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La Curación de Naamán - Milagros y Bendiciones


2 Reyes 5:1-19

¿Alguna vez fue a una consulta médica y llevó el diagnóstico, el tratamiento y la receta al médico? ¿Cómo cree que el médico reaccionaría?

INTRODUCCIÓN

El estudio de hoy presenta una de las historias de la Biblia más curiosas e impresionantes, llena de emociones, idas y vueltas, con varios personajes formando el elenco de la historia, que también contiene
muchas lecciones para nosotros. El primero en aparecer es Naamán, que era un gran general de Siria, rico, casado, famoso y valeroso. El texto bíblico hasta dice que “por medio de él había dado Jehová salvación a Siria” (v. 1).
Pero Naamán era leproso y a pesar de todo su poder y victorias, fue derrotado por la enfermedad. Enseguida encontramos a la niña cautiva, que mantuvo su fe juvenil, y que llegó a ser una campeona del Dios de Israel para la salvación de Naamán y su familia. Después, aparecen los reyes de Siria y de Israel, que demostraron existencia y ausencia de fe; sorprendentemente ¡en este orden! Además de ellos, los siervos de Naamán, que se mostraron amigos y sabios, y finalmente, el profeta Eliseo, quien no se dejó impresionar por la grandeza de Naamán y le presentó al gran Dios de amor que tenía Israel.

I. BUEN TRATO AL "OPRESOR"

Conozcamos un poco más el transfondo de esta escena:
"Ben-adad, rey de Siria, había derrotado a los ejércitos de Israel en la batalla que resultó en la muerte de Acab. Desde entonces, los sirios habían sostenido con Israel una guerra constante en las fronteras; y en una de sus excursiones, se habían llevado a una niña, a la cual le tocó, en la tierra de su cautiverio, servir a la mujer de Naamán. Aunque esclava, y muy lejos de su hogar, esa niña fue uno de los testigos de Dios. Mientras servía en aquel hogar pagano, sintió lástima de su amo; y recordando los admirables milagros de curación realizados por intermedio de Eliseo, dijo a su señora: "Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra". Sabía que el poder del Cielo acompañaba a Eliseo, y creía que Naamán podría ser curado por dicho poder” (PR, 184).
Pensemos: La niña cautiva, arrancada a la fuerza de su hogar, tenía todas las razones para sentir amargura en el corazón. 
Muchas veces, las crisis pueden producir amargura en nuestro corazón. La niña no estaba donde quería estar, pero estaba donde Dios quería que estuviera. Y en lugar de dejarse llevar por el sufrimiento y la duda y sentir amargura en su corazón, ella ablandó el corazón de Naamán.

¿Alguna vez fue tratado injustamente, perjudicado y pensó que no debería estar viviendo así? Si mira hacia atrás, ¿puede ver la dirección de Dios en su vida? ¿ Está de acuerdo que no siempre estaremos donde queremos, pero podemos estar donde Dios quiere que estemos? ¿ Ha orado por el bien de sus enemigos?

II. CUANDO EL OPRIMIDO TIENE LA SALIDA

Es sorprendente que Naamán le creyó a la niña y convenció al rey de Siria que lo envíe a Israel para ser curado. Sin embargo, ocurrieron una serie de errores. 
Primero Naamán fue hasta el rey de Israel y no directamente al profeta, como la niña le había dicho (v. 6). Ella no le habló del rey, le habló del profeta. 
Segundo, el rey de Israel se desesperó y olvidó que había un hombre de Dios en su reino (v. 7). 
Tercero, Naamán fue hasta Eliseo con todo el itinerario listo, pero se irritó cuando Eliseo no actuó como él pensaba. Las indicaciones que el profeta de dio parecían demasiado sencillas.

Muchas veces colocamos nuestra confianza donde no debemos. El rey de Siria y Naamán mismo esperaban encontrar la curación con el rey de Israel, pero el rey estaba lejos de Dios. La niña señaló a Eliseo, y Naamán fue a ver al rey. El evangelio señala a Cristo. Entonces, cada vez que usted vaya a otro, quedará decepcionado. 

Permítame preguntarle: Aparentemente, ¿quién demostró más fe: el rey pagano de Siria al enviar a Naamán o el rey de Israel al recibirlo (v. 5)? 
¿Cuál es el peligro de depositar nuestra esperanza en la persona equivocada? Si alguien lo busca a usted para encontrar curación y aliento, ¿lo encontrará?

III. SUMISIÓN Y REDENCIÓN

Después de ir hasta Eliseo, que ni salió de su casa, Naamán se sintió nervioso y enojado. Parecía demasiado sencillo lo que el profeta le indicó. Naamán dijo: 
“He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra” (v. 11). 
Muchas personas como Naamán, se acercan a Dios con todo el plan listo. Quieren que el Señor atienda sus pedidos y satisfaga sus necesidades. Piden con fervor y fe, pero quieren que sea de la manera que ellas quieren, no de la manera de Él. La pompa de la comitiva de Naamán no impresionó a Eliseo.
Muchos miran a la iglesia, y cuando ven el río Jordán sucio y barroso, piensan que hay lugares mejores donde ir. 


La manera de Dios no siempre es la más sencilla, la más adecuada o la más fácil, ¡pero siempre es la mejor! ¡Dios sabe lo que usted necesita!


Me preguntó:
¿Qué hay de significativo en el contraste entre la llegada grandiosa de Naamán y la fría recepción de Eliseo? ¿Por qué siete veces?

CONCLUSIÓN

No siempre estamos donde queremos, pero si se lo permitimos, Dios siempre nos colocará donde él quiere. Y donde Dios nos coloca debemos tratar de mejorar la vida de otros. Es peligroso confiar en hombres o en la Iglesia. Recuerde que la Iglesia de Dios puede ser barrosa, pero es donde hay curación. Ningún hombre es tan poderoso que pueda vencer el pecado. No se acerque a Dios llevando la receta; confíe en laprescripción que él le da. No exija, ¡clame! No determine, ¡sométase!

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