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La vida universitaria y el mundo plástico

Cuando el conocimiento se convierte en apariencia y la vocación en espectáculo

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. Romanos 12:2.

"A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias..." Daniel 1:17-20

Palabra clave del sermón: PROPÓSITO

Los tres secretos para sobrevivir al mundo plástico universitario:
Aprender más allá de las apariencias.
Construir una identidad más allá de la aprobación.
Descubrir una vocación más allá del prestigio.

INTRODUCCIÓN

El currículum impresionante y el alma vacía

Se cuenta que un rector universitario entrevistó a un graduado brillante.

Su currículum era extraordinario.
Las mejores calificaciones.
Certificados internacionales.
Reconocimientos académicos.
Dominio de varios idiomas.

Después de observar detenidamente la hoja de vida, el rector hizo una pregunta inesperada:
- Todo esto me dice lo que has hecho. Ahora dime: ¿quién eres?

El joven permaneció en silencio.
Había dedicado años a construir un currículum.
Pero nunca había construido una respuesta.

Y esa es quizá una de las tragedias de la universidad contemporánea.
Miles de jóvenes llegan a la graduación con un título en sus manos y una pregunta en su corazón.

No: ¿Qué voy a hacer?
Sino: ¿Quién soy?

Vivimos en una época que valora más el perfil que la persona, más la certificación que la sabiduría, más el reconocimiento que el propósito. La universidad corre el riesgo de transformarse en un mecanismo de producción, una fábrica de credenciales más que de conocimiento.

El filósofo Erich Fromm distinguió entre los modos de existencia basados en el tener y aquellos basados en el ser. Erich Fromm, ¿Tener o ser? (México: Fondo de Cultura Económica, 1978), 35-42.
La lógica del mundo plástico lleva esta dinámica hasta sus últimas consecuencias. El estudiante ya no estudia para comprender, sino para exhibir títulos, certificados o reconocimientos visibles.

El estudiante busca títulos antes que conocimiento, 
certificaciones antes que sabiduría y 
notas antes que comprensión.

El aprendizaje se reduce a rendimiento visible.
Esta transformación posee al menos cuatro consecuencias.

Primero, el aprendizaje se orienta hacia resultados inmediatos y no hacia la formación intelectual profunda.
Segundo, las relaciones interpersonales se vuelven instrumentales y utilitarias.
Tercero, la identidad personal depende crecientemente de la validación externa.
Cuarto, la vocación profesional es reemplazada por la búsqueda de prestigio social.

Como advirtió Christopher Lasch, una cultura centrada en la imagen termina generando individuos profundamente inseguros porque su autoestima depende de una aprobación pública constantemente fluctuante. (Christopher Lasch, La cultura del narcisismo (Barcelona: Andrés Bello, 1999), 57-61).

Por eso debemos preguntarnos:
¿Estoy estudiando para comprender o para impresionar?
¿Estoy construyendo una vocación o una imagen?
¿Estoy desarrollando un carácter o un currículum?
¿La universidad me está formando o solamente me está acreditando?
¿Estoy preparándome para vivir o simplemente para competir?

Porque el problema del mundo plástico no es que sea falso de manera evidente.
Su peligro consiste en que es una falsedad atractiva.
Brillante.
Cómoda.
Seductora.

PRIMER SECRETO
1. APRENDER MÁS ALLÁ DE LAS APARIENCIAS

"Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias." Daniel 1:17

El peligro de estudiar para mostrar

En la era de la simulación, tanto docentes como estudiantes se ven afectados. Decía un viejo profesor:
"Simula que aprendes, mientras yo simulo que enseño".

Sin duda alguna, el mundo plástico ha invadido las aulas.

La pregunta dejó de ser: ¿Qué he aprendido?
Y pasó a ser: ¿Qué puedo mostrar?

Muchos estudiantes buscan:
notas antes que conocimiento,
certificados antes que competencias,
títulos antes que sabiduría.

El filósofo Erich Fromm distinguió entre dos formas de existencia: "tener" y "ser". En la lógica del tener, el estudiante acumula credenciales; en la lógica del ser, desarrolla su mente y transforma su persona. (Erich Fromm, ¿Tener o ser? (México: Fondo de Cultura Económica, 1978), 35-42).

La educación corre el riesgo de convertirse en una fábrica de diplomas en vez de una comunidad de aprendizaje.

Ilustración

Un joven memorizó todas las respuestas para aprobar Anatomía.

Obtuvo la nota más alta.
Meses después no recordaba casi nada.

Otro estudiante comprendió los principios.
Tal vez no obtuvo la nota perfecta.

Pero años después seguía utilizando aquel conocimiento.

Uno estudió para el examen.
El otro estudió para la vida.

Daniel estudiaba para servir

Daniel no buscó conocimiento para exhibirse ante Babilonia.
Lo utilizó para honrar a Dios y bendecir a otros.
Su sabiduría estaba conectada con una misión.

Porque la educación que solamente llena la mente y no transforma el carácter produce profesionales brillantes y personas vacías.

El mundo plástico transforma la educación en un espectáculo.

El estudiante busca:
Resúmenes en lugar de comprensión.
Certificados en lugar de competencias.
Calificaciones en lugar de conocimiento.

La pregunta deja de ser: ¿Qué he aprendido?
Y pasa a ser: ¿Qué puedo mostrar?

Ya no importa tanto: ¿Qué sabes?
Sino: ¿Qué pareces saber?

El saber se convierte en decoración intelectual.

Así, el conocimiento que no conduce a la sabiduría termina siendo decoración intelectual.

"El verdadero objeto de la educación es restaurar la imagen de Dios en el alma." (Ed, 15).

Observe que no dice conseguir empleo.
No dice obtener prestigio.
Habla de restaurar la imagen de Dios.

Pero la crisis universitaria no termina en el aula.
Lo que sucede en la mente termina afectando la identidad.

SEGUNDO SECRETO
2. CONSTRUIR UNA IDENTIDAD MÁS ALLÁ DE LA APROBACIÓN

"¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios?" Gálatas 1:10

La universidad y la competencia invisible

Muchos jóvenes llegan a la universidad para estudiar.
Terminan compitiendo.

Comparan:
calificaciones,
apariencia,
relaciones,
recursos económicos,
oportunidades profesionales.

Christopher Lasch advirtió que una cultura centrada en la imagen genera individuos inseguros porque dependen constantemente de la aprobación externa. (Christopher Lasch, La cultura del narcisismo (Barcelona: Andrés Bello, 1999), 57-61).

Y esa realidad se observa claramente en muchos campus universitarios.

Una cosmovisión detrás del problema

Detrás del equilibrio entre ser y parecer siempre existe una cosmovisión.
Analizando el asunto, aparecen al menos cinco grandes preguntas.

1. ¿Qué es el ser humano?
En una cosmovisión plástica, el ser humano es una imagen que debe optimizarse.
En una cosmovisión humanista, el ser humano posee una dignidad intrínseca independiente de su imagen.
En una cosmovisión cristiana, el ser humano tiene valor instrínseco porque fue hecho a imagen de Dios.

2. ¿Qué es el éxito?
En una Cosmovisión plástica es ser visible.
En una Cosmovisión clásica es desarrollar excelencia moral e intelectual.
En una cosmovisión cristiana es reflejar el carácter de Cristo.

3. ¿Qué es la verdad?
En una Cosmovisión plástica es lo que funciona socialmente.
En una Cosmovisión filosófica clásica es aquello que corresponde a la realidad.
En una cosmovisión cristiana, es el alineamiento de la a la Palabra de Dios, a Jesús, su ley y su voluntad.

4. ¿Qué es la felicidad?
En una Cosmovisión plástica es la satisfacción inmediata.
Para Aristóteles y Frankl es la plenitud derivada de una vida significativa.
Para una cosmovisión cristiana es hacer de la misión de Dios, mi misión de vida.

5. ¿Qué es una buena sociedad?
En una Cosmovisión plástica es una sociedad de consumidores satisfechos.
En una Cosmovisión comunitaria es una sociedad de personas virtuosas y comprometidas con el bien común.
Es una cosmovisión cristiana, es la comunidad que ama a Dios y al prójimo con un amor entrañable y con la esperanza de vencer juntos el pecado, el mal y la muerte en el encuentro con Cristo por segunda vez.

El problema no es la tecnología. El problema sería el uso que hacemos de ella.

Debemos ser cuidados con:
la comparación constante;
la búsqueda de aprobación;
el narcisismo;
la distracción permanente;
la superficialidad intelectual.

Aunque también debemos reconocer su potencial para:
educar;
evangelizar;
servir;
conectar personas.

La pregunta no sería: "¿Cómo logro más visibilidad?"

Sino "¿Cómo puedo glorificar a Dios mediante esta influencia?"

Ilustración

Un estudiante obtenía excelentes resultados académicos.
Sin embargo, cada vez que otro compañero lograba una nota superior se sentía fracasado.

No estaba aprendiendo.
Estaba compitiendo.
No vivía para crecer.
Vivía para compararse.

La diferencia de Daniel

Daniel vivió en el ambiente más competitivo del mundo antiguo.
Sin embargo, nunca permitió que Babilonia definiera su identidad.

Antes de ser estudiante del imperio era hijo de Dios.
Antes de ser sabio de Babilonia era siervo del Altísimo.

Querido joven:

Quizá llevas meses comparándote.
Comparando tu cuerpo.
Tus notas.
Tu carrera.
Tu familia.
Tu futuro.
Tus oportunidades.

Permíteme decirte algo.

Dios jamás te pidió ser otra persona.
Te llamó a ser quien Él te creó para ser.

Tu valor no proviene de la universidad.
Tu valor no proviene de tus notas.
Tu valor no proviene de tus seguidores.

Tu valor proviene del hecho de que fuiste creado a imagen de Dios y redimido por Cristo.

"Cuando tu identidad depende de los aplausos, también dependerá de las críticas."

Recuerda que la comparación es el ladrón silencioso de la gratitud.

Pero la universidad no solamente forma conocimiento e identidad.
También influye profundamente en nuestras decisiones acerca del futuro.

Ya no importa tanto "¿Qué tipo de persona llegarás a ser?"
"¿Qué título voy a conseguir?"

TERCER SECRETO
3. DESCUBRIR UNA VOCACIÓN MÁS ALLÁ DEL PRESTIGIO

"Porque somos hechura suya..." Efesios 2:10

En la vocación profesional

La elección de carrera puede orientarse por prestigio, ingresos o reconocimiento social.

Se pregunta: ¿Qué profesión luce mejor?
En lugar de: ¿Para qué he sido llamado?
En lugar de ¿Cuál es mi propósito?
Se pregunta: ¿Qué profesión genera más admiración?

La identidad profesional sustituye el propósito existencial.

Hoy es más fácil:
Consumir opiniones más que buscar la verdad.
Construir una imagen más que desarrollar una vocación.
Amar personajes idealizados que amar personas reales.

Porque el problema del mundo plástico no es que sea falso de manera evidente.
Su peligro consiste en que es una falsedad atractiva.
Una falsedad brillante.
Una falsedad cómoda.
Una falsedad color rosa neón que canta que "la vida superficial es fantástica".

Pero pocas veces preguntan:
¿Para qué fui llamado?

Ilustración

Dos estudiantes se graduaron el mismo día.

Uno eligió la profesión que generaba más reconocimiento.
El otro eligió aquella en la que sentía el llamado de Dios.

Veinte años después, el primero tenía éxito externo, pero profundo vacío.
El segundo había enfrentado dificultades.
Sin embargo, vivía con significado.

Uno siguió el prestigio.
El otro siguió el propósito.
Viktor Frankl tenía razón: La verdadera felicidad no surge de perseguir placer sino significado.

Y desde una perspectiva cristiana, el significado máximo consiste en hacer de la misión de Dios nuestra misión de vida.

Porque una profesión puede darte un salario; sólo una vocación puede darte significado.

Por eso, no preguntes solamente qué quieres hacer con tu vida; pregunta qué quiere Dios hacer con tu vida.

"La mayor obra que puede encomendarse a los hombres y mujeres es cooperar con Dios en la salvación de las almas." (OE, 26).

CONCLUSIÓN

El constructor de puentes

Un ingeniero recibió dos ofertas.

La primera consistía en diseñar un puente famoso.
Sería admirado por millones.

La segunda consistía en construir un puente en una región remota donde casi nadie conocería su nombre.
Eligió el segundo.

Décadas después, aquel puente había permitido que miles de personas accedieran a educación, atención médica y oportunidades de vida.

Un periodista le preguntó:
- ¿Nunca se arrepintió de renunciar a la fama?

El ingeniero respondió:
- No construí un monumento para mí. Construí un camino para otros.

Eso es exactamente lo que distingue una vida plástica de una vida con propósito.

La vida plástica busca ser admirada.
La vida cristiana busca servir.
La vida plástica acumula títulos.
La vida cristiana desarrolla sabiduría.
La vida plástica busca reconocimiento.
La vida cristiana busca misión.

La vida plástica pregunta: ¿Cómo puedo ser más visible?
La vida cristiana pregunta: ¿Cómo puedo glorificar a Dios mediante mi influencia?

Pero debajo de la superficie reluciente sigue resonando la vieja pregunta socrática: "¿Cómo debe vivir el ser humano?"

Y esa pregunta jamás puede responderse con plástico.

Necesita verdad.
Necesita profundidad.
Necesita alma.

Querido joven:
¿Estás estudiando para impresionar o para servir?
¿Tu identidad depende de las notas o de Cristo?
¿Estás buscando prestigio o propósito?
¿Qué tipo de profesional estás llegando a ser?
Más importante aún, ¿qué tipo de persona estás llegando a ser?

Porque un día tu título quedará colgado en una pared.
Pero tu carácter seguirá contigo.

Tu currículum tendrá una fecha de vencimiento.
Tu vocación no.

Tus reconocimientos pasarán.
Tu influencia permanecerá.

Y cuando llegue ese día, Dios no preguntará solamente: "¿Qué profesión ejerciste?"
También preguntará: "¿Qué hiciste con la vida que te di?"

ORACIÓN FINAL

Señor amado:

Vivimos en un mundo que nos enseña a competir, a compararnos y a construir una imagen. Muchas veces hemos buscado reconocimiento más que sabiduría, prestigio más que propósito y éxito más que fidelidad.

Perdónanos.

Ayúdanos a estudiar para comprender y no solamente para aprobar.
Ayúdanos a construir una identidad basada en Cristo y no en la aprobación humana.
Ayúdanos a descubrir la vocación para la cual nos creaste.

Protege nuestros corazones del orgullo, de la superficialidad y de la obsesión por las apariencias.
Haz de nosotros estudiantes con profundidad, profesionales con integridad y discípulos con misión.

Que la universidad no nos aleje de Ti.
Que nos prepare para servirte mejor.

Y que cuando termine nuestra vida podamos decir que utilizamos nuestro conocimiento, nuestros talentos y nuestras oportunidades para glorificar tu nombre.

En el nombre de Jesús. Amén.

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