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Caifás - El cínico

INTRODUCCIÓN

La narrativa de los evangelios se concentra en las acciones que llevan a la ejecución de Jesús en una semana. La semana que inicia con una multitud que lo sigue, clamando “Hosana” e, irónicamente, termina con un grito general: “Crucifícalo”. Caifás es el sumo sacerdote en ejercicio, y ocupa un lugar central en el juicio y la condenación del Señor durante esa semana, que entró en la historia.

Él llegó a la cima del poder religioso en Jerusalén y manipulaba el pensamiento de los demás miembros del Sanedrín, del cual él era el presidente. Era miembro del partido de los fariseos y venía de una familia rica. Se casó muy bien con la hija del influyente Anás.

I. CAIFÁS, EL YERNO DE ANÁS

1. Con la ruina espiritual de Israel, el cargo de sumo sacerdote pasó a ser un objeto de intrigas políticas, designado por el poder romano.

2. Anás, suegro de Caifás, es mencionado solo en el evangelio de Juan (Juan 18:12, 19-24). Fue designado para el cargo en el 6 d. C. y fue apartado del alto cargo el 13 d. C. Sin embargo, Anás no perdió su influencia, como lo afirma el historiador Flavio Josefo y lo confirma el Nuevo Testamento.

3. En Lucas 3:2, Anás y Caifás son mencionados como “sumo sacerdotes”. En Hechos 4:6, Anás es tratado como “sumo sacerdote”. Hay funciones que se superponen: Caifás era el sumo sacerdote por derecho. Sin embargo, Anás era el sumo sacerdote “emérito”.

II. QUIÉN ERA CAIFÁS

1. Después de una rápida sucesión de sumo sacerdotes de la familia de Anás, Caifás fue escogido como sumo sacerdote de los judíos por el procurador romano Valerio Grato, el predecesor de Poncio Pilato, cargo que ocupó entre el 18 al 36 d. C.

2. Probablemente, fue en el último año del ministerio de Jesús que Caifás alcanzó el cargo más alto dentro de los líderes judíos. Como sumo sacerdote, además de presidente del Sanedrín, él administraba el tesoro del templo.

3. El Sanedrín era la corte suprema y la legislatura política, civil y religiosa de los judíos, pero con influencia internacional, alcanzando a los judíos de la diáspora.

III. INCOMODADO POR JESÚS

1. Al purificar el templo y expulsar a los cambistas y vendedores de animales en el patio del templo (Juan 2: 13-22), Jesús atrajo atención.

2. Con su carisma, su lógica, sus milagros y enseñanzas, Jesús comienza a ser visto como una amenaza al status quo y a los intereses financieros de los saduceos que controlaban el templo.

3. Jesús era diferente a otros predicadores que ya habían surgido. Al contrario de otros, este nuevo Maestro contaba historias. Sus parábolas hacían que las personas pensaran.

4. La pregunta era: ¿Cómo combatir a un hombre que contaba historias? Caifás sin duda percibió el carácter subversivo de las parábolas y el significado de estas. Jesús minaba las tradiciones, ridiculizaba la religión enyesada y superficial, la ortodoxia inútil, que se preocupaba por detalles insignificantes.

5. Jesús redefinió el concepto de Dios, el significado de la vida y la noción del pecado. El pecado llega hasta lo más profundo de las motivaciones (Mateo 15; Marcos 7). Él le dio al sábado una nueva comprensión, libertando el mandamiento de las tradiciones. Para Jesús, las limosnas, ayunos y oraciones que se practicaban para impresionar no tenían valor ante Dios.

6. Ese joven Rabí parecía implosionar los cimientos de la religión rígida institucional. La amenaza debía ser removida, lo que se vuelve una idea fija.

IV. LA ENVIDIA DE CAIFÁS

1. De manera astuta, Caifás formula su filosofía “políticamente correcta” (Juan 11:47, 48). “[…] conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (v. 50), y desde entonces decidieron matarlo.

2. Con la complicidad de Judas, Caifás ordena que Jesús sea arrestado esa noche del jueves. Del Getsemaní, él es llevado ante Anás y, después a Caifás, cuya casa estaba cerca.

3. Según los evangelios, Caifás es el gran articulador en el juicio de Jesús. El encuentro que determinó su muerte, además de Anás y Caifás, incluyó a los principales de los sacerdotes (Mateo 26:3).

4. El complot homicida ocurre en el palacio de Caifás, en la “Colina del Consejo del Mal”, región sur de Jerusalén. Como cabeza del Sanedrín, Caifás es el responsable por el juicio de Jesús.

V. EL JUICIO ILEGAL

1. La muerte de Jesús cumple un propósito profético de sustitución redentora. Sin embargo, no excusa la injusticia de sus jueces. Como en el caso de Judas, Anás, Caifás y el Sanedrín no pueden ser excusados de su crimen.

2. De acuerdo con la ley hebrea, el procedimiento fue ilegal bajo diversos aspectos:

a. Los arrestos nocturnos estaban prohibidos.

b. Caifás actuó de forma ilícita al utilizar a Judas, que, siendo discípulos de Jesús, debería ser considerado cómplice en el supuesto crimen, lo que también estaba vetado por la ley.

c. Jesús fue arrestado sin ninguna orden legal.

d. La ley hebrea prohibía maniatar a un hombre aún no condenado (Juan 18:12, 13).
En las audiencias ilegales con Anás, Caifás, algunos miembros del Sanedrín, y posteriormente con todo el Sanedrín, Jesús se vio rodeado por sus más amargos enemigos. La intención de ellos era encontrar acusaciones legales contra el reo. Las ilegalidades se multiplicaron. En el juicio ante Anás, Jesús fue abofeteado por uno de los guardias (Juan 19:27). La respuesta de Jesús al acto cobarde y brutal revela su extraordinaria disciplina y autocontrol.

3. La ley hebrea exigía por lo menos 24 horas entre una audiencia y otra, en casos de sentencias capitales, juzgando que podrían surgir nuevas evidencias en favor del reo. Pero, en la prisa en deshacerse de Jesús, se violó ese principio protector, no respetado por el Sanedrín.

4. La ley hebrea también exigía que los jueces fueran imparciales y exentos de pasión para juzgar “con buena consciencia”. En el caso de Jesús, la corte que lo juzgó ya había decidido la sentencia antes del juicio.

5. Otra clara ilegalidad se demuestra en el hecho de que Jesús no tuvo ningún tipo de defensa en este tribunal de asesinos.

VI. LAS CAUSAS DEL ODIO

1. Se presentaron testigos falsos, con acusaciones ridículas.

2. Pero las reales razones del odio contra Jesús eran otras:

a. Él desenmascaró la impiedad y la hipocresía de los altos escalafones del judaísmo;

b. Denunció las deshonestidades y la farsa de las “celebridades religiosas”;

c. Los llamó “generación de víboras”;

d. Profirió los terribles “ayes” contra quienes se consideraban “santos” (Mateo 23);

e. Afirmó que eran peores que quienes juzgaban como los peores pecadores, como las prostitutas y los publicanos;

f. Y, por último, amenazó directamente sus ganancias ilícitas y ventajas financieras. En otras palabras, Jesús expuso las entrañas de la hipocresía de los altos escalafones del judaísmo.

3. Jesús fue acusado de haberse proclamado Hijo de Dios, el Mesías. ¿Pero no era esa la esperanza esencial de los judíos? ¿No sería esa la oportunidad para que el Sanedrín examinara la cuestión con sinceridad de consciencia?

CONCLUSIÓN

Hace veinte siglos, Caifás y sus colegas avergonzaron a la historia de la humanidad. Fueron responsables del episodio más importante de la historia, marcado por fallas e injusticias.

¿De qué acusaban al divino prisionero? 
Jesucristo había desafiado al establecimiento religioso. Las reprobaciones más duras de Cristo, sus advertencias más causticas no fueron contra los que eran considerados grandes pecadores, los inmorales e impuros, sino contra quienes se juzgaban “santos” y “perfectos” y, por lo tanto, “mejores” en su propia evaluación (Lucas 18:9-14).

Los que ocupaban altos cargos religiosos fueron seriamente estremecidos por ese oscuro Rabí galileo. Maestro en arrancar las máscaras, Jesús dejó claro que los supuestos religiosos no eran más que farsantes que usaban el nombre de Dios.

Caifás reaparece en el libro de Hechos. Él y otros del Sanedrín, todavía con la sangre de Jesús en sus manos, juzgaron a Pedro y a Juan por la cura de un paralítico (Hechos 4:6). El mismo enemigo de Cristo, duro e inflexible. Probablemente, Caifás aún era el sumo sacerdote ante quien fue llevado Esteban (Hechos 7:1). Hay una gran posibilidad que él haya sido de quien Saulo obtuvo las cartas que lo autorizaban a llevar a los cristianos de Damasco a Jerusalén (Hechos 9:1, 2).

No sabemos cuál fue el final de Caifás. Josefo informa que él y Pilatos fueron destituídos en el 36 d. C., por el gobernador Vitelio.

En 1990 se descubrió un osario en las excavaciones al sur de Jerusalén con la inscripción: “José, hijo de Caifás”. Dentro de la caja mortuoria se encontraban huesos de seis personas, incluyendo los huesos de un hombre de cerca de sesenta años, los cuales, afirman los eruditos, probablemente eran del sumo sacerdote que condenó a Jesús. ¿Será que allí termina la historia de Caifás?

"Los enemigos de Jesus, de muchas formas, han intentado transformarlo en un mito o caracterizar mal su identidad con base en descubrimientos arqueológicos forzados o interpretaciones sensacionalistas, películas y canciones irreverentes, productos de ficción humana surgen de tiempo en tiempo. En eso, no quedan muy lejos de los enemigos clásicos, los antiguos fariseos, saduceos y herodianos, Anas, Caifás, el sanedrín, Herodes y Pilato que, inútilmente, tambien intentaron destruirlo y silenciarlo. Sin embargo, los enemigos pasan y sus esfuerzos acaban desacreditados y, contrario a lo que esperaban, solamente despiertan en muchos el deseo de conocer mejor a Jesucristo.
Jesus continua teniendo la palabra final sobre Dios, la vida, la muerte; sobre nosotros mismos y la vida eterna". (Armin Rodor. O incomparável Jesus Cristo. Unaspress, 2011), 10.
Los evangelios de Mateo y Marcos registran el último encuentro de Jesús con Caifás, el arrogante sumo sacerdote que exigía una declaración directa sobre su identidad como el Mesías. Llegó, entonces, el momento de una respuesta clara y definitiva. Y lo que Jesús dijo, con voz pausada y solemne, debe haber acompañado a Caifás por el resto de su vida: “Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo” (Marcos 14:62).

Caifás, al final, resucitará en el glorioso regreso de Cristo, como parte de una resurrección especial. Para su indescriptible terror, él verá, horrorizado, el cumplimiento de la infalible palabra del Señor. La reversión será formidable: el Juzgado, entonces ante Caifás, herido, lastimado y agraviado, será ahora su Juez. La falsedad y la desvergüenza descaradas se acabaran. El cinismo tambien llegara a su fin.

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