El papel desempeñado por María, la madre de Jesús, ha sido discutido a lo largo de los siglos y ha dividido a los cristianos y sus iglesias.
La Iglesia Católica Romana afirma sobre María mucho más de lo que respaldan las Escrituras y le atribuyen el título de corredentora y la cercan de una gran cantidad de exageraciones y supersticiones.
Por otro lado, los protestantes, raramente la mencionan en sus púlpitos. Tal actitud no hace justicia a las Escrituras. Nuestra apreciación por María no puede ser menor que nuestra apreciación y respeto por otras figuras sagradas.
I. MARÍA EN LAS ESCRITURAS
1. Las referencias a María son escasas. El material sobre ella se limita a las pocas citas de los evangelios y a un único texto en el libro de Hechos.
2. Estas referencias, con excepción de las narrativas de la infancia en los dos capítulos de Mateo y Lucas, es todo lo que encontramos.
3. El nombre personal de María nunca aparece en el Evangelio según Juan, lo que es como mínimo curioso, porque ese Evangelio menciona a otras varias mujeres cuyo nombre propio es María.
II. MARÍA EN LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS
MARCOS:
1. María aparece en 3 escenas. Marcos 3:32-35 trata sobre quiénes eran realmente los parientes de Jesús.
2. Marcos 6:3 dice que Jesús es “hijo de María” y “hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón” (probablemente, hijos de José, esposo de María, de un matrimonio anterior).
3. En Marcos 15:40, en la escena de la crucifixión, una de las Marías es identificada como la madre de “Jacobo y José”. En asociación con Marcos 6:3, Mateo 13:55 y Mateo 27:56, concluimos que la María mencionada allí es la madre de Jesús, lo que es confirmado por la escena en Juan 19:25.
MATEO Y LUCAS:
1. Aquí encontramos las llamadas ‘narrativas de la infancia’.
2. Su genealogía: Mateo incluye en la genealogía de Jesús cinco mujeres: “poco notables”. Algunas marcadas por el estigma de la reputación negativa, como Tamar, Rahab, Rut y Betsabé. La venerada pureza de sangre de la tradición judía fue completamente dejado de lado. Su línea de ancestros estaba comprometida por Rut, la moabita y por Rahab, una cananea de baja reputación. Las personas en general se enorgullecen de sus antepasados importantes. Tienen orgullo de su pedigree, de las fuerza genética de sus ancestros; es una fantasía muy fuerte en el imaginario popular. Pero Jesús, desecho los linajes inmaculados para no intimidar a la mayoría de las personas que no se pueden presentar como el producto final de una super raza. El era alguien común. Se apartó y desechó como necesarias rpobando cuán equivocados estamos con nuestras superficialidades y deslumbramientos patéticos.
3. María es una campesina simple, elegida por Dios para ser la madre del Mesías. Jesús no tiene en cuenta las nociones humanas de “pedigree” o “sangre azul”, y se identifica como uno de nosotros.
4. Su nacimiento: nuevamente no considerando las “peculiaridades” humanas, el Mesías nació en un establo, porque “no había lugar para ellos en el mesón”. Con Jesús aprendemos que las cosas importantes son invisibles a los ojos y que, “solo se ve bien con el corazón” (Antoine de Saint-Exupéry).
5. Dios ahora tenía un rostro entre nosotros. Ella ciertamente recordó las palabras del ángel “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá” (Lucas 1:35). María eventualmente entendió que Dios decidió visitarnos en la debilidad, para enseñarnos un tipo diferente de fuerza.
III. MARÍA EN EL EVANGELIO DE JUAN
1. En el cuarto evangelio, encontramos solo dos pasajes en los que María es identificada solo como la “madre de Jesús”. Uno en el inicio y otro al final del evangelio; una en la escena de la transformación del agua en vino, en la boda en Caná, y otra al final, junto a la cruz.
2. El episodio de las bodas de Caná (Juan 2:13-22), representa una confirmación para sus discípulos.
3. El diálogo entre Jesús y María no tiene nada de ofensivo o irrespetuoso. Sin embargo, Jesús deja claro que él es guiado por otra agenda.
4. Jesús ofrece el “mejor vino” (jugo de uva, como argumentado en la nota, al final).
CONCLUSIÓN
En la escena del Calvario (Juan 19:15-27), su presencia desafía la cobardía de otros y las fuerzas de la muerte.
“A los pies de la cruz” recuerda las palabras de Jesús “donde yo estuviere, allí también estará mi servidor” (Juan 12:26).
“Una espada traspasará tu misma alma”. Ella ve a su hijo colgado de un madero, con sed, clavado entre el cielo y la tierra. Jesús es tanto hijo de María como su Salvador. Ella nunca pretendió ser más que una pecadora con necesidad de gracia.
En Hechos 1:14, después de la muerte de Jesús, ella aparece apenas una vez, en oración con los otros. Su vida y testimonio señalan a Jesucristo, y nos recomiendan a hacer lo mismo. Para ella y para los otros discípulos, “en ningún otro hay salvación”.
De María aprendemos obediencia y sumisión incluso cuando eso parece difícil o incluso peligroso. Escuchamos de ella las palabras que continúan desafiándonos: “Haced todo lo que os dijere” (Juan 2:5).
Jesus no necesita abogados, sino testigos. Personas que estén dispuestas a contar a otros todo lo que el ha hecho en sus vidas, personas que estén dispuestas a confiar y obedecer todo lo que el manda y que quieran ir hasta los confines de la tierra para dar a conocer estas buenas noticias. La dulce palabra de su compasión y salvación.
¿Quiere usted ser esa persona?
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