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Derribados, pero no destruidos

"Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro; aunque mi corazón desfallece dentro de mí". Job 19:25-27.

La esperanza que permanece cuando todo lo demás desaparece.

Propósito

Fortalecer la fe de la iglesia enseñando que, aun en medio del sufrimiento, los hijos de Dios tienen tres certezas inquebrantables: un Redentor vivo, una vindicación segura y un encuentro personal con Dios.
Hoy conoceremos LAS TRES CERTEZAS DE LA ESPERANZA

INTRODUCCIÓN

La carta que llegó demasiado tarde
Durante una guerra, una madre recibió un telegrama informándole que su hijo había desaparecido en combate.

Pasaron semanas. Luego meses. No había noticias. No había respuestas. No había explicaciones.
Cada día caminaba hasta el buzón con la esperanza de encontrar alguna señal. Finalmente una carta llegó.
Había sido escrita meses atrás por su hijo. Decía:
—“Mamá, si esta carta llega a tus manos después de mucho tiempo, quiero que recuerdes algo: aunque no puedas verme, sigo vivo.”

La madre abrazó aquella carta y lloró.
Las circunstancias no habían cambiado.
Las preguntas seguían allí.
Pero ahora tenía una certeza.
Y una certeza puede sostener un corazón cuando todo lo demás se derrumba.

Eso es exactamente lo que sucede en Job 19.

Job había perdido:
Sus hijos.
Su salud.
Su riqueza.
Su prestigio.
Sus amigos.
Su mundo se había derrumbado.

Sin embargo, en medio de las cenizas pronuncia una de las confesiones más extraordinarias de la Biblia:
“Yo sé que mi Redentor vive.”

Notemos que Job no dice:
“Supongo”.
“Espero”.
“Tal vez”.

Él Dice con toda seguridad:
“Yo sé”.

Francis Andersen señala que estas palabras constituyen la cumbre de la fe de Job en medio de la oscuridad más profunda. (Francis I. Andersen. Job: An Introduction and Commentary (Downers Grove: InterVarsity Press, 1976), 190).

Entonces surge una pregunta:
¿Qué sostiene a una persona cuando todo se pierde?
¿Qué hace posible seguir creyendo cuando no entendemos a Dios?
¿Cómo podemos tener esperanza cuando la vida parece injusta?

Job responde mediante tres grandes certezas. La primera:

I. MI REDENTOR ESTÁ VIVO

“Yo sé que mi Redentor vive”.
La palabra hebrea utilizada es: go'eli (גֹּאֲלִי) “Mi Redentor”.

En la cultura hebrea, el go'el era el pariente cercano que defendía los derechos de la familia, rescataba propiedades perdidas y protegía a los vulnerables.

John Hartley explica que Job está declarando que tiene un Defensor celestial que un día reivindicará completamente su causa. (John E. Hartley. The Book of Job (Grand Rapids: Eerdmans, 1988), 293).

Observe algo maravilloso, Job dice: “Tengo un Redentor vivo.”

Su esperanza no está en una idea. Está en una Persona.

Ilustración: El niño acusado

Un niño fue acusado injustamente de romper una ventana en la escuela. Nadie creyó su versión. Todos lo señalaron. Todos lo juzgaron. Entonces, apareció una cámara de seguridad que mostraba lo ocurrido realmente. La evidencia habló por él.

Ahora imagine esto:

Job no tenía una cámara. No tenía testigos. Pero tenía algo mejor: Tenía un Redentor vivo.

Personaje bíblico: José

José fue vendido por sus hermanos. Fue acusado falsamente. Fue olvidado en prisión. Sin embargo, Dios nunca dejó de trabajar.

Mientras José no podía ver el plan de Dios, su Redentor seguía vivo y luchando por él.

Años después comprendió:
“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien” (Génesis 50:20).

Aunque no entiendas lo que ocurre, hay un Intercesor, un Redentor y un Salvador que está sosteniéndote.”
Su palabra afirma:
" No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor". Isaías 41:14.
"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones". Salmos 46:1.
"Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos". Hebreos 7:25.

“En todas las pruebas tenemos un Ayudador que nunca nos falta.” (MC, 164).

Pero tener un Redentor vivo significa algo más que compañía en el dolor. Significa que la injusticia nunca tendrá la última palabra.

II. MI CAUSA SERÁ VINDICADA

“Y al fin se levantará sobre el polvo”.

El verbo hebreo yaqum significa: “levantarse”, “ponerse de pie”, “intervenir”.

La imagen es la de alguien que comparece para defender una causa.

Andersen observa que Job espera una intervención final de Dios en favor de su inocencia. (Francis I. Andersen. Job: An Introduction and Commentary (Downers Grove: InterVarsity Press, 1976), 192).

El sufrimiento no era el final de la historia.
La tumba no era el final de la historia.
La injusticia tampoco era el final.
Solo Dios tiene la última palabra.

Ilustración: El tapiz visto por detrás

Una niña observaba a su abuela bordar. Desde abajo solamente veía nudos y enredos. Nada parecía tener sentido. Finalmente la abuela le pidió mirar el trabajo desde arriba.

Entonces apareció una hermosa figura.

La niña comprendió: Los hilos no estaban desordenados. Simplemente ella estaba mirando desde la perspectiva equivocada.

Muchas veces vemos nuestra vida desde abajo. Dios la ve desde arriba.

Personaje bíblico: Daniel

Daniel fue arrojado al foso.
Los enemigos parecían vencedores.
El rey parecía impotente.
La sentencia parecía definitiva.
Pero al amanecer Dios habló.
Y los que parecían triunfadores quedaron avergonzados.
Porque Dios siempre tiene la última palabra.

Querida juventud:

Elige bien tus batallas
Vivimos en una generación obsesionada con defenderse.
Responder comentarios.
Ganar discusiones.
Demostrar quién tiene razón.

Pero Job nos enseña algo extraordinario.
No todas las batallas necesitan que tú las ganes.
Algunas necesitan que Dios las gane.

David entendió esto cuando enfrentó a Goliat.

No peleó por orgullo.
No peleó por popularidad.
Peleó porque la causa pertenecía a Dios.

“No gastes tu vida defendiendo tu reputación cuando Dios está defendiendo tu destino.”
Textos de apoyo
Romanos 8:31
Éxodo 14:14
Salmo 37:5-6
Elena G. White


“Los que ponen su confianza en Dios no quedarán confundidos.” (PR, 120).

Sin embargo, la promesa de Job va aún más lejos. Dios no solamente resolverá su causa. Dios mismo será su recompensa.

III. VERÉ A DIOS CARA A CARA

“En mi carne he de ver a Dios... mis ojos lo verán”.

En la exégesis observamos una serie de expresiones personales:
“Yo veré”.
“Mis ojos”.
“No otro”.

Job enfatiza una experiencia directa. No será una fe prestada. No será una experiencia ajena. No será el testimonio de otra persona. Será una experiencia personal, su propio encuentro con Dios.

Tremper Longman señala que este pasaje expresa la esperanza suprema de comunión final con Dios más allá del sufrimiento presente. (Tremper Longman III, Job (Grand Rapids: Baker Academic, 2012), 236.

Ilustración: El regreso del padre

Un niño esperaba a su padre marinero.

Durante años observó barcos entrar al puerto. Escuchó historias sobre él. Vio fotografías. Conocía su voz por cartas.

Pero nada podía sustituir una cosa: Verlo personalmente.

El día que su padre regresó no necesitó fotografías. No necesitó explicaciones. Lo vio cara a cara.

Eso es lo que anhela Job.
No solamente alivio.
No solamente respuestas.
Sino a Dios mismo.

Personaje bíblico: María Magdalena

La mañana de la resurrección lloraba frente a la tumba. Entonces, escuchó una voz:
—“¡María!”
Y cuando reconoció a Cristo resucitado, el dolor fue transformado por la presencia.

La esperanza cristiana no consiste solamente en escapar del sufrimiento. Consiste en encontrarnos con Jesús. El cielo será cielo porque allí veremos a Jesús.

"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis". Juan 14:1-3.

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es". 1 Juan 3:2.
"Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes". Apocalipsis 22:4

“Los redimidos conocerán como fueron conocidos. El amor y la simpatía que Dios mismo implantó en el alma hallarán allí su ejercicio más verdadero y dulce.” (CS, 735).

CONCLUSIÓN

La lámpara en la tormenta

Un barco quedó atrapado en una terrible tormenta.
Las olas golpeaban con fuerza.
Los marineros ya no podían ver la costa.
Muchos pensaron que estaban perdidos.
Entonces apareció una luz lejana.
Era el faro.

La tormenta no terminó inmediatamente.
Pero la presencia de aquella luz cambió todo.
¿Por qué?
Porque ahora sabían hacia dónde dirigirse.

Job estaba en medio de la peor tormenta de su vida.
Sin embargo, vio tres luces brillando en la oscuridad:
Primera luz: Mi Redentor vive.
Segunda luz: Mi causa será vindicada.
Tercera luz: Veré a Dios cara a cara.

Esas tres certezas sostuvieron su alma.
Y pueden sostener la nuestra también.

LLAMADO

Permíteme preguntarte:
¿Qué tormenta estás enfrentando hoy?
¿Hay preguntas para las cuales todavía no tienes respuestas?
¿Te has sentido abandonado, incomprendido o herido?
¿Crees que Dios aún está trabajando aunque no lo veas?
¿Puedes decir junto con Job: “Yo sé que mi Redentor vive”?
¿Anhelas el día cuando tus ojos contemplen al Salvador?

Quizás hoy Dios no te está dando todas las respuestas.
Quizás te está dando algo mejor:
La seguridad de un Redentor vivo.

ORACIÓN FINAL

Padre amado:

Hay momentos en que nos sentimos como Job.
Momentos en que la enfermedad llega sin ser invitada.
Momentos en que las lágrimas parecen no terminar.
Momentos en que no entendemos Tus caminos.
Momentos en que nos preguntamos dónde estás.

Pero hoy levantamos nuestra mirada por encima de las cenizas y repetimos las palabras de Tu siervo: “Yo sé que mi Redentor vive.”

Gracias porque cuando los amigos fallan, Tú permaneces.
Gracias porque cuando las fuerzas se terminan, Tú sostienes.
Gracias porque cuando las respuestas no llegan, Tu presencia sigue siendo suficiente.

Señor, fortalece al que está cansado.
Consuela al que llora.
Sostén al que está pasando por una prueba difícil.
Recuerda al que siente que ha sido olvidado.

Y coloca en nuestro corazón la bendita esperanza de que un día veremos Tu rostro. Que podamos caminar por fe hasta ese glorioso encuentro. Y que cuando lleguemos al final de nuestra jornada podamos decir con absoluta certeza: “Cristo, mi Salvador, vive.”

En el nombre de Jesús, nuestro Salvador, Intercesor y Rey. Amén.

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