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Dios de Promesas - Dios de Maravillas

Introducción

Fue un 24 de julio de 1969. Ellos volvieron a casa. Habíamos logrado lo que nadie había podido hacer antes. Se marcharon el 11 de julio de 1969 para colocar sus pies sobre la superficie de la Luna. Habían llegado allí, y ahora estaban retornando al hogar. El viaje era largo, les esperaba el portaviones Hornet de los Estados Unidos, ubicado aproximadamente a 1,900 kilómetros al sudoeste de Hawai. Había 2,222 hombres a bordo, entre científicos, ingenieros, técnicos y médicos de la NASA, cientos de periodistas, invitados especiales y el presidente de los Estados Unidos. Sus ojos exploraban los cielos crepusculares, tratando de penetrar las nubes de la primera hora de la mañana. Nadie estaba interesado en las nubes o en la belleza del Océano Pacífico. 

Todos alzaban la vista, con inquietud, esperando el regreso del Apolo 11. A las 5:41 de la mañana se hizo visible en los cielos, y un coro de gritos se elevó de la enorme cabina de mando del Hornet” ¡Allí está! ¡Allí está!” Por una fracción de segundo, una diminuta mota anaranjada brilló contra las espesas nubes rojizas del amanecer. El Apolo 11 había vuelto a casa después del completar el viaje más trascendental en la historia humana.
De todas las promesas que Jesús nos hizo, su segunda venida es la 
bienaventurada y amada por nosotros de manera especial. Vayamos a su palabra para explorar por qué es tan importante y especial esta promesa.

I. La promesa
Se dice que por cada profecía de la primera venida de Jesús mencionada en el Antiguo Testamento hay ocho que predicen su segunda venida en el Nuevo Testamento. Uno de cada 24 versículos del Nuevo Testamento habla del maravilloso día del regreso de Cristo. Esto nos deja claro que para los escritores neo testamentarios dicha promesa era el eje de su fe, y esperaban que se cumpliera pronto. Todo comienza con Jesús en Juan 14:1-3. Ahí hace una de las declaraciones más conocidas de la Biblia. 

Al parecer, estos tres versículos reflejan las costumbres judías (según Dr. Ranko Stefanovic). Cuando un varón se desposaba con su mujer llevaba una dote, se hacía una ceremonia, pero no se llevaba a su esposa, regresaba a la casa de su padre ¿para qué? Para construir una casa con sus propias manos, una vez terminada la casa entonces volvía por ella para llevarla a vivir a su nuevo hogar. 
Cabe hacer mención que esas casas de aquel tiempo eran muy sencillas. Podemos imaginar entonces a Jesús como el esposo y a la iglesia como la esposa, la dote: su sangre. Se fue a la casa de su Padre y está preparando un lugar (nada sencillo, calles de oro, etc.) dónde será nuestro nuevo hogar. Pablo lo afirma en Filipenses 3:20, “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. Pablo llama a esta promesa la bienaventurada esperanza 
(Tito 2:13). Y cómo no ha de serlo, si gracias a esta promesa estamos justamente ahora reunidos, unidos por esa esperanza. Cuántas generaciones han pasado y se han fortalecido con ella, esperando su cumplimiento. ¿Cuántos agradecemos a Dios por esta promesa que nos llena de gozo y que ha cambiado nuestra forma de ver el futuro? 

II. La certeza de la promesa
Algunos dudan de esta promesa, pero es tan cierta como el que la hizo. Pedro ya enfrentaba escepticismo con respecto a la segunda venida, 2 Pedro 3:3, 4, sin embargo, él explica que la promesa no ha fallado, sino que Dios tiene misericordia para los que aún necesitan conocer su evangelio (3:9). Además Juan el Teólogo registró en Apocalipsis las siguientes palabras provenientes del mismo Jesús: “Estas palabras son fieles y verdaderas” (21:5). 
Cuando Dios pone de por medio su palabra, créeme, lo hará (Números 23:19).
En la Biblia hay ejemplos de personas como Abraham que creyeron que Dios se había olvidado de su promesa, y que no la cumpliría. Génesis 12:4 nos dice que Abraham tenía 75 años cuando recibió la promesa, pero esperó 25 años para ver el cumplimiento (21:5). No es que Dios haya tardado, Dios siempre cumple sus promesas a su tiempo. 

Charles Fitch fue uno de nuestros pioneros, predicador incansable. 
Había contraído una fiebre severa después de exponerse a un viento 
frío con el fin de bautizar a três grupos separados de creyentes. “Creo en las promesas de Dios”, dijo al morir, confiando reunirse con su esposa y sus hijitos poco después de una semana (22 de octubre de 1844). Y así será, sus ojos se abrirán en la mañana de la resurrección para ver el cumplimiento de la promesa. Venido el cumplimiento del tiempo, Él vendrá. Su promesa es segura.

III. Las bendiciones de la promesa
Quizás se estén preguntando ¿qué tiene esta promesa que la hace tan 
especial? 
A continuación la respuesta. 

a) Con la segunda venida se cumple la promesa de la resurrección. 
1 Tesalonicenses 4:13-18 es una descripción extraordinaria de lo que será ese momento (y eso que miramos oscuramente), podemos apenas atisbar lo que será entonces. ¿Ha perdido un ser querido, un 
amigo, un familiar, etc? 
Hay esperanza para los que duermen en Cristo. 

Una pareja joven perdió a su hijo de seis meses de gestación, tenían el nombre listo, algunas prendas, la ilusión los embargaba. A menudo el hijo mayor acariciaba el vientre de 
su mamá y le hablaba por su nombre. ¿Qué le dirían ahora? 

Pero ese pequeño niño ahora tiene 10 años y se consuela con la promesa de la resurrección donde por fin conocerá a su hermano. 
¡Ven Señor Jesús! Queremos ver a nuestros seres queridos que la 
muerte nos ha arrebatado. 
b) Una segunda bendición que trae la segunda venida es que acaba con el imperio del pecado, esto lo registra Juan el Revelador en Apocalipsis 21:1-4: “No habrá lágrimas, muerte ni dolor”. El pecado junto con todas sus consecuencias llegará a su fin. 
Cuántos hemos sufrido por alguna enfermedad, llorado por alguna pena o sufrido por algún problema, pero cuando Jesús venga todo eso no será más. Mejor aún, la promesa es tan certera que se nos asegura que 
el pecado no se levantará por segunda vez (Nahum 1:9; Malaquías 
4:1). 
Un hermano predicador muy aguerrido, disponía de semanas enteras para llevar el evangelio a diferentes partes. Dios lo prosperó mucho con su oficio de la panadería, de ahí obtenía recursos para invertir en la obra evangelística. Pero un día el cáncer tocó su vida, postrado en la cama de un hospital y completamente consumido por tal 
enfermedad fue visitado por un par de hermanos para fortalecerlo en sus últimos momentos. Fue esta promesa lo último que lo mantuvo firme hasta el día de su muerte.

c) Con la segunda venida recibimos la bendición más hermosa de todas, descubramos cuál es. En Apocalipsis 2:28 se promete que a los vencedores se les dará “la estrella de la mañana”. Más adelante Apocalipsis 22:16 nos interpreta quién es esa estrella “Yo, Jesús, … Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la 
mañana”. 
En otras palabras, la promesa consiste en que, en su segunda venida conoceremos cara a cara a Jesús, lo conoceremos tal como Él es. ¿Se imaginan ese momento? Sí, podemos imaginarlo pero les aseguro que superará nuestra imaginación. 
Un día veremos cara a cara a nuestro
Señor Jesús. Aquí una pequeña estrofa de un hermoso canto:

Solo déjame mirarte Cara a cara
Y perderme como un niño en Tu Mirada
Y que pase mucho tiempo
Y que nadie diga nada
Porque estoy viendo Al Maestro
Cara a cara.
 ¡Ven Señor Jesús queremos ver tu rostro!

Conclusión
La cápsula espacial descendió suavemente en el Océano Pacífico. El presidente Nixon observó la recuperación de la nave desde el puente del Hornet, y en el momento apropiado se dirigió a los astronautas: 
“Esta es la semana más importante de la historia del mundo desde la creación. Como consecuencia de lo que han hecho, las naciones del mundo jamás han estado antes tan cerca. Y les agradecemos por 
esto”.
El más importante día de la historia de este planeta fue cuando Cristo 
murió y resucitó, con el propósito de volver y sanar a este mundo fragmentado. 
Es posible que todos nosotros nos encontremos contemplando los cielos cuando llegue ese día. Entonces elevaremos nuestras voces en cánticos de alegría: “¡Allí está! ¡Allí está!”
“Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9).
¿Cuántos agradecemos a Dios por esta bienaventurada esperanza? 
¿Cuántos nos comprometemos a velar y aguardar con expectación y 
gozo su glorioso retorno? 
Pasen al frente y juntos cantemos “Una esperanza” (181 Himnario Adventista).

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