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Monumentos de gracia - Lecciones de Josué acerca de la fe

"Porque el Señor su Dios secó el agua del Jordán ante ustedes, hasta que hubieron pasado; lo mismo que había hecho con el Mar Rojo, que secó ante nosotros hasta que pasamos. Para que todos los pueblos de la tierra conozcan la poderosa mano del Señor, y para que ustedes reverencien al Señor su Dios todos los días". (Josué 4:23, 24).


El policía hizo una señal y Juan tuvo que detenerse. El agente le pidió la licencia de conducir. En ese momento, Juan se dio cuenta de que había dejado su billetera con la licencia en la oficina, y explicó lo sucedido. El oficial le preguntó cuál era su ocupación y Juan respondió que era profesor. Mientras el agente le entregaba la multa, le dijo que no pensara en ella como una sanción.


«Es una matrícula», le dijo. «Cuando alguien quiere aprender algo, se matricula. Esta es su matrícula para aprender a no olvidar la licencia cuando conduce. Que tenga un buen día, profesor».


Como seres humanos, somos propensos a olvidar cosas que no tenemos constantemente a la vista. Olvidamos contestar las llamadas telefónicas, responder los correos electrónicos, regar las plantas, enviar felicitaciones de cumpleaños, etc. Sin embargo, olvidar nuestras necesidades espirituales podría tener consecuencias más graves que simplemente recibir una multa, especialmente porque ellas tienen que ver con nuestro destino eterno.


Analicemos el cruce del Jordán y veamos qué podemos aprender de esa experiencia.


I. EL CRUCE DEL JORDÁN




Lee Josué 3: 1-5 y Números 14: 41-44. ¿Por qué Dios pidió a los israelitas que se prepararan especialmente para lo que estaba a punto de suceder?





Esta es la primera vez que se menciona el arca del pacto en el libro de Josué. Hasta este momento de la narración del Antiguo Testamento, el arca había aparecido en el contexto del Santuario (Éxo. 40: 21), en el viaje de Israel desde el Sinaí (Núm. 10: 33-36) y en el intento fallido de iniciar la conquista de Canaán (Núm. 14: 44). Era el objeto más sagrado del Santuario israelita y contenía tres elementos, cada uno de los cuales expresaba la relación especial de Israel con Dios: (1) Las tablas con los Diez Mandamientos, (2) la vara del sumo sacerdote Aarón y (3) una vasija que contenía maná (Éxo. 16: 33; Heb. 9: 4).

El arca y los preparativos para cruzar el Jordán recordaban a Israel que no iban a entrar en Canaán a su manera y cuando quisieran. La conquista solo tendría éxito si seguían las indicaciones de Dios, y cuando él lo indicara. Dios, a quien se describe entronizado sobre los querubines que cubrían el arca del pacto (Éxo. 25: 22; Núm. 7: 89), y cuyos movimientos se identifican con los del arca, entra en Canaán delante de los israelitas como Aquel que dirige la conquista.

El término traducido como «santificar» (Jos. 3: 5) o «consagrar» se refiere a un proceso de purificación similar al que seguían los sacerdotes antes de comenzar su servicio en el Santuario (Éxo. 28: 41; 29: 1) y como el que realizó el pueblo de Israel antes de la revelación de Dios en el Sinaí (Éxo. 19: 10, 14). Esta consagración implicaba el abandono del pecado y la eliminación de todas las impurezas rituales. La misma orden aparece en Números 11: 18 en relación con un inminente milagro de Dios. Tal preparación se exigía también antes de librar una batalla (Deut. 23: 14). Para que Dios pudiera luchar por Israel, ellos debían mostrarle su lealtad y confiar en él como su Comandante.

El milagro de cruzar el Jordán iba a demostrar a los israelitas que se podía confiar en la promesa del Señor de expulsar a los cananeos de la tierra. Aquel que podía asegurar el cruce en seco del Jordán también podía concederles el don de la tierra.

Dios no siempre divide el Jordán. Sus intervenciones no siempre son tan evidentes. ¿Cómo crees que podemos desarrollar la preparación espiritual para experimentar y discernir las intervenciones de Dios en nuestro favor?


II. EL DIOS DE LAS MARAVILLAS





Lee Josué 3: 6-17. ¿Qué nos dice el milagroso cruce del Jordán acerca de la naturaleza del Dios a quien servimos?





El cruce del Jordán es descrito en Josué 3: 5 con la palabra hebrea nifla’ot, «maravillas». Esta palabra suele referirse a los actos poderosos y sobrenaturales de Dios que demuestran su singularidad (Sal. 72: 18; 86: 10). Más tarde, los israelitas meditaron en estos actos y, como resultado, alabaron al Señor (Sal. 9: 1) y lo proclamaron entre las naciones (Sal. 96: 3). Las plagas de Egipto (Éxo. 3: 20; Miq. 7: 15), el cruce del Mar Rojo y la conducción de Dios en el desierto (Sal. 78: 12-16) fueron relatados como tales prodigios.

Los escritores bíblicos sabían y atestiguaban que el Dios que creó el mundo nunca se vio limitado o constreñido por su creación. Nada es imposible (heb. «demasiado maravilloso») para él (Jer. 32: 17). Su nombre y su naturaleza son maravillosos (Jue. 13: 18), y él está más allá de nuestra comprensión.

A diferencia de los dioses de las demás naciones, que no pueden salvar (Sal. 96: 5, Isa. 44: 8), el Dios de la Biblia es un «Dios vivo» y activo, cuyos seguidores pueden confiar en él a la espera de sus intervenciones en favor de ellos.

El profeta Zacarías utilizó un término derivado de la misma raíz que nifla’ot cuando imaginó un futuro maravilloso para Israel tras el exilio babilónico. Vio que Jerusalén sería totalmente reconstruida, que habría ancianos sentados en las calles de la ciudad y niños jugando en ella. A los aparentemente incrédulos habitantes de la capital, que aún mostraba los signos de su destrucción, Zacarías declaró: «Así dice el Señor de los ejércitos: “Si en aquellos días esto parece muy difícil a los ojos del remanente de este pueblo, ¿será también muy difícil a mis ojos?” —declara el Señor de los ejércitos. Así dice el Señor de los ejércitos: “He aquí, salvaré a mi pueblo de la tierra del oriente y de la tierra donde se pone el sol; y los traeré y habitarán en medio de Jerusalén; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios en verdad y en justicia”» (Zac. 8: 6-8, LBLA).

Lee Lucas 18: 18-27. ¿De qué manera la respuesta de Jesús a sus discípulos te anima a confiar en Dios cuando te encuentras ante lo que parece imposible?


III. RECUERDA





Lee Josué 4. ¿Por qué Dios pidió a los israelitas que erigieran un monumento?





El propósito de estas piedras era que sirvieran como «señal». El término hebreo así traducido (‘ot) está a menudo asociado con la palabra «maravilla» y puede referirse a actos milagrosos realizados por Dios (ver el estudio de ayer), como las plagas de Egipto (Éxo. 7: 3; Deut. 4: 34). También puede significar «símbolo» como representación de una realidad más profunda o trascendente. Por ejemplo, el arco iris es una «señal» del pacto (Gén. 9: 12, 13); la sangre en los marcos de las puertas de las casas israelitas también es designada como una «señal» (Éxo. 12: 13); y, lo que es más significativo, el sábado es una «señal» de la Creación y de la presencia santificadora de Dios (Éxo. 31: 13, 17; Eze. 20: 12).

En el caso de las doce piedras, la señal funcionaría como un monumento conmemorativo que recordara a cada generación posterior el milagro de la travesía. El término traducido en el versículo 7 como «monumento conmemorativo» (zikkaron) procede de la palabra zakar, «recordar», que denota algo más que el acto pasivo de rememorar algo. Implica un recuerdo acompañado de una acción apropiada (Deut. 5: 15; 8: 2). La construcción de monumentos conmemorativos de piedra (Gén. 28: 18-22) y los rituales que suscitaban preguntas (Éxo. 12: 26, 27; Deut. 6: 20-25) eran habituales en el Antiguo Testamento. En lugar de repetir los milagros una y otra vez, Dios establece monumentos que evocan el recuerdo de sus grandes actos y suscitan respuestas significativas. Por ello, la señal debe permanecer allí «para siempre», lo que implica la necesidad de preservar perpetuamente este milagro del Señor en la memoria colectiva de su pueblo.

La posible pregunta de las generaciones futuras es significativa porque se formula de forma personal: «¿Qué son estas piedras para ti?». Cada nueva generación debía interiorizar y comprender personalmente el significado que estas piedras tenían para ella. La fe en un Dios hacedor de milagros solo puede mantenerse viva si cada generación redescubre el significado de los poderosos actos del Señor para sí misma. Tal fe marcará una diferencia importante entre vivir fielmente las tradiciones basadas en la Biblia y el tradicionalismo de una religión muerta, carente del valor y fervor originales. En definitiva, tenemos que hacer nuestra la fe basada en la Biblia. Nadie, ni siquiera nuestros antepasados, puede creer por nosotros.

¿Qué recuerdos espirituales guardas como testimonio de lo que Dios ha hecho por ti?


IV. OLVIDO





Lee Josué 4: 20-24 a la luz de Jueces 3: 7; 8: 34; Salmo 78: 11; Deuteronomio 8: 2, 18 y Salmo 45: 17. ¿Por qué era tan importante recordar las proezas del Señor?





Observa el cambio de pronombres personales en Josué 4: 23. Se dice allí que las aguas del Jordán se habían secado ante «ustedes», es decir, ante los israelitas que acababan de cruzar el río. Sin embargo, el texto dice luego que el Mar Rojo se había secado ante «nosotros», los integrantes de la primera generación que aún estaban presentes y que habían sido testigos del Éxodo. Los dos acontecimientos, vividos por dos generaciones diferentes, tenían un significado similar. Esto permitió a la segunda de estas generaciones redescubrir el significado del cruce del Jordán a través del testimonio de sus antecesores.

Percibimos generalmente el olvido como un rasgo normal de los seres humanos. Sin embargo, el olvido en el ámbito espiritual puede acarrear graves consecuencias.

Incluso hoy, si queremos preservar nuestra identidad como pueblo que posee una vocación y una misión peculiares, tendremos que idear maneras de refrescar nuestra memoria espiritual, tanto individual como colectiva, para no perder de vista nuestro origen, nuestra identidad y nuestra misión.

Lee 1 Corintios 11: 24, 25 y Juan 14: 26. ¿Por qué debemos recordar siempre lo que Cristo hizo por nosotros? ¿Hay acaso algo más importante que eso?





Elena G. de White comprendió claramente que si no avanzamos de manera constante a la luz de los actos pasados de Dios y de su revelación, seguramente perderemos la motivación para cumplir nuestra misión en el futuro. Ella escribió: «No tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada» (Notas biográficas, p. 193).

Aunque es importante recordar el pasado y cómo el Señor ha obrado en tu vida, ¿por qué debes tener día a día una experiencia renovada con él y experimentar ahora la realidad de su amor y presencia?


V. MÁS ALLÁ DEL JORDÁN





«Convirtió el mar en tierra seca, por el río pasaron a pie. ¡Alegrémonos, pues, en él!» (Sal. 66: 6).


Tanto el cruce del Mar Rojo como el del Jordán señalan una nueva era en la historia bíblica, y ambos tienen un significado simbólico (ver Sal. 66: 6; 114: 1-7; 2 Rey. 2: 6-15). Ya en el Antiguo Testamento hay textos que vinculan los dos acontecimientos y reconocen un significado que apunta más allá de los escenarios originales. En el Salmo 66: 6, el salmista celebra el acto redentor de Dios en su vida (Sal. 66: 16-19) refiriéndose a los ejemplos históricos del cruce del Mar Rojo y del Jordán.

El Salmo 114 también vincula ambos acontecimientos, no porque el autor no viera una diferencia cronológica entre ellos, sino por el significado teológico que comparten las dos travesías. Así, se considera que los dos eventos contribuyen a un cambio en el estatus de Israel. Primero, de la esclavitud a la libertad. Luego, del nomadismo a la condición de nación. En estos Salmos, los ejemplos de las dos travesías ilustran el cambio de estatus del autor, que pasa de la opresión, la pobreza, el desamparo y la humillación a la seguridad, el bienestar, la salvación y la dignidad.

En el contexto de un milagro similar al registrado en Josué, también junto al Jordán tuvo lugar la traslación de Elías. Para Elías, la travesía supuso el cambio de estatus más significativo de su vida: su traslado al Cielo. Para Eliseo, el cambio también es importante, ya que el ayudante del profeta (1 Rey. 19: 21) se convierte en el profeta de la nación (2 Rey. 2: 22).

Lee Mateo 3: 16, 17 y Marcos 1: 9. ¿De qué manera dan a entender los escritores del Nuevo Testamento que el río Jordán tiene un significado simbólico y espiritual?





El ministerio terrenal de Jesús como Representante de Israel sigue el modelo de la historia del antiguo pueblo de Dios. Jesús pasa por las experiencias del «Mar Rojo» y del «Jordán». Es llamado a salir de Egipto tras un decreto de muerte (Mat. 2: 14-16), pasa 40 días en el desierto (Mat. 4: 2), similares a los 40 años del antiguo Israel y, como transición de su vida privada a su ministerio público, es bautizado en el Jordán (Mat. 3: 16, 17; Mar. 1: 9).

Más adelante, Hebreos 3 y 4 reconoce el significado simbólico del cruce del Jordán y presenta la entrada en Canaán como prefiguración del «reposo de la gracia» al que acceden los cristianos por medio de la fe.
CONCLUSIÓN




«Estudiad cuidadosamente las vicisitudes de Israel durante su viaje a Canaán. Estudiad los capítulos tercero y cuarto de Josué, que registran la preparación de ellos para cruzar el Jordán, y el cruce de este río rumbo a la tierra prometida. Necesitamos mantener preparados el corazón y la mente, recordando las lecciones que el Señor enseñó a su pueblo de la antigüedad. En esta forma las enseñanzas de la Palabra de Dios siempre serán atrayentes e impresionantes» (Comentarios de Elena G. de White, Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 2, p. 988).

«El Israel moderno se encuentra en mayor peligro de olvidar a Dios y de ser arrastrado a la idolatría que su pueblo antiguo. Hay muchos ídolos que se adoran, aun entre los profesos guardadores del sábado. Dios le encargó a su pueblo en forma especial que se guardara de la idolatría, porque si eran desviados de su servicio al Dios viviente, su maldición recaería sobre ellos, mientras que si lo amaban con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fortaleza, los bendeciría abundantemente en sus cestos y graneros, y quitaría la enfermedad de en medio de ellos» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 528).

Preguntas para dialogar:

Analiza en tu clase el cruce milagroso del Jordán. ¿Cómo definirías los milagros? ¿Por qué parece que Dios no realiza milagros similares actualmente?





¿Qué maneras prácticas de prevenir el olvido espiritual, tanto a nivel individual como colectivo, puedes sugerir en tu clase? Aunque es importante que tengamos una relación dinámica y continua con Dios, y que no construyamos toda nuestra experiencia cristiana sobre la base de poderosas experiencias pasadas, ¿cómo podemos seguir utilizando nuestras experiencias pasadas como recordatorios de la manera en que Dios ha obrado en nuestras vidas?





¿Cómo puede el sábado ayudarnos a recordar las intervenciones de Dios en nuestra vida y, al mismo tiempo, darnos un anticipo del descanso prometido en su reino?





¿De qué manera señala el sábado no solo lo que debemos recordar, sino también lo que podemos esperar en el futuro?



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