“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la sie- ga yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero” (Mateo 13:30, RVR1995).
HISTORIA BÍBLICA
Jesús está contando parábolas sobre el Reino. Esta vez, habla de un agricultor que sembró buena semilla, pero durante la noche, un enemigo sembró cizaña en el mismo campo. Los siervos, confundidos, querían arrancar pronto la cizaña. Pero el Señor dice: “Dejad crecer juntamente hasta el tiempo de la siega”. La paciencia de Dios es pedagó- gica. Él sabe que arrancar el mal antes de tiempo puede destruir el bien. El campo es el mundo. El trigo son los hijos de Dios. La cizaña son los hijos del maligno. La siega es el fin de los tiempos. Y la cosecha revelará lo que hoy está escondido.
PROPÓSITO
La bondad es el brillo silencioso del Reino de Dios en medio del caos. Es una elec- ción activa de cada uno sembrar esperanza, aun donde hay cizaña, duda e injusticia.
CREENCIA ADVENTISTA RELACIONADA
Creencia n°8 – El gran conflicto. Vivimos en un universo en disputa. El bien y el mal coexisten hasta el tiempo del juicio. Dios no fuerza la verdad; él permite que el ca- rácter de cada lado se revele plenamente. “El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es algo misterioso e inexplicable; excusarlo equivaldría a defenderlo” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 484).
LECTURA ADICIONAL
“Así como pueden responder al odio con el odio, también corresponderán al amor con el amor. Solamente el Espíritu de Dios devuelve el amor por odio. El ser bondadoso con los ingratos y los malos, el hacer lo bueno sin esperar recompensa, es la insignia de la realeza del Cielo” (Elena de White, Reflejemos a Jesús, p. 64).
“Una palabra de simpatía, un acto de bondad alzaría la carga que doblega los hom- bros cansados” (Elena de White, El discurso maestro de Jesucristo, p. 24).
INTRODUCCIÓN
Se cuenta que, en cierta ocasión, un hombre sudaba empujando un ternero hacia el corral. Irritado, lo intentaba a la fuerza. Sin éxito. De repente, lo inesperado. Una niña humilde se acerca, sonríe y coloca el dedo en la boca del ternero. ¿El resumen de la historia? Aquella niña condujo al animal suavemente. Y el hombre quedó en silencio, asombrado.
Lo que el esfuerzo no logró, la bondad lo realizó. La bondad no grita. No fuerza. No exige. La bondad guía con ternura y llega donde la fuerza se rinde. Esta es invencible. Hoy, vamos a aprender con el dedo de la niña y con el campo del Maestro: la bondad es la fuerza disfrazada de dulzura.
DESARROLLO
1. La cizaña y el trigo: la bondad crece en campos mezclados
Dios no arrancó la cizaña inmediatamente. ¿Por qué? Porque si se la arrancara cuando está comenzando a crecer, mataríamos el trigo junto con el engaño.
“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro [...]” (Mateo 13:30).
La bondad de Dios es paciente, espera. El campo es de la verdad, pero hay engaño en él. La iglesia es de Cristo, pero hay falsedad en su humanidad. Por lo tanto, la bondad no es ingenuidad, es paciencia con propósito. Esta no niega el mal, pero insiste en el bien.
2. La bondad es ser trigo en campo de cizaña
Ser bueno donde todo es bueno es fácil. Muy fácil. Lo difícil es sembrar compasión entre espinos. “Solamente el Espíritu de Dios devuelve el amor por odio” (Reflejemos a Jesús, p. 64).
En el Oriente Antiguo, la cizaña era usada como venganza. Funcionaba como un ataque camuflado entre enemigos o rivales de plantaciones. Así también actúa Sata- nás: se infiltra. Imita. Sabotea. Pero el trigo no responde con guerra. Nunca. Responde con firmeza y bondad.
Por eso, ser bondadoso es predicar sin micrófono. Es publicar con la actitud más allá de las redes sociales. Es vivir el sermón cuya oratoria proviene de un comporta- miento extraordinario.
3. El bien sembrado es una cosecha invisible, pero segura
Muchos piensan que hacer el bien sin una recompensa es perder el tiempo. Pero el evangelio dice lo contrario: “Una palabra de simpatía, un acto de bondad alzaría la carga que doblega los hombros cansados” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 24).
La cosecha puede tardar, pero nunca falla. La semilla que no reacciona hoy cierta- mente florecerá en el momento justo. Es decir, la bondad aparentemente sin recompen- sa es una inversión en el Cielo. Y el Cielo recompensará en vidas salvas. Nada será más satisfactorio que eso.
4. La verdadera bondad se parece a Jesús
Debemos ser “buenos gracias al bien proveniente de Dios” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 67).
Jesús no se impuso, él se entregó. En la cruz, no había multitudes agradecidas ni sonrisas de gratitud. Allí solo había abandono, indiferencia, dolor y soledad. Pero, aun así, sembró con sangre. Sembró en lágrimas. Sembró en silencio. Y cosechó resurrección. ¿Por qué? Porque Cristo sembró con su propio ejemplo.
Así, la bondad que viene del Cielo no depende de aplausos. Esta sirve y sigue. Planta y perdona. Da el ejemplo y cosecha. Sin esperar recompensa ni un podio. La verdadera bondad descubre lo que el otro necesita y actúa antes de preguntar lo obvio: “Amigo, si necesitas algo, avísame, ¿ok?”
Katia descubrió que su vecina anciana estaba totalmente imposibilitada de salir a hacer compras debido a una cirugía de un cáncer del marido. Ambos necesitaban cuidados especiales en el anonimato de su apartamento. ¿Y qué hizo ella? Todas las semanas dejaba en la portería del edificio un pan integral fresco y calentito. Eso gritó más alto que innumerables intenciones dichas en mensajes, pero nunca realizadas en la práctica.
Por eso, la bondad silenciosa es una bendición. Transforma vidas más allá de los argumentos. Toca la mortalidad humana con la inmortalidad de la esperanza. En resumen, la verdadera bondad es tener un pedazo del carácter de Cristo en las puntas de los dedos.
CONCLUSIÓN
La bondad es el lenguaje de los fuertes que eligieron no gritar. Es la estrategia de Dios para vencer el mal: no con espada, sino con semillas. Aunque la cizaña y el trigo crezcan juntos, solo uno será útil. Solo uno será salvo. Solo uno alimentará. Solo uno será recogido.
En el escenario de la decisión, es tu turno: puedes elegir ser semilla o ser obstáculo. Puedes ser el brazo que empuja, o el dedo que guía. Jamás olvides que el evangelio es más creíble cuando es vivido. Y la cosecha abundante solo comienza cuando somos buenos con quien no lo merece.
Jesús sembró con lágrimas, regó con sangre y confió en la cosecha eterna. ¿Y tú? ¿Vas a sembrar aun sin garantías? ¿Vas a amar sin recibir nada a cambio? ¿Vas a ser bon- dadoso aun entre las cizañas?
LLAMADO
Hoy el Espíritu Santo te está llamando a vivir la bondad del Reino. Una bondad que no depende de la recompensa. Una bondad que brilla aun cuando el campo está oscuro. ¿A quién necesitas tratar con gentileza esta semana? ¿Y de aquí en adelante en toda tu vida? ¿Qué “ternero” está resistiendo, pero que necesita solo un gesto de ternura?
¿Qué tal abrazar el evangelismo de la bondad? Aun cuando sea con lágrimas o incluso en favor de alguien que te haya hecho algún mal. Solo necesitas pedirle a Jesús que llene tu vida con las semillas de este amor práctico capaz de elevar este mundo en dirección al Cielo. Y dondequiera que estés.
Finalmente, sé el dedo de la niña. Sé el trigo que permanece. Sé la bondad que evan- geliza. Porque los que siembran con benevolencia y compasión, cosechan con alegría. Y solo quien sea fruto en la bondad de Cristo estará listo para la siega.
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