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Felices para siempre - El Poder de la Esperanza Joven

Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y cuando me vaya y os prepare lugar, vendré otra vez, y os llevaré conmigo, para que donde yo esté, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3). 

Llegamos al último momento la boda: la fiesta. Después de tanto tiempo de espera, el gran encuentro se realiza y el Novio toma a la novia de la mano. Ellos nunca más se separarán. Uno pertenece al otro para siempre, sin problemas, sin inseguridades y ningún rival. 

Pero antes de hablar de cómo será ese momento de la fiesta, recordemos los pasos del casamiento en el tiempo de Israel, como vimos durante esta semana: (1) El noviazgo comenzaba cuando se hacía un contrato y uno pasaba a pertenecer al otro. 

(2) Regalo: el noviazgo solo se hacía oficial cuando el novio daba un regalo a la joven. 

(3) Preparación: en la fase del noviazgo el novio preparaba la casa, y la novia el ajuar. 

(4) Casamiento: los novios se vestían, se arreglaban y se comportaban como rey y reina. El novio salía de su casa con una procesión para buscar a la novia en la casa de sus padres. El cortejo partía hacia la casa nueva del matrimonio. Era un momento de alegría y de música. 

(5) Fiesta: tiempo de celebración al amor de la pareja que duraba muchos días.

El problema es que muchas veces no entendemos ese “tiempo de celebración”. La Biblia nos promete un Cielo nuevo y una Tierra nueva, donde seremos felices para siempre. 

Pero muchos se imaginan el cielo (o la tierra restaurada) como un lugar monótono y aburrido. ¿Allá habrá Internet y chocolate? Esas son algunas de las preguntas que muchos hacen sobre el Cielo. Para muchos, en realidad, no se parecerá en nada a una fiesta. ¿Qué piensas tú sobre eso?

DESARROLLO

Los discípulos no entendían muy bien lo del cielo. El libro Eventos de los últimos días aclara que los seguidores de Jesús tenían una visión distorsionada sobre el lugar donde vivirían la eternidad; pero después de la ascensión de Jesús al cielo tuvieron una comprensión más acertada. 

“Anteriormente lo habían imaginado como una región de espacio ilimitado, habitada por espíritus sin sustancia. Ahora relacionaban el cielo con el pensamiento de Jesús, a quien habían amado y reverenciado por encima de todos los demás, con quien habían conversado y viajado, a quien habían tocado, incluso en su cuerpo resucitado... El cielo no podía aparecerles más como un espacio indefinido, incomprensible, lleno de espíritus intangibles. Ahora lo consideraban como su futuro hogar, donde su amante Redentor les estaba preparando mansiones” (p. 289-290).

Vean cómo la comprensión de la persona de Jesús como el centro de todo hace la diferencia. 

La fiesta no es simplemente la belleza del lugar o lo que haremos allá, o el hecho de vivir eternamente. Sobre todo, la celebración es el hecho de tener a Jesús a nuestro lado para siempre.

¿CÓMO SERÁ EL CIELO? ¿QUÉ HAREMOS ALLÁ?

Una cosa es segura: por más que intentemos imaginarlo, nunca lo lograremos. ¡Nunca! 

Me imagino que Jesús se sonríe cuando escucha que preguntamos si tendremos Internet y chocolate. 

La tecnología, los sabores, los placeres, las cosas que haremos, todo será tan infinitamente mejor, que ni sentiremos falta de lo que teníamos antes. 

Elena de White fue clara al decir: “Si pudiéramos tener aunque fuera un vistazo de la ciudad celestial, nunca desearíamos morar nuevamente en la tierra” (p. 291).

Lo cierto es que el cielo es indescriptible. 

Al tener una visión sobre el cielo y poder ver cómo es el lugar que Jesús nos preparó, la reacción de Elena de White fue de emoción: 

“Las palabras son demasiado pobres para intentar una descripción del cielo. Siempre que se vuelve a presentar ante mi vista, el espectáculo me anonada de admiración. Arrobada por el insuperable esplendor y la excelsa gloria, dejo caer la pluma exclamando: “¡Oh! ¡Qué amor, qué maravilloso amor!”. El lenguaje más exaltado no bastaría para describir la gloria del cielo ni las incomparables profundidades del amor del Salvador” (p. 291).

Ante una belleza que es imposible describir, podemos tener la idea de algunas cosas que haremos en el cielo:

Alegrarnos: el autor irlandés C. S. Lewis hizo un juego de palabras brillante: 

“La alegría es cosa seria en el cielo”. 

Los momentos de felicidad que a veces vivimos aquí en la tierra, allá serán para siempre. Dios planeó todo así. La profecía dice: “Porque yo crearé un nuevo cielo y una nueva tierra, y de lo primero no habrá más memoria, ni más vendrá al pensamiento. Y os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que voy a crear. Porque voy a crear alegría a Jerusalén, y a su pueblo gozo” (Isaías 65:17-18). 

Estas palabras nos ayudan a pintar un cuadro diferente del que a veces imaginamos: un cielo sereno y sin gracia. Pero allá hay alegría de verdad. ¿Puedes imaginarte sonriendo con un grupo de amigos? No existe más pecado, ni muerte, ni separación. Todo es perfecto, todo es eterno, y eternamente feliz. No, no puedes imaginarlo...!

Viajar: Si el pequeño planeta Tierra tiene tantos lugares lindos que soñamos conocer, imagina la belleza e inmensidad del universo. 

En relación a una visión, Elena de White escribió: “El Señor me mostró en visión otros mundos. Me fueron dadas alas [...]”. En el sueño ella pide a su ángel que no la deje volver a la Tierra. La respuesta fue: 

“Debes volver, y si eres fiel, tendrás, con los 144.000, el privilegio de visitar todos los mundos y ver la obra de las manos de Dios” (Primeros escritos, p. 39). ¡Podremos visitar todos los mundos! Podremos conocer maravillas creadas por las manos de Dios. ¡Y volar!

Trabajar: 

En Isaías 65:21 leemos: “Edificarán casas, y habitarán en ellas; plantarán viñas, y comerán su fruto”. Comentando ese versículo, E. de White argumentó: 

“En la tierra renovada, los redimidos participarán en las ocupaciones y los placeres que daban felicidad a Adán y Eva en el principio. Se vivirá la existencia del Edén, en huertos y campos. [...] 

Allí toda facultad será desarrollada, toda capacidad aumentada. Las mayores empresas podrán llevarse a cabo, satisfacerse las aspiraciones más sublimes, realizarse las más encumbradas ambiciones” (Profetas y reyes, p. 540). Trabajo no faltará...

Comer: Jesús les dijo a sus discípulos que cenarían juntos nuevamente en el cielo (Mateo 26:29) y la Biblia también tiene la promesa de que el vencedor comerá del fruto del árbol de la vida (Apocalipsis 2:7). 

El libro Eventos de los últimos días describe: “Vi una mesa de plata pura, de muchos kilómetros de longitud, y sin embargo nuestra vista la abarcaba toda. Vi el fruto del árbol de la vida, el maná, almendras, higos, granadas, uvas y muchas otras especies de frutas. Le rogué a Jesús que me permitiese comer del fruto” (p. 293). 

Sin sombra de dudas, los sabores que probaremos en el Cielo están más allá de nuestras expectativas. La diversidad de alimentos nuevos que probaremos superará cualquier plato del chef más renombrado de aquí, de la tierra, recordando que podremos comer sin “cargo de conciencia”, y ¿por qué no? Crearemos nuestras propias recetas.

Estudiar: 

El conocimiento es fascinante. Descubrir secretos, develar misterios de la naturaleza, haremos todo eso, solo que con una mente mucho más desarrollada, sin olvidarnos de lo que aprendimos, sin sueño ni pereza. 

Eventos de los últimos días declara: “¡Qué campo se abrirá allí a nuestro estudio cuando se quite el velo que oscurece nuestra vista y nuestros ojos contemplen ese mundo de belleza del cual ahora tenemos vislumbres por medio del microscopio; cuando contemplemos las glorias de los cielos estudiados ahora por medio del telescopio; cuando, borrada la mancha del pecado, toda la tierra aparezca en ‘la hermosura de Jehová nuestro Dios!’ [...] Todos los tesoros del universo serán abiertos al estudio de los hijos de Dios” (p. 304-305). 

Sí, la eternidad será una escuela. Una escuela donde nadie se cansará.

Conversar: ¿A quién no le gusta una buena conversación? Ahora intenten imaginar estar para siempre con los amigos, los familiares, conocer a personas de otras épocas, personajes bíblicos, seres de otros mundos y a nuestro propio ángel. Vean este texto sobre el encuentro con nuestros ángeles: 

“Todo redimido comprenderá la obra de los ángeles en su propia vida. ¡Qué sensación le producirá conversar con el ángel que fue su guardián desde el primer momento; que vigiló sus pasos y cubrió su cabeza en el día de peligro; que estuvo con él en el valle de la sombra de muerte, que señaló su lugar de descanso, que fue el primero en saludarle en la mañana de la resurrección, y conocer por medio de él la historia de la interposición divina en la vida individual, de la cooperación celestial en todo trabajo en favor de la humanidad!” (p. 302).

Adorar: Veremos “al rey en su hermosura” (Isaías 33:17), a nuestro Dios triuno lo “veremos cara a cara” (1 Corintios 13:12). Seremos atraídos a su presencia porque “lo veremos cómo es él” (1 Juan 3:2). 

No se puede explicar la emoción de esto. Solo entonces nuestra vida será realmente completa. Tendremos mucho tiempo para celebrar su grandeza y amor, ya sea a través de majestuosos cultos de adoración (Isaías 66:23), ya sea por la música constante (Apocalipsis 4:8; 14:2, 3; 15:2-4). 

¿Quieren saber más? Eventos de los últimos días explica: 

“Y a medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo. Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán en aumento. Cuanto más sepan los hombres acerca de Dios, tanto más admirarán su carácter” (p. 309).

El Cielo y la Tierra nueva serán perfectos. 

Cada día de la eternidad superará al anterior, cada vez será mejor. ¿Cómo puede ser posible? Aquí solo vimos siete cosas que haremos durante la vida nueva e inmortal que tendremos. Pero eso solo es el comienzo. La fiesta del casamiento durará por toda la eternidad. Será mucho más de lo que podemos soñar.

CONCLUSIÓN

El libro Eventos de los últimos días termina con este texto lleno de emoción: 

“El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor” (p. 310).

Notan cuál es la última palabra de ese libro: AMOR. Durante esta semana hablamos de los eventos finales de la historia del mundo como una historia de amor entre el Novio y la novia. Y Dios espera que veamos los días que nos aguardan en el futuro como un encuentro de amor, el amor más indescriptible del universo.

 LLAMADO

Después de soñar tanto con el Novio y con su regreso, tienes que tomar algunas decisiones: 

(1) Amarlo sobre todas las cosas. 

(2) Esperar su regreso con toda la intensidad de tu corazón. 

(3) Buscar el bautismo del Espíritu Santo y llamar a otros a vivir esa relación de amor.

En una visión del cielo Elena de White escribió: 

“Procuramos recordar las pruebas más graves por las que habíamos pasado, pero resultaban tan insignificantes frente al incomparable y eterno peso de gloria que nos rodeaba, que no pudimos referirlas, y todos exclamamos: “¡Aleluya! Muy poco nos ha costado el cielo”. Pulsamos entonces nuestras áureas arpas cuyos ecos resonaron en las bóvedas del cielo” (Primeros escritos, p. 17).

Sí, es fácil. ¿Y sabes por qué? Porque por amor, todo se hace fácil. 

Puedes tener la seguridad de que en Jesús el Cielo y la vida eterna pueden ser una realidad en tu vida. ¿Y lo mejor de todo? Estarás con el Novio y vivirán felices juntos para siempre. Una promesa de amor que se vivirá en su máxima expresión. Pronto todo sucederá de verdad. ¿Estás listo para vivir esta promesa? 

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