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Erika F. Puni
Resumen: El pueblo de Dios hoy, haría bien en estudiar y orar mientras aplica las experiencias Bíblicas del pasado a su propia jornada ministerial.
"Hablad y obrad de acuerdo con vuestras oraciones. Significará para vosotros una infinita diferencia el que la prueba demuestre que vuestra fe es genuina, o revele que vuestras oraciones son sólo una forma". PVGM, 93.
Ana, en su necesidad por un niño, clamó al Señor y él recompensó su fe con el nacimiento de Samuel.
Elías en testimonio de su alianza y adoración, clamó al Señor y él por medio de fuego que cayó del cielo y consumió el sacrificio y todo lo que estaba alrededor del altar.
Daniel y sus amigos enfrentados con la realidad de la muerte buscaron sabiduría y liberación de Dios y él respondió sus oraciones incluso en una tierra extranjera.
Estos son algunos ejemplos del Antiguo Testamento que evidencian el poder y la provisión de Dios por medio de la oración.
También tenemos el ejemplo de Jesús:
"De las horas pasadas en comunión con Dios él volvía mañana tras mañana, para traer la luz del cielo a los hombres. Diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo. En las primeras horas del nuevo día, Dios lo despertaba de su sueño, y su alma y sus labios eran ungidos con gracia para que pudiese impartir a los demás. Sus palabras le eran dadas frescas de las cortes del cielo, para que las hablase en sazón al cansado y oprimido. El dice: “El Señor Jehová me dio lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado; despertará de mañana, despertaráme de mañana oído, para que oiga como los sabios" PVGM, 88.
La oración trabaja. Nos lleva de lo mundano y ordinario a la Presencia del Altísimo. Entonces ¿Cuál es el rol de la oración en la vida de la iglesia cristiana hoy?
Oración y Discipulado
La oración fue el fundamento espiritual en la vida del Israel del Antiguo Testamento y, ciertamente, fue la llave en el estilo de vida en los inicios de la iglesia con Cristo y los dice discípulos.
La oración fue el medio de comunicación de Cristo con el Padre durante el inicio de su ministerio y fue así que los diacípulos conocieron la dimensión espiritual de su vida.
"Los discípulos de Cristo estaban muy impresionados por sus ora- ciones y por su hábito de comunicación con Dios. Un día, tras una corta ausencia del lado de su Señor, lo encontraron absorto en una súplica. Al parecer inconsciente de su presencia, él siguió orando en voz alta. Los corazones de los discípulos quedaron profunda- mente conmovidos. Cuando terminó de orar, exclamaron: “Señor, enséñanos a orar”. (Lucas 11:1-13)" PVGM, 88.
Es significativo en el relato de Lucas sobre esta petición y la oración del Señor en Mateo 6:9-13 que son similares en el contexto donde Jesús de dirigía específicamente a sus discípulos; mientras el modelo de oración en Lucas 11 fue una respuesta directa a la necesidad de los discípulos, la misma oración en Mateo 6 está incluida como una ilustración de cómo orar en contraste con la manera que los hipócritas y paganos oraban. Sin duda alguna, la oración es un asunto del corazón.
En el sermón del monte, Jesús presenta la oraciones como vínculos de corazón a corazón con Dios, unidas a las situaciones de la vida. No se trata de rituales o hábitos o sobre quiénes miran o escuchan; la oración trata acerca de quiénes somos dentro de la relación con Dios, quien es como nuestro Padre.
"En respuesta repitió el Padrenuestro, como lo había dado en el Sermón de la Montaña. Y luego, en una parábola, ilustró la lección que deseaba enseñarles.
“¿Quién de vosotros—les dijo—tendrá un amigo, e irá a él a media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de camino, y no tengo qué ponerle delante; y el de dentro respondiendo dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte? Os digo, que aunque no se levante a darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester”.
Aquí Cristo presenta al postulante pidiendo para poder dar de nuevo. Debía obtener pan, o no podría suplir las necesidades del viajero que llegaba cansado, en tardías horas de la noche. Aunque su vecino no esté dispuesto a ser molestado, no desistirá de pedir; su amigo debe ser aliviado; y por fin su importunidad es recompensada; sus necesidades son suplidas.
De la misma manera, los discípulos habían de buscar las bendi- ciones de Dios. Mediante la alimentación de la multitud y el sermón sobre el pan del cielo, Cristo les había revelado la obra que harían como representantes suyos. Habían de dar el pan de vida a la gente. Aquel que había señalado su obra, vio cuán a menudo su fe sería probada. Con frecuencia se verían en situaciones inesperadas, y se darían cuenta de su humana insuficiencia. Las almas que estuvieran hambrientas del pan de vida vendrían a ellos, y ellos se sentirían destituidos y sin ayuda. Debían recibir alimento espiritual, o no tendrían nada para impartir. Pero no habían de permitir que ningún alma volviese sin ser alimentada. Cristo les dirige a la fuente de abastecimiento. El hombre cuyo amigo vino pidiéndole hospedaje, aun a la hora inoportuna de la medianoche, no lo hizo volver. No tenía nada para poner delante de él, pero se dirigió a uno que tenía alimento, y presentó con instancias su pedido, hasta que el vecino suplió su necesidad. Y Dios, que ha enviado a sus siervos a alimentar a los hambrientos, ¿no suplirá sus necesidades para su propia obra?" PVGM, 88, 89.
Cristo declara: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre”.
El Salvador continúa: “¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? o, si pescado, ¿en lugar de pescado le dará una serpiente? O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?
"La misma devoción, la misma abnegación, la misma suje- ción a las declaraciones de la Palabra de Dios que se manifestaron en Cristo, deben verse en sus siervos. Nuestra misión en el mundo no es servirnos o agradarnos a nosotros mismos. Hemos de glorificar a Dios cooperando con él para salvar a los pecadores. Debemos pedir bendiciones a Dios para poder comunicarlas a los demás. La capaci- dad de recibir es preservada únicamente impartiendo. No podemos continuar recibiendo tesoros celestiales sin comunicarlos a aquellos que nos rodean.
"Hay en la fe genuina un bienestar, una firmeza de principios y una invariabilidad de propósito que ni el tiempo ni las pruebas pueden debilitar. “Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen: mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuer- zas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.
Hay muchos que anhelan ayudar a otros, pero sienten que no tienen fuerza o luz espiritual que impartir. Presenten ellos sus peticiones ante el trono de la gracia. Rogad por el Espíritu Santo. Dios respalda cada promesa que ha hecho. Con vuestra Biblia en la mano, decid: Yo he hecho como tú has dicho. Presento tu promesa: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto”. PVGM, 94.
En la parábola, el postulante fue rechazado repetidas veces, pero no desistió de su propósito. Así nuestras oraciones no siempre parecen recibir una inmediata respuesta; pero Cristo enseña que no debemos dejar de orar". PVGM, 91.
La oración no es solo una cosa más en la larga lista de actividades salvíficas que sus seguidores practicaban diariamente, sino que es el corazón mismo de lo que significa ser discípulo en el mundo.
En esencia, la oración se presenta en ambos capítulos (Mateo 6 y Lucas 11) como parte integral de la vida y el ministerio de los seguidores de Cristo en ese entonces y también ahora.
Oración y Curación
Otro importante aspecto de la oración en la Biblia y el ministerio de la iglesia primitiva fue el énfasis de orar por los enfermos.
"El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir”. El vivió, pensó y oró, no para sí mismo, sino para los demás". PVGM, 88.
"Nuestras oraciones no han de consistir en peticiones egoístas, meramente para nuestro propio beneficio. Hemos de pedir para poder dar". PVGM, 90.
Cuando el hijo del anfitrión de Elías quien le proveyó comida y refugio, cayó enfermo, el profeta oró a Dios por sanidad y Dios restauró la vida del niño. (1 Reyes 17:17-22)
Debemos perseverar en oración y cumplir sus condiciones:
"La oración no tiene por objeto obrar algún cambio en Dios, sino ponernos en armonía con Dios. Cuando le pedimos algo, tal vez vea que necesitamos investigar nuestros cora- zones y arrepentirnos del pecado. Por lo tanto, nos hace pasar por una prueba, nos hace pasar por la humillación, a fin de que veamos lo que impide la obra de su Santo Espíritu por medio de nosotros". PVGM, 91.
"El cumplimiento de las promesas de Dios es condicional, y la oración no ocupará nunca el lugar del deber. “Si me amáis—dice Cristo—, guardad mis mandamientos”. “El que tiene mis manda- mientos, y los guarda, aquel es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.4 Aque- llos que presentan sus peticiones ante Dios, invocando su promesa, mientras no cumplen con las condiciones, insultan a Jehová. Invocan el nombre de Cristo como su autoridad para el cumplimiento de la promesa, pero no hacen las cosas que demostrarían fe en Cristo y amor por él.
Muchos no están cumpliendo las condiciones de aceptación por el Padre. Necesitamos examinar detenidamente las disposiciones que se han hecho para aproximarnos a Dios. Si somos desobedientes, traemos al Señor un pagaré para que él lo haga efectivo cuando no hemos cumplido las condiciones que lo harían pagadero a nosotros. Presentamos a Dios sus promesas y le pedimos que las cumpla, cuando, al hacerlo, él deshonraría su propio nombre.
La promesa es: “Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho". PVGM, 91.
Debemos buscar la reconciliación:
"Uno de los últimos mandamientos que Cristo diera a sus discípulos fue: “Que os améis los unos a los otros: como os he amado”. ¿Estamos obedeciendo este mandato, o estamos condescendiendo con rasgos de carácter hirientes y no cristianos? Si de alguna forma hemos agraviado o herido a otros, es nuestro deber confesar nuestra falta y buscar la reconciliación. Esta es una condición esencial para que podamos presentarnos a Dios con fe y pedir su bendición". PVGM, 92.
Debemos honrar nuestro compromiso con Dios:
"Hay otro asunto demasiado a menudo descuidado por los que buscan al Señor en oración. ¿Habéis sido honrados con Dios? El Señor declara mediante el profeta Malaquías: “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Tornaos a mí, y yo me tornaré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de tornar? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias”.
Como dador de todas las bendiciones, Dios reclama una porción determinada de todo lo que poseemos. Esta es la provisión que él ha hecho para sostener la predicación del Evangelio. Y debemos de- mostrar nuestro aprecio por sus dones devolviendo esto a Dios. Pero si retenemos lo que le pertenece a él, ¿cómo podemos pretender sus bendiciones? Si somos mayordomos infieles en las cosas terrenales, ¿cómo podemos esperar que él nos confíe las celestiales? Puede ser que aquí se encuentre el secreto de la oración no contestada" PVGM, 92.
"Todos sus dones son prometidos a condición de la obediencia. Dios tiene un cielo lleno de bendiciones para los que cooperen con él. Todos los que le obedezcan pueden con confianza reclamar el cumplimiento de sus promesas". PVGM, 92.
Este ejemplo de Elías, como un hombre de Oración, no se perdió de vista para el apóstol Santiago quien escribió a la comunidad de cristianos dispersos, recordándoles del ministerio de oración por los enfermos.
"¿Está alguno enfermo entre vosotros? Debe llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. Y la oración ofrecida con fe sanará al enfermo. El Señor lo levantará; si hubiere pecado, él le perdonará" Santiago 5:14-15.
La oración para Santiago, no estaba limitada solo al reino de la adoración o el testimonio; sino que incluía el área de la salud mental y espiritual.
La oración abre oportunidades para que los cristianos oren e intercedan por otros que están dentro de la comunidad de la fe y fuera de la iglesia ¡La oración funciona!
La oración y la iglesia de hoy
Dado el prominente lugar de la oración en la vida del pueblo de Dios en los tiempos bíblicos, me han llevado a creer que nosotros, la iglesia, el pueblo de Dios de hoy haría bien en estudiar y aplicar estas experiencias del pasado a nuestro propio viaje ministerial.
"Para fortalecer nuestra confianza en Dios, Cristo nos enseña a dirigirnos a él con un nuevo nombre, un nombre entretejido con las asociaciones más caras del corazón humano. Nos concede el privilegio de llamar al Dios infinito nuestro Padre. Este nombre, pronunciado cuando le hablamos a él y cuando hablamos de él, es una señal de nuestro amor y confianza hacia él, y una prenda de la forma en que él nos considera y se relaciona con nosotros. Pronunciado cuando pedimos un favor o una bendición, es una música en sus oídos. A fin de que no consideráramos una presunción el llamarlo por este nombre, lo repitió en renovadas ocasiones. El desea que lleguemos a familiarizarnos con este apelativo.
Dios nos considera sus hijos. Nos ha redimido del mundo aban- donado, y nos ha escogido para que lleguemos a ser miembros de la familia real, hijos e hijas del Rey del cielo. Nos invita a confiar en él con una confianza más profunda y más fuerte que aquella que un hijo deposita en un padre terrenal. Los padres aman a sus hijos, pero el amor de Dios es más grande, más amplio, más profundo de lo que al amor humano le es posible ser. Es inconmensurable. Luego, si los padres terrenales saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más nuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?" PVGM, 90.
Las lecciones de Cristo con respecto a la oración deben ser cuidadosamente consideradas. Hay una ciencia divina en la oración, y la ilustración de Cristo presenta un principio que todos necesitamos comprender. Demuestra lo que es el verdadero espíritu de oración, enseña la necesidad de la perseverancia al presentar a Dios nuestras peticiones, y nos asegura que él está dispuesto a escucharnos y a contestar la oración.
Podemos abrazar el espíritu y la pasión por la oración basada en los principios bíblicos contenidos en las Escrituras.
"Dios no dice: Pedid una vez y recibiréis. El nos ordena que pidamos. Persistid incansablemente en la oración. El pedir con persistencia hace más ferviente la actitud del postulante, y le imparte un deseo mayor de recibir las cosas que pide. Cristo le dijo a Marta junto a la tumba de Lázaro: “Si creyeres, verás la gloria de Dios”.
Pero muchos no tienen una fe viva. Esta es la razón por la cual no ven más del poder de Dios. Su debilidad es el resultado de su incredulidad. Tienen más fe en su propio obrar que en el obrar de Dios en favor de ellos. Ellos se encargan de cuidarse a sí mismos. Hacen planes y proyectos, pero oran poco, y tienen poca confianza verdadera en Dios. Piensan que tienen fe, pero es sólo el impulso del momento. Dejan de comprender su propia necesidad, y lo dispuesto que está Dios a dar; no perseveran en mantener sus pedidos ante el Señor". PVGM, 93.
Debemos orar, principalmente cuando servimos al Señor:
"Cuando se suscitan perplejidades y surgen dificultades, no bus- quéis ayuda en la humanidad. Confiadlo todo a Dios. La práctica de hablar de nuestras dificultades a otros, únicamente nos debilita, y no les reporta a los demás ninguna fuerza. Ello hace que la carga de nuestras flaquezas espirituales descanse sobre ellos, y éstas son cosas que ellos no pueden aliviar. Buscamos la fuerza del hombre errante y finito, cuando podríamos tener la fuerza del Dios infalible e infinito.
No necesitáis ir hasta los confines de la tierra para buscar sabi- duría, pues Dios está cerca. No son las capacidades que poseéis hoy, o las que tendréis en lo futuro, las que os darán éxito. Es lo que el Señor puede hacer por vosotros. Necesitamos tener una confianza mucho menor en lo que el hombre puede hacer, y una confianza mucho mayor en lo que Dios puede hacer por cada alma que cree. El anhela que extendáis hacia él la mano de la fe. Anhela que esperéis grandes cosas de él. Anhela daros inteligencia así en las cosas mate- riales como en las espirituales. El puede aguzar el intelecto. Puede impartir tacto y habilidad. Emplead vuestros talentos en el trabajo; pedid a Dios sabiduría, y os será dada". PVGM, 94.
"Haced de la Palabra de Cristo vuestra seguridad. ¿No os ha invitado a ir a él? Nunca os permitáis hablar de una manera descorazonada y desesperada. Si lo hacéis perderéis mucho. Mirando las apariencias, y quejándoos cuando vienen las dificultades y premuras, revelaréis una fe enferma y débil. Hablad y obrad como si vuestra fe fuera invencible. El Señor es rico en recursos: el mundo le pertenece. Mirad al cielo con fe. Mirad a Aquel que posee luz, poder y eficiencia". PVGM, 94.
"No solamente debemos orar en el nombre de Cristo, sino por la inspiración del Espíritu Santo. Esto explica lo que significa el pasaje que dice que “el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles”. Dios se deleita en contestar tal oración. Cuando con fervor e intensidad expresamos una oración en el nombre de Cristo, hay en esa misma intensidad una prenda de Dios que nos asegura que él está por contestar nuestra oración “mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”.
Cristo dijo: “Todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. “Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. Y el amado Juan, por la inspiración del Espíritu Santo, dice con gran claridad y certeza: “Si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquier cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado”. Presentad, pues, vuestra petición ante el Padre en el nombre de Jesús. Dios honrará tal nombre". PVGM, 95.
"Todo el que pida recibirá. A todo el que llame se le abrirá. No se presentará la excusa: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada; no quiero abrirla. A nadie se le dirá jamás: No puedo ayudarte. Aquellos que pidan pan a media noche para alimentar a las almas hambrientas, tendrán éxito.
En la parábola aquel que pedía para el forastero recibió todo lo que había menester. ¿Y en qué medida nos concederá Dios a fin de que podamos impartir a los demás? “Conforme a la medida del don de Cristo”.18 Los ángeles observan con intenso interés para ver cómo trata el hombre a sus semejantes. Cuando ven que alguien manifiesta la simpatía de Cristo por el errante, se apresuran a ir a su lado, y traen a su memoria las palabras que debe hablar y que serán como pan de vida para el alma. Así “Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.19 El hará que vuestro testimonio, con su sinceridad y su verdad, sea poderoso con el poder de la vida venidera. La Palabra del Señor será en vuestros labios cual verdad y justicia". PVGM, 95.
Entonces ¿Cuáles son esos principios que nosotros podemos incluir en nuestro plan de oración para la iglesia en este siglo XXI?
1. Líderes de iglesia deben ser ejemplos de oración en sus propias vidas y ministerio como Jesús y los apóstoles hicieron por sus seguidores aquel tiempo.
2. Incorporar la oración dentro de la fábrica de vida eclesiástica como un componente llave de cada ministerio y actividad de la congregación local.
3. Proveer oportunidades para personas quienes vean la oración como su don espiritual y organizarlos como un ministerio de oración en la iglesia.
4. Hacer que la oración llegue a ser una experiencia natural para los miembros de iglesia quienes son hoy discípulos modernos de Jesucristo.
5. Enseñe la oración como un valor cristiano y un tema de estilo de vida para los creyentes centrándose en la relación del corazón con Dios y no simplemente en las formas de oración.
Mi esperanza es que todos nosotros quienes estamos involucrados en el ministerio para la iglesia hagamos todos los esfuerzos para unirnos y mantenernos conectados a Dios como fieles mayordomos de Cristo en nuestra adoración y testimonio para Él diariamente.
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