"Les ruego hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa y que no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer" (1 Corintios 1:10).
Quienes observan la vida silvestre saben que algunas criaturas viven en grupos de diferentes tamaños. Desde los lobos hasta los delfines, e incluso las hormigas, estas criaturas permanecen juntas. Los chimpancés son especialmente conocidos por sus estrechos lazos sociales, y a veces viven en grupos de entre 15 y 150 individuos. Sin embargo, estas relaciones no siempre son armoniosas, y a veces los chimpancés luchan entre sí.
Los seres humanos también son un poco así; es decir, no solo tienden a vivir en grupos, sino que a veces luchan unos con otros dentro de esos grupos, lo cual también ocurre, incluso en nuestras iglesias, cuando se forman facciones, a menudo en torno a algún líder carismático.
¿Alguna vez has visto eso en tu iglesia?
Si es así, entonces tienes una idea del problema al que se enfrentó Pablo en Corinto. Esta semana veremos 1 Corintios 1-4, donde el apóstol Pablo aborda el problema de las disputas en la iglesia y cómo superarlas, concretamente, por medio de la unidad en Cristo.
I. GRUPOS CERRADOS EN LA IGLESIA
La exhortación de Pablo a que «no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Corintios 1:10) domina los cuatro primeros capítulos de 1 Corintios. De hecho, la mayoría de los eruditos coinciden en que la unidad es el tema general que une todas las partes de la Carta.
"Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? 14 Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, 15 para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. 16 También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. 17 Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo". 1 Corintios 1:12-17.
¿Cómo nos ayuda este pasaje a comprender cuán absurdo es formar grupos en torno a los líderes locales? ¿Cuál es la solución de Pablo?
Pablo emplea palabras severas para describir la falta de unidad entre los miembros de la iglesia de Corinto. Utiliza los términos griegos sjisma («división», 1 Corintios 1:10) y eris («contienda», 1 Corintios 1:11). El sustantivo sjisma (así como el verbo sjizō, que significa «dividir») es utilizado en otras partes del Nuevo Testamento para describir las diferencias de opinión que dan lugar a facciones. A su vez, el sustantivo eris aparece con frecuencia en las listas de conductas impropias que los cristianos deben evitar.
"Estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades". Romanos 1:29.
"Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia" Romanos 13:13.
"Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?" 1 Corintios 3:3.
"Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes" 2 Corintios 12:20
"Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías" Gálatas 5:20.
¿Qué otros pecados son enumerados junto con el de la contienda? ¿Qué nos dice esto acerca de cuán malo es eso?
Los desacuerdos en la iglesia de Corinto salieron a la luz, incluso en forma de demandas judiciales entre unos y otros (1 Corintios 6:1-3). «Para avergonzarlos lo digo», afirma Pablo (1 Corintios 6:5) acerca de estas demandas entre los miembros de la iglesia. De hecho, ni siquiera dejaron a un lado sus diferencias cuando celebraban la Cena del Señor (1 Corintios 11:17-22).
El problema de la falta de unidad entre los miembros de la iglesia es tan aterrador, y Pablo está tan preocupado por ello, que este es el primer tema que aborda en su Carta a los Corintios
¿Por qué los grupos o facciones son tan peligrosos para la unidad de la iglesia. ¿Qué puede hacer tu iglesia local para evitar este problema?
II. CENTRADOS EN JESÚS
"No haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer" (1 Corintios 1:10)
¿Qué crees que quiso decir Pablo con «estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer»?
La formación de grupos constituía aquí una negación de la lealtad a Cristo (1 Corintios 1:10). Dios nos llamó «a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor» (1 Corintios 1:9). Nuestro Señor es Cristo, y debemos centrarnos en él. Por lo tanto, la respuesta a las preguntas retóricas: «¿Está Cristo dividido? ¿Fue Pablo crucificado por ustedes?» (1 Corintios 1:13) es un rotundo «¡No!». Cristo no está dividido. Cristo es quien fue crucificado por nosotros. Fuimos bautizados «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19).
Pablo menciona que somos «el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de él» (1 Corintios 12:27; énfasis añadido). Aunque el cuerpo tiene muchas partes, cada una con su función, sigue siendo un solo cuerpo. Para que el cuerpo funcione correctamente, cada parte debe cumplir su función de acuerdo con sus capacidades. Esta metáfora indica que Pablo pretende la unidad en la diversidad, no la uniformidad. Más aún, aspira a la unidad a pesar de la diversidad.
Sin embargo, todos los pensamientos y las opiniones deben estar sometidos a Cristo, nuestro Señor. El hecho de que Cristo sea nuestro Señor es un concepto tan importante para Pablo que recurre a él repetidamente en el comienzo de 1 Corintios (1 Corintios 1:2, 7, 8, 9, 10). Por lo tanto, antes de abordar el tema de los grupos o facciones y los líderes humanos, Pablo enfatiza que todos tenemos a Jesús como nuestro Señor. La iglesia no se centra en los líderes humanos. Los cristianos se centran en Jesús.
El énfasis en el señorío de Jesús en los primeros versículos de 1 Corintios nos ayuda a comprender lo que Pablo quiso decir con las palabras: «Estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Corintios 1:10). El término griego traducido como «unidos» proviene del verbo katartizō, que sugiere que algo debe ser restaurado a su condición adecuada. Cuando se forman camarillas en torno a líderes humanos, las relaciones dentro de la iglesia deben ser restauradas a su condición adecuada, y eso puede suceder por medio de la unidad en Cristo y la muerte del yo que ello implica.
Durante las últimas décadas, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha enfatizado en algunas partes del mundo el estudio de la Biblia en grupos pequeños. ¿Cuál es la diferencia entre los grupos cerrados y los grupos pequeños? ¿Cómo podemos tener cuidado de que los grupos pequeños no se conviertan en grupos cerrados?
III. SABIDURÍA Y MADUREZ
En general, los grupos cerrados son el resultado de una sobrevaloración de los líderes humanos y una desvalorzación de los líderes legítima y bíblicamente elegidos. Esto es muy peligroso para la unidad de la iglesia y para la salud espiritual de los miembros, ya que una visión distorsionada del ministerio cristiano puede llevar a una iglesia a dar una importancia excesiva a ciertos líderes en detrimento de otros. La consecuencia de tal comportamiento es una atmósfera de competencia o rivalidad que puede dividir a la iglesia. Más aún, si tratamos a los líderes humanos como el centro de nuestra identidad cristiana, corremos el riesgo de desplazar a Cristo de la posición correcta en nuestras vidas.
"Por tanto, os ruego que me imitéis". 1 Corintios 4:16
Pablo exhorta a los corintios a imitarlo. ¿Estarías dispuesto a imitar a los líderes humanos? ¿Qué diferencia existe entre imitar a un líder y exaltarlo indebidamente, incluso peligrosamente?
Lee 1 Corintios 3:1-4. ¿Cómo describe Pablo aquí la inmadurez espiritual de los corintios?
Pablo deja claro que la madurez espiritual:
- conduce al creyente a apreciar la sabiduría de Dios (1 Corintios 2:6-7),
- nos es comunicada por medio del Espíritu (1 Corintios 2:13)
- contrasta con la sabiduría de este mundo (1 Corintios 2:6)
- contraría a la sabiduría humana (1 Corintios 2:13).
- La sabiduría de Dios se revela en la cruz de Cristo (1 Corintios 2:1-4)
- Más claramente, en el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Cristo. Por lo tanto, antes de reanudar su exhortación a la unidad (1 Corintios 3:1-17), Pablo quiere que sus lectores reconozcan la necesidad de la verdadera sabiduría y madurez en Cristo.
Los cristianos sabios y maduros
- son personas espirituales, no carnales.
- no son como niños (1 Corintios 3:1).
- comparan las cosas espirituales con las cosas espirituales, porque «las cosas del Espíritu de Dios [...] se han de discernir espiritualmente» (1 Corintios 2:13-14).
- se alimentan de comida sólida, no de leche (1 Corintios 3:2; comparar con Hebreos 5:12). El creyente que «se nutre de leche es inexperto en la doctrina de la justificación, porque aún es niño. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal» (Hebreos 5:13-14).
- no dicen: «Yo soy de Pablo» o «yo soy de Apolo» (1 Corintios 3:4), refiriéndose a diferentes personas. Después de todo, estas personas son, como ellos, «colaboradores de Dios» (1 Corintios 3:9). Nosotros, como iglesia, somos el campo, el edificio y el templo de Dios (1 Corintios 3:9, 16-17). Todos pertenecemos a Dios por medio de Cristo (1 Corintios 3:11).
¿Cuál ha sido tu experiencia al sentirte decepcionado por alguien a quien admirabas mucho? Si has tenido esa experiencia, ¿qué lecciones aprendiste de ella?
IV. UN SERVICIO COMO EL DE CRISTO
"Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel". 1 Corintios 4:1-2.
"Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" 1 Corintios 4:6, 7.
¿Qué enseña este pasaje acerca de cuál debería ser nuestra opinión del liderazgo humano?
En 1 Corintios 3:1-4, Pablo insinúa que las camarillas son el resultado de una falta de madurez espiritual. Sin embargo, antes de abordar este tema, afirma: «Tenemos el pensar de Cristo» (1 Corintios 2:16). Es probable que esta frase se refiera a la forma de pensar y actuar de Cristo. En otras palabras, el creyente tiene la mente, o «pensar de Cristo», cuando piensa y actúa como él. Sin embargo, poner en práctica esto en todos los aspectos de la vida no es tan fácil. En el mundo grecorromano existía mucha competencia entre los políticos, los filósofos, los pensadores y los líderes religiosos. Al parecer, el anhelo de aprobación cultural llevó a la iglesia de Corinto a seguir los estándares seculares. Esto también puede ser un peligro para la iglesia actual.
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Filipenses 2:5-8.
¿Cómo nos ayuda este texto a comprender la expresión «el pensar de Cristo» (1 Corintios 2:16)?
Al igual que en Corinto, también se estaban produciendo divisiones en la iglesia de Filipos (Filipenses 2:1-4), aunque quizá en menor medida. Filipenses 2:1-8 nos enseña que un servicio cristiano requiere morir a uno mismo y a las ambiciones egoístas, y buscar en cambio bendecir a los demás por encima de nosotros mismos, como hizo Jesús.
La expresión «servidores de Cristo» (1 Corintios 4:1) se refiere al servicio cristiano. Estas palabras pueden transmitir la idea de que los creyentes sirven a Cristo como ayudantes o subordinados. Está claro que una visión correcta de los líderes humanos se basa en el ejemplo de liderazgo de Cristo. Los siervos son también descritos como «administradores» (1 Corintios 4:1-2); es decir, personas a las que les ha sido confiada la administración de los bienes de otra persona. En tal sentido, todo lo que tenemos pertenece a Cristo.
¿Cómo podemos comprender lo que esto nos dice acerca del amor abnegado de Dios por nosotros? ¿Cómo podemos aprender a morir a nosotros mismos para poder manifestar este amor en nuestro propio ámbito?
V. REFLEJANDO LA CRUZ
El hecho de que no debamos formar grupos cerrados o camarillas, especialmente en torno a los líderes humanos, no significa que no debamos apoyar a nuestros dirigentes. Se supone que debemos apreciar y ayudar a quienes dirigen el trabajo de la iglesia. Dios encarga a las personas que cumplan su ministerio en la tierra. Los líderes de la iglesia que muestran un estilo de vida que refleja la sumisión representada por la cruz son dignos de ser escuchados y seguidos.
Esto es así porque solo la cruz tiene el poder de revertir cualquier forma manipuladora de control en favor de la sumisión a la Palabra de Dios. Los líderes cristianos atribuyen el éxito de su ministerio solo a Dios. En su ministerio terrenal, incluso Jesús, como ser humano, atribuyó la gloria a Dios (Juan 17:4).
Según Pablo, el ministerio cristiano fiel debe basarse en una teología de la cruz. La cruz es la revelación de la sabiduría de Dios y de su poder para salvar. Al mismo tiempo, también muestra la sabiduría humana como necedad. En 1 Corintios 4:1-13, Pablo deja claro en qué consiste esa teología de la cruz.
1. Indica que es Dios quien establece la norma para el liderazgo cristiano (1 Corintios 4:1-5).
2. Señala el hecho de que el sufrimiento por causa de Cristo es el sello distintivo del verdadero ministerio cristiano (1 Corintios 4:9, 11-13). Este segundo punto merece ser desarrollado más a fondo.
"¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces.24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. 2 Corintios 11:23-28.
"Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia". Colosenses 1:24.
¿Qué nos enseña esto acerca de lo que significa sufrir por causa de Cristo?
9 Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. 10 Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados. 11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. 12 Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. 13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos. 1 Corintios 4:9-13
¿Cómo contrasta esta descripción de los apóstoles con las características del liderazgo valoradas en nuestro mundo? ¿Qué nos enseña este pasaje acerca de cuánto pueden diferir los estándares de Dios y los de este mundo?
Los líderes cristianos siguen las huellas de Jesús al estar dispuestos a sufrir por sus hermanos y hermanas, e incluso, si es necesario, a morir por su ministerio. Pablo se refiere a sí mismo y a Apolo como hombres «sentenciados a muerte» (1 Corintios 4:9). Se los describe como personas que se enfrentan al «hambre, la sed y la desnudez», además de ser «abofeteados» y estar «sin hogar» (1 Corintios 4:11). También fueron insultados, perseguidos, difamados y considerados «la hez del mundo, el desecho de todos» (1 Corintios 4:12-13). Además, al referirse irónicamente a los corintios como ricos, reyes, sabios y distinguidos (1 Corintios 4:8, 10), Pablo demuestra que el orgullo no debe tener cabida en el verdadero liderazgo cristiano, ya que es la raíz de la división en la iglesia (1 Corintios 4:6).
¿Cuánto has sufrido por causa de Cristo, sea cual fuere tu función en la iglesia? ¿Qué lecciones se pueden extraer de tu respuesta?
CONCLUSIÓN
Lee el capítulo «La preparación de los doce», en Los hechos de los apóstoles (pp. 15-20), de Elena G. de White.
Hacia el final de su ministerio terrenal, Jesús oró por la unidad: «Para que todos sean uno [...] para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17:21-23). ¿Por qué la unidad en Cristo es un argumento poderoso en favor de la verdad de que Dios envió a su Hijo para salvar al mundo? En relación con esto, ¿por qué la falta de unidad es un obstáculo para la misión de la iglesia?
«La unidad del pueblo remanente que cree en Dios produce una poderosa convicción en el mundo de que tiene la verdad y de que es un pueblo diferente, elegido por Dios. Esta unidad desconcierta al enemigo, por lo que está decidido a eliminar su existencia. La verdad presente, creída en el corazón y puesta en práctica en la vida, proporciona unidad al pueblo de Dios y le da una poderosa influencia» (1TI, 294).
«Dios está conduciendo a un pueblo para que se coloque en perfecta unidad sobre la plataforma de la verdad eterna. Cristo se dio a sí mismo al mundo para que pudiese “limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). Este proceso de refinamiento está destinado a purificar a la iglesia de toda injusticia y del espíritu de discordia y contención, para que sus miembros edifiquen en vez de derribar y concentren sus energías en la gran obra que está delante de ellos. Dios quiere que sus hijos lleguen todos a la unidad de la fe. La oración de Cristo, precisamente antes de su crucifixión, pedía que sus discípulos fuesen uno, como él era uno con el Padre, para que el mundo creyese que el Padre lo había enviado. En esta, la más conmovedora y admirable oración, extendida a través de los siglos hasta nuestros días, sus palabras son: “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20)» (4TI, 21).
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