“En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos. Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena”. 2 Timoteo 2:20-21
INTRODUCCIÓN
En cierta ocasión un hombre joven llegó a un campo de leñadores, ubicado en la montaña, con el objeto de obtener trabajo. Durante su primer día de labores trabajó arduamente y como resultado, taló muchos árboles. El segundo día, trabajó tanto como el primero, pero su producción, fue escasamente la mitad del primer día. Durante el tercer día, se propuso mejorar su producción. Golpeó con furia el hacha contra los árboles, pero sus resultados fueron nulos. El capataz, al ver los resultados del joven leñador, le preguntó: “¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?” El joven respondió: “Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado demasiado ocupado cortando árboles”. Así como en esta historia muchas personas que desean servir a Dios con sus dones, al principio de la vida cristiana han notado que las cosas salían bien, pronto, con ánimo, y había más satisfacción; sin embargo, al pasar los años se torna más complicado, más difícil de hacer o menos ganas de servir. El problema no es el don o talento para el Señor, si no de qué forma mantengo este don al servicio de Dios, posiblemente estemos tan preocupados en hacer, que olvidamos que para hacer hay que tener un buen fundamento y mantenernos limpios para servir.
Desarrollo: Vamos a abrir las Escrituras para ver cómo podemos llegar a poner nuestros dones al servicio de Dios, cómo mantenernos en esa disposición y finalmente qué bendiciones recibimos al hacerlo.
I. Cómo podemos poner nuestros dones al servicio de Dios
1. Con un fundamento sólido. En 2 Timoteo 2:20-21, dice:
“En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos. Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena”.
Este texto se encuentra en la sección donde Pablo exhorta a Timoteo en la perseverancia en la fe, y a cumplir con el deber de un fiel siervo del Señor. (2 Timoteo 2:3,15). El versículo 19, recalca que el fundamento del Señor está firme: “A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme” (2 Timoteo 2:19 NVI), este fundamento es la seguridad donde descansa el pueblo de Dios, por ello el fundamento es sólido, estable, firme, no hay que temer entonces, vayamos con seguridad.
2. Dispuestos a servir También dice que el fundamento del Señor tiene un sello con la siguiente inscripción: “El Señor conoce a los suyos”. Es interesante notar que los que son conocidos por Dios, son los que “están dispuestos a testificar fielmente por Dios aquí en la tierra, pueden tener la confianza de que Dios los recordará en el cielo (2 Timoteo 2:12)” CBA. Tomo 7, pág. 348. Los conocidos de Dios oyen su voz y saben que su voluntad es servir y lo harán.
3. Apartándonos de toda maldad Así mismo la otra inscripción en versículo 19 es: “Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor”. “El apóstol destaca la inevitable consecuencia de una plena entrega a la voluntad de Dios. El miembro de iglesia que así procede, aborrecerá el mal como Cristo lo detestó. El sello de Dios nunca puede descansar sobre un ser humano impuro. Dios nunca aprobará nada que no sea una entrega completa a los principios de su gobierno. Los que llevan el sello de la aprobación divina serán para el mundo ejemplos de una forma superior de vida; revelarán un carácter que refleja la integridad moral de Dios”.
Servir a Cristo significa que nuestra vida no puede ser igual, debemos reaccionar a la belleza y misericordia de Su carácter, debe impregnar nuestras obras, palabras y pensamientos, siendo congruentes nuestro máximo ejemplo que es Jesús. Así Pablo pone una plataforma por la cual Dios fundamenta sus principios y nos dice ahora cómo mantenernos en ese servicio.
II. Cómo mantenernos en el servicio a Dios
La expresión del versículo 20 “Casa grande” es una metáfora que representa a la iglesia, según el mismo Pablo escribió: “si me retraso, sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad”. (1 Timoteo 3:15 NVI).
1. Reconociendo nuestro valor ante Dios. En esta metáfora Pablo nos dice que en la casa grande “no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos”. 2 Timoteo 2:20. Es decir, que en la iglesia hay miembros de Cristo cuyo servicio es honroso, son personas que han dado sus dones a Dios, han vivido para Cristo y disponen todo para él, es importante notar aquí que Pablo “destaca el valor del material y no la función particular para la cual sirve cada utensilio”. 7CBA, 348.
El tema en este texto no es la humildad con que se hacen las cosas, pues tanto la madera como el barro cumplen una función, pero son elementos que se utilizan de forma transitoria y al hacerlo pierden su valor en el uso, sin embargo, el oro y la plata no pierden su valor con el uso, ni por los golpes, ni por los años. Aquí es importante saber de qué material estamos hechos, cuál es nuestro valor ante Dios, no debemos olvidar que somos preciosos ante Cristo y eso nos mantendrá en el servicio, como hijos e hijas del Rey celestial.
2. Preparándonos para el fuego de la prueba. Cada instrumento será probado cuando venga el fuego, mientras la madera y el barro serán destruidos, el oro y la plata perdurarán como dice 1 Corintuos 3:12:
“Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno”. (NVI).
Es por ello que Pablo pone nuestra atención sobre, una vez más, el material en que estamos hechos los cristianos, nos refiere que no todos los que dicen servir a Cristo se apartan de “iniquidad” por lo tanto su destino es sombrío y triste, pues unos sirven para usos nobles y otros para usos bajos. Pero doy gloria a Dios, que a diferencia de los vasos del hogar que son para usos viles y que no pueden cambiar su materia, nosotros sí podemos cambiar nuestra naturaleza y llegar a ser preciosos para Dios y dignos de la vida eterna. Servir con el verdadero sentido, con el verdadero valor, con el verdadero amor.
3. Manteniéndonos limpios. Para ello, es necesario “Mantenernos limpios” (2 Timoteo 2:21 NVI) el término limpiar, significa purificar, purgar, apartarse de la iniquidad, de falsas enseñanzas, como dice Pablo en los versículos 14, 16-18.
Evitar discusiones inútiles: “Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes”. (2 Timoteo 2:14 NVI).
Sometiéndonos a Cristo: “Jesús dijo a los discípulos: "Vosotros limpios estáis, aunque no todos." Él había lavado los pies de Judas, pero éste no le había entregado su corazón. Este no fue purificado. Judas no se había sometido a Cristo”. DTG, 603.
Para ser limpios es necesario ir a la fuente de agua de vida para que limpie nuestro ser cada día, cada mañana, a cada instante.
III. Qué bendiciones recibimos
Y el resultado será algo grandioso, pues promete el Señor que cuatro cosas llegaremos a ser al momento de mantenernos limpios en Jesús.
1. Seremos vasos de honra
Dice el versículo 21: que seremos “un vaso noble”, en otras versiones se traduce un “vaso para honra”, como dice la Escritura:
“Quien quiera servirme, debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará”. (Juan 12:26 NVI).
La honra, Dios mismo la dará, en la medida del servicio de nuestro dones a Dios y su iglesia, pues Él es quien reconoce a los suyos, quien los sella de forma especial.
2. Seremos santos
Ser santificado, significa “ser santo” o “tratar como santo” ya que en el Señor hemos dispuesto nuestros dones, nuestra vida completa a él, ahora Pablo nos exhorta que habrá que apártarse de la iniquidad, que es lo que nos ayudará para que la obra completa de transformación se siga realizando.
“Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna”. (Romanos 6:22 NVI).
Es decir, que Dios nos dará la fortaleza para que honremos a Dios con lo que vemos, con lo que oímos, donde vamos, con quienes nos relacionamos, que honremos a Dios en todo nuestro andar.
3. Seremos útiles
La bendición de ser llamados útiles, “El Señor desea los servicios de los cristianos genuinos, pues solo de esa manera podrá ver el mundo el valor supremo de la forma de vida trazada por Dios”. 7CBA, 349.
La utilidad se dará mientras estemos dispuestos a ser canales de bendiciones para quienes nos rodean, pues es a través del testimonio como muchas personas conocerán de la misericordia de Dios antes de que aparezca en gloria y majestad, por ello la urgencia de ser útiles y no vasos viles que sean tropiezo para los no cristianos, y Dios prometió que seríamos vasos útiles a su servicio.
4. Estaremos preparados para toda buena obra. Preparado para toda buena obra, como escribió Pablo “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”. (Filipenses 1:6 NVI).
Tenemos la seguridad que Dios comenzó esta buena obra en nosotros y nos seguirá preparando para ser fieles. Y esto se dará en la medida que sigamos creciendo en Cristo:
“Para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios”. (Colosenses 1:10 NVI).
Conclusión
Pues bien hermanos, hemos visto cómo podemos poner nuestros dones al servicio de Dios: fundamentando nuestra vida en la roca sólida que es Jesús, eso provocará estar dispuestos a servirle, y nos ayudará a mantenernos separados de la iniquidad.
También estudiamos como mantenernos en el servicio: reconociendo nuestro verdadero valor ante Dios, preparándonos para el fuego de prueba que determinará de que estamos hechos y manteniéndonos limpios, santos para el Señor.
Así mismo, el Señor prometió que nos daría la oportunidad de ser llamados “vasos de honra” que testifiquen quién es nuestro Dios, que recibiremos fortaleza para ser purificados, así mismo, honrar a Dios con los que somos, ser verdaderos instrumentos útiles para testimonio de su poder y esto significa estar preparados para toda buena obra, pues Dios comenzó esta obra en nosotros y Él la terminará.
Hay que servir, hay que dar...
Cuentan que un cierto hombre estaba perdido en el desierto, a punto de morir de sed. Cuando él llegó a una casita vieja, una cabaña que se desmoronaba, sin ventanas, sin techo, golpeada por el tiempo. El hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico. Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada. Él se arrastró hasta allí, agarró la manija, y empezó a bombear sin parar. Nada ocurrió. Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. La miró, la limpió, removiendo la suciedad y el polvo, y leyó el siguiente mensaje:
- “Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo” PD.: “Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.”
El hombre arrancó la rosca de la botella y, de hecho, tenía agua. ¡La botella estaba casi llena de agua! De repente, él se vio en un dilema: si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, todo el agua que quisiera, y podría llenar la botella para la próxima persona. Pero eso podía no salir bien.
¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría? ¿O beber el agua vieja y salvar su vida? ¿Debería perder toda el agua que tenía en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se sabía cuándo?
Con temor, el hombre volcó toda el agua en la bomba. Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear… y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló. Entonces surgió un hilito de agua después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia! La bomba vieja y oxidada hizo salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. Él llenó la botella y bebió de ella hasta hartarse. La llenó otra vez para el próximo que por allí podría pasar, la enroscó y agregó una pequeña nota al billete preso en ella: -
“¡Créeme, funciona! ¡Necesitas dar todo el agua antes de poder obtenerla otra vez!”
Créeme hermano, que al poner nuestros dones al servicio de Dios seremos más felices y recibiremos grandes bendiciones, no dudes en dar y servir.
En este día me gustaría orar por las personas que desean poner sus dones al servicio de Dios y que ahora disponen toda su vida al Señor, me gustaría orar por aquellos que desean vivir como la primera vez que sirvieron a Dios y que desean seguir poniendo sus dones cada día más y mejor a los pies de nuestro Rey y Señor; me gustaría orar por ver una iglesia útil, santa, preparada y que dé honra y gloria a Dios, y me gustaría que lo manifestarán poniéndose de pie. (Oración de consagración)
By Jacob A. Bolaños Jiménez
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