Texto base: Romanos 6:13 (última parte). “[...] presentaos vosotros mismos a Dios [...] como instrumentos de justicia".
DESARROLLO
Presentarse a Dios significa: rendición, consagración, entrega personal y sumisión. Todas estas palabras no son bienvenidas, ya que siempre se utilizan en un contexto negativo. Aluden a la pérdida, y a nadie le gusta perder, ser un perdedor. En la civilización competitiva de hoy, se nos enseña a nunca darnos por vencidos ni rendirnos. Ganar lo es todo; rendirse, entregarse o someterse es inconcebible.
I – TRES BARRERAS QUE IMPIDEN LA RENDICIÓN TOTAL
1. Miedo El miedo surge cuando se rompe la relación de uno con Dios. Pero la Biblia enseña que el amor echa fuera el temor. "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor" (1 Juan 4:18).
2. Orgullo Queremos tenerlo todo y hacer de todo. Cuando esto no sucede, entramos en depresión. Daniel 4:30 dice que Nabucodonosor tuvo que pasar por la experiencia de vivir durante siete años entre las bestias del campo. Comió hierba como los bueyes y su cuerpo fue rociado con el rocío del cielo, solo para entonces reconocer el poder y la majestad del Dios verdadero.
3. Falta de comprensión Entregarse a Dios no es una resignación pasiva, un fatalismo o una excusa para la pereza. Significa lo contrario:
• Sacrificar la propia vida o sufrir para cambiar lo que hay que cambiar.
• Dios llama a quienes se rinden a él a luchar en su nombre.
• Rendirse es un acto de valentía, no de cobardía. "Cuanto más dejamos que Dios tome control sobre nosotros, más auténticos nos volvemos, porque él nos hizo" (C. S. Lewis).
II - CARACTERÍSTICAS DE LOS QUE SE ENTREGAN A DIOS
1. Obedecen a Jesús y a la Palabra de Dios, aunque sea "absurdo". Ejemplo: Pedro y la pesca fallida, que se convirtió en milagrosa. Y nosotros ¿hemos obedecido a Dios y su Palabra, aunque sabemos que parece absurdo? El tiempo de pescar había pasado. Podrían haberlo dudado, pero la respuesta de Pedro fue: "[...] Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red'" (Lucas 5:5).
2. Confían enteramente en Dios.
• Abraham siguió las instrucciones de Dios sin saber a dónde lo llevarían.
• Ana esperó el momento perfecto estipulado por Dios sin saber cuándo sucedería.
• José confió en los propósitos de Dios sin saber por qué las circunstancias se desarrollaron de la manera en que se desarrollaron.
3. Dependen de él para resolver las cosas. Salmo 37:7 - "Guarda silencio ante Jehová, y espera en él [...]". No tienes que tener siempre el control. Deja que Dios obre. Confía en él.
4. Soportan las críticas con serenidad y no tienen el ímpetu de querer defenderse.
5. Sobresalen en las relaciones. Generalmente, aquellos que se rinden a Dios son personas que no viven luchando por sus derechos, no presionan a los demás y no son egoístas. El Salmo 138:8 dice: "Jehová cumplirá su propósito en mí [...]".
III – LA BENDICIÓN DE LA RENDICIÓN
1. Con la rendición viene la paz. Job 22:21 – "Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien". Deja de disputar con Dios. Génesis 32:22 al 30 narra la lucha de Jacob con el Príncipe del cielo. En el versículo 26, última parte, leemos: "No te dejaré, si no me bendices". "Jacob alcanzó la bendición que su alma había anhelado. [...] La duda, la perplejidad y los remordimientos habían amargado su existencia; pero ahora todo había cambiado; ¡y fue dulce la paz de la reconciliación con Dios!" (PP, 176).
2. Con la rendición, viene el poder. Cuando Dios llama, él capacita. Uno de los ejemplos bíblicos fue Moisés. Cuando lo llamaron, estaba asustado, puso muchas excusas y tenía razones para ello:
• Era torpe de lengua.
• Ya había olvidado el idioma egipcio.
• Estaba envejeciendo.
• No tenía talento para esa responsabilidad.
Éxodo 4:12: "Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar".
"El hombre obtiene poder y eficiencia cuando acepta las responsabilidades que Dios deposita en él, y procura con toda su alma la manera de capacitarse para cumplirlas bien. Por humilde que sea su posición o por limitada que sea su habilidad, el tal logrará verdadera grandeza si, confiando en la fortaleza divina, procura realizar su obra con fidelidad... " (Conflicto y valor, 87).
3. Con la rendición, viene la utilidad. “[...] He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Lucas 1:38). María no fue elegida por su belleza, riqueza o talento, sino porque se sometió a los designios de Dios. Incluso ante los prejuicios de la época y el riesgo de ser abandonada por José, no retrocedió, sino que permaneció fiel a Dios.
4. Por la entrega, viene la victoria. El mayor ejemplo: Jesucristo. Su sumisión a Dios fue la garantía de nuestra victoria: "De repente, la lobreguez se apartó de la cruz, y en tonos claros, como de trompeta, que parecían repercutir por toda la creación, Jesús exclamó: 'Consumado es” (Juan 19:30). “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46). Una luz circuyó la cruz y el rostro del Salvador brilló con una gloria como 30 la del sol. "Inclinó entonces la cabeza sobre el pecho y murió" (DTG, 704). La rendición no lo debilita, al contrario, lo fortalece.
CONCLUSIÓN
Todos, sin excepción, se rinden ante algo o alguien. Tú y yo somos libres de elegir ante quién rendirnos.
Stanley Jones dijo: "Si no te rindes a Cristo, te rindes al caos".
"Rendirse a Dios no es la mejor manera de vivir; es la única. Nada más funciona. Todas las demás vías conducen a la frustración, la decepción y la autodestrucción" (Rick Warren).
En Escocia, un anciano predicador estaba recaudando fondos para la construcción de un nuevo templo. Para su sorpresa, un día, dentro del alfolí de ofrendas, encontró un pequeño pedazo de papel, todo enrollado, que decía lo siguiente:
"No tengo nada que dar más que mi propia vida. Firmado: David Livingstone".
Poco tiempo después, David Livingstone, un joven médico, se encontraba en el corazón de África, realizando una obra que superaba todas las donaciones recibidas por este anciano predicador. Su admirable trabajo como explorador, médico y misionero le dio un futuro mejor a los africanos. Tanto es así que cuando murió, en 1873, los nativos exigieron que el corazón de Livingstone permaneciera en África como un recordatorio perenne de su dedicación y sacrificio. Y así se hizo. Mientras que el cuerpo fue llevado a su lugar de descanso en la Abadía de Westminster en Londres, su corazón fue enterrado en suelo africano. Él entregó su vida a Dios y permitió que él lo guiara.
¿No quieres hacer lo mismo?
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