“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama”. (Lucas 7:47, RVR1995).
HISTORIA BÍBLICA
Jesús está a la mesa en casa de Simón, un religioso meticuloso de corazón ce- rrado. La cena seguía las normas sociales, hasta que una mujer rompe el protocolo. Entra sin ser invitada. Trae un frasco de alabastro. Pero, lo que se derrama allí no es solo perfume, es el alma. Ella se arrodilla. Llora. Besa los pies de Jesús. Simón piensa en silencio: “Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer”. Jesús responde en voz alta. Cuenta una parábola. Expone el orgullo. Y revela la verdad: quien mucho ama es porque mucho le ha sido perdonado. Aquella mujer entró ahogada por etiquetas y sa- lió libre por el perdón. Mientras que Simón salió igual que como había entrado, María salió llena de lo que nunca tuvo: una nueva identidad en Cristo.
PROPÓSITO
Somos verdaderamente libres cuando amamos como fuimos amados: sin reser- vas, sin ser juzgados y con el corazón quebrantado delante de la gracia.
CREENCIA ADVENTISTA RELACIONADA
Creencia n°10 – La experiencia de la salvación. El amor no es solo el camino hacia la salvación. Es la máxima evidencia de que ya sucedió.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8,9; RVR1995).
LECTURA ADICIONAL
“Estaremos listos para el cielo, porque lo tendremos en nuestro corazón”
(Elena G. White, El Deseado de todas las gentes, p. 596).
“La comunión con Dios es la vida del alma” y rebalsa de amor hacia el prójimo (Elena G. White, En los lugares celestiales, p. 74).
Víspera de Navidad. Una tierra marcada por la guerra. Una joven embarazada, rechazada por todos, camina sin rumbo. El bebé estaba por nacer, pero ninguna casa la recibió. Sin ropa, sin techo, sin afecto, da a luz bajo un puente. Se quita la chaqueta. La blusa. La falda. Y abriga al hijo con su último calor. Por la mañana, un misionero encuentra al bebé salvado por el amor sacrificial de una madre. Años después, al conocer su historia, el muchacho se quitó la ropa frente al mismo río y oró: “Señor, ayúdame a entender cuánto frío sintió mamá por mí”.
¿Ya oraste así alguna vez? “Señor, ayúdame a entender cuánto amor costó mi sal- vación”. Hoy, el Cielo nos llama a amar así: amar hasta que duela. Hasta quebrarnos. Hasta transformarnos.
DESARROLLO
1. El amor es el frasco que se quiebra para perfumar al mundo.
La mujer de la historia no fue invitada, pero entró. No habló, solo adoró. No fue aceptada por los hombres, pero sí aceptada por Cristo. No llevó un argumento. Llevó un frasco. Y lo quebró todo a los pies de Jesús.
“Sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho” (Lucas 7:47, RVR1995).
Simón ofreció juicio. María ofreció perfume. Jesús no escogió al religioso de la casa; escogió al corazón forastero quebrantado. Porque el Cielo prefiere el aroma del arrepentimiento al sonido de la arrogancia.
2. El amor es fruto, no es fábrica.
No puedes amar por esfuerzo propio. El amor es fruto. Nace cuando el Espíritu habita.
“Mas el fruto del Espíritu es amor [...]” (Gálatas 5:22, RVR1995).
María no se quebró para ser aceptada. Ella quebró el frasco porque ya había sido aceptada. Por eso, el amor que transforma no es solamente la causa de la salvación. Es la consecuencia del milagro de la gracia. Nuestra certeza: el amor de Dios es tan grande que jamás conducirá a ninguno de sus hijos a pruebas que su gracia no pueda alcanzarlos. En otras palabras, no ames para ganar el Cielo. Ama porque el Cielo ya te alcanzó.
3. Amor que ora hasta sentir amor
“No hay nada que nos haga amar tanto a alguien como orar por él”, escribió William Law. A veces, no sentimos nada. Pero la oración enciende lo que estaba apagado.
Telma Brenha comenzó orando con un pequeño grupo pequeño. Su corazón ya se despertaba para hacer algo más por Jesús. Pero no predicaba, no lideraba. Sin embargo, oraba con tanto amor y con tanto deseo de ayudar más, que empezó a florecer. Enfrentó desafíos, creyó en el poder de Dios y superó la timidez. Hoy, lidera el Ministerio de la Mujer de la Iglesia Adventista en el estado de São Paulo con más de dos mil con- gregaciones. Su trabajo es inspirador. Y todo comenzó con oración.
Cuando oras por alguien, el Cielo trabaja por dentro. La oración reenciende las cenizas.
“Al ver lo Invisible, practicamos lo imposible”, dijo Ruth Watson. Al fin y al cabo, la oración es la incubadora del amor; es allí donde lo imposible comienza a respirar.
4. El amor en acción es el evangelio en la práctica
La hermana Domingas, a los 57 años, fue alfabetizada por alguien que la amaba. Cada letra enseñada era un acto de compasión. Su vida fue transformada por letras y gestos de quien amó con paciencia en su formación y aprendizaje. Ella dejó un legado en la iglesia como misionera del amor. Porque evangelizar no es solo hablar de Dios; es mostrar a Dios.
“En su sabiduría, el Señor pone a los que buscan la verdad en relación con seme- jantes suyos que conocen la verdad. Es plan del cielo que los que han recibido la luz, la impartan a los que están todavía en tinieblas” (Servicio cristiano, p. 12). Puedes evangelizar visitando, enseñando, abrazando. Más que eso, puedes tocar vidas preo- cupándote por ellas. Puedes donar un libro, una ropa o hasta bendecir a mucha gente en las redes sociales. Porque el amor que enseña salva. El amor que se preocupa sana. El amor que se entrega evangeliza. Y no se trata de método, sino de motivación. Porque quien ama de verdad siempre encuentra un camino.
CONCLUSIÓN
Amar no es una emoción. Es una decisión que se transforma en acción. Es el único idioma que el Cielo habla fluidamente. Quien ama de verdad no calcula, no es- pera recompensa, no se protege de la entrega. Simón dio un banquete y quedó en el anonimato. María dio un perfume y será recordada para siempre.
Al final, quien ama deja marcas que el tiempo no borra. Entonces, puedes vivir guardando el frasco, o quebrarlo y llenar el mundo con el perfume de la gracia. Guar- dar es seguro; quebrar es fe. Guardar conserva; quebrar transforma. La madre Teresa de Calcuta inmortalizó esta frase: “Soy apenas un lápiz en la mano de Dios. Él hace el pensamiento, él hace la escritura, el lápiz solo debe dejarse usar”. ¿Estás dispuesto a ser ese lápiz? ¿A dejar que el amor escriba una nueva historia por medio de ti?
LLAMADO
Hoy, Jesús está sentado a la mesa, esperando corazones que se quebranten delante de él. No importa tu pasado. Importa lo que entregues. No hay transformación sin entrega. Ora por alguien esta semana. Envía un mensaje. Realiza un acto de amor. Di una verdad. Da un paso. El Cielo está listo para ser derramado sobre vidas que aman con libertad y viven con propósito.
¿Por qué no quiebras ahora el frasco y entrega tu vida al Señor? Deja que el perfume de la gracia de Jesús llene tu vida. Que él rebose en amor llenando tu casa, tu iglesia, tu misión. Y el Cielo sonreirá.
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