Texto base: 1 Corintios 1:27-29. "Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte. Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia".
DESARROLLO
Fuertes y débiles… ¿Cómo se relaciona Dios con ellos?
1. A Dios nunca le impresionó la fuerza o la autosuficiencia.
2. Se siente atraído por las personas que son débiles y lo admiten.
3. Dios considera a quienes reconocen sus propias necesidades: "humildes de espíritu". Esta fue la primera actitud bendecida por él.
Dios usa a las personas imperfectas, y ese es un hecho alentador para todos nosotros.
La debilidad es cualquier limitación que has heredado o que no tienes medios para cambiar. Puede ser:
• Una limitación física, como una discapacidad, una enfermedad crónica, baja vitalidad o una ineptitud.
• Una limitación emocional, como inseguridad, miedo a equivocarse, etcétera. Cuando haces un balance de tus limitaciones, puedes sentirte tentado a pensar: "Dios nunca podrá usarme". Sin embargo, Dios nunca está limitado por nuestras limitaciones. A él le gusta poner su poder en paquetes comunes.
El apóstol Pablo, en 2 Corintios 4:7, dice "tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros". Para hacer esto, tenemos que permitir que Dios obre a través de nuestras debilidades.
1. Admite tus debilidades Deja de fingir que eres perfecto y sé honesto contigo mismo y con Dios.
2. Regocíjate en tus debilidades
a. Nos recuerdan que somos humanos.
b. Nos recuerdan que dependemos de Dios.
c. Nuestras debilidades evitan la arrogancia.
"Si usted se forma una opinión demasiado elevada de sí mismo, pensará que sus labores son de mayor importancia de lo que realmente son, y abogará por una independencia individual que bordea en la arrogancia. Si usted va al otro extremo y se forma una opinión personal demasiado baja, se sentirá menoscabado y dejará una impresión de inferioridad que limitará grandemente la influencia que podría tener para el bien. Debiera evitar ambos extremos" (3TI, 554).
d. Nuestras debilidades evitan la arrogancia. Si bien la fuerza genera un espíritu independiente, ¡no necesito a nadie! Nuestras limitaciones demuestran cuánto nos necesitamos los unos a los otros.
"Los cristianos son como copos de nieve: aislados, frágiles, pero juntos detienen el tránsito" (Vance Havner).
e. Nuestras debilidades aumentan nuestra capacidad de ministrar y sentir compasión.
“Nuestro Señor pide obreros que, sintiendo su propia necesidad de la sangre expiatoria de Cristo, entren en su obra, no con jactancia ni con suficiencia propia, sino con la plena seguridad de la fe, percatándose de que siempre necesitarán la ayuda de Cristo para saber cómo tratar con las mentes” (OE, 150).
Gedeón tenía baja autoestima y una profunda inseguridad. Dios lo hizo un hombre poderoso y de valor. Abraham tenía miedo. Dios lo hizo el padre de la fe.
Pedro era impulsivo y sin fuerza de voluntad. Dios lo hizo una "roca".
David cayó víctima de sus pasiones. Dios lo hizo un hombre según su propio corazón. Juan, uno de los arrogantes hijos del trueno, fue transformado en un apóstol del amor.
Dios es un experto en transformar la debilidad en fortaleza.
3. No tengas miedo de que la gente te vea vulnerable.
• La vulnerabilidad cautiva. Nos sentimos naturalmente atraídos por las personas humildes.
• La pretensión produce aversión, pero la vulnerabilidad atrae.
• Mostrar nuestras fortalezas crea un espíritu competitivo e incluso combativo.
• Nuestras vulnerabilidades crean vida comunitaria. En algún momento de la vida, tenemos que decidir si queremos impresionar o influir en las personas. Puedes impresionar a la gente desde lejos, pero tienes que acercarte para influir en ellos. Cuando lo hagas, podrán ver tus imperfecciones. La calidad de un líder no es la perfección, sino la credibilidad.
4. Gloríate en tu debilidad. En lugar de posar como un ícono de invencibilidad y confianza en ti mismo, mírate como un trofeo de la gracia de Dios.
"Tu esperanza no se cifra en ti mismo, sino en Cristo. Tu debilidad está unida a su fuerza, tu ignorancia a su sabiduría, tu fragilidad a su eterno poder. Así que no has de mirar a ti mismo ni depender de ti, sino mirar a Cristo. Piensa en su amor, en la belleza y perfección de su carácter" (CC, 70).
CONCLUSIÓN
Cuando Satanás te señale tus debilidades, dale la razón y llena tu corazón de alabanzas a Jesús, quien comprende todas nuestras debilidades.
"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:15, 16).
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