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Amar es perdonar - Amor es acción

Jesús dijo a Simón Pedro: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?’. Le respondió: ‘Sí, Señor; tú sabes que te amo’. Él le dijo: ‘Apacienta mis corderos’. Volvió a decirle la segunda vez: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?’. Pedro le respondió: ‘Sí, Señor; tú sabes que te amo’. Le dijo: ‘Pastorea mis ovejas’. Le dijo la tercera vez: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?’. ‘Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ‘¿Me amas?’. Y le respondió: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo’. Jesús le dijo: ‘Apacienta mis ovejas’. Juan 21:15-17

Bill Buckner fue beisbolista de primera base y jardinero, con una exitosa trayectoria de 22 años en las Grandes Ligas. Falleció a los 69 años, en el 2019. Buckner lideró la liga en dobles dos veces y terminó entre los 10 primeros en bases robadas dos veces también. Incluso fue campeón de bateo de la Liga Nacional en 1980 y fue All- Star en 1981. Sin embargo, tal vez no haya ningún jugador en la historia de la MLB (Major League Baseball) cuya carrera se haya definido más por un error, a pesar de sus méritos, que la de Buckner.

Era el otoño de 1986. Los Red Sox tenían una ventaja de 3 a 2 en la serie e iban ganando 5 a 2 a los New York Mets en el décimo inning. Estaban a solo tres strikes de coronarse en el Clásico de Otoño, pero en la mitad superior de la décima entrada del sexto partido, Mookie Wilson, de los Mets, bateó un roletazo (rolling) a Buckner en primera base, que se escurrió entre sus piernas y llegó al outfield.

Los Mets anotaron en la jugada para ganar el sexto partido y ganaron el partido siendo así campeones de la Serie Mundial. El error de Buckner en un momento decisivo le catapultó a lo más alto de la lista de los peores errores deportivos de la historia. Después de sus días como jugador, incluso tuvo que mudarse de Boston a Idaho debido a la ira explosiva de los que le rodeaban.

Los resentimientos entre Buckner y los aficionados de Boston duraron décadas, pero las cosas empezaron a cambiar cuando los Red Sox ganaron por fin las Series Mundiales en 2004 y 2007. El poder del perdón se puso de manifiesto en 2008, cuando Buckner regresó a Fenway Park para lanzar la primera bola del partido inaugural; allí recibió una ovación que duró casi dos minutos y le hizo llorar.

DESARROLLO

Al igual que Bill Buckner, el apóstol Pedro cometió un error que se puede colocar en la lista de los peores de la historia. Por tres años y medio, Pedro estuvo siguiendo muy de cerca a Jesús. Fue testigo de los grandes milagros realizados por el Señor; incluso él fue objeto de algunos de estos milagros. Se cuenta que en cierta ocasión, después de haber pasado la noche tratando de pescar sin resultado alguno, el Señor se le acercó y “le dijo a Pedro: —Lleva la barca a la parte honda del lago, y lanza las redes para pescar”.15 Cuenta el relato que Pedro obedeció la orden de Jesús “y fueron tantos los pescados que recogieron, que las redes estaban a punto de romperse”. Al ver este portentoso milagro, Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: “—¡Señor, apártate de mí, porque soy un pecador!”.

En otra ocasión, Pedro estaba en el mismo lago de Galilea junto con los otros discípulos. Una gran tormenta vino en su contra, con tanta fuerza que amenazaba con destruir la embarcación. Pero en medio de la tormenta, Jesús se acercó a sus atemorizados discípulos caminando sobre las aguas. Cuando los discípulos vieron a su maestro andar sobre aquellas turbulentas aguas se turbaron y gritaron de miedo. Pero Jesús los alentó con las palabras: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. Es el momento cuando Pedro dice: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Jesús le dijo “ven” y de manera milagrosa Pedro caminó sobre las tormentosas aguas del lago de Galilea.

Otro episodio épico en la vida de Pedro aconteció cuando Jesús, en cierta ocasión, le dijo:

“Y vosotros, ¿quién decís que yo soy? Sin esperar que dijeran sus compañeros, Pedro respondió: Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente. Ante semejante declaración, Jesús dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no la dominarán”.

Podemos decir, queridos jóvenes, que Pedro había sido un gran jugador en el equipo de Jesús, pero en un momento decisivo cometió un grave error. Justo antes de su crucifixión, Jesús se dirigió a sus discípulos diciendo: “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche”. Ante esta declaración todos se miraron. Entonces, Pedro dijo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”.

¡Pedro insistió una y otra vez que nunca negaría a su Maestro! Sin embargo, horas después, no solo lo negó, sino que también comenzó a maldecir, y juró que no conocía a Jesús.

Sí, queridos chicos, Pedro negó a su Maestro. Lo negó cuando debió defenderlo. Cobardemente negó a aquel que le había llamado y, además, quien había obrado milagros extraordinarios en su vida. Ante semejante acción errónea, Pedro quedó destruido y avergonzado. ¿Y qué creen que ocurrió después?

Como es sabido, nuestro Señor fue crucificado. Su cuerpo fue colocado en un sepulcro, pero al tercer día de su muerte, resucitó. Resulta que después de su resurrección vuelve a encontrarse con Pedro, en el mismo lugar donde años atrás Pedro había sido testigo de la pesca milagrosa. El Señor sostuvo una conversación con el fracasado discípulo. ¿Qué le dijo entonces?

Si desean saberlo, leamos el evangelio de Juan:

Jesús dijo a Simón Pedro: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?’. Le respondió: ‘Sí, Señor; tú sabes que te amo’. Él le dijo: ‘Apacienta mis corderos’. Volvió a decirle la segunda vez: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?’. Pedro le respondió: ‘Sí, Señor; tú sabes que te amo’. Le dijo: ‘Pastorea mis ovejas’. Le dijo la tercera vez: ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?’. ‘Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ‘¿Me amas?’. Y le respondió: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo’. Jesús le dijo: ‘Apacienta mis ovejas’. Juan 21:15-17

CONCLUSIÓN

¿Por qué amar es perdonar?
Pedro, al igual que Bill Buckner, cometió un grave error que quedó registrado en la historia, pero también recibió la gracia del perdón. Jóvenes, la historia de Pedro nos enseña que amar es perdonar. Fíjense que Jesús perdonó a Pedro a pesar de sus errores y fracasos. Y lo perdonó porque lo amaba. Puede que tú también hayas cometido graves errores, pero el mismo Jesús que perdonó a Pedro también te extiende su perdón a ti.

Por otra parte, esta historia también nos enseña que hemos de perdonar, tal como lo hizo Jesús. El Señor le concedió una segunda oportunidad a Pedro a pesar de sus errores; de igual manera tú y yo debemos estar dispuestos a perdonar. Hoy te invito a que recibas el perdón, pero también a que lo des. Nunca olvides que amar es perdonar.

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