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Pilato - ¿Qué haré con Jesús?

INTRODUCCIÓN

Pilato, el gobernador romano en Jerusalén, fue abruptamente despertado ese viernes 14 del mes de Nisán. Temiendo la contaminación ceremonial, los líderes judíos se negaron a entrar en el tribunal. Jesús ya había sido arrestado, juzgado y condenado por Anás, Caifás y el Sanedrín. Ahora es llevado al tribunal romano, para validar la sentencia. El prisionero fue entregado a los guardias del pretorio, mientras que sus acusadores trataron el tema a distancia.

I. EL GOBERNADOR ROMANO

1. No tenemos mucha información sobre él. Según la tradición, Pilato fue un soldado. Creció en campos de batalla de los ejércitos de Roma. Su valentía atrajo la atención de César y, por último, recibió como recompensa el cargo de gobernador de Judea.

2. Ese viernes, conociendo el prisionero que le llevaron, sabía que sería un juicio complicado.

3. Sin duda, Pilato ya había oído hablar de Jesús, sobre su carisma y autoridad, sus parábolas y sus curaciones. Él sabía que el establecimiento religioso judío se sentía incómodo con Jesús.

4. Pilato fue designado procurador romano en esa región apartada por Tiberio, para un periodo de 10 años. Y, de hecho, él permaneció allí del 26 al 36 d. C. La hostilidad entre él y los judíos eran recíproca y la desconfianza era mutua. 
Josefo menciona que Pilato se apropió del dinero del templo para construir un acueducto. Filón de Alejandría, otro historiador, en una carta al Emperador, Calígula, describe a Pilato como un hombre inflexible, cruel y obstinado. Los evangelios parecen confirmar ese cuadro.

5. Pilato adquirió fama de ser capaz, con el típico sentido romano de “fair play”, decidido a mantener la ley y el orden. Era implacable en reprimir rebeliones y cualquier tipo de amenaza al Imperio.

II. JESÚS ANTE PILATO

1. Jesús es entregado al gobernador romano, falsamente acusado de perturbar la paz y oponerse al pago de tributos a César (Lucas 23:2).

2. Su pregunta “¿Cuál es el crimen de este hombre?” parece reflejar un tono irónico. Pilato conocía la malicia y los malabarismos políticos de los líderes judíos.

3. Ante Jesús, Pilato estaba desconcertado. El reo no le parecía representar ninguna amenaza. Al ser un hombre pragmático, Pilato pregunta: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” (Juan 18:33).

4. Él observó con más atención al hombre apagar, que debería ser juzgado.
Las marcas de abuso físico eran evidentes, los labios aún hinchados por la bofetada recibida al ser juzgado por Anás (Juan 19:3). Aún así, Jesús lo intrigaba. Herido, debilitado por las largas horas de juicio y cubierto por marcas de sangre, jamás pareció tan bello. Había en él la dignidad de un rey en el trono.

5. Pilato no estaba preparado para tratar ese caso. Él sabía de reyes que son mantenidos por la violencia y la espada, como en la saga de los emperadores romanos.

III. “MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO”

1. Jesús prueba al hombre que lo juzga: “¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?” (Juan 18:34). Incómodo, Pilato intenta recomponerse y cambia de estrategia: “¿Qué has hecho?”.

2. La respuesta de Jesús lo deja más perplejo: “Mi reino no es de este mundo” (v. 36).

3. ¿Qué reino es este? Ningún dominio para ser defendido. Ninguna frontera para ser guardada. Ningún ejército para ser entrenado. Ninguna sumisión impuesta. ¿Qué reino es ese?

4. Pilato es confrontado con otro nivel de la vida que trasciende todo lo que conocía. Ante él está la encarnación de una autoridad que va mucho más allá del poder político romano. El timbre de la voz de Jesús transmite no solo autoridad, sino también paz. Su mirada parece penetrar en los rincones más íntimos del hombre que lo estaba juzgando. Pilato se siente desarmado ante ese galileo.

5. Jesús dice: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Juan 18:37). Pilato conocía las discusiones filosóficas sobre la “verdad”. Entonces, pregunta: “¿Qué es la verdad?” (v. 38). Pero no espera la respuesta.

6. Para Jesús, la verdad no es un concepto filosófico, sino una persona: “Yo soy […] la verdad” (Juan 14:6) y “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37).

7. A continuación, Pilato busca refugio en su autoridad: “¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte y que tengo autoridad para soltarte?” (Juan 19:10). Jesús no se deja intimidar. De un solo golpe, Jesús destruyó la ilusión del poderoso procurador romano: “Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” (v. 11).

8. Tal vez, por primera vez en su vida, el gobernante se encuentra con un hombre libre. Libre de miedos, de la inseguridad, de la corrupción, de la codicia y de la arrogancia. Libre para cumplir la misión para la cual había venido al mundo.

IV. LA DEBILIDAD DE PILATO

1. Pilato se convence aún más de la inocencia de Jesús. Y “desde entonces procuraba Pilato soltarle” (Juan 19:12).

2. Tres veces el procurador públicamente declara: "no encuentró ninguna razón para condenarlo".

3. En ese momento le llega un mensaje de su esposa, a quien la tradición llamó Claudia: “No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él” (Mateo 27:19).

4. El mensaje de su esposa no tenía base en la intuición femenina. Según Elena G. White, un ángel fue enviado del cielo (DTG, 680).

5. En un futuro distante, ella vio a Jesucristo como Rey de reyes, en su regreso. Su corazón se llenó de horror. Ella le envió un mensaje a su marido. Pilato se asustó. Intentó liberar a Jesús (Juan 19:12), algo que los líderes judíos parecían percibir.

6. Además de su convicción de la inocencia de Jesús, en las narrativas de los evangelios, Pilato intentó evitar una decisión clara, sin duda amedrentado por los enemigos de Jesús. Buscó cuatro rutas de evasión:

a. Envió a Jesús a Herodes;

b. Intentó “soluciones a medias”, permitiendo que Jesús fuera azotado. Si el reo era inocente, ¿por qué azotarlo?

c. Pilato intentó la alternativa de Barrabás, transfiriendo la decisión a la multitud. Clemencia en lugar de justicia;

d. Su último intento: lavarse las manos, alegando ser inocente (Mateo 27:24, 25).

7. Antes que sus manos estuviesen secas, entregó a Jesús para ser crucificado.

Se hizo responsable de una monstruosa injusticia. La omisión y la cobardía pueden ser actos impíos mayores que la peor de las acciones.

CONCLUSIÓN

Los que buscan eludir un compromiso abierto con Jesús siempre hallan excusas para rechazarlo. Los gritos y las amenazas de la multitud prevalecieron.

Pilato decidió atender el pedido de esas personas. Soltó a Barrabás. Nuestras contradicciones e incoherencias se convierten en nuestras peores trampas.

Los judíos tocaron el punto débil de Pilato: “Si a este sueltas, no eres amigo de César” (Juan 19:12). La elección era entre el honor y la ambición, entre la verdad y lo conveniente. Pilato lo sabía. ¿Cómo defender la inocencia de Jesús, haciendo justicia y al mismo tiempo no enemistándose con la multitud y los líderes judíos? Pilato intentó conciliar lo irreconciliable.

No se puede servir a dos señores, dijo Jesús. 
La cobardía pregunta: “¿Es seguro?”. 
La vanidad pregunta: “¿Es popular?”. 
El materialismo pregunta: “¿Cuánto voy a ganar?”. 
Pero la conciencia y el deber preguntan simplemente: “¿Es correcto?”. 

Siempre llega el momento en el que una persona debe tomar una decisión que no es segura, ni políticamente correcta, popular o lucrativa, pero que debe ser asumida simplemente porque es correcta.

Judas lo “entregó” por codicia.
Caifás lo “entregó” por malicia.
Pilato lo “entregó” por cobardía y conveniencia.
… y él fue crucificado.

La muerte de Jesús, para la expiación del pecado, es débito de todos. Todos nosotros estábamos allá, representados por quienes testificaron su muerte, y no como meros espectadores. Así, antes de poder ver la cruz como algo hecho en nuestro favor, llevándonos a la fe y al arrepentimiento, solo quien está listo para compartir la culpa de la cruz puede clamar participación en su gracia.

En Mateo 27:32, desesperado ante la multitud que elige a Barrabás, Pilato pregunta: “¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?”. Esa es la pregunta que atraviesa la historia y el polvo del tiempo, y nadie puede responderla en su lugar.

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