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El fruto del Espíritu es amor - Los frutos del Espíritu

INTRODUCCION

En esta semana estudiamos los frutos del Espíritu Santo. Y deseamos dejar para hoy la consideración del primer fruto: El AMOR (Gálatas 5:22)

La Biblia declara que hay una diferencia entre el cristiano que ha nacido de nuevo y quien no lo ha hecho.

Juan 3:6 nos dice: “Lo que es nacido de la carne, carne es y lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es”.

Este pasaje encierra una gran verdad, el cristiano que ha nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo, no puede seguir viviendo o actuando como en su vida anterior. Algo diferente debe verse en la vida del nuevo creyente. El fruto del Espíritu es una transformación del ser.

Hemos dejado este fruto al final para constatarlo como la base en la práctica de los demás.

¿Qué es el amor?

Las palabras griegas para referirse al amor de Dios son: Ágape o agapao. Es un amor que se manifiesta amando a su Hijo (Juan 17:21), amando a sus hijos (Juan 14:21) y amando al mundo (Juan 3:16)

La Biblia no dice que Dios tiene amor, dice que Dios es amor. El amor es la expresión máxima del carácter de Dios. Si podemos decirlo de una manera humana, el amor, es la virtud que más distingue a Dios.

La Biblia también nos dice que Dios derrama esa clase de amor en nuestros corazones (Romanos 5:5). Y no se refiere sólo a un amor sentimental, ocasional, y que depende de circunstancias, sino un amor que es permanente, incluyente e incondicional.

Cuando el Espíritu Santo ha producido ese amor en nuestras vidas se revelará de la siguiente forma:

1. Amaremos a Dios (Deuteronomio 6:5; Marcos 12:30). Lo haremos con todo nuestro ser. 

O sea, amaremos a Dios, nos traten bien en la iglesia o nos traten mal, nos vaya bien o nos vaya mal en la vida. Esta clase de amor es leal y por lo tanto, permanente.

2. Amaremos también a nuestros semejantes (Marcos 12:31).

A Jesús le preguntaron ¿quién es mi prójimo? 

El relato del Buen Samaritano (Lucas 10:29) nos enseña que nadie queda excluido de nuestra lista para amar. En el Deseado de Todas las Gentes se amplía este concepto de la siguiente manera: “Nuestro prójimo es toda persona que necesita ayuda. Nuestro prójimo es toda alma que está herida y magullada por el adversario. Nuestro prójimo es todo aquél que pertenece a Cristo.” DTG, 464.

- Conviene comenzar a preguntarnos: ¿en nuestra lista de prójimos para amar no estaremos olvidando a alguna persona necesitada?

- ¿Será que como el sacerdote o el levita tengamos nuestras “buenas razones” (pretextos, excusas o justificaciones) para dejar a alguien fuera de nuestra lista?

- ¿Podrá ser que en casa, o sea, en mi familia, alguien esté emocionalmente herido, y se queje de abandono o de incomprensión?

- ¿Será que alguien en mi familia necesite que yo actúe como el buen samaritano y vende sus heridas?

- ¿Habrá alguien en casa que está lastimado, sangrando, quejándose de algún tipo de dolor o moribundo de amor, de afecto, o de ternura? Recordemos que la religión es práctica, si sólo es teoría, es como la sal que ya no sirve para nada.

3. Amaremos también a nuestro enemigo (Mateo 5:43, 44).

¿Quién podría ser nuestro enemigo? 

El diccionario define la palabra enemigo como: adversario, contrario, rival u oponente. Es uno que pelea contigo, que te desafía. Uno que te odia, te calumnia y maltrata, alguien que te irrita.

- ¿Será que en casa o en la iglesia tratamos a alguien como si fuera nuestro enemigo?

- ¿Será que un miembro de mi familia o de mi iglesia me mira como su enemigo? 

- ¿Qué actitud debe tener el cristiano nacido de nuevo hacia su enemigo?

- ¿Debo vengarme? 

- ¿Debo desquitarme?

- ¿Tomar represalias?

Leamos estos textos (1 Pedro 3:9; Proverbios 25:2)

Quizá el orar, no cambie el corazón o la actitud de mi enemigo, pero de seguro va a cambiar mi actitud hacia él o ella.

El poema más hermoso sobre el amor de 1 de Corintios 13, nos dice que el amor no es una emoción arrebatada y transitoria, nos dice por el contrario que el amor es activo. 

Qué si hace el amor

El amor nos hace personas buenas

Pacientes nos ayuda a soportar el sufrimiento cuando alguien nos ha lastimado

El amor es permanente (nunca deja de ser).

El amor no se acaba. No caduca, no tiene final.

Pregúntese, ¿Cómo sería mi familia o mi iglesia con ese tipo de amor de mi parte?

¿Cómo puedo por la gracia de Dios ser o tener más amor?

Qué no hace el amor:

No tiene envidia
La envidia tiene que ver con celos, resentimiento, rencor, rabia y disgusto.

No es jactancioso
La jactancia tiene que ver con una actitud arrogante, con ser petulante, con creer ser autosuficiente y no necesitar de nadie. El jactancioso tiende a ser una persona engreída, fanfarrona, presumida. Es lo contrario a una persona humilde y modesta.

No busca lo suyo

No es una persona acaparadora y codiciosa. Quien busca lo suyo es una persona ambiciosa, avara, que sólo piensa en sí mismo. Es lo contrario a un corazón abnegado y altruista.

No se irrita con facilidad

 No es una persona iracunda, que se enoja fácilmente, no es gruñón e irascible, por el contrario es una persona pacífica y paciente.

No guarda rencor

No es una persona vengativa o resentida que lleva en cuenta todas las ofensas. No es una persona malintencionada que guarda encono y actúa con animadversión. Por el contario, es caritativo e indulgente con los errores de las personas.

No actúa con injusticia
No es una persona que comete atropellos ni abusos o que actúa con inequidad. Tampoco es arbitrario, por el contario actúa con imparcialidad tratando a todos justamente.

¿Algunas de las características del verdadero amor nos son más difíciles de manifestar? No nos desanimemos, recordemos que ese fruto, no lo producimos nosotros sino el Espíritu Santo. El Espíritu puede ayudarnos a ser más amoroso, paciente, y misericordioso.

Recuerde. “El amor no puede durar mucho si no se le da expresión” (HC, 92).

Conclusión

Querido hermano/a, las personas puedes discutir y contradecir nuestras doctrinas, nuestra fe, pero nunca podrán contradecir a un cristiano que ama de esta manera.

Este fruto será la base sólida que necesitamos para practicar los demás.

Si venimos a Jesús de todo corazón, él puede bendecir a nuestra familia y a nuestra iglesia con esta clase de amor.

Al venir a Jesús, Él nos enseñará una nueva forma de amar. Por su gracia podemos ser más (pacientes bondadosos, etc.)

Todos estos frutos que hemos estudiado esta semana son las virtudes que el cielo quiere desarrollar en nosotros como ciudadanos del nuevo reino. Estos frutos los produce el Espíritu Santo. Son necesarios en la vida de cada creyente porque por medio de su práctica el nombre de Dios es glorificado. 

Decisión

Tomemos la decisión de renovar nuestro amor a Dios. (Deuteronomio 6:5)

Decidir también amar a nuestros (esposa, esposo, hijos, etc.) con esa clase de amor que Dios derrama en los corazones de quienes se lo solicitan. (Romanos 5:5; Marcos 12:31)

Que nuestro amor se revele o muestre en acciones cotidianas hacia los miembros de nuestra iglesia y comunidad.

Practicar, basados en el AMOR, cada fruto del Espíritu.

Convertir, con la ayuda de Dios, nuestro hogar en un pedacito de cielo.

Seamos bendecidos por nuestro Dios en este peregrinar, mientras avanzamos en las virtudes del cristiano. 

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