«Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él» (2 Corintios 5:21).
Pablo continúa con el tema de la reconciliación, tan vívidamente destacado en Colosenses 1:20 (ver el contenido correspondiente al jueves de la lección 8). Allí describió su alcance cósmico, mientras que lo que sigue se convierte en personal e individual. Mediante su muerte en la Cruz, Jesús logró la reconciliación de todos y de todo, especialmente de los seres humanos, que estaban alejados de la vida eterna y de Dios a causa del pecado, pero que ahora, por medio de Jesús, pueden ser reconciliados por él mediante la fe.
El proceso de reconciliación individual es explicado en el versículo para memorizar de esta semana. Al igual que en el ámbito cósmico, se produce mediante la muerte de Cristo. En el plano individual, la Cruz, lejos de ser un símbolo pasivo, se convierte en una realidad activa en virtud de la cual el amor de Dios transforma a las personas cuando escuchan el evangelio y aceptan a Cristo, la esperanza de gloria.
Pablo habla también del «misterio que había estado oculto desde los siglos y generaciones» (Colosenses 1:26). ¿En qué consiste este misterio y qué prevé, tanto para el individuo como para el Universo? ¿Cómo se relaciona este «misterio» con el evangelio que Pablo ha proclamado con tanta pasión?
I. RECONCILIADOS DE MALAS OBRAS
"Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él". Colosenses 1:21, 22.
¿A qué se refiere Pablo cuando habla del alejamiento y la enemistad con Dios? ¿Cuál es el resultado final esperado de la muerte de Cristo (ver también Efesios 5:27)?
Pablo es consistente en su retrato desfavorable de la humanidad, al menos de la que está alejada de la justicia de Cristo. Hoy, casi dos mil años después, nadie podría cuestionar esa percepción. Alguien dijo en cierta ocasión que la única doctrina cristiana que no necesita ser aceptada por fe es la de la pecaminosidad de la humanidad.
No obstante, y a pesar de nuestra maldad, Dios ha tomado la iniciativa de reconciliarnos con él desde la aparición misma del pecado en el mundo. Dios ha obrado desde el principio para resolver el problema del pecado, aunque la solución solo se encontraba en su propia muerte en la Cruz.
En el Edén, Dios preguntó a Adán, la obra maestra de su Creación: «¿Dónde estás?» (Génesis 3:9). Y hoy sigue buscando a su única oveja perdida: nosotros. Nos busca uno por uno. Tiene un plan perfecto para alcanzarnos: aplica la promesa inicial del evangelio que aparece ya en Génesis 3:15 al poner enemistad entre nosotros y Satanás.
A veces, el evangelio se presenta de forma tan complicada y teórica que pierde gran parte de su relevancia práctica para la vida del siglo XXI. No obstante, es muy sencillo y directo.
El evangelio consta de tres partes:
Jesús vino y murió por nuestros pecados, pues somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos (ver Romanos 5:6-8).
Al aceptar su muerte como nuestro Sustituto, somos justificados y liberados de la condenación del pecado mediante la fe, el arrepentimiento y el bautismo (ver Romanos 5:9-11; 6:6, 7).
La vida del cristiano que ha sido justificado por la fe en el sacrificio vicario de Cristo es el resultado de su unidad con Cristo, de su poder recreador y de la presencia del Espíritu Santo en nosotros (ver 2 Corintios 5:17-21; Gálatas 2:20).
Estas tres experiencias no ocurren necesariamente de forma separada, sino que pueden darse simultáneamente cuando aceptamos a Jesús, y pueden ser renovadas diariamente al entregarnos a él cada mañana. Independientemente de cómo haya experimentado cada persona la obra salvadora de Cristo en su vida, el fundamento descansa siempre sobre la muerte de Jesús. Siempre debemos volver a esa verdad.
Cuando evalúas tu carácter y lo más íntimo de tu ser, ¿qué te dice lo que ves acerca de tu necesidad de la Cruz?
II. SI CONTINÚAN EN LA FE
"Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro". Colosenses 1:23.
¿A qué se refiere Pablo cuando habla de permanecer «fundados y firmes» en la fe? (ver también Colosenses 2:5; Efesios 3:17).
En griego existen cuatro tipos de enunciados condicionales, cada uno con matices distintos. El que aparece en Colosenses 1:23 da por sentado que la condición para que algo ocurra está dada. Es decir, Pablo anima a los colosenses con la idea de que, en efecto, perseverarán en la fe, ya que, como el apóstol indica enseguida, tiene evidencias de la constancia y la fe de ellos (Colosenses 2:5). Sin embargo, su esperanza sigue estando condicionada a que persistan en el camino de la fe que han emprendido.
La palabra griega traducida como «permanecer» (Colosenses 1:23) denota persistencia y es utilizada, por ejemplo, en el caso de los escribas y los fariseos que requerían insistentemente una respuesta de Jesús acerca de lo que se debía hacer con la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:7); también cuando Pedro siguió llamando a la puerta después de que Rode fue a dar la buena noticia a los demás discípulos en lugar de dejarlo entrar (Hechos 12:16). A su vez, Pablo utiliza ese mismo término cuando anima a Timoteo a permanecer fiel a las instrucciones doctrinales y prácticas que le dio (1 Timoteo 4:16). Su significado aquí es similar, salvo que se aplica a los creyentes en general.
Como veremos en la próxima lección, Pablo temía que los colosenses aceptaran falsas formas humanas de salvación en lugar de aferrarse a la esperanza que ofrece el evangelio (ver, por ejemplo, Colosenses 2:8, 20-22). La palabra «fundados» se refiere a establecer una base sólida de fe y amor fundamentada en la Palabra de Dios (ver Mateo 7:25; Efesios 2:20; 3:17).
La palabra griega traducida como «firmes» está relacionada con la idea anterior y se refiere a una estructura inamovible y, por extensión, a un cristiano que no puede «moverse de la esperanza del evangelio» (Colosenses 1:23). El mismo vocablo aparece en 1 Corintios 15:58: «Estén firmes y constantes, abundando en la obra del Señor siempre, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano».
Contrariamente a la creencia según la cual «una vez salvo, siempre salvo», Pablo estaba diciendo algo completamente diferente.
¿Cuál ha sido tu experiencia con respecto a la importancia de continuar ejercitando la fe? ¿Por qué es necesario sostener la decisión consciente de hacerlo? ¿Qué ocurrirá si no lo haces?
Reflexiona sobre la afirmación «una vez salvo, siempre salvo», en la que creen muchos cristianos. ¿Por qué es una doctrina falsa? ¿Qué peligros evidentes conlleva para quienes la creen? ¿Cómo podemos tener la seguridad de la salvación aunque no creamos en ese concepto?
III. PLAN ETERNO DE DIOS
"Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios". Colosenses 1:24, 25.
¿Qué dice Pablo acerca de su sufrimiento por causa de Cristo?
Aunque Pablo escribió Colosenses mientras estaba bajo arresto domiciliario en Roma, quizá su mayor sufrimiento se haya debido a no poder trabajar intensamente yendo de un lugar a otro y de una casa en otra como antes (Hechos 20:20). Estas aflicciones o tribulaciones, de las que Cristo nos advirtió (Mateo 24:9; Juan 16:33), «no son comparables con la gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros» (Romanos 8:18). Como les había dicho a los filipenses, ahora se alegra de sus sufrimientos por el bien de los colosenses (Colosenses 1:24).
Aunque Pablo estaba en la cárcel, «la palabra de Dios no está presa» (2 Timoteo 2:9) y allí en su celda vieron la luz sus cartas a los Filipenses, a los Efesios y a Filemón. Tras su liberación, Dios le inspiró los importantes consejos registrados en 1 Timoteo y Tito. Luego, durante su último encarcelamiento en una prisión romana, escribió 2 Timoteo. En resumen, estos últimos años brindaron a Pablo la oportunidad de escribir una parte significativa del Nuevo Testamento, incluyendo Hebreos.
El plan eterno de Dios preveía todo esto y más. La palabra griega que Pablo utiliza en Colosenses 1:25, generalmente traducida como «administración», es oikonomia. Usada en un sentido limitado (como, por ejemplo, en 1 Timoteo 1:4), se refiere a «la manera que tiene Dios de ordenar las cosas» (Luke Timothy Johnson, The First and Second Letters to Timothy [Nueva York: Doubleday, 2001], p. 164). Eso incluiría el apostolado de Pablo. Pero, en un sentido más amplio, incluye todas las disposiciones divinas que integran el Plan de Salvación. El ministerio de Pablo, el de los demás apóstoles e incluso el de los profetas del Antiguo Testamento (Efesios 2:20; 3:5), incluido Moisés, estaba destinado a «que anuncie la palabra de Dios» (Colosenses 1:25), todo ello en relación con este plan divino.
Aunque analizaremos este tema con más detenimiento en el estudio de mañana, resulta útil en este momento observar que Pablo reconocía que su ministerio no era más que una pequeña parte de un plan divino mucho más amplio y de largo alcance que comenzó a ponerse en práctica «desde la creación del mundo» (Mateo 13:35; Efesios 1:4).
¿Cómo armonizan todas tus decisiones con el plan más amplio de Dios? ¿Podemos saber realmente si una decisión es «pequeña»? ¿Cómo podría tener repercusiones mayores que solo se hagan evidentes con el tiempo?
IV. LA REVELACIÓN DEL MISTERIO DE DIOS
"el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria". Colosenses 1:26, 27.
Pablo habla dos veces del «misterio». ¿A qué se refiere?
En otro lugar, Pablo se refiere al «misterio de Dios», que es el propósito eterno de Cielo, «que desde el principio Dios destinó para nuestra gloria» (1 Corintios 2:7) y fue revelado o puesto de manifiesto mediante el Plan de Salvación. Pedro habla de esto como algo que los profetas anticiparon, que «los ángeles ansían contemplar» (1 Pedro 1:10-12), que fue concebido «antes de la creación del mundo» (vers. 20) y que estuvo «oculto desde los tiempos eternos» (Romanos 16:25). Sin embargo, este misterio ha sido revelado gracias a la vida, muerte y resurrección de Cristo (2 Corintios 3:14).
¿Cómo iluminan las siguientes referencias al misterio de Dios diversos aspectos del Plan de Salvación?
"En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra". Efesios 1:7-10.
"Que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio". Efesios 3:3-6.
Finalmente, «todo lo que está en el cielo y lo que está en la tierra» se unirá en Cristo. Este fue el tema central de la oración de Jesús en Juan 17. La manera exacta en esto sucedería era un misterio que ha sido revelado por medio del evangelio.
El asombroso amor de Dios por nosotros, que lo llevó a dar a Jesús, el invaluable tesoro del Cielo, para nuestra salvación, será nuestro tema de estudio durante toda la eternidad. Pero sabemos esto: Cristo «por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Corintios 5:15). En consecuencia, todos los que creen en Cristo, ya sea que provengan del judaísmo o del paganismo, participan por igual de las promesas de Dios por medio del evangelio y han sido reunidos en un solo cuerpo: la iglesia.
La expresión «Cristo en ustedes» (Colosenses 1:27) se refiere a la presencia de Jesús en el corazón en virtud de la fe (Efesios 3:17; comparar con Gálatas 2:20). Esta unión espiritual con Cristo permite a los creyentes, incluso ahora, sentarse «en el cielo con Cristo Jesús» (Efesios 2:6) y disfrutar de «las poderosas maravillas del siglo venidero» (Hebreos 6: 5). La presencia de Cristo en nuestra vida hace posible que él nos una con el Cielo desde ahora. El evangelio que obra en el corazón de los creyentes «nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz» (Colosenses 1:12).
¿Cuán «fundado y firme» (Colosenses 1:23) estás en tu fe? ¿Cuán bien conoces lo que crees y por qué lo crees? ¿Cómo puedes conocer mejor lo que crees? ¿Por qué es tan importante que estés «fundado y firme» en la fe?
V. EL PODER DEL EVANGELIO
"A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí". Colosenses 1:28, 29.
¿Cuál es el enfoque de Pablo aquí? ¿Por qué crees que el adjetivo «todo» se repite en tres ocasiones en diferentes formas («todos», «toda», «todo»)?
El centro de la predicación de Pablo era Cristo y este crucificado (1 Corintios 1:23). Según Efesios 5:27, el propósito del sacrificio de Cristo es «presentarla para sí una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante; antes, que sea santa e inmaculada». Por lo tanto, el objetivo de la predicación del evangelio por parte de Pablo era «presentar a todo hombre perfecto en Cristo» (Colosenses 1:28). Lo hace enseñando y amonestando; es decir, exponiendo los diversos puntos de la doctrina y la práctica cristianas (2 Tesalonicenses 2:15; 1 Timoteo 4:11; 5:7; Tito 1:9) y advirtiendo acerca de las consecuencias de rechazar el evangelio y de los peligros de los falsos maestros (Hechos 20:29-31; Romanos 16:17).
Así es como crecemos para convertirnos en cristianos maduros, aceptando las enseñanzas de las Escrituras y prestando atención a sus advertencias. La madurez es un concepto importante. Los padres de un bebé recién nacido celebran cada hito del desarrollo de su hijo: las primeras palabras, los primeros pasos y las primeras frases leídas. ¿Qué padre no se alarmaría si su hijo no caminara o no hablara después de varios años? El crecimiento y el desarrollo son normales y esperables. Lo mismo ocurre en la vida cristiana.
La palabra griega traducida como «perfecto» (teleios) significa «maduro», «completo», «plenamente desarrollado». A medida que el cristiano crece y se desarrolla espiritualmente, percibe cada vez mejor la profundidad de la Ley de Dios y el hecho de que sus requisitos son «inmensos» (Salmos 119:96) y que su jurisdicción se extiende a «los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12).
De allí que Pablo utilice la palabra «amonestando» o «aconsejando» (NVI) en Colosenses 1:28, pues hay camino que «parece derecho, pero al fin conduce a la muerte» (Proverbios 14:12). El discernimiento espiritual proviene del conocimiento de la Palabra de Dios y de la dirección del Espíritu. Las falsas enseñanzas suelen tener algo de verdad, pero añaden o quitan algo a lo que dice la Biblia (ver Isaías 8:20). Por eso suelen tener éxito, ya sea haciendo que las personas duden de lo que Dios dice o al menos cuestionando si ello es realmente posible o aplicable a nuestros días. Debemos ser prudentes como serpientes, pero sencillos como palomas a la hora de distinguir entre la verdad doctrinal y el error.
¿Qué significa ser «perfecto en Cristo» (Colosenses 1:28)? ¿De qué manera la comprensión de lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz responde esta pregunta?
CONCLUSIÓN
«No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. Pero Cristo nos preparó una vía de escape. [...] Si te entregas a él y lo aceptas como tu Salvador, por pecaminosa que haya sido tu vida, gracias a él serás contado entre los justos. El carácter de Cristo reemplaza el tuyo, y eres aceptado por Dios como si no hubieras pecado.
»Más aún, Cristo transforma el corazón, y habita en el tuyo por la fe. Tienes que mantener esta comunión con Cristo por la fe y la sumisión continua de tu voluntad a él. Mientras lo hagas, él obrará en ti para que quieras y hagas conforme a su beneplácito. […]
»Así que no hay en nosotros mismos nada en absoluto de lo cual jactarnos. No tenemos motivo para ensalzarnos. El único fundamento de nuestra esperanza es la justicia de Cristo que se nos imputa y la que produce su Espíritu obrando en nosotros y por nosotros» (CC, 94, 95).
«Entre las revelaciones que he recibido se destaca con fuerza la de que muchos se apartarán de nosotros, dando oído a espíritus seductores y doctrinas de demonios. El Señor desea que toda alma que pretende creer la verdad tenga un conocimiento inteligente de lo que es esa verdad» (Ev, 272).
Lee nuevamente el texto para memorizar: «Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él» (2 Corintios 5:21). ¿Qué significa la afirmación de que Cristo se convirtió en pecado por nosotros y cómo debería ayudarnos eso a entender la naturaleza sustitutoria de la Cruz? ¿Qué significa llegar a ser «justicia de Dios en él»?
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