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Resolución de conflictos

"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo" Efesios 4:26.

“No debemos permitir que nuestros sentimientos sean quisquillosos. No hemos de vivir para proteger nuestros sentimientos o nuestra reputación, sino para salvar almas. Conforme nos interesemos en la salvación de las almas, dejaremos de notar las leves diferencias que suelen surgir en nuestro trato con los demás. Piensen o hagan ellos lo que quieran con respecto a nosotros, nada debe turbar nuestra unión con Cristo, nuestro compañerismo con el Espíritu. ‘¿Qué mérito hay si pecando ustedes son abofeteados y lo sufren? Pero si haciendo bien son afligidos, y lo soportan, esto ciertamente es agradable ante Dios’ (1 Ped. 2:20)” (MC, 386).

Aún en las mejores familias pueden presentarse algunos problemas que saturan como la amargura y el resentimiento. A la esposa no le gusta la manera en que su esposo toma decisiones, y al esposo no le gusta cómo la esposa se rebela contra sus decisiones. Y si la amargura puede desarrollarse entre esposos y esposas, se puede desarrollar igual de fácil en otras relaciones entre personas. Hay momentos cuando consideramos fácil tener aversión uno hacia el otro. Momentos cuando podemos llegar a considerarnos como enemigos antes que hermanos. La iglesia puede estar llena de personas que no saben lo que es vivir en armonía. Pero, se debe tener como objetivo la UNIDAD tomando en cuenta que formamos parte de un mismo cuerpo. 

La Biblia muestra el método de resolver los conflictos en Mateo 18; sin embargo el apóstol Pablo resalta el tiempo para ello. La madurez de una persona se conoce en su presta y pronta disposición a resolver los conflictos. Quienes NO son maduros suelen esperar grandes lapsos de tiempo para resolver los conflictos, que por su vez, crecen y muchas veces se convierten en resentimiento, amargura, frustración y grande malestar.

Aunque todos enfrentamos conflictos en nuestras vidas, ya sea en el trabajo, en la familia o en nuestras comunidades, antes de caer en la apatía o indiferencia (donde cada uno se avanza por su lado por separado), antes de caer en la crítica o la condenación, o de encontrar fácil desconfiar y oponerse a la otra persona y definir una ruptura prevaleciendo la intensidad de las diferencias; es necesario considerar las 'otras luchas' donde fuimos compañeros de batalla, anhelando por la causa del evangelio. La manera en que manejamos estos conflictos puede fortalecer o debilitar nuestras relaciones. Efesios 4:26 nos da una perspectiva divina sobre cómo abordar el enojo y resolver los conflictos.

I. Reconocer el Enojo

En su libro "Tú puedes resolver conflictos personales, 6", Wayne Mack propone una ilustración:
Un día mientras mi esposa manejaba por la carretera, una luz roja empezó a chispear en el tablero del auto. Al ver la luz roja, podía haber hecho tres cosas:
1) Podía haber ignorado la luz y seguir manejando.
2) Podía haber sacado el martillo para destruir la luz
3) Podía haber llegado al mecánico más cerca para investigar porque estaba chispeando aquella luz.

Si hubiera manejado el problema por una de las primeras dos maneras, hubiera multiplicado o intensificado el problema. El asunto era que el agua estaba saliendo del radiador. Si hubiera seguido manejando el auto sin reparar el radiador, este problema se hubiera convertido en un problemón. De igual manera, muchas personas tienen conflictos personales severos por no haber manejado adecuadamente el problema original".

Muchas veces las personas se rehusan a hablar de sus problemas, o incluso, muchas veces los problemas se ignoran, o se meten 'debajo de la alfombra'; así, el problema no resuelto de la manera apropiada se intensifica y complica el conflicto; entonces, el cerrito se convierte en una montaña.

Por eso, Proverbios previene acerca de este aspecto:

"El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; deja, pues, la contienda, antes que se enrede".

El versículo comienza con “Airaos”, lo que reconoce que el enojo es una emoción humana natural. No se nos dice que nunca nos enojemos, sino que debemos ser conscientes de nuestro enojo. Es importante identificar y aceptar nuestros sentimientos en lugar de reprimirlos.

Imagina una olla a presión. Si no liberamos el vapor de vez en cuando, eventualmente explotará. De la misma manera, debemos reconocer y manejar nuestro enojo antes de que se acumule y cause daño.

"La vida consecuente, la paciente tolerancia, el espíritu sereno bajo la provocación, es siempre el argumento más concluyente y el más solemne llamamiento". 2MCP, 89.

II. No Pecar en Nuestro Enojo

"Cuando te dedicas a combatir a tu enemigo, te terminas pareciendo a él" (Por eso, elige bien tus enemigos).

La segunda parte del versículo, “pero no pequéis”, nos advierte sobre las acciones que tomamos cuando estamos enojados. El enojo puede llevarnos a decir o hacer cosas que lamentamos. Debemos buscar maneras de expresar nuestro enojo sin herir a los demás, manteniendo la calma y la compasión.

Piensa en un incendio. El enojo es como una chispa. Si no tenemos cuidado, puede convertirse en un fuego incontrolable que destruye todo a su paso. Pero si manejamos la chispa adecuadamente, podemos evitar el desastre.

"Recordad que no podéis leer los corazones. No podéis conocer los motivos que impulsan las acciones que os parecen erróneas. Hay muchos que no han recibido la debida educación; sus caracteres son tortuosos, duros y retorcidos, y parecen sinuosos en todas formas. Pero la gracia de Cristo puede transformarlos. Nunca los echéis a un lado, nunca los induzcáis al desánimo o a la desesperación diciéndoles: “Usted me ha chasqueado, y no trataré de ayudarlo”. Unas pocas palabras habladas apresudaramente bajo la provocación—precisamente lo que nosotros pensamos que merecen—pueden cortar las cuerdas de la influencia que habría atado sus corazones al nuestro". 2MCP, 89.

“Cultivemos el hábito de hablar bien de los demás. Piensen en las buenas cualidades de aquellos con quienes tratan, y fíjense lo menos posible en sus faltas y errores. Cuando sientan la tentación de lamentar lo que alguien haya dicho o hecho, alaben algo de su vida o su carácter. Cultiven el agradecimiento. Alaben a Dios por su amor admirable de haber dado a Cristo para que muriera por nosotros. Nada ganamos con pensar en nuestros agravios. Dios nos invita a pensar en su misericordia y su amor incomparables para que podamos ser inspirados a alabarlo". (MC, 392).

“Si les dicen palabras groseras, no repliquen jamás con el mismo espíritu. Recuerden que “la respuesta suave aplaca la ira” (Proverbios 15:1). Hay un poder maravilloso en el silencio. A veces las palabras que se le dicen al que está enfadado solamente sirven para exasperarlo más. Pero, si el enojo es enfrentado con el silencio y con un espíritu tierno y paciente, se desvanece rápidamente. “Bajo la granizada de palabras punzantes de acre censura, mantengan la mente firme en la Palabra de Dios. Atesoren vuestra mente y vuestro corazón las promesas de Dios. Si se los trata mal o si se los censura sin motivo, en vez de replicar con enojo repitan las preciosas promesas: ‘No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal’ (Romanos 12:21)” (MC, 386, 387).

III. Resolver los Conflictos Rápidamente

“No se ponga el sol sobre vuestro enojo” nos insta a resolver los conflictos de manera rápida y efectiva. No debemos dejar que el enojo se acumule y se convierta en resentimiento. En lugar de eso, debemos buscar la reconciliación y el perdón antes de que termine el día.

Pongamos el caso de alguien que se ofendió con algo que alguien dijo. En vez de manejar el problema bíblicamente, esta persona telefonea a otra persona para contarle a esta persona cómo fue maltratada; y viene la respuesta: "¡Qué bárbaro! Sabes, también me lo hizo..." Luego los dos empiezan a hablar con otros más para esparcir las noticias (chismear) acerca de este individuo que los ha ofendido. Cuando esparcen rumores de esta manera, están manejando mal el problema, y como resultado lo van a multiplicar, intensificar y engrandecer. Tornando al problema serio, permanente y hasta incluso, público. Lo que había empezado chiquito se había enredado y engrandecido. Y la situación, en vez de mejorar, ha empeorado.

Considera una herida. Si no la tratamos rápidamente, puede infectarse y causar más problemas. Del mismo modo, los conflictos no resueltos pueden infectar nuestras relaciones y causar más daño.
Imagina que casi te chocan o atropellan ¿Cuál sería tu reacción con toda la adrenalina encima?

El texto no se refiere simplemente a no dejar pasar ese día sin resolver el conflicto; sino, a resolverlo prestamente; es decir, lo más pronto posible. (De dos a cinco minutos, es un buen tiempo que demuestra amplitud, generosidad y gran madurez. Créeme)

No serán necesarias grandes explicaciones, pero una palabra de disculpa puede hacer una gran diferencia.

IV. Buscar la Reconciliación

Se debe animar ambas partes. Y ambas partes deben aceptar su responsabilidad. No se debe poner más culpa a una que a la otra. Quien humilló o criticó y quien respondió mal, se resintió o chismeó, cometió pecado. Si manejamos el maltrato de una mala manera, tenemos igual culpa que la persona que nos maltrató.

La Biblia dice que si tenemos problemas con otra persona, debemos hacer una de dos cosas:
A. En muchas ocasiones debemos ignorar las palabras irritantes o acciones de la otra persona.
"El amor cubrirá multitud de pecados" 1 Pedro 4:8.
"La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa". Proverbios 19:11
"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros"  Colosenses 3:12, 13.
"Si el problema no es muy serio, si no imputa reproche al nombre de Cristo, si no perjudica al testimonio de la otra persona, y si no causa ruptura de relaciones, no debemos continuar en pensar mal de las palabras o acciones de la otra persona. Al contrario, debemos poner la mejor interpretación a lo que dijo o hizo, y olvidarlo". (Wayne Mack. Tú puedes resolver conflictos personales, 9).

B. En cambio, "si hay buenas razones para no ignorar lo que la otra persona haya dicho o hecho, la Biblia claramente nos dice en Mateo 18 lo que debemos hacer. Es decir; limitar el problema a la persona que te ofendió sin involucrar a otras. La única persona con quien puedes resolver el problema es con la que te ofendió. Las Escrituras dicen que debes ir a esta persona sola y confrontarlo con amor sobre le asunto". Wayne Mack. Tú puedes resolver conflictos personales, 9).
Sin embargo, es muy probable que confrontando a alguien sobre un problema, se torne peor la situación. Mucha gente así se excusa por no hablar con la persona con quien está experimentando dificultades. Como regla, he descubierto que cuando se hace peor la situación por confrontación, no es el hecho de que se haya confrontado en sí, sino que no era el tiempo propicio, o la manera no fue la adecuada causando más confusión. Se debe tomar en cuenta que el buen humor sea oportuno y el mal genio no sea inoportuno.

V. Valentía: El Proceso de adoptar una postura

Pablo conocía la importancia de animar a Timoteo, porque el joven tendría que adoptar una postura en muchas situaciones difíciles. Así que le encargo que fuera valiente e hiciera lo correcto en tiempos difíciles. La valentía es la primera cualidad esencial para un liderazgo eficaz. Los líderes inician y adoptan una postura incluso cuando nadie más viaja con ellos. Pablo preparó a Timoteo con estas palabras:
1. Hay algo que impedir (2 Timoteo 2:22, 23) - Los líderes deben huir de las tentaciones, como el placer y el poder, que arruinan sus vidas personales.
2. Hay ciertas cosas que perseguir (2 Timoteo 2:22) - Los líderes deben perseguir cualidades que edifiquen su carácter e integridad.
3. Hay algunas cosas que reflejar (2 Timoteo 2:24-26) - Los líderes deben modelar actitudes correctas para que otros quieran someterse a Dios.
4. Hay algunas cosas que percibir (2 Timoteo 3:1-9) - Los líderes deben leer los tiempos y asumir la responsabilidad de aferrarse a lo correcto.
5. Hay algo que pronunciar (2 Timoteo 3:10-17) - Los líderes deben aferrarse a la palabra de Dios y usarla como norma de entrenamiento. (La Biblia de Liderazgo de Maxwell, 1507).

Para resolver conflictos personales, los problemas se deben enfrentar, no ignorarlos. Pero se debe ejercer mucha cautela en el tiempo y la manera en que se manejan dichos altercados. Si se cree que la situación es reparable, si hay esperanza de restaurar la relación, si hay fe de que Dios les pueda ayudar a resolver su desacuerdo; el manejo debe ser justo, amoroso y con buen juicio. De seguro, la salida puede demandar bastante, y puede ser difícil, pero sí hay salida. Si dos personas quieren resolver sus problemas, lo pueden hacer por la gracia y el poder de Dios porque no hay problema que Dios no pueda resolver. Heridas se pueden sanar, amistades se pueden restaurar, relaciones se pueden cementar cuando dos personas manejan sus problemas a la manera de Dios conforme a su Palabra. Cuando se tiene la 'mente de Cristo' las partes involucradas en una contienda deben fijarse en la otra persona, no en sí mismo, o sus derechos o deseos. En la mente de Cristo está presente el sacrificio para el bien de otros y no hay espacio para el egoísmo.

Quizás en vez de pensar cómo alguien te humilló o maltrató será más útil pensar cómo puedes servir a esta persona o ministrar a sus necesidades. Si la consideras tu sirviente, enfocándote en lo que ella te debe hacer y no lo está haciendo, tu relación con esta persona se va a deteriorar. Si, en cambio, te ves a ti mismo como siervo de ella, y quieres ministrar a ella, no importa cómo se porta ella hacia ti, o cómo te trata, su relación, probablemente, se mejorará. 

Pero tener una actitud de siervo solo es posible 'en el Señor'. Los orgullosos y egoístas podemos llegar a ser humildes y sinceros. Los que deseamos ser servidos podemos llegar a servir.

La resolución de conflictos no se trata solo de evitar el pecado, sino de restaurar las relaciones. Debemos estar dispuestos a escuchar, comprender y perdonar. La reconciliación requiere humildad y un corazón dispuesto a sanar.

Imagina un puente roto. La reconciliación es como reconstruir ese puente, permitiendo que las personas se conecten nuevamente y fortalezcan su relación.

Por último, hay ocasiones cuando una persona necesita ayuda de otros cristianos para resolver sus problemas, para recibir consejo y dirección, para resolver conflictos que no pueden resolver solas. No se quede sin buscar la ayuda de nadie. Acaban perjudicándose a sí mismas y a otros. Como resultado, sus conflictos se vuelven más serios, su testimonio llega a ser ineficaz, y su gozo y paz en Cristo se disipa. Se tornan ansiosos, enojados, amargados, resentidos, deprimidos, frustrados, indiferentes, contenciosos, irritables, impacientes y solitarios. Sufren sus familias, sufre su trabajo, sufre el mundo y trae reproche al nombre de Cristo.
Un cristiano sabio busca ayuda y consejo de otros cristianos para llevar a cabo la solución bíblica. Hazte el favor de no limitarte a ti mismo. (Wayne Mack. Tú puedes resolver conflictos personales, 9).

Efesios 4:26 nos enseña que el enojo no es el problema, sino cómo lo manejamos. Al reconocer nuestro enojo, evitar pecar, resolver los conflictos rápidamente y buscar la reconciliación, podemos fortalecer nuestras relaciones y vivir en paz. Que Dios nos dé la sabiduría y la gracia para manejar nuestros conflictos de acuerdo con Su palabra.
  • ¿Hay algún conflicto en tu vida que necesite ser resuelto hoy?
  • ¿Estás dispuesto a perdonar y buscar la reconciliación con aquellos que te han herido?
  • ¿Cómo puedes aplicar estos principios en tus relaciones diarias?

Que Dios nos dé la sabiduría y la gracia para manejar nuestros conflictos de acuerdo con su palabra.

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