Aparentemente, la cruz representó una formidable victoria para los enemigos de Cristo. Abandonado por sus seguidores, públicamente negado por uno de los más cercanos, traicionado por otro, ridiculizado y burlado; abandonado por todos, y según él, por el propio Dios. Según Deuteronomio 21:23, toda persona colgada en el madero era maldito de Dios.
Pero eso fue solo el viernes, cuando las fuerzas del mal parecían victoriosas. Sin embargo, eso fue solo el viernes... apagar la historia aún no había terminado.
I. PARA QUE SE CUMPLIERA LA PROFECÍA
1. Los soldados, para apartarse del escenario fúnebre, debían estar seguros de que la misión hubiese sido cumplida.
2. Quebraron las piernas de los dos ladrones. Era para acelerar la muerte. Ya no podrían levantarse para respirar. Pero Jesús ya estaba muerto, en cumplimiento de la profecía que decía “Él guarda todos sus huesos. Ni uno de ellos será quebrantado” (Juan 19:32, 33; Salmo 34:20).
3. Los romanos, especialistas en el arte macabro de la crucifixión, quieren estar seguros de que él está muerto. Abrieron el costado con una lanza romana, de donde “al instante salió sangre y agua” (Juan 19:34). ¡Ese fue su certificado de defunción!
4. ¡Qué final trágico! Sueños rotos, esperanzas destruidas. Todo había terminado. ¿Será que era así?
5. La cruz nos recuerda que la muerte no es toda la realidad. La historia de la cruz no estaría completa si todo terminara ese viernes 14 de Nisán.
6. La muerte es parte de la realidad humana. La resurrección de Jesús trajo luz a nuestras tinieblas.
7. El rumor comenzó a difundirse en Jerusalén: él murió, pero está vivo. Caifás y todos los demás del partido de los saduceos enfrentaban un gran problema doctrinario, pues ellos no creían en la resurrección (Hechos 23:8).
II. ÉL ESTÁ VIVO
1. A lo largo de los siglos, la realidad de la resurrección de Jesús ha enfrentado la incredulidad. Muchos han intentado “explicar” la resurrección.
2. Quien tuvo una entrada sobrenatural en la historia sale de ella también con una resurrección gloriosa.
3. “¿Quién movió la piedra?” La experiencia de las mujeres que visitaron la tumba de Jesús el primer día de la semana, encontraron la piedra removida.
4. ¿Quién habría movido la piedra? Las alternativas presentadas no son convincentes.
III. EL HECHO Y SU SIGNIFICADO
1. La resurrección es el hecho. ¿Cuál es su significado?
2. Ningún evento es más importante. La resurrección de Jesús fue la vindicación de todo lo que él dijo y enseñó. Ahora podemos hablar de Dios con confianza.
3. Nuestro sufrimiento, dolor, e incluso la propia muerte no tienen la última palabra.
4. Como Pablo, podemos decir con confianza “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17).
5. La resurrección también vindicó a sus seguidores. La Iglesia se levanta sobre esta verdad.
6. “...a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10).
Si Cristo no hubiese resucitado, nada tendría sentido (1 Corintios 15:17).
IV. ÉL YA NO ESTÁ AQUÍ
1. La resurrección es como un sol que nace para nunca más ponerse. Él había vuelto de la muerte. No más sufrimiento sin esperanza o derrotas insolubles. No más separaciones permanentes.
2. Es la solución para las “cosas muy rotas” que desafían los arreglos humanos.
V. LAS VERDADES DE LA RESURRECCIÓN
1. Primero, ella es central. Sin esta verdad, todo sería oscuro y la Palabra de la predicación sería locura.
2. Segundo, es consoladora. Sin ella, frente a la muerte, nada tendríamos para decir y no veríamos significado en la vida. La resurrección del Señor es la garantía de nuestra resurrección y la de nuestros amados. Podemos despedirnos de ellos con un “hasta luego”, seguros del encuentro. Grandes hombres nos enseñaron a morir con valentía; Jesús nos enseñó a morir con confianza.
La muerte murió ese viernes, cuando él inclinó la cabeza. Él quebró los grilletes. Por eso, junto con la multitud de santos, cantaremos: “¿Dónde está, oh, muerte, tu victoria?”.
3. Tercero, representa un desafío: nos deja la tarea de “contar la historia”.
4. Por último, la resurrección representa poder. Esta levantó a la iglesia y dio origen al Nuevo Testamento.
5. Todos murieron en el primer Adán, pero quienes reciben a Jesús vivirán en el segundo Adán (Romanos 5:17). La resurrección representa el poder de la liberación, la seguridad sobre la duda, el triunfo sobre la soledad y la seguridad de la vida eterna.
CONCLUSIÓN
El Dr. Alvin Silverstein, profesor de biología en The City University of New York, escribió el libro “La conquista de la muerte”. En su teoría, la victoria sobre la muerte, por la ciencia, está muy cerca. El problema con la teoría del Dr. Silverstein es que continuamos siendo testigos de la muerte y enterrando a nuestros seres queridos. El propio Dr. Silverstein murió en 2018 víctima del cáncer, sin ver la realización de su teoría.
El Instituto Alcor Life (Instituto de Extensión de Vida), en el estado de Arizona, mantiene 300 cuerpos humanos congelados a 200 grados bajo cero (método llamado criogenia), al costo de 300 mil dólares, esperando la victoria de la ciencia sobre la muerte. Y miles están en la fila, esperando una oportunidad.
Esas son promesas de la “ciencia médica” que no son más que ficción. Son utopías humanas en la esperanza de resolver el gran problema humano con sus propias fuerzas y sabiduría.
La victoria sobre la muerte fue garantizada 2.000 años atrás, en el Calvario, cuando el Hombre Dios dejó la tumba vacía. El certifi cado de defunción fue entonces proclamado.
El apóstol Pablo, en varios textos, afi rma que esta esperanza de los cristianos está garantizada por la victoria de Cristo sobre la muerte (1 Tesalonicenses 4:14-17). No decimos “adiós” a nuestros seres queridos que nos fueron robados por la muerte. Llegará el día que los volveremos a ver. Volveremos a ver sonrisas que nunca olvidamos. Rostros que continúan en nuestra memoria.
Entonces viviremos en la tierra del “no más”: no más muerte, lágrimas, dolor, injusticias y separaciones (Apocalipsis 21:4-6; 22). Después de todo, estaremos en la presencia de Dios y veremos su rostro (Apocalipsis 22:3, 4).
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