino de la fe dentro de la iglesia. Lucas 14: 25-33 nos habla directamente a nosotros, hermanos y hermanas.
CUATRO LECCIONES CLAVES SOBRE EL VERDADERO DISCIPULADO
1. Las personas llegan a ser discípulos cuando Dios ocupa el primer lugar en sus vidas (Lucas 14: 26).
Este pasaje habla de afectos que compiten por nuestro amor junto con nuestro amor por Dios. Dentro de las filas de los seguidores de Cristo, algunos priorizan el amor por los padres, esposos, esposas o hijos sobre su amor por Dios. Su lealtad y servicio a Dios son secundarios a su lealtad y servicio a los demás. Luego están aquellos que priorizan el amor propio sobre el amor a Dios. En este versículo, se nos informa categóricamente que a menos que Dios ocupe la posición principal en nuestras vidas, no podemos llegar a ser un verdadero discípulo.
Si bien podemos pasar toda nuestra vida siendo miembros o seguidores, el verdadero discipulado es para aquellos que ponen a Dios en primer lugar.
Cuando Dios exige ponerlo en primer lugar, lo hace para proporcionar un ancla segura e inamovible para nuestra fe. La fe que depende de las relaciones con los demás corre el riesgo de inestabilidad. Mientras vivimos en esta tierra, siempre existe una alta probabilidad de ser engañados por aquellos a quienes más estimamos. Además, priorizar el afecto por los demás sobre Dios puede llevarnos por un camino inseguro, lejos de las instrucciones de Dios.
2. Las personas llegan a ser discípulos cuando renuncian a lo que parece bueno para hacer lo que es bueno (Lucas 14: 27).
Este texto menciona la cruz que todo verdadero discípulo debe llevar. A menudo seguir a Cristo nos hará parecer extraños al mundo y la gente nos verá como extraños. En consecuencia, esto puede provocar burla, desprecio y la posibilidad de ser ridiculizados. Por tanto, es imposible que una persona cuya prioridad es agradar a todos o adaptarse sin sentido crítico a las circunstancias pueda convertirse en discípulo de Cristo. El mundo, tal como es hoy, no es un hábitat natural para cumplir con el objetivo de hacer la voluntad de Dios.
El típico ejemplo bíblico de discipulado inquebrantable es el de los tres muchachos hebreos en Babilonia. Sus enemigos asumieron que su fe en Dios era solo durante los días soleados, o justo después de recibir su sueldo. Los mismos enemigos creían que cuando el horno se calentara siete veces más de lo normal, su fe se desmoronaría.
Sin embargo, estos jóvenes decidieron ser discípulos en todas las circunstancias. No esperaron al juicio para tomar esta decisión. De acuerdo con Daniel 3: 16 respondieron con valentía al rey: “Oh Nabucodonosor, no es necesario que te respondamos sobre este asunto”. En esencia, le estaban diciendo al rey: “Nuestra decisión ya está tomada; ya sabes dónde estamos. No serviremos a tus dioses. Si alguna vez nuestro Dios no nos libra, estamos preparados para cargar esta cruz y pagar el precio”.
Cuando el horno de nuestras vidas se calienta siete veces más de lo normal, ¿nuestras resoluciones y compromisos tienden a derrumbarse? El discipulado es para aquellos que están dispuestos a llevar siempre su cruz.
3. Las personas llegan a ser discípulos cuando se comprometen permanentemente con Dios (Lucas 14: 28-30).
Seguir a Cristo es muy parecido a un matrimonio bíblicamente correcto: un compromiso para toda la vida. Cuando uno decide seguir a Cristo, no se preocupa por el camino que le espera ni por lo que pueda suceder durante los primeros tres meses. Siguen adelante hasta la meta. El camino cristiano es una vida de fe, lo que significa que no sabemos exactamente cuándo recibiremos todo lo que Dios ha prometido, ni podemos prever todas las eventualidades en el camino. ¡Esta es la esencia de la fe! Según Hebreos 11: 1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.
Tenemos la Palabra segura de Dios, que garantiza nuestro destino eterno cuando vivimos según su propósito hasta el fin.
Para convertirse verdaderamente en un discípulo, uno debe comprometerse con él y su verdad indefinidamente. Dios requiere que sus seguidores consideren el costo de seguirlo; la lealtad ciega es peligrosa. Sin embargo, los cristianos deben exhibir perseverancia a pesar de la adversidad, impulsados por su amor a Cristo. Aunque los desafíos puedan doler, este amor no los desalienta. Este amor duradero transforma a las personas, creando un profundo sentido de identidad y propósito.
Emulemos la perseverancia de Dios, que está con nosotros siempre y nunca nos desampara (Mateo 28: 20).
4. Las personas llegan a ser discípulos cuando viven de acuerdo con las condiciones requeridas (Lucas 14: 31, 32).
En los versículos finales, Jesús advierte contra la tontería de pretender seguirlo y luego vivir como uno quiere. Dicho de otra manera, el discipulado cristiano implica autoconciencia y comprensión de las condiciones necesarias para asegurar la victoria. Jesús utilizó terminología relacionada con la guerra para impresionar a sus oyentes sobre la necesidad de estar atentos a las condiciones requeridas para la victoria.
El viaje de un discípulo se parece a una expedición de guerra; no es un paseo tranquilo en la playa por la noche, ni tampoco está exento de riesgos. En contraste, Jesús enfatiza que ¡estamos envueltos en una guerra! Un enemigo peligroso nos espera y busca destruirnos. Sus fuerzas nos superan en número y son mucho más poderosas; somos una minoría. El discipulado es peligroso; el enemigo coloca trampas, causando heridas y bajas. Por lo tanto, debemos permanecer alerta, estar en el lugar correcto y estar equipados con las armas adecuadas. De lo contrario, se producirá la retirada o la rendición al enemigo.
Si bien podemos pasar toda nuestra vida siendo miembros o seguidores, el verdadero discipulado es para aquellos que ponen a Dios en primer lugar.
¿Cómo nos enteramos de las órdenes de marcha? ¿Cómo podemos identificar los peligros que se avecinan? La respuesta está en la Palabra de Dios. ¿Qué otra arma podría salvarnos del ataque del enemigo además de la oración de fe? ¿Y cómo podemos esperar llegar al final sin apoyarnos con amor, como compañeros de armas en esta batalla?
No estamos luchando solo contra Satanás, que ya está derrotado por Jesús, sino principalmente contra nosotros mismos.
El yo está constantemente tratando de tomar el lugar de Dios a través del egoísmo, el orgullo, las mentiras y la apatía espiritual. Esta situación es tan pertinente que Elena G. de White nos aconseja: “Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: ‘Tómame, oh Señor, como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti” (El camino a Cristo, p. 69).
Conclusión
Queridos hermanos y hermanas, hemos sido llamados a una aventura de fe. El objetivo final es ser como Cristo. Deberíamos estar dispuestos a lograrlo pagando el precio. Poner a Dios en primer lugar, elegir hacer lo correcto a cualquier costo, comprometernos con él permanentemente y vivir de acuerdo con los requisitos de nuestra profesión de fe.
Este llamado es para personas que no son solo miembros de la iglesia sino personas que desean convertirse a Dios y se comprometen a ser sus discípulos. Pidamos a Dios que nos ayude a pagar el precio de ser sus discípulos hoy y siempre.
Preguntas de reflexión
➀ ¿Cuáles son las diferencias entre ser miembro de una iglesia y ser discípulo?
➁ ¿Qué obstáculos impiden al creyente vivir plenamente como discípulo?
➂ En mi viaje espiritual, ¿cuáles son los facilitadores del verdadero discipulado?
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5).
Compromiso:
Elijo, con la ayuda de Dios, apartar los primeros momentos de cada día para tener comunión con el Señor a través de la ORACIÓN, el ESTUDIO e la Biblia, el Espíritu de Profecía, la lección de Escuela Sabática y en el CULTO FAMILIAR.
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