INTRODUCCIÓN
¿Usted tiene hermanos? ¿Sí? ¿No?
¿Qué tal si aquí descubrimos quién entre nosotros tiene más hermanos?
Levante la mano quien tiene un hermano. ¿Quién tiene dos? ¿Quién tiene tres? ¿Cuántos aquí tienen cinco hermanos? ¡Qué bueno!
¡Una vez conocí a una familia donde había once hermanos! ¡Un equipo de fútbol completo! Por casualidad, ¿alguien aquí hoy tiene once hermanos o más?
Déjenme hacer otra pregunta: aquellos que no tienen hermanos, si pudiesen, ¿les gustaría tener uno?
Tener hermanos es algo fantástico. Es verdad que a veces se producen algunas peleas. El mismo brazo que abraza de vez en cuando es usado para intentar estrangular al hermano. El abrazo se convierte en una llave de brazo. De vez en cuando hay celos también; “¡Ah, mi madre lo prefiere a él antes que a mí!”. ¡Hay hermanos que se ayudan! Hay hermanos que sólo hacen mal uno al otro. El hecho es que la gente siempre aprende con los hermanos, sea por el ejemplo, sea por el contraste. ¡La Biblia cuenta la historia de dos hermanos que vivían entre bofetadas y besos!
Como en casi todas las familias, un momento estaban bien, al otro estaban peleando y casi siempre estaban disputando. Todo comenzó muy temprano, en su nacimiento. Ellos eran gemelos. Nacieron agarraditos. Uno tomado del calcañar del otro. Pero a pesar de ser gemelos eran muy diferentes. Mientras que uno nació peludo, ¡el otro nació pelado! ¿De quién estamos hablando? Exactamente: ¡Jacob y Esaú! ¡Protagonista y actor secundario!
A pesar de ser el más grande, Esaú siempre quedó en segundo plano. Es verdad que era el primogénito y el preferido de papá, ¡pero por causa de sus elecciones dejó de ser el protagonista para ser un mero espectador!
Vamos a leer Génesis 25:24-34
“Cuando llegó el momento del parto, resultó que había mellizos en su vientre. Salió primero uno, pelirrojo y todo él velludo como un manto peludo; así que lo llamaron Esaú. Detrás salió su hermano, agarrado con una mano al talón de Esaú. A este lo llamaron Jacob. Cuando nacieron, Isaac tenía sesenta años. Los niños crecieron y Esaú se convirtió en un diestro cazador, que prefería vivir en el campo, mientras que Jacob era un hombre tranquilo, apegado a la vida sedentaria. Isaac tenía preferencia por Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba, mientras que Rebeca se inclinaba por Jacob. Cierto día, Jacob estaba guisando un potaje, cuando Esaú llegó muy cansado del 22 en busca de esperanza campo, y le dijo: —¡Tengo hambre, dame de comer de ese guiso rojo! (Por eso a Esaú también se le conoce como Edom). Jacob respondió: —Sólo si me vendes ahora mismo tus derechos de primogenitura. Esaú dijo: —Estoy que me muero de hambre. ¿Qué me importan a mí los derechos de primogenitura? Jacob insistió: —Júramelo antes. Esaú se lo juró, y de ese modo le vendió a Jacob sus derechos de primogénito. Entonces Jacob sirvió a Esaú pan y el potaje de lentejas. Esaú comió, bebió, se levantó y se fue. Así fue como Esaú malvendió sus derechos de primogénito”.
No sé si usted ya hizo alguna negociación o intercambio en su vida en la cual salió perdiendo. Ya vi gente que intercambió un Volkswagen por una bicicleta, una televisión por una heladera, una notebook por un skate. Además, hay algunas negociaciones que de tan extrañas, ni vale la pena saber quién fue el perjudicado. A veces la gente gana y a veces la gente pierde. Pero en el caso de esos dos hermanos, Esaú definitivamente salió perdiendo, porque cambió parte de su herencia por un plato de “macarrón instantáneo” (maruchán); en la Biblia dice lenteja, pero usted entendió la idea. Esaú cambió los beneficios duraderos de su derecho de primogenitura por el placer inmediato de algo rápida y pasajero.
Esta elección hizo que él dejase de ser el protagonista para volverse un mero actor secundario. Hasta entonces el foco de la historia estaba en él. Él era el personaje destacado. En la región de Canaán él era bien conocido, un joven con presencia. Arquero habilidoso, excelente cazador, personalidad fuerte. Tenía todo para ser la estrella de la película, pero renunció a todo por un beneficio pasajero.
Me resulta curioso que en la Biblia aparece 18 veces la expresión “Abraham, Isaac y Jacob”, ¡pero el nombre que debía constar allí era el de ESAÚ! Al hijo mayor le cabían los derechos de primogenitura, el hermano mayor era consagrado (Éxodo 13:2), tenía derecho al doble de la herencia (Deuteronomio 21:17), recibía la autoridad del padre y ejercía supremacía sobre los hermanos (Génesis 27:29, 40; 49:8). En el caso de Esaú, que era nieto de Abraham, de regalo todavía iría el privilegio de ser del linaje del Mesías. Era para ser Abraham, Isaac y Esaú, pero...
I. Las decisiones inconsecuentes tienen consecuencias
La historia de Esaú nos muestra que los errores y los pecados, a veces, tienen consecuencias duraderas. Aun el arrepentimiento y el perdón no eliminan tales consecuencias. ¿Ya se detuvo a pensar que a veces usted puede tomar decisiones en base a lo que usted quiere ahora, en vez de pensar en lo que usted necesita a lo largo del camino?
Al decidir, evalúe los efectos de largo alcance de sus elecciones y acciones. Cuando vemos algo que queremos, nuestro primer impulso es hacer de todo para conseguirlo. Al principio, cuando alcanzamos lo que queríamos, nos sentimos intensamente satisfechos y a veces hasta poderosos. Pero el placer inmediato muchas veces pierde de vista el futuro. Somos desafiados a evitar el error de Esaú.
Él exageró su hambre: “Estoy que me muero de hambre”, para justificar su falta de interés en las cuestiones espirituales, al final, más que beneficios financieros, la primogenitura tenía que ver con bendiciones espirituales.
Este pensamiento inmediatista hizo que su elección fuese mucho más fácil de tomar. Si él estaba muriendo de hambre, ¿de qué le serviría una herencia o el derecho a la primogenitura futura?
La presión del momento distorsionó su visión y la capacidad de juicio. Pero es muy fácil señalar los errores de los otros sin detenerse a pensar que muchas veces estamos cometiendo el mismo error, ¡por no decir errores peores! Imagino que aquel plato preparado por Jacob estaba bien sabroso, fragante, con apariencia bonita, pero conozco jóvenes que han cambiado los beneficios de la salvación por algunos platos que ni por lejos se clasificarían al Master Chef o serían elegidos como plato del día.
II. Macarrón instantáneo espiritual
El macarrón instantáneo es un alimento práctico y sabroso. Conocido como Maruchan por su marca comercial, es el tipo de comida que parece todo bueno: la preparación es rápida y sencilla, lleva apenas 3 minutos para quedar listo después que el agua hirvió, el precio es razonablemente barato, por eso es el plato más común entre estudiantes y solteros, el sabor es delicioso, ¡y con algunos ingredientes agregados usted puede transformar su plato en un Miojo gourmet! Tal vez por eso haya sido elegido como la invención del siglo XX en Japón. Y por lo que parece, es querido no solo en oriente.
En el mundo entero se consumen aproximadamente 95 mil millones de unidades cada año. ¡Es mucho! El gran problema es: ¿cómo convencer a una generación que busca resultados instantáneos de que espere algo mejor? ¿Cómo lidiar con la generación Miojo que no sabe esperar?
Vivimos en una época donde todo debe ser rápido, el resultado tiene que ser inmediato, la solución instantánea, a final de cuentas, el tiempo es oro. Llegamos a un punto que la misma comida rápida parece ser demorado. ¿Ya vio personas en la fila de McDonald’s incomodados por la demora? El tiempo para que las palomitas de maíz de microondas queden listas parece una eternidad para algunos. Y los tres minutos de preparación de Maruchan parecen ser interminables para otros. El gran problema es que la prisa no siempre permite las mejores decisiones.
Ahora usted sabe que toda elección tiene un precio. En algunas decisiones el costo se cobra al contado, en otras en cuotas. En el caso del Miojo, no es preciso buscar mucho para descubrir que es un alimento con altos tenores de grasas saturadas y carga glicémica, lo que puede aumentar el riesgo de alteraciones metabólicas ligadas a enfermedades cardíacas y accidente vascular cerebral, entre otros problemas de salud. No quiere decir que usted va a morir si come Miojo. Nunca fui a un velorio, “¡Tan joven y murió por comer Miojo!”. Pero el hecho es que a pesar de la práctica, la elección bajo una visión más amplia no es la mejor, ¡ni la más sana!
Pasa así también es con la vida espiritual. Cuidado con las soluciones rápidas y baratas que se encuentran por ahí, que no alimentan de verdad. No proveen los nutrientes y la fuerza necesaria y todavía destruyen la salud espiritual. Tome decisiones que sean buenas a corto y a largo plazo. No siempre el sabor será el más agradable o la preparación la más simple. ¡Pero con seguridad el resultado será el mejor!
III. Beneficios a corto y a largo plazo
Esaú despreció su primogenitura porque no tenía paciencia para esperar los beneficios que la misma le traería. Hoy en día muchos jóvenes desprecian la salvación afirmando: “No quiero ser feliz en el Cielo cuando Jesús vuelva, ¡quiero ser feliz hoy! ¡Quiero ser feliz ahora!”
Déjeme decirle una cosa. La Biblia no promete solo beneficios en el futuro. La Biblia nos presenta resultados favorables en el presente también. Pero quien no es capaz de entender eso, acaba intercambiando su primogenitura por un plato de lentejas, por un plato de Maruchan, por un plato de cualquier cosa que puede dar satisfacción pasajera, ¡pero que en verdad no satisface nuestras necesidades verdaderas y más importantes! ¿Pero cuáles son los beneficios de la salvación?
- Recibimos perdón de nuestros pecados. “Para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:18; ver también 1 Juan 1:9).
- Somos liberados de la condenación eterna. Si por un lado, “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), aquellos que aceptan a Jesús no necesitan preocuparse por eso: “Ahora ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús” (Romanos 8:1, DHH).
- Pasamos a tener paz con Dios. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
- Recibimos el amor de Dios. “Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5, BLA).
- Tenemos la seguridad de ser hijos de Dios. “Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios” (Juan 1:12-13).
- Pasamos a tener derecho a una herencia valiosa. “Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria” (Romanos 8:17, NBD).
- Pasamos a tener un nuevo futuro. “Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo” (2 Corintios 5:17, DHH).
- Recibimos un nuevo corazón. “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne” (Ezequiel 11:19).
- Recibimos el Espíritu Santo. “Pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:27, RVR 95).
- Y tenemos nuestra esperanza y fuerzas renovadas. “Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día” (2 Corintios 4:16, NTV).
CONCLUSIÓN
No sé si usted se dio cuenta, pero la mayoría de estos beneficios puede disfrutarse inmediatamente. Entonces, ¿va a valorar su herencia eterna o la cambiará por un plato de Maruchán?
Omar Jayam era un matemático, astrónomo y poeta persa que sabía bastante de las palabras y su precisión. Él aconsejaba así: "Si quieres escucharme te daré un consejo: por el amor de Dios, no vistas la ropa de la hipocresía. La vida futura es lo eterno, este mundo solo un instante. No vendas el reino de la eternidad por un segundo".
Hoy usted debe definir ante el universo si va a ser un protagonista o un mero espectador. ¡Si valorizará su herencia o la despreciará en cambio por cosas pasajeras!
El Dios de Abraham, Isaac y Jacob puede ser su Dios también, pero para eso usted debe ser diferente de Esaú; de lo contrario, ¡usted corre un serio riesgo de que su historia sea narrada de una forma nada buena!
LLAMADO
Elija con sabiduría. Si usted desea disfrutar de beneficios extraordinarios hoy y una herencia todavía mejor en el futuro, usted sólo tiene una opción. Elija lo mejor. Elija lo que perdura. ¡Elija a Jesús!
Comentarios
Publicar un comentario