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Alcanzando Colores, Culturas y Comunidades - Día Mundial del Joven Adventista

INTRODUCCIÓN

En 1846 Jaime White escribió un pequeño panfleto titulado Una palabra al pequeño rebaño. Esa fue la primera publicación en la cual el movimiento adventista se identificó como el remanente. Desde nuestro origen, hemos creído que Dios siempre tuvo adoradores fieles que aceptaron el desafío de proclamar el mensaje divino de restauración y esperanza para preparar a las personas para el regreso de Jesús. Pero recién fue al comienzo de la década de 1870 cuando la Iglesia Adventista entendió que ese mensaje debería ser predicado a todo el mundo. En 1871 Elena de White relató una visión en la cual se le mostró que “los jóvenes deben calificarse al familiarizarse con otros idiomas, para que Dios pueda usarlos como medios para comunicar sus verdades a otras naciones” (Notas biográficas de Elena G. de White, 225). Poco tiempo después Jaime White aplicó por primera vez el texto de Apocalipsis 14:6 y la orden de Apocalipsis 10:11: “Y él me dijo: ‘Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes’”, la comisión mundial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Hoy, aunque seamos la denominación protestante con mayor presencia mundial que trabaja institucionalmente en casi todos los países del mundo, el desafío continúa.

I. EL DESAFÍO DEL REMANENTE

A. En 1900 el 14% de la población mundial vivía en áreas urbanas y solo doce ciudades tenían más de un millón de habitantes.
En 2021 más del 56% de las personas viven en áreas urbanas y hay 536 ciudades con más de un millón de habitantes. Una cantidad cada vez mayor de personas que viven en esos contextos han adherido a la forma posmoderna de pensar y creen que ya no existe lo correcto y lo equivocado, solamente opciones; no existe una verdad que se aplica a todos, lo importante es lo que es verdad para mí; no hay una sola fuente de autoridad, todas las voces deben ser consideradas. Necesitamos ayudar a esas personas a entender que todas nuestras creencias y prácticas deben estar fundamentadas en la Palabra de Dios.

B. Actualmente hay 1.8 mil millones de musulmanes en el mundo. Parece fácil decir 1.8 mil millones, pero eso representa nueve veces la población de Brasil.
Son personas a las que desde la infancia se les enseñó que creer en la divinidad de Jesús es cometer el pecado que no tiene perdón.
El propio Mahoma cuenta que un día fue llevado por el ángel Gabriel a conocer los siete cielos. En cada cielo fue recibido por un profeta, el primero era el menos importante y el séptimo el más importante. En el primer cielo fue recibido por Adán, en el segundo por Juan el Bautista, en el tercero por Jesús, en el cuarto por Idra (nombre dado a Set o Enoc), en el quinto por José, en el sexto por Aarón y en el séptimo por Moisés. Después, fue recibido por el propio Abraham, y finalmente, conducido a un encuentro privado con Alá. Entre los ocho profetas mencionados, Jesús es solo el tercero más importante. Es un gran desafío ayudar a un musulmán a hacer de Jesús el primero, el último y el mejor en todas las cosas. Y para eso, tal vez sea necesario usar el don del martirio. Pero tengan cuidado, porque el don del martirio lo pueden usar solo una vez.

C. Más de mil millones de hindúes oscilan
en su adoración a los más de 300 millones de dioses disponibles. Para ellos, Jesús no es más que un avatar, una manifestación del dios Brama, que puede venir en forma de personas como Buda o Krishna, o animales como el pez o la tortuga.
El presidente de la Asociación de Rajastan de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en el norte de la India, relata que solo en su territorio hay más de 200 millones de habitantes, decenas de dialectos y noventa y cuatro mil aldeas.
Como remanentes recibimos la comisión de predicar el mensaje de Dios a cada uno de ellos.

D. Para más de 700 millones de budistas el problema de la humanidad no es el pecado, sino la ilusión de la existencia individual. En otras palabras, nada es real. Todo lo que estamos viendo, tocando y sintiendo es solo una ilusión, una proyección de la mente. La solución es extinguir todos los deseos para que no se note la existencia del yo. Hablamos con budistas sobre la salvación, pero la promesa de la vida eterna es interpretada como habiéndose originado en el yo, que continúa persiguiendo la existencia personal. Presentamos a un Dios personal que expresa emociones como amor e ira, pero ven eso de manera negativa porque la personalidad es una afirmación del yo. Son necesarios varios intentos para alcanzar a un budista para Cristo.

E. Y también están los confusionistas, los adeptos al espiritualismo, los no religiosos, los judíos, etc.

F. Vamos a admitirlo: el desafío de alcanzar a los más de 7 mil millones de habitantes del planeta Tierra con el mensaje divino para el tiempo del fin (Apocalipsis 14:6-12) parece estar más allá de nuestras posibilidades. La tarea es abrumadora. Desde una perspectiva humana, el rápido cumplimiento de la orden de Cristo al remanente en algún tiempo cercano parece imposible. Nuestros mejores esfuerzos, planes, estrategias y recursos son incapaces de concluir la misión de Dios.

II. LA PROMESA DE DIOS AL REMANENTE

A. Si el desafío está más allá de nuestras posibilidades, ¿por qué deberíamos continuar hablando de alcanzar a todas las culturas, colores y comunidades?
Si tenemos dificultad para predicar a los que están del otro lado de la calle, ¿por qué deberíamos pensar en evangelizar hasta a los que están del otro lado del mundo?
Porque lo que determina nuestro compromiso con la misión no es la posibilidad de concluirla, sino la obediencia a la orden del Maestro.
No nos involucramos en la misión porque analizamos bien, hicimos todos los cálculos, vimos que era posible y decidimos enfrentarlo.
Como parte del remanente aceptamos el desafío de Aquel que ordenó, “Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Apocalipsis 10:11).
¿Ejercemos conscientemente el papel en el movimiento que recibimos de Dios “el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo”? (Apocalipsis 14:6).

B. Humanamente es imposible, pero la misión no es un emprendimiento humano, Dios tiene el control de la misión en sus manos. Él mismo inició su misión de rescate de la raza humana allá en el Edén (Génesis 3:15) e hizo avanzar cada fase de ese proceso para que llegáramos hasta el punto actual. Es exactamente por eso que él puede decir con seguridad, “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).
No hay margen para las dudas en esas palabras. Dios terminará lo que comenzó. Él lo prometió.

C. En Mateo 24:14 la expresión “será predicado” presenta lo que los estudiosos del texto bíblico definen como el pasivo divino. En la Biblia, cuando se utiliza un verbo pasivo para describir una acción, pero no se presenta ningún agente como autor, se entiende que esta acción fue realizada por Dios mismo. Por ejemplo, cuando en Génesis 2:1 dice: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos”, no se menciona quién concluyó la creación, pero se entiende que el autor de la acción fue Dios mismo. Cuando Jesús dijo: “Consumado está” (Juan 19:30) o “Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación”. El lenguaje pasivo aquí sugiere nuevamente que Dios mismo completó o completará esas acciones.
Cuando Jesús dijo: “Y será predicado este evangelio del reino…”, ningún agente se presenta ejecutando la acción descrita. Eso significa que, en primer y último lugar, la predicación del evangelio será ejecutada por Dios mismo.

D. Cuando aceptamos el desafío de alcanzar a todas las culturas, colores y comunidades con el mensaje de Dios para el tiempo del fin, estamos solo participando de lo que Dios ya está haciendo. La promesa divina de que ese trabajo será finalizado es nuestra garantía de que no estamos luchando por una causa perdida; aquí está la seguridad de que, a pesar de todas nuestras imposibilidades, el evangelio será predicado, la misión será cumplida y entonces vendrá el fin.

III. LA NECESIDAD DEL REMANENTE

A. ¿Cómo hará Dios esto? Tal vez lo más importante sea recordar que el desafío de llevar el evangelio a todo el mundo no es nuevo y Dios siempre tuvo un plan.

Aunque no sepamos todos los detalles acerca de cómo va a actuar el Señor en el tiempo del fin, nos fue revelado que:

1. Dios actuará de manera sorprendente. “Permítame decirle que el Señor actuará en esa etapa final de la obra en una forma muy diferente de la acostumbrada, contraria a todos los planes humanos. Habrá entre nosotros personas que siempre querrán controlar la obra de Dios y dictar hasta los movimientos que deberán hacerse cuando la obra avance bajo la dirección de ese ángel que se une al tercero para dar el mensaje que ha de ser comunicado al mundo. Dios empleará formas y medios que nos permitirán ver que él está tomando las riendas en sus propias manos” (EUD, 207).

2. Dios actuará de manera sencilla.
“Los obreros se sorprenderán por los medios sencillos que utilizará para realizar y perfeccionar su obra en justicia” (ibíd.).

3. Dios usará personas comunes.
“Una mente corriente, educada para obedecer un ‘Así dice el Señor’, está mejor calificada para la obra de Dios que aquellos que tienen aptitudes, pero que no las emplean correctamente. […] Aquellos que no comprenden la necesidad de lo que debe hacerse, serán pasados por alto, y los mensajeros celestiales trabajarán con aquellos que son llamados gente común, capacitándolos para llevar la verdad a muchos lugares” (ibíd, p. 209, 208).

4. Dios enviará el Espíritu Santo. “Los obreros serán calificados más bien por la unción de su Espíritu que por la educación en institutos de enseñanza. Habrá hombres de fe y oración que se sentirán impelidos a declarar con santo entusiasmo las palabras que Dios les inspire” (ibíd., p. 209).

B. ¿Cómo podemos participar?
Si queremos participar con Dios de su misión de alcanzar a todas las culturas, colores y lugares, necesitamos recordar que la misión siempre se hace en contexto. En otras palabras, necesitamos conocer los hábitos de vida y las formas de pensar de las personas que viven en la aldea, el barrio, la ciudad o el país donde vamos a trabajar. Solo así podremos predicar el evangelio de manera que tenga sentido para ellos. Además, solo tendremos la oportunidad de predicar a esas personas después de construir una relación de confianza. Por lo tanto, nos acercaremos a las personas, no como jueces, sino como aprendices; las ayudaremos en sus necesidades y les mostraremos cómo se relaciona la Biblia con lo que es importante para ellas.

C. Al mismo tiempo, recordaremos que el Señor nos envió, pero no solos. Él dice:
“Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo’” (Juan 20:21).
No importa cuán inteligentes seamos ni cuántos títulos hayamos obtenido, o cuánta experiencia acumulamos, el Espíritu Santo es nuestra única oportunidad de ser útiles para Dios.

CONCLUSIÓN

Entonces, si llevándonos tomamos en serio este asunto de predicar el evangelio eterno a todas las culturas, colores y comunidades, llegó la hora de arrodillarnos en la presencia de Dios y decirle: “Señor Jesús, ten misericordia de mí porque soy pecador. Perdona mis pecados. Lléname con el Espíritu Santo y úsame para la gloria de tu nombre, la edificación de tu iglesia, la movilización de personas para la misión y la salvación de muchas personas para el reino de los cielos.

¿Cuántos quieren vivir esa experiencia? ¿Pueden levantar la mano? Vamos a orar.

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