Uno nunca sabe cómo pueden sus acciones, especialmente si es un creyente, afectar a los demás.
I. POR TESTIMONIO
Lee la Gran Comisión en Mateo 28:18-20. Toma nota de los diferentes mensajes de Jesús cuando usa las palabras «toda», «todas», «todo», «todos».
Jesús nos ordenó compartir su mensaje con el mundo: «Vayan y hagan discípulos». La misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es hacer discípulos que hagan, a su vez, otros discípulos. De ese modo, todos estamos proclamando el evangelio eterno y los mensajes de los tres ángeles (Apocalipsis 14:6-12) a fin de preparar a nuestro mundo para el pronto regreso de Jesús.
Todo aquel que haya recibido una nueva vida en Cristo está llamado a dar testimonio. Sin embargo, muchos creyentes no están dispuestos a hacerlo por temor o porque no saben cómo. Piensan que la testificación consiste en predicar a viva voz en una concurrida calle o dar un complejo estudio bíblico, y entonces sacuden la cabeza diciendo: «¡Oh no! ¡Eso no es para mí! Soy introvertido. La sola idea me aterra».
Sin embargo, el verdadero testimonio es simplemente el resultado de lo que Dios ha hecho y está haciendo en tu vida, es compartir con otros lo que aprendes del Señor a medida que tu relación con él se desarrolla. Dios es muy bondadoso, y lo que ha hecho por nosotros es la mejor noticia que este mundo puede escuchar. No podemos ni debemos callar. Él te ha redimido, te ha llamado por tu nombre y eres suyo. ¿Puede haber una mejor noticia que esa para compartir?
Aunque los discípulos de la iglesia primitiva no eran cultos ni elocuentes, podemos aprender de ellos.
"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra". Hechos 1:8
"Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús". Hechos 4:13.
¿Cómo daba testimonio la iglesia primitiva? ¿Qué impacto tuvieron Pedro y Juan en quienes los escucharon testificar?
¿Has comprobado que la ganancia de almas está vinculada a una experiencia personal y vibrante con Dios?
Pedro y Juan se sentían compelidos a compartir su experiencia. El Espíritu Santo les dio audacia y un poder convincente a sus palabras.
Dedica ahora algún tiempo a orar. Pide a Dios valor para compartir tu testimonio con otros y sabiduría para saber cuándo hablar y qué decir.
"Los principios de la verdad pueden ser presentados por hombres y mujeres
humildes. Incluso los jóvenes y los niños llegarán a ser una bendición para otros
si testifican acerca de lo que la verdad ha hecho por ellos. Si están dispuestos a
someterse completamente a él, Dios desea utilizar a los instrumentos más débiles.
También puede actuar por su intermedio para alcanzar a las personas a quienes
los ministros no tienen acceso. Estas son vías que deben ser exploradas. Con la
Biblia en mano y con el corazón encendido resplandeciendo con el amor de Dios,
cada uno puede salir y compartir con otros su experiencia; háblenles acerca de la
verdad que les impresionó el corazón, y oren con fe para que Dios haga fructificar
esos esfuerzos. Comuniquen la luz a otros y tendrán más para compartir. De este
modo llegarán a ser colaboradores de Dios". RP, 175.
Este pasaje presenta 2 Principios importantes:
a. Cuanto más lo hagamos, más tendremos que decir.
b. No debemos preocuparnos con los errores; con la práctica, mejoraremos.
"Podrán cometer errores; sin
embargo, a los más inteligentes, y hasta a los que están en posiciones de confianza,
les ha pasado lo mismo una y otra vez. No siempre obtendrán el éxito, y tampoco
será posible conocer todos los resultados de un esfuerzo hecho con humildad
y con desinteresado esfuerzo para ayudar a los que están en las tinieblas. Por
intermedio del Espíritu Santo podrán conquistar creyentes del error para la verdad,
y al proceder de este modo llenarán todo su ser con el amor de Dios" RP, 175.
Una de las formas de fortalecer nuestra relación con Dios es hablar de ella. El hecho de hablar de él nos llena de su amor.
"Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros". 1 Juan 4:7-11. Ora por este tipo de amor.
¿Por qué es el amor tan fundamental y esencial para cualquier tipo de testimonio eficaz?
II. SIN FUERZA, PERO CON PODER
¿Te preguntaste alguna vez cómo pudo Jesús mantener su motivación para trabajar, sanar, consolar, predicar y enseñar a tantas personas día tras día?
Se nos dice que, "Al ver a las multitudes, sintió compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor" (Mateo 9:36). Fue el amor y la compasión de Jesús hacia la humanidad lo que impulsó su labor. De la misma manera, el amor de Dios en nosotros debería impulsarnos a sentir el deber de conducir a las almas hacia él y su verdad (2 Corintios 5:14).
¿Contemplaste alguna vez los rostros de las personas en una multitud mientras pensabas en la Eternidad y te preguntaste si conocían a Jesús? ¿Has sentido alguna vez la manifestación del amor de Dios en ti hacia un extraño necesitado? El amor que Dios ha puesto en nuestro corazón nos motiva a sentir y asumir la responsabilidad de conducir almas a él. Jeremías expresó esto cuando dijo: "Su palabra fue en mi corazón como un fuego ardiente, prendido en mis huesos. Traté de sufrirlo, y no pude" (Jeremías 20:9).
Sin embargo, cuando compartimos a Dios con otros, no debemos tratar de forzarlos a aceptarlo a él o la verdad bíblica. La coerción es contraria al carácter de Dios. Él no obligó a Adán y a Eva a alejarse del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:16, 17). No obligó a los antediluvianos a entrar en el arca para salvarse del diluvio (Génesis 7:1). No obligó a los israelitas a permanecer fieles a su pacto con él (Deuteronomio 4:29-31). Por el contrario, Jesús satisfizo las necesidades de las personas (Mateo 4:23-25) y luego las invitó a seguirlo. Jesús nunca obligó a nadie a ir en pos de él o a aceptar la verdad que proclamaba. Tampoco lo hace ahora. Sin embargo, nunca nos abandona (Mateo 23:37).
Cuando testificamos, nuestro enfoque siempre debe reflejar el de Jesús.
"No es parte de la misión de Cristo obligar a los hombres a recibirlo. Satanás, y los hombres impulsados por su espíritu son quienes procuran violentar las conciencias. […] No puede haber una evidencia más concluyente de que poseemos el espíritu de Satanás que el deseo de dañar y destruir a los que no aprecian nuestro trabajo u obran contrariamente a nuestras ideas" (DTG, 462).
A veces permanecer firmes en Jesús significa compartir la historia personal de lo que él ha hecho por nosotros. Es necesario superar el escepticismo, el miedo a hablar, la falta de respeto y arrogancia de parte d elos oyentes y manetenernos firmes en Jesús, testificando alegremente de su gracia y su poder.
Debemos ser un conducto al servicio de Dios. Vivimos en un mundo que odia la verdad, pero eso no debe impedirnos compartirla de manera reflexiva y amorosa. Recuerda que nuestro testimonio personal es lo que a menudo tendrá la mayor influencia, sobre todo en las primeras etapas de la testificación (Apocalipsis 12:11).
"Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén". 2 Pedro 3:18.
¿De qué manera estás creciendo en gracia y conocimiento? ¿Cómo se manifiesta esto en tus interacciones con quienes te rodean?
¿Es necesaria una comprensión básica para compartir a Dios con los demás? Si es así, ¿cuál es?
III. CONSEJOS PARA COMPARTIR A JESÚS
La pregunta para cada uno de nosotros es: ¿Con quién compartes a Jesús? ¿Con el cartero, con el empleado de una tienda, con alguien a quien ves a diario cuando paseas? Dios llama a cada creyente a colaborar con él en esta obra y promete darnos «lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento al cansado» (Isaías 50:4). También es deber del cristiano estar siempre preparado para dar razón de la fe y la esperanza que hay en él (1 Pedro 3:15).
Lee 1 Pedro 3:8-15. ¿Qué nos dice la Palabra de Dios en estos versículos?
He aquí algunos consejos sencillos para tener en cuenta a la hora de compartir a Jesús con las personas:Desarrolla una amistad con las personas. Tu calidez, amabilidad y genuino interés en ellas las ayudará a acercarse a Dios. Algunos llaman a esto «evangelismo de la amistad».
Ora para que el Espíritu Santo obre en el corazón de esas personas. Pide a Dios que cree oportunidades adecuadas para interactuar con ellas.
Busca maneras naturales de hablar de tus propias experiencias de fe o de ofrecer una oración por esas personas. Pide a Dios que te dé audacia, pero también delicadeza en tu acercamiento.
Busca formas de poner en contacto a tu nuevo amigo con otras personas de tu iglesia para que pueda experimentar la aceptación de la comunidad eclesial. Un estudio bíblico en un grupo pequeño es un buen paso.
Ora acerca de las necesidades o preguntas específicas que pueda tener tu nuevo amigo y busca una oportunidad para mostrarle cómo la Biblia ofrece consuelo, consejo y orientación para nuestra vida. Al principio, puedes limitarte a compartir una promesa bíblica o a responder alguna pregunta, lo que abrirá la puerta a diálogos más profundos. Ora también para que eso ocurra.
Llegará un momento en que querrás preguntar a tu amigo si le gustaría dar el siguiente paso: estudiar la Biblia y finalmente ser bautizado. No te precipites, pero tampoco te retrases. Ora al respecto.
Nuestras acciones deben revelar quiénes somos. La manera en que tratamos a otros habla mucho. A medida que nuestro carácter es modelado a semejanza del de Dios (santificación), viviremos para atraer a las personas a él.
Superar el sesgo negativo.
¿Por dónde comenzarías para dar un estudio bíblico a un no creyente: exponiendo ciertas doctrinas o invitando a la persona a conocer a Jesús?
IV. UN HIJO ERRANTE
Muchos conocen por experiencia el dolor y la angustia de tener un hijo que se ha alejado del Señor a pesar del hogar sólido y espiritual en el que creció.
Efraín (nombre dado a Israel, el Reino del Norte), la nación elegida por Dios, se apartó del Señor. ¿Qué nos dicen Oseas 4:17 y Oseas 7 acerca de los pecados de Efraín?
Además, leemos que Raquel, la abuela de Efraín, lloró metafóricamente porque él había abandonado su relación con el Señor (Jeremías 31:15). El Señor responde a su gran tristeza con estas palabras: «Reprime tu voz del llanto y tus ojos de las lágrimas; porque recompensa hay para tu trabajo —dice el Señor—, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu futuro —dice el Señor—, los hijos volverán a su propia tierra» (Jeremías 31:16, 17).
En lugar de llorar por su hijo descarriado, se dice a Raquel que tenga esperanza. ¿Qué más nos dice este capítulo? Lee Jeremías 31:18, 19.
A través de estas historias, aprendemos que siempre hay esperanza, como la hubo para Efraín y Gomer, porque Dios no se da por vencido. Aunque reprende a su pueblo descarriado una y otra vez, su compasión nunca falla, y su mensaje en este capítulo continúa (ver Jeremías 31:20).
Es posible que sintamos gran dolor, frustración y desánimo, o incluso que hablemos negativamente de quienes se han alejado de Dios. Sin embargo, Dios nos recuerda aquí que no deja de acordarse de ellos, que son objeto de su más tierna compasión y anhelo. Desea fervientemente que vuelvan a él y siente gran misericordia por ellos.
¿Qué te hace sentir esta respuesta de Dios por el descarrío de su pueblo con respecto a aquellos que conoces y que se han alejado del Señor? ¿Cómo te desafía o te anima esto?
V. RECUPERADOS
Todos hemos tenido momentos de debilidad, vacilación, infidelidad o tibieza en nuestra experiencia con Dios. ¿Cómo recuperaste una relación estable con él?
Zacarías 10 contiene algunos mensajes hermosos acerca de cómo Dios trajo a su pueblo nuevamente a él. Lee detenidamente este capítulo y toma nota de los mensajes principales.
Saber cómo relacionarse e interactuar con un ser querido que se ha alejado del Señor puede ser un desafío. Tal vez te preguntes cómo podrían haber sido diferentes las cosas o cómo interactuar con ellos ahora que tienen una visión diferente del mundo. Quizá te sientes frustrado e impotente por las malas decisiones que toman. Estos pensamientos siempre influirán en la manera en que te relacionas con tu ser querido, y por eso es tan importante vivir y hablar desde tu propia experiencia con tu Salvador.
El testimonio de tu vida, de tus acciones, palabras y oraciones por tu cónyuge o hijo que se ha alejado de Dios puede cambiar radicalmente su vida y su futuro (lee en Lucas 22:31, 32 y Juan 21:15-17 cómo las oraciones de Jesús por Pedro cambiaron su futuro). Entrega a Dios cualquier tristeza, juicio o condena respecto de ellos y pide a Dios que reemplace esos sentimientos por el amor que solo él puede dar. Pídele que te cubra con su carácter para que puedas desarrollar una actitud amorosa e interesada en el bienestar de ellos. Recuerda que «ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable» (MC, 338).
El ejemplo de una vida coherente que dirige la atención de las personas hacia Cristo hará que quienes lo han rechazado vean en nosotros algo que solo puede provenir de Dios. Verán una paz que sobrepasa todo entendimiento, un amor que nunca nos abandonará y una esperanza que cree contra viento y marea. El amor de Dios por nosotros y nuestros seres queridos nunca vacila. Podemos compartir este amor que recibimos cada día con quienes nos rodean.
¿Qué se nos anima a hacer en Efesios 3:17-19?
CONCLUSIÓN
«Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano. Pero nunca podemos entrar en posesión de este espíritu tratando de amar a otros. Lo que se necesita es que esté el amor de Cristo en el corazón. Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente» (PVGM, 318).
«Las personas que se ocupan más activamente en hacer con interés y fidelidad la obra que les corresponde en la tarea de ganar almas para Cristo son las que más se desarrollan en espiritualidad y devoción» (Ev, 267).
«La fuerza para resistir al mal se obtiene mejor mediante el servicio agresivo» (HAp, 82).
«A fin de entrar en su gozo —el gozo de ver almas redimidas por su sacrificio—, debemos participar de sus labores en favor de su redención» (DTG, 120).
«Los que no aceptan el privilegio de la comunión con Cristo en el servicio rechazan la única educación que podría capacitarlos para participar con él de la gloria» (Ed, 239).
Resumen:
Cuando el amor de Dios y su Palabra viva y poderosa llenan nuestra vida, nos sentimos compelidos a amarlo y compartirlo con quienes nos rodean. Debemos orar y ser reflexivos y decididos a la hora de testificar, teniendo la certeza de que la Palabra de Dios, que sale de su boca, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiere, y tendrá éxito en aquello para lo que la envió (Isaías 55:11).
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