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Salud y Salvación - Marcas de Cristo

Texto base: Lucas 10:33-35

INTRODUCCIÓN

A. La actual Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Medialuna Roja se fundó en 1919, en París, luego de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el origen de esta federación internacional nació un tiempo antes. El joven suizo Henry Dunant (1828-1910) organizó a un grupo de gente local para atender a los heridos en la batalla de Solferino, Italia. Esta batalla sucedió en 1859 y para 1863, Henry Dunant junto a cuatro amigos fundaron el comité internacional de la Cruz Roja. El propósito de esta organización tenía como objetivo primordial atender a los soldados heridos en combate. Lo interesante es que Henry Dunant nació en un hogar calvinista muy devoto y sus padres fueron su ejemplo. Su padre inculcó en Henry la importancia de la labor social e incluso estuvo muy involucrado en la atención a los huérfanos mientras que su madre trabajaba en favor de los pobres y enfermos. Además de esto, Dunant creció durante la época de un despertar religioso y a los 19 años se juntaba con un grupo de amigos a estudiar la Biblia; para 1852 fundó la Asociación de Jóvenes Cristianos (Young Men’s Christian Association - YMCA) en Ginebra.

B. Como podemos ver, la influencia de la Biblia y el cristianismo en la vida de Dunant lo llevó a fundar lo que actualmente es la Cruz Roja y, como producto de todo esto, obtuvo el primer premio Nobel de la Paz. Así, “de no haber sido por el cristianismo, no hubiera habido Cruz Roja ni, en consecuencia, Medialuna Roja”.

I. JESÚS, TU SANADOR

A. En los tiempos de Jesús, la medicina y los avances en cuanto a la salud no eran los mejores al compararlos con nuestros días. De hecho, en muchos casos, la medicina se reducía a consultas con magos o curanderos. Sin embargo, encontramos algunas acciones de Cristo que deben entenderse desde la perspectiva de aquellos días y así comprender las obras de Cristo.

B. En los tiempos del Nuevo Testamento, existían tres conceptos de enfermedad. 
Primero, algunos creían que la enfermedad era el resultado de los pecados. 
Segundo, otros consideraban que la enfermedad era un asunto de brujería o magia. 
Tercero, otros consideraban que la enfermedad era un asunto médico propiamente dicho. 

Por lo tanto, la curación tomará un camino diferente dependiendo de la concepción de lo que es la enfermedad.

C. Ahora, en la Escritura, encontramos que algunas ocasiones se declara que la enfermedad es resultado del pecado y en otros casos que no es por la culpa de los padres o del mismo personaje que está sufriendo alguna enfermedad. No obstante, en el texto queda claro que las curaciones de Cristo son milagros. Es la acción de un Ser superior en favor del doliente. Con esto en mente, podemos entender que los actos de curación efectuados por Cristo no fueron actos mágicos ni tampoco fueron tratamientos médicos contra algunas bacterias o virus que afectaban a sus pacientes, sino que eran actos sobrenaturales que solo Cristo puede resolver. Así, cuando vemos a Jesús en los evangelios, debemos comprender que él es el sanador por excelencia pues está por encima de la medicina convencional o alternativa. Él puede curar cualquier enfermedad y escapa a cualquier procedimiento conocido. Damos gracias a Jesucristo por su poder sanador.

D. No obstante, a raíz de la obra de Cristo como sanador durante su ministerio terrenal, las misiones cristianas tuvieron un fuerte énfasis en seguir el ejemplo de Cristo sanando a los dolientes. Así, los hospitales, como los conocemos hoy, aparecieron como resultado de la obra de Cristo y la obra de los cristianos quienes imitaron la labor del Buen Samaritano.

II. JESÚS Y LA MEDICINA

A. Como dijimos anteriormente, Jesús no era un médico en el sentido de dar tratamientos a los pacientes, sino que obraba milagros en favor de quienes acudían a él. Sin embargo, encontramos en algunas ocasiones, acciones que se asemejan a la aplicación de ciertos remedios.

B. Veamos el caso de un ciego al cual Jesús le puso un emplaste de barro sobre los ojos. En Juan 9:6-7 dice lo siguiente: “Habiendo dicho esto, escupió en tierra, e hizo barro con la saliva y le untó el barro en los ojos, y le dijo: ‘Ve y lávate en el estanque de Siloé’ (que quiere decir, Enviado). Él fue, pues, y se lavó y regresó viendo”. En esta escena, podemos ver que Jesús obró una curación por medio del barro. Cristo pudo simplemente haber dicho, “recobra la vista”, como hizo en otras ocasiones con otros enfermos. Pero recurrió al barro como el medio por el cual obró sanidad. Como resultado de este milagro, se ha estudiado el poder del barro y se reconoce su poder curativo en varios casos.

C. El uso del barro por parte de Cristo ha llevado a muchos a estudiar el poder de diferentes agentes de la naturaleza para aliviar el dolor y curar ciertas enfermedades. Hoy existe la medicina alternativa, que de a poco va ganando espacio porque se va demostrando que ciertos remedios naturales son efectivos. No solo eso, sino que muchos de los medicamentos actuales son elaborados con base en plantas o sustancias químicas que imitan la función de ciertos agentes de la naturaleza.

D. Ahora, hay un aspecto muy importante que Jesucristo legó a la humanidad, a saber, el amor en el trato a los enfermos y dolientes. En la antigüedad, existían tratamientos y curas para las diferentes enfermedades, pero el trato a los enfermos no era el adecuado. “Antes de Jesús, un judío piadoso podía ayudar al enfermo, pero no compadecerse de él, pues era un castigo de Dios que el condenado debía aceptar”.⁵ Esta misma autora sugiere que Jesús transformó la manera de ver a los enfermos e incluso que Jesús era visto como el médico judío que se interesaba por los enfermos. Así, los que creyeron en Jesús y se interesaban por la medicina y la salud tomaron los principios médicos de la época heredados de la cultura griega y romana, pero agregaron el ingrediente del amor hacia el paciente.

E. Se sabe que en la época romana, los hospitales eran solo para los soldados y los esclavos pues estos eran la mano de obra y los enviados a la guerra. El resto de la población no tenía acceso a la medicina, en especial la gente pobre. Cristo revoluciona este concepto y se interesa por todos y no solo por un grupo específico de personas. Cuando estuvo en la casa de la suegra de Pedro, muchos enfermos llegaron a la casa donde Jesús estaba y “al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos”  (Mateo 8:16). Así, Cristo llevó sanidad a todas las clases sociales.

III. SALVACIÓN Y SALUD

A. Hemos visto que Jesús es el médico por excelencia y quien llevó sanidad a todos a quienes a él acudían. Sin embargo, hay una razón importante por la cual Jesús sanaba: la sanidad era un sinónimo de salvación. Son varios casos en los que Jesús no solo sanó físicamente, sino también espiritualmente. El caso más conocido es el del paralítico que fue llevado por sus cuatro amigos hacia Jesús. Cuenta el texto bíblico que cuando el paralítico fue introducido en la casa donde Jesús estaba hablando, el Médico de médicos le dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados” (Luc. 5:20). Aunque esto provocó la ira de los líderes religiosos de Jerusalén, quién estaba hablando era Dios hecho hombre sanando las heridas más profundas de aquel hombre. Así, el perdón no solo lo estaba sanando, sino que su propósito era mucho más grande.
¡Qué maravillosa noticia!

B. Luego de darle el perdón tan anhelado, Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Luc. 5:24). La Biblia relata que luego de que Cristo pronunciara esas palabras, el paralítico se levantó “y se fue a su casa glorificando a Dios” (Lucas 5:25). Este relato bíblico nos muestra que la sanidad que el Señor ofrece es holística. Cristo no busca solo crecimiento espiritual, él anhela la restauración del ser humano de manera completa e integral.

C. En ese sentido, nota cómo los evangelios hablan de la sanación que hace el Señor de manera sistemática. En cierta ocasión, Jesús llegó a Jericó y un ciego lo llamaba. Cuando lo trajeron ante la presencia del Maestro, hubo un diálogo interesante en Marcos 10:51-52: 
Jesús: “¿Qué deseas que haga por ti?
Ciego: “Raboní, que recobre la vista”.
Jesús: "Vete, tu fe te ha sanado" [gr. σῴζω, sozo ].

D. La palabra griega usada para describir la sanación de aquel hombre es sozo y esta palabra significa “salvar”. Así que podríamos traducir ese texto como “Vete, tu fe te ha salvado”. En griego existe una palabra para hablar de sanación, a saber, therapeuo y se usa en varias ocasiones, pero en otras, el texto usa sozo para referirse a la sanación. Esto sucedió cuando Jesús sanó a 10 leprosos, uno volvió para agradecerle y Jesús le dijo: “Levántate y vete; tu fe te ha sanado [gr. sozo ]” (Lucas 17:19). También, la mujer que sufría de una enfermedad de flujo por muchos años dijo: “Si tan sólo toco su manto, sanaré [gr. sozo ]” (Mat. 9:21). Al notar Jesús que la mujer lo tocó y fue curada, Jesús le dijo: “Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado [gr. sozo ]. Y al instante la mujer quedó sana [gr. sozo ]” (Mat. 9:22). Incluso los discípulos, cuando se refieren a Lázaro, dijeron: “Señor, si se ha dormido, se recuperará [gr. sozo ]” (Juan 11:12).

E. El uso de esta palabra indica que la sanidad es parte de la salvación que Dios desea efectuar en el ser humano. Jesús no estuvo interesado en solamente recuperar la salud de la humanidad, sino que desea restaurarnos hasta que recobremos la imagen de Dios. Esto significa que Cristo desea salvarnos y ese es su propósito supremo. Cualquier remedio humano es solo eso, un intento humano por reestablecer la salud; pero Cristo va mucho más allá, buscando nuestra redención.

CONCLUSIÓN

A. Hemos aprendido en esta ocasión que Jesús es nuestro sanador. También comprendimos que la obra de Cristo en favor de los enfermos implicaba tratarlos con amor e hizo que los cristianos de todas las épocas siguieran su ejemplo, buscando que los más necesitados tengan acceso a los servicios de salud acompañado del amor cristiano. Finalmente, comprendimos que la sanidad que Cristo ofrece va más allá que solo curar una enfermedad.

B. Cristo desea sanarnos por completo hasta restaurar en nosotros la imagen de Dios. Así, acerquémonos a Jesús que con su sangre preciosa nos abre la puerta para la sanidad y la salvación plena y eterna pues sin Jesús no hay sanidad real para la humanidad.

C. ¿Deseas ser sanado plenamente? ¿Deseas gozar de la salvación? Entrégale tu vida a Cristo y él te restaurará hoy y para la eternidad.

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