Si fuera testigo de una bola de metal flotando libremente en el aire, se preguntaría naturalmente qué es lo que la suspende invisiblemente. Del mismo modo, en nuestra vida, siempre que los individuos, o tú mismo, adoptamos un comportamiento o un estilo de vida determinados, hay creencias y convicciones subyacentes que nos influyen, a las que llamaré “suspensiones invisibles”. Este principio se aplica a la práctica del diezmo. Proviene de creencias internas. Cuando estas creencias esenciales están ausentes o son inciertas, la práctica del diezmo se abandona o se siente como una carga. En este sexto día de nuestro reavivamiento espiritual de mayordomía cristiana, revisaremos tres de estas creencias cruciales:
DIOS ES DUEÑO
La motivación para devolver el diezmo surge de la creencia de que Dios es el propietario. A lo largo de la Biblia, hay numerosas referencias que afirman la propiedad de Dios sobre todo lo que hay en el planeta Tierra. Por ejemplo, Salmo 24:1 dice:
“De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. Además, el Salmo 50: 10 afirma que “mía es toda bestia del bosque y los millares de animales en los collados”.
Estos versículos claramente enfatizan la propiedad total de Dios. Él es dueño de la tierra y de su plenitud. Posee el ganado repartido en mil colinas y valles. Pero, sobre todo, Dios es dueño de los seres humanos que habitan en él. Es como si proclamara:
“Soy dueño de aquellos que se dicen dueños”. Si una persona posee ganado, Dios afirma: “No solo soy dueño del ganado que consideras tuyo, sino que también soy tu dueño”. Es una propiedad que lo abarca todo. A través del acto de la creación, Dios es dueño de todo:
“Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20:11).
¿Quién más puede afirmar ser el creador de la vida y de todo?
¿Quién más puede reclamar la preexistencia sobre el mundo de los vivos y la inmortalidad? Si tal ser no existe, entonces Dios debe ser reconocido como el único Dueño legítimo de la tierra y de todos los que la habitan.
Es crucial recordar un elemento importante con respecto a la creación de Dios. Si bien su creación fue para beneficiar a los seres humanos, hay un propósito más profundo. El apóstol
Pablo destacó este punto en su mensaje a la iglesia de Colosas: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16).
Dios no solo creó “todas las cosas” a través de Jesús, sino que el título de propiedad lleva permanentemente el nombre de Jesús. Si bien los seres humanos pueden utilizar los minerales y otras riquezas esparcidas por la tierra, no les pertenecen.
Jesús comparte su propiedad con nosotros durante nuestro breve “periodo de servicio” en la tierra, y nosotros lo dejamos cuando morimos. Como ser eterno, conserva la propiedad soberana de todo lo que hay en la tierra y nunca ha cedido la propiedad a nadie más.
No hay nada aquí en la tierra en el que no esté inscrita la propiedad de Dios: “Mía es la plata y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8). El diezmo es el recordatorio constante de que Dios es dueño de todo. Elena G. de White expresa sucintamente esta idea al afirmar que el diezmo debe ser devuelto a Dios, el legítimo propietario: “Dios extiende su mano sobre los diezmos tanto como sobre los donativos y las ofrendas, y dice: ‘Esto me pertenece. Cuando os confié mis bienes especifiqué que una parte debía ser vuestra, para suplir vuestras necesidades, y otra porción debía devolvérseme’” (CSMC, 50).
La motivación para devolver el diezmo surge de la convicción de que Dios es dueño de todo. Disputar la propiedad de Dios sobre todo lo que hay en la tierra socavaría la práctica fiel del diezmo. La devolución del diezmo es un reconocimiento de la propiedad y creación del universo por parte de Dios.
DIOS ES EXACTO
La segunda creencia fundamental que informa e influye en la práctica del diezmo es: Dios es exacto. El diezmo es el diez por ciento. Cuando Dios dice en Malaquías 3:10: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”, se refiere al porcentaje exacto, no a algo aproximado, cercano o superior. Él es específico para disipar cualquier malentendido con respecto a lo que espera. Se considera diezmo solo si el porcentaje es del diez por ciento.
Necesitamos recordar que nuestro Dios es un Dios que usa números. Encontramos ejemplos como los 7 días de la creación, los 30 días de un mes, los Diez Mandamientos, las 12 tribus de Israel, los 12 cimientos de la Nueva Jerusalén, los 12 apóstoles y los 2.300 días, entre otros.
Los números significan mucho, tanto para Dios como para los humanos. Calculamos nuestros salarios en números y nos sentimos ofendidos si nos pagan menos sin explicación. Nuestros años se cuentan numéricamente. Las vacaciones se miden en días. Incluso las recetas médicas tienen números. Dada la importancia de los números en nuestra vida, ¿por qué asumiríamos que Dios no debería preocuparse por el porcentaje preciso que le devolvemos como diezmo?
Dios podría haber seleccionado cualquier otro porcentaje como señal de su propiedad. Podría haberlo aproximado, pero en cambio optó por ser específico y preciso. La precisión de
Dios requiere que quienes diezman sean igualmente precisos para que su diezmo cumpla con los criterios de exactitud.
El Señor no ha permitido que nadie determine la medida de su propiedad. Él, el Dueño, lo ha elegido por razones que sólo él conoce. Dado que el diezmo es exacto, aquellos que deseen practicar el diezmo deben asegurarse de que sus declaraciones sean exactas. Probablemente esta sea la razón por la que el Espíritu de Profecía advierte: “Devuélvase esa parte en forma estricta, honrada y fiel” (CSMC, 87).
EL DIEZMO ES UN ACTO DE FE
La tercera creencia fundamental que respalda el diezmo es la fe. Sin fe, el diezmo es un desafío. El llamado en Malaquías 3:10 para que la gente pruebe y vea si Dios no abre las ventanas de los cielos es un llamado a ejercer la fe. La fe juega un papel vital en el diezmo por las siguientes razones:
1. Dios cumplirá su palabra
Devolver el diezmo antes de ver las bendiciones de Dios requiere fe. La fe se aferra a Dios en su palabra. Algunas personas no devuelven sus diezmos porque no saben acerca del diezmo.
Otros no devuelven el diezmo, no porque no tengan los medios, sino porque les falta fe en él.
A pesar de que aquellos en quienes más confiábamos nos decepcionaron, Dios es fiel. Podemos confiar en su palabra.
Números 23:19 nos asegura: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Acaso dice y no hace? ¿Acaso promete y no cumple?”. En Josué 21:45 leemos: “No faltó ni una palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel. Todo se cumplió”.
Debido a que Dios cumple su palabra, el diezmo se vuelve fácil de aplicar. Cualquiera que haya devuelto el diezmo consistentemente puede dar fe de la fidelidad de Dios.
2. Lo que supera a la lógica, funciona
Devolver el diezmo de un ingreso que ya es insuficiente para sustentar a alguien puede parecer ilógico y requiere fe.
¿Cómo puede una cantidad que apenas alcanza para mantener a alguien ser adecuada después del diezmo? ¿No supera eso la lógica? Dios nos desafía a probarlo. El diezmo ciertamente desafía la lógica.
Me recuerda la experiencia de los discípulos después de pescar toda la noche, como se registra en Lucas 5:4-6, que dice: “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Respondiendo Simón, le dijo: ‘Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado; pero en tu palabra echaré la red’. Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que su red se rompía”.
Esperar pescar durante el día cuando no habían podido hacerlo en toda la noche parecía ilógico. Sin embargo, debido a que Jesús les dio instrucciones, arrojaron la red y “pescaron una gran cantidad de peces”. De la misma manera, devolver el diezmo cuando el ingreso total de uno no es suficiente y esperar ser sostenido con lo que queda después del diezmo parece ilógico. Sin embargo, debido a que Dios ha prometido derramar bendiciones, uno todavía devuelve el diezmo, incluso si parece desafiar la lógica.
Hijo de Dios, no temas que la devolución del diezmo te lleve a sufrir. Con las bendiciones de Dios, lo que queda después del diezmo será suficiente para sustentarte más que la cantidad que no se diezma. Elena G. de White subrayó esto cuando escribió:
“Aquellos que devuelvan al Señor el diezmo encontrarán cierto que los nueve décimos valen más para ellos que los diez décimos” (Pacific Union Recorder, 10 de octubre de 1901).
Dios podría haber seleccionado cualquier otro porcentaje como señal de su propiedad. Podría haberlo aproximado, pero en cambio optó por ser específico y preciso.
Conclusión
Permítanme reiterar los tres principios fundamentales del diezmo. En primer lugar, Dios es el dueño de todo lo que hay en la tierra. El diezmo se devuelve en reconocimiento de Dios como Dueño y Creador. En segundo lugar, Dios es exacto. El diezmo es el diez por ciento de los ingresos de cada uno. Debe ser el diez por ciento para ser considerado diezmo. Cualquier valor inferior al diez por ciento no cumple con este criterio. En tercer lugar, el diezmo requiere fe. El diezmo es un llamado a actuar no por vista sino por fe, creyendo que Dios cumplirá su palabra de derramar bendiciones hasta que uno no tenga dón- de almacenarlas. Al igual que los discípulos a quienes se les dijo que arrojaran la red a lo profundo después de trabajar toda la noche sin éxito, el que practica el diezmo dice: “Aunque lo que tengo no es suficiente, según tu palabra, te devolveré el diezmo”.
Hoy, esta semana, es el momento de orar para que el Espíritu de Dios consolide estas tres creencias fundamentales en cada uno de nosotros: Dios es el Dueño, sus instrucciones son precisas y la fe en él siempre es recompensada. Basado en estas convicciones, si deseas practicar (o continuar practicando) el diezmo y experimentar de primera mano cuán fiel es Dios en cumplir su palabra, sella tu decisión con oración.
Preguntas de reflexión
➀ Si Dios es tan preciso como para especificar el porcentaje que debemos devolverle, ¿cuán exactos somos en nuestro trato con Dios en el diezmo?
➁ Puesto que devolver el diezmo requiere fe, ¿es exagerado pensar que hacerlo ayuda a fortalecerla?
➂ Reflexiona sobre esta declaración que dice: “Nadie que discuta la propiedad de Dios sobre todo lo que hay en la tierra puede devolver el diezmo fielmente”. ¿Cómo ayuda esta declaración a repensar nuestra comprensión del diezmo?
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Compromiso:
Elijo, con la ayuda de Dios, devolver fielmente el DIEZMO del Señor (10 % de mis ingresos)
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