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Renacidos por el Perdón - Renacidos

Texto bíblico: “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5). 

INTRODUCCIÓN 

El parapléjico tenía una fe firme de que la solución única y definitiva era Jesús. 

Contó con la ayuda de cuatro personas para poder descender en la casa donde estaba Jesús, porque cuando llegó, la multitud era tal que no había espacio para entrar. Al ser bajado frente a Jesús, causó sorpresa y expectativa por lo que sucedería. 
Antes que Jesús hablara de curación física (lo que el hombre creía era lo más importante), Jesús perdonó sus pecados. 
Había una inversión de valores respecto a lo que era más importante. 
Para el parapléjico lo más importante era volver a andar, para Jesús era la salvación, por eso Él abordó el asunto del perdón. 

En el caminar cristiano, perdonar es un requisito fundamental. 

El perdón del Señor, fruto de la muerte de Cristo en la cruz, nos dará derecho a la vida eterna, porque “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). 

La medida que usamos para perdonar a nuestro prójimo será la misma medida que Dios usará para perdonarnos. 
Jesús lo dejó claro al enseñar la oración modelo: “y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). 

C. S. Lewis dijo que es más fácil hablar sobre el perdón que perdonar. Es fácil hablar sobre el perdón hasta tener a alguien a quien perdonar. 
Amar a todos es fácil, el desafío es: amar, continuar amando y perdonar cuando nos hieren. 

El término “perdón” tiene en el griego la misma raíz que la palabra “gracia”: yo solo perdono por la gracia en mí. 
La misma raíz de la palabra “gracia” forma la palabra “gratitud”, por tanto, la gracia de Dios que entra en mi vida se expresa con gratitud y perdón. 

Perdonar es usar la misma gracia que Dios usó conmigo. 

I. LA DIFICULTAD EN PERDONAR 

¿Por qué es tan difícil perdonar? 

a. Si alguien necesita del perdón es porque no es merecedor en sí por el hecho de haber causado dolor. 
La inclinación del corazón es considerar que alguien que me hizo sufrir merece castigo y que yo no lo merezco. 
Así, el perdonar se vuelve una cuestión de ego. 
Debilitar el poder del “yo aún sin merecerlo, es el gran desafío del cristiano. 
Perdonar y negar el yo es tomar la cruz para seguir a Jesús. 

b. Hacemos de nosotros mismos un análisis sobrestimado, creyéndonos mejores de lo que realmente somos. 
Cuando soy víctima, el derecho es para mí y el castigo para el otro. 
Cuando soy yo quien falla, minimizo. Hasta uno puede justificarse pensando que tenía el derecho de hacer algo. 
Para el otro, castigo; para mí, perdón. 

c. Tenemos dificultades en aceptar que condenar a alguien le da el derecho a otros a condenarnos por alguna cosa equivocada que hicimos o haremos. 

II. RAZONES PARA EL PERDÓN 

a. Perdonar es parte de la naturaleza del pueblo de Dios. Es el ejercicio práctico de la fe manifestada en frutos para una vida en paz. 

b. Porque rehusarnos a perdonar traerá serios perjuicios a nuestra vida espiritual. 

• Quien no perdona no puede orar – Marcos 11:25; 1 Pedro 3:7.
• Quien no perdona no puede adorar – Mateo 5:23-24. 
• Quien no perdona no puede ser perdonado – Mateo 6:12. 
• Quien no perdona sufre – Santiago 5:16. 
• Quien no perdona es vencido por Satanás – Mateo 18:34; 2 Corintios 2:10. 

c. El plato preferido del diablo es la ausencia de perdón. Una generación que produce venganza, sin perdón, se va separando de la gracia y alimentando el mal. 
El odio alimentado contra el otro destruye a quien odia y no a quien es odiado. 

III. CARACTERÍSTICAS DEL PERDÓN 

a. El perdón debe ser ilimitado. 
El perdón de Dios es nuestro modelo y solamente será posible con la actuación de su gracia en nosotros. 
Pedro cierta vez preguntó a Jesús sobre cuántas veces era necesario perdonar a alguien. 
Incluso sugirió que hasta siete veces, lo que demostraría, según él, una gracia amplia. La respuesta de Jesús fue intrigante. Aunque sea matemática, no es para hacer la cuenta. Jesús le dijo que no solo siete veces, sino 70 veces la medida de la gracia sugerida. 
El perdón cristiano debe ser ilimitado, como el perdón que recibimos de Dios es ilimitado para quien se arrepiente y confiesa (Mateo 18:21). 

b. El perdón de Dios es nuestro referente. 
El profeta Oseas fue desafiado a perdonar a su esposa Gomer de la misma manera que el amor y el perdón de Dios estaban disponibles al pueblo de Israel. ¡Dios nunca desiste; al contrario, él insiste! 

c. El perdón es restaurador cuando se da. 
El perdón puede hasta ser unilateral, o sea, no solicitado por quien lo hirió. Perdonar es sacar la astilla de la pena del corazón y no permitir que situaciones negativas accedan a la vida como un todo. El perdón restaura los lazos rotos. El perdón no solo cancela las cuentas del pasado, sino que también restaura plenamente la relación en el presente. 

d. El perdón es trascendente. 
Solo el Señor puede capacitarnos para perdonar en la medida en que vivamos y entendamos que fuimos perdonados. Solo Jesús puede curar nuestro corazón de la pena. 

IV. TRAMPAS DEL PERDÓN 

a. Evite las disculpas y racionalizaciones. 
Veamos algunas de ellas: 

• Nadie es perfecto, errar es humano. 
Es justamente porque somos imperfectos que necesitamos pedir perdón.

• La ofensa fue tan pequeña. 
Los grandes problemas muchas veces se forman por pequeños problemas no resueltos.

• Ocurrió hace tanto tiempo. 
El tiempo no cura memorias amargas. Recuerde la historia de Jacob y Esaú. Después de 20 años aún no habían resuelto el problema.

• La otra persona estaba más equivocada que yo. 
El perdón se concentra en nuestro error, y no en el error del otro.

• La persona no me va a entender. 
La Biblia nos enseña que “la palabra blanda calma la ira”, por lo tanto en espíritu cristiano y con humildad pida perdón. Aunque la otra persona no lo perdone, usted cumplió con su parte.

• Involucra dinero que no tengo. 
El perdón involucra restitución. Haga un plan, negocie su deuda, pero restaure.

• La persona involucrada se mudó. 
Las redes sociales hicieron posible que seamos fácilmente encontrados. Intente encontrar a la persona.

• Voy a dejarlo para después. 
La procrastinación no es la solución, pues solo prolonga el sufrimiento.

• Confronte su problema y perdone. 
“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). 

b. Formas equivocadas de pedir perdón 

• Perdóneme por lo que sea. 
En la práctica, esta expresión significa: “no veo ningún problema, pero como usted es una persona celosa y rencorosa, resolví pedir perdón de lo que no hice”.

• Discúlpeme, fue sin querer. 
Si fue sin querer no necesita perdón, a menos que la otra persona haya sido lastimada.

• Si yo estaba equivocado, discúlpeme. 
Esta actitud no tiene convicción de pecado. Dice algo como: “Sé que no estoy equivocado. La duda es suya, no mía”. 

CONCLUSIÓN 

La gracia que cambió mi corazón va tomando todo lo que soy y me capacita a ser en Jesús, aquello que Dios quiere que sea. 
Pedir perdón no es señal de derrota o fracaso, sino de nobleza. 

ILUSTRACIÓN 
Cierta vez, un hombre fue atropellado y no recibió ayuda de la persona que lo atropelló. Entonces, las personas que pasaban por la calle corrieron a ayudarlo, y él gritaba: 

― ¡Por favor, no me lleven al hospital! ¡Por favor, no me lleven al hospital! 
― ¿Por qué no podemos llevarlo al hospital? ― le preguntaron sorprendidas. Y el hombre con voz suplicante respondió: 
― Soy parte de los empleados del hospital y sería muy vergonzoso que me vieran en este estado. Jamás estuve así, sucio y sangrando. Ellos siempre me ven limpio y sano. ¡Mírenme ahora! 
― Pero el hospital es para personas como usted. ¿No podemos llamar a la ambulancia? 
― No, no, por favor. Hice un curso de seguridad para los peatones y el instructor me criticaría por haber sido atropellado. 
― ¿Le incomoda lo que el instructor piensa? Necesita tratamiento. 
― Hay también otras razones― dijo el hombre― la encargada de admisión se enojaría, pues no anoté la matrícula del carro que me atropelló y estoy sin mis documentos. 
― ¿Pero cuál es la diferencia? 
― No, no. Ellos no admitirían a nadie sin su carnet de seguro. Por favor, déjenme aquí mismo, en la calle. Me las arreglaré. Yo fui culpable de haber sido atropellado. ¿Por qué las enfermeras habrían de ensuciar sus uniformes por mí culpa? Ellas sin duda me criticarían. 

Después de decir estas palabras, el hombre se arrastró hasta la calzada, mientras todos se quedaron mirando hacia él. 
Tal vez haya podido sobrevivir. Tal vez no. 
Esta es solo una parábola escrita por David Seamands que retrata muy bien la dificultad que tenemos de ver en Cristo y en la Iglesia el lugar de nuestra restauración y salvación. 

LLAMADO 

Quien conoce a Cristo no teme buscar los beneficios del perdón y de la gracia que Él ofrece. 

No se presenta con excusas, sino que abre el corazón reconociendo su verdadera condición desastrosa y busca en el Salvador su perdón.

Ve así como estás a los brazos del Señor para ser restaurado y pedirle la fuerza necesaria para restaurar lo que se rompió y entonces podrá volver a ser lo que un día fue.

Tal vez usted necesite perdonar, o tal vez, necesita sentir el perdón en su vida. Sea cual fuere la circunstancia, solo en Cristo podemos renacer por el perdón.

¿Qué tal oír de Jesús las benditas palabras: “Hijo, tus pecados están perdonados”?

¿Quiere aceptar su gracia y renacer a través de su perdón para ser un agente de Esperanza y perdón de la gracia ofrecida en la cruz?

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