«Por tanto, nadie los juzgue en comida o bebida, o en días de fiesta, nuevas lunas o sábados. Todo esto era sombra de lo que iba a venir, pero la realidad es Cristo» (Colosenses 2:16, 17).
¿Te han preguntado alguna vez por qué guardas el sábado? Incluso, es posible que el texto para memorizar de esta semana se haya utilizado como «evidencia» en contra de ello. Sin embargo, ese versículo no se refiere al cuarto Mandamiento, sino a los errores enseñados por algunos falsos maestros de la iglesia. ¿Cuáles eran esos errores?
En primer lugar, Pablo los describe como «filosofías», «vanas sutilezas», «tradición de hombres», «elementos del mundo» y «no según Cristo» (Colosenses 2:8).
Esta falsa enseñanza también implicaba la circuncisión y la observancia de las festividades religiosas judías (vers. 11, 16), ciertos rituales de purificación tradicionales del judaísmo, reglamentos relacionados con la comida (vers. 16, 21) y la adoración de ángeles o un intento de emular la adoración angélica (vers. 18).
Por último, ella se basaba en «mandatos y enseñanzas de hombres» y posiblemente implicaba prácticas ascéticas (vers. 22, 23).
Estos falsos maestros eran religiosos y sinceros, pero es evidente que entendían erróneamente el evangelio. Hoy veremos por qué y descubriremos que el versículo para memorizar no tiene nada que ver con la observancia del séptimo día, o sábado semanal, de acuerdo con el cuarto Mandamiento.
I. LA SABIDURÍA Y EL CONOCIMIENTO DE DIOS
Job preguntó: «¿Dónde se halla la sabiduría? ¿Dónde mora el entendimiento?» (Job 28: 12).
Pablo responde: en Cristo, en quien «están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento» (Colosenses 2:3; comparar con 1 Corintios 1:30). Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo, incluso «la plena seguridad de comprensión» del propósito de la vida (Colosenses 2:2). Por medio de él se ha revelado el misterio de Dios, que abarca todo el Plan de Salvación.
Lee Colosenses 2:1-7. ¿Cuál fue el propósito de Pablo al escribir esta epístola?
La palabra griega paraklēthōsin significa «confortado» (Colosenses 2:2). El deseo de Pablo no era solo ayudar a los creyentes de Colosas a reconocer las falsas enseñanzas, sino también mantenerlos «unidos» (sumbibasthentes) en el amor cristiano. El tiempo verbal empleado en ambos casos –«confortado» y «unidos»– indica la confianza de Pablo en que esta epístola lograría su propósito.
No obstante, él los elogia por «su buen orden y la firmeza de su fe en Cristo» (Colosenses 2:5). El término griego taxis, traducido como «orden», se utiliza en el Nuevo Testamento en referencia a las órdenes sacerdotales de Aarón (Lucas 1:8; Hebreos 7:11) y Melquisedec (Hebreos 5:6, 10; 6:20; 7:11, 17), pero Pablo lo aplica aquí al orden en la iglesia (ver también 1 Corintios 14:40). A veces se tiende a considerar el orden y la organización de la iglesia como una mera cuestión eclesiástica sin significado teológico.
Pero, al prescribir un decoro adecuado en el culto (ver, por ejemplo, 1 Corintuos 11) y especificar cómo debían ser seleccionados los ancianos y los diáconos (1 Timoteo 3; Tito 1), Pablo tuvo mucho cuidado en preservar el orden en la iglesia. Estas medidas estaban destinadas a preservar y proclamar la sabiduría de Dios y las enseñanzas de la Biblia.
Como resultado de la enseñanza correcta que los colosenses habían recibido de los asociados de Pablo, tenían una fe firme que no podía ser sacudida, pues descansaba sobre un sólido fundamento bíblico que los protegería de los errores promovidos por los falsos maestros.
¿Cuál ha sido tu experiencia con la necesidad de mantener el «orden» en tu vida espiritual?
II. ARRAIGADOS Y CRECIENDO EN CRISTO
El tema de Colosenses es una de las máximas más claras para la vida cristiana: «De la manera que han recibido al Señor Jesucristo, así anden en él» (Colosenses 2:6). Recibimos la salvación al aceptar a una Persona, no solo un conjunto de enseñanzas. No obstante, recibir a Jesús también incluye aceptar todas sus enseñanzas tal como fueron comunicadas a través de los apóstoles y profetas (ver Efesios 2:20).
Por sobre todo, aceptar a Cristo significa morir al yo; es decir, una entrega completa del yo a Cristo. Jesús, la Palabra viviente, no puede ser separado de la Biblia, la Palabra escrita. Son las dos caras de una misma moneda. De hecho, solo es posible conocer a Jesús a través de la Escritura. Nosotros «andamos» o vivimos «en él»; es decir, permitimos que su Palabra y su Espíritu nos guíen en todas nuestras decisiones y prácticas.
En Colosenses 2:7, Pablo compara metafóricamente a los cristianos con plantas. Somos arraigados en Cristo al aceptarlo como nuestro Salvador y ordenar nuestra vida en armonía con su Palabra. Así es como llegamos a estar «confirmados en la fe».
¿Cómo iluminan los siguientes pasajes la metáfora de la planta como símbolo de los creyentes? (Ver Isaías 61:3; Mateo 3:10; Lucas 8:11-15; 1 Corintios 3:6.)
Pablo expone claramente las dos alternativas de los creyentes. Una consiste en ser como un «plantío del Señor» (Isaías 61:3) y permanecer completos en Cristo, aferrándose a él y a sus enseñanzas. La otra opción podría compararse con una planta artificial, real solo en apariencia, pero desprovista de vida. Al adoptar filosofías y tradiciones humanas, somos llevados «cautivos» (Colosenses 2:8). Aunque Cristo nos ha libertado, podemos volver a ser esclavos (Gálatas 5:1; comparar con Hechos 15:10).
En resumen, aceptar enseñanzas que no son bíblicas significa rechazar a Cristo, adoptar un falso evangelio y reconocer a autoridades humanas en lugar y por encima de la autoridad de las Escrituras (ver Gálatas 1:6-9). Esto era un peligro para la iglesia primitiva y sigue siéndolo hoy.
¿Cuál ha sido tu propia experiencia acerca de lo que significa morir al yo para recibir a Cristo? ¿Por qué debe ser un proceso continuo?
III. CLAVADOS EN LA CRUZLee Colosenses 2:11-15. ¿Qué problemas parece estar combatiendo Pablo aquí?
Estos textos, especialmente Colosenses 2: 14, suelen ser invocados erróneamente como argumento contra la observancia de la ley y del sábado, el séptimo día de la semana, el día bíblico de reposo y adoración a Dios.
Para ayudar a entender estos textos, los adventistas del séptimo día han propuesto dos interpretaciones principales. De acuerdo con la primera, las «ordenanzas» clavadas en la Cruz se refieren a la lista de cargos «desfavorables a nosotros», a semejanza del texto que Pilato fijó a la cruz de Jesús (Mat. 27: 37; Juan 19: 19, 20). De acuerdo con la segunda interpretación, lo que fue clavado en la Cruz fue la ley ceremonial escrita por Moisés (ver Deut. 31: 24-26).
Cuando consideramos el contexto más amplio del versículo, notamos que está hablando claramente de la ley ceremonial.
Pablo también se refiere a la «circuncisión hecha sin mano» (Colosenses 2:11), es decir, «del corazón» (Romanos 2:28, 29; comparar con Deuteronomio 30:16), en aparente contraste con la circuncisión física o corporal, que era una de las estipulaciones más importantes de la ley ceremonial (Levítico 12:3; comparar con Éxodo 12:48).
Pablo conecta entonces este cambio interior con la acción de «despojarse de su cuerpo pecaminoso carnal» y con el bautismo por inmersión, mediante el cual nos identificamos con la muerte y la resurrección de Cristo (Colosenses 2:11, 12).
Esta experiencia de conversión se asemeja a haber estado «muertos en pecados» y haber recibido «vida con Cristo», quien «perdonó todos nuestros pecados» (Colosenses 2:13).
La palabra «ordenanzas» (Colosenses 2:14) se refiere a disposiciones legales, ya sea seculares (Lucas 2:1; Hechos 17:7) o eclesiásticas (Hechos 16:4). El único uso adicional de esta palabra griega en los escritos de Pablo designa a la ley ceremonial, que constituía un muro de separación entre judíos y gentiles (Efesios 2:14, 15).
Puesto que Pablo ya se había referido al perdón de los pecados y a la transformación interior simbolizada por el bautismo, es poco probable que vuelva aquí a tratar ese tema mediante una metáfora diferente que no se utiliza en ningún otro lugar de las Escrituras. Más bien, Pablo enfatiza aquí un punto similar al expuesto en Efesios: que los creyentes gentiles de Colosas no necesitaban preocuparse por guardar la ley ceremonial, incluida la circuncisión, ni por las leyes de pureza que formaban parte de ella (comparar con Hechos 10:28, 34, 35).
Es evidente que Pablo no estaba sugiriendo que los Diez Mandamientos habían sido clavados en la Cruz, sobre todo en vista de que en otro lugar define el pecado como la transgresión de los Diez Mandamientos (Romanos 7:7).
IV. SOMBRA O REALIDAD
Los eruditos no están de acuerdo acerca de cuáles eran exactamente los temas que Pablo estaba tratando aquí, pero podemos estar seguros de que la propia epístola proporciona bastante información sobre lo que parece haber sido una influencia divisiva de algunos conversos del judaísmo en esta iglesia predominantemente gentil (Colosenses 2:13)
En otras palabras, algunos creyentes de origen judío insistían en la observancia de ciertas prácticas que no eran necesarias.
Colosenses 2:16 enumera claramente una serie de prácticas judías regulares que aparentemente seguían siendo observadas entre algunos judíos convertidos al cristianismo. Los elementos mencionados en Colosenses 2:18 (humildad fingida y culto a los ángeles) se relacionan con este mismo contexto. Jesús ya había denunciado este tipo de falsa humildad en los líderes religiosos (ver Mateo 6:1, 5, 7, 16).
De igual manera, sabemos por los rollos de Qumrán que, en ciertos círculos judíos, los ángeles ocupaban un lugar destacado en sus concepciones sobre el culto. En consecuencia, es muy probable que los problemas a los que Pablo se enfrentaba en Colosas fueran similares a los que tuvo que afrontar en otros lugares.
Puesto que Colosenses 2:16 suele ser malinterpretado, es importante analizarlo con más detenimiento. Observa lo siguiente:
El uso que hace Pablo de la expresión «por tanto» indica que lo que sigue es una conclusión extraída de lo que dijo previamente. Anteriormente, el apóstol había desechado la necesidad de la circuncisión literal, pues lo importante es la transformación interior (Colosenses 2:11-15).
La expresión «comida y bebida» se refiere a las ofrendas que los israelitas llevaban al Templo.
La especificación de «días de fiesta, nuevas lunas o sábados» (Colosenses 2:16) alude aparentemente a Oseas 2:11, donde se hace referencia a la misma secuencia de ocasiones sagradas del calendario litúrgico, incluidos los sábados ceremoniales (ver, por ejemplo, Levítico 23:11, 24, 32).
Para entender este versículo es crucial la interpretación del propio Pablo; a saber, que tales celebraciones religiosas eran «sombra de lo que iba a venir, pero la realidad es Cristo» (Colosenses 2:17). Estos días ceremoniales, al igual que los sacrificios, señalaban la obra de Cristo (ver 1 Corintios 5:7; 15:23). Por el contrario, el séptimo día semanal (sábado) fue instituido en el Edén, antes del pecado, y mucho antes de que fueran instituidos los sacrificios ceremoniales del Santuario; por lo tanto, no era una sombra que dejaría de tener sentido después de la Cruz.Aunque el texto en cuestión no se refiere a la observancia del sábado semanal ordenada en el cuarto Mandamiento, ¿cómo podrías aplicar el consejo de Pablo de no juzgar a los demás?
V. MANDAMIENTOS DE HOMBRES
Lee Colosenses 2:20-23. ¿Cómo entiendes las exhortaciones de Pablo a la luz de los demás elementos tratados en el mismo capítulo?
Al igual que en su epístola a los Gálatas, Pablo califica la preocupación por observar las ceremonias judías como «elementos» o «rudimentos» «del mundo» (Colosenses 2:8, 20; comparar con Gálatas 4:3, 9). En otras palabras, al igual que el Templo terrenal, estas cosas pertenecen a la Tierra, pero nuestra ciudadanía está en el Cielo. No necesitamos cargar con la ley ceremonial pues simplemente prefiguraba la realidad que ahora disfrutamos por medio de Cristo. Es decir, aunque originalmente instituidas por Dios, estas ordenanzas, habiendo cumplido su función, ya no son necesarias.
Puesto que todas estas regulaciones fueron abolidas en la Cruz, como lo indica el rasgamiento divino del velo del Templo (Mateo 27:51; comparar con Daniel 9:27), los cristianos, incluidos los provenientes del judaísmo, no están sujetos a estas regulaciones.
Si nos sometiéramos a ellas, nos estaríamos identificando con este mundo pasajero, en contraste con el nuevo mundo que se nos promete en Cristo.
En definitiva, esperamos «nuevo cielo y nueva tierra, donde mora la justicia» (2 Pedro 3:13) y no una mera renovación de este mundo.
Aparte del hecho de que fariseos y escribas habían añadido requisitos humanos a las normas mosaicas (ver Marcos 7:1-13), la insistencia en perpetuar las ceremonias del Antiguo Testamento que anunciaban la persona y la obra de Cristo –y que, por ende, dejaron de tener sentido en la Cruz– ya no podía considerarse una exigencia divina, sino una imposición humana. De hecho, ellas se estaban convirtiendo en una carga para la fe en lugar de favorecerla. Es fácil caer en la trampa de sentirse superior a otros por observar ciertas prácticas religiosas o, peor aún, de pensar que esta observancia es meritoria para la salvación.
Algunos presuntos eruditos bíblicos han hecho a lo largo de la historia cristiana pronunciamientos religiosos acerca del significado del Texto Sagrado, ocupando así el lugar del Espíritu Santo como guía de los creyentes. Cristo mismo es la fuente de la que brota la verdad de las Escrituras, tal como la enseñaron Pablo y los demás escritores bíblicos.
¿Cómo podemos asegurarnos de comprender que nuestro único fundamento para la salvación es la obra que Jesús realizó por nosotros —su vida, muerte y resurrección, llevadas a cabo fuera de nosotros y sin nuestra intervención—, y no en los cambios o transformaciones que él produce en nuestra vida?
CONCLUSIÓN
«Como en los días de los apóstoles, los hombres intentan, por medio de tradiciones y filosofías, destruir la fe en las Escrituras. Así hoy, por los complacientes conceptos de la “alta crítica”, la evolución, el espiritismo, la teosofía y el panteísmo, el enemigo de la justicia está procurando llevar a las almas por caminos prohibidos.
Para muchos, la Biblia es una lámpara sin aceite, porque han dirigido sus mentes hacia canales de creencias especulativas que traen falsos conceptos y confusión. La obra de la “alta crítica” –al criticar, conjeturar y reconstruir– está destruyendo la fe en la Biblia como revelación divina. Está privando a la Palabra de Dios del poder de guiar, levantar e inspirar las vidas humanas. Por el espiritismo, multitudes son inducidas a pensar que el deseo es la mayor ley, que la licencia es libertad y que el hombre es responsable únicamente de sí mismo y ante sí mismo.
»El seguidor de Cristo se encontrará con las “palabras persuasivas” contra las cuales el apóstol advirtió a los creyentes de Colosas. Se encontrará con interpretaciones espiritualistas de las Escrituras, pero no debe aceptarlas. Ha de oírsele afirmar claramente las verdades eternas de las Escrituras. Guardando sus ojos fijos en Cristo, caminará constantemente hacia adelante en la senda señalada, descartando todas las ideas que no están en armonía con su enseñanza. La verdad de Dios es el objeto de su contemplación y meditación. Considerará la Biblia como la voz de Dios que le habla directamente. Así encontrará la sabiduría divina» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 352, 353).
Preguntas para dialogar:
¿Qué significa que en Cristo «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» y que él «es la cabeza de todo principado y potestad» (Col. 2: 9, 10)? Ver también Juan 1: 1; Hebreos 1: 3; 1 Pedro 3:22
Probablemente todos hemos oído a alguien usar Colosenses 2:14 al 16 como argumento contra la observancia del sábado. ¿Qué otros problemas, además de los que la lección de esta semana puso de manifiesto, implica el uso de estos textos para argumentar que ya no
necesitamos guardar el cuarto Mandamiento?
¿Qué opinas de quienes insisten en que deben ser observadas las prácticas ceremoniales del Antiguo Testamento? Independientemente del provecho espiritual que pudiera resultar de ello, ¿qué problemas surgen del hecho mismo de insistir en su obligatoriedad?
Como vimos anteriormente, Elena G. de White dijo que debemos considerar la Biblia «como la voz de Dios que nos habla directamente». Entonces, ¿por qué es tan importante cuidarnos de cualquier persona o influencia que pueda hacernos dudar de que toda la Biblia es inspirada y tiene autoridad, incluso cuando algunos pasajes puedan incomodarnos o confrontarnos?
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