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Señor yo voy - Empodérame

Hechos 1:8

Cuenta la historia, que en cierta ocasión dos misioneros contemplaban, admirados, las cataratas del Niágara. En medio de su asombro, uno de ellos dijo: “Estoy seguro de que esta es la fuente de poder más grande en el mundo sin ser usada”. Ante semejante afirmación el otro misionero respondió: “No es así, querido hermano. La fuente de poder más grande sin ser usada es la Persona del Espíritu Santo”.

Queridos amigos y hermanos, estoy completamente de acuerdo con esta afirmación. La persona del Espíritu Santo imparte un poder espiritual especial a la vida de los hijos de Dios. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1, versículo 8, la Biblia nos dice: “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”.

DESARROLLO

Cuando estudiamos la Palabra de Dios nos damos cuenta de que el poder del Espíritu Santo habilita a los hijos de Dios y los transforma de personas ordinarias a extraordinarias. Por ejemplo, podemos mencionar el caso de Saúl, el primer rey de Israel. La historia dice que Saúl era una persona común y corriente del pueblo. Incluso, el día de su ungimiento como rey estaba tan atemorizado que se escondió (1 Samuel 10:22). Ante la gran responsabilidad que tenía delante, Saúl se sintió incapaz. A pesar de esto, el profeta Samuel le ungió como rey. ¿Sabe usted lo que pasó después?

Notemos lo que nos dice 1 Samuel 11:6: “Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder”. El rey Saúl fue lleno del poder del Espíritu Santo y pasó del miedo a la valentía. Cuando el poder del Espíritu Santo vino sobre él, estuvo dispuesto a hacerle frente a los desafíos que tenía por delante.

Permítanme darles otro ejemplo: ¿Se acuerdan ustedes de aquel joven llamado Sansón? De acuerdo con la Biblia, ha sido el hombre más fuerte, físicamente hablando, que haya existido. Las hazañas realizadas por Sansón son extraordinarias:

▶ Despedazó un león con sus propias manos (Jueces 14:6).
▶ Enfrentó grandes ejércitos solo (Jueces 15:14).
▶ Desmontó las puertas de una ciudad y las cargó en sus hombros (Jueces 16:3).

Muchos, al mirar las hazañas extraordinarias realizadas por Sansón, han querido explicar que las mismas eran el producto de su fuerza natural.

Otros han concluido que la extensión de su pelo tenía una especie de poder mágico. Pero la Biblia no apoya ninguna de estas explicaciones. Más bien, las escrituras dejan claro que el poder de Sansón residía en el Espíritu Santo. Cada vez que la Biblia presenta una gran obra realizada por Sansón la relaciona al Espíritu de Dios. Notemos los siguientes versículos:

▶ “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho” (Jueces 14:6).
▶ “Y así que vino hasta Lehi, los filisteos salieron gritando a su encuentro; pero el Espíritu de Jehová vino sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos” (Jueces 15:14).

¿Notaron bien? ¡No era el poder físico de Sansón quien lo habilitaba para realizar las grandes hazañas! ¡Él pudo hacer todas esas cosas porque el poder del Espíritu de Dios venía sobre él!

De igual manera, podemos mencionar al apóstol Pedro.
Cuando nuestro Señor Jesús le llamó, Pedro era un pescador (Lucas 5:1-11). Durante tres años y medio, Pedro estuvo caminando con el Señor. Pero justo al final, cuando Jesús fue tomado y llevado a los tribunales judíos para ser sentenciado, Pedro en vez de colocarse valientemente de parte del Maestro, le negó tres veces (Juan 18:25-27). ¿Por qué Pedro negó al Señor? Simple y sencillo: por miedo. Tenía miedo del poder que ostentaban los sacerdotes y los dirigentes judíos. No estuvo dispuesto a defender la causa en el momento de más necesidad.

Sin embargo, Pedro se arrepintió y Jesús lo perdonó y lo restauró (Juan 21:15-17). Después, podemos ver a un Pedro que valientemente se levantó a predicar sin el menor vestigio de miedo (Hechos 2:14-40).

También le vemos haciéndole frente a los sacerdotes y dirigentes judíos (Hechos 4:5-8).
Incluso cuando lo amenazaron con la muerte, valientemente dijo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). ¡El que un día negó a Jesús por miedo a la muerte, ahora se levanta sin ningún tipo de temor!

¿Cómo pudo realizarse ese cambio extraordinario? Pedro fue lleno del poder del Espíritu Santo. En el día del Pentecostés, Pedro y los demás apóstoles recibieron el Espíritu Santo y fueron empoderados para cumplir la misión (Hechos 2:4). Como resultado, el apóstol Pedro pudo levantarse sin miedo y proclamar el mensaje de la cruz.

Amigos y hermanos, el Espíritu Santo empodera a los hijos de Dios. ¿Quién podría decir que los discípulos de Cristo, la mayoría de ellos comunes y corrientes, conmoverían al mundo? Alguien dijo que:

“Durante la era apostólica los triunfos de la cruz continuaron. La oposición se disipó. Se vaciaron los templos paganos y los conversos se multiplicaron por miles. Sin dinero los cristianos vencieron la confederación de riquezas que los rodeaban; sin escuela confundieron a los entendidos rabinos; sin poderes políticos ni sociales probaron ser más fuertes que el Sanedrín; desprovistos de un sacerdocio desafiaron a los sacerdotes y su templo; y sin un soldado fueron más poderosos que las legiones de Roma. Así llegaron a plantar la cruz sobre el águila romana”.

Así es, amigos y hermanos. Cuando el Espíritu Santo empodera a las personas, y en especial a la iglesia, grandes cosas ocurren. Si hoy por hoy no vemos grandes obras, se debe a que la persona del Espíritu de Dios ha sido dejada fuera de la ecuación. ¿Sabes tú quién es el que hará las mayores obras a favor del Señor? Permíteme compartir esta poderosa cita:

“El que más ame a Cristo hará la mayor suma de bien. No tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo el yo a un lado, hace lugar para la obra del Espíritu Santo en su corazón y vive una vida completamente consagrada a Dios”. DTG, 216.

Cuando el Espíritu de Dios tome cada una de nuestras vidas, obraremos con el mismo poder que obraron los apóstoles de Cristo. Por esta razón es que nuestra mayor necesidad hoy es pedir que el poder del Espíritu Santo venga sobre cada uno de los miembros de nuestra iglesia: Sobre cada joven, niño y adulto. Cuando el Espíritu Santo llene nuestras vidas veremos las maravillas de Dios. 

La historia cuenta que Evan Roberts, de 26 años, había estado orando durante trece años para que su vida fuese totalmente controlada por el Espíritu Santo. Le rogó a Dios que le diese un corazón íntegro, un corazón totalmente entregado al reino de Dios.

Evan a menudo oraba hasta avanzada la noche e intercedía por los jóvenes y los adultos en su iglesia. Oraba para que Dios visitara la ciudad de Gales con el poder de un reavivamiento. El reavivamiento galés comenzó en una reunión de jóvenes en la iglesia del mismo Evan Roberts. Evan animó a sus amigos a que buscaran que el Espíritu Santo llenara sus propias vidas. El Espíritu Santo tocó sus corazones y dieciséis jóvenes se convirtieron. Las chispas del reavivamiento que comenzaron en esta humilde iglesia de pueblo encenderían las llamas del reavivamiento en todo el país. Se estima, que en el transcurso de nueve meses se convirtieron unas cien mil personas en el diminuto país de Gales, los crímenes cesaron, las personas fueron transformadas por la gracia de Dios.

Ese gran avivamiento espiritual inició con un humilde joven que pidió que el poder del Espíritu Santo llenara su vida.

Una nación entera fue cambiada gracias a un joven, Evan Roberts, y a un grupo de amigos que clamaron seriamente por el poder del Espíritu Santo.

Algo similar acontecerá cuando cada uno de los presentes decida pedir seriamente la plenitud del Espíritu Santo.

Cuando esto acontezca, se cumplirán nuevamente las palabras  
“Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. Hechos 1:8.

CONCLUSIÓN

1. ¿Qué ocurrió en la vida de Saúl cuando el Espíritu Santo vino a su vida?
2. ¿Cuál era la fuente del poder de Sansón?
3. ¿Cuándo el Espíritu Santo llenó la vida de Pedro y los discípulos? ¿Qué pasó después?
4. ¿Cuál debe ser nuestra oración?

El poder del Espíritu Santo transforma a personas comunes y corrientes en instrumentos eficaces para el cumplimiento de la misión.

Hoy deseo invitarte a que juntos clamemos por el poder del Espíritu Santo. Nuestra oración debe ser la misma del Himno:

Santo Espíritu de Cristo,
mora en este corazón,
lléname de tu presencia
cólmame de bendición.

Coro:
¡Cólmame! ¡Cólmame!
¡Ven ahora y cólmame!
¡Cólmame de tu presencia!
¡Ven, oh, ven y cólmame!

Sí, queridos amigos y hermanos, cuando el poder del Espíritu Santo colme nuestras vidas tú y yo diremos como dijo Saúl, Sansón, Pedro y los discípulos: “Señor, yo voy”.

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