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Los motivos, las formas y la naturaleza de las ofrendas


Propósito: El día de hoy, analizaremos en la Biblia cuáles son las características de una ofrenda aceptable a Dios y cuál debe ser nuestra actitud al ofrendar.
Texto: “Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios” Deuteronomio 26:10.

I. LAS OFRENDAS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
A) Las ofrendas son más mencionadas que el Diezmo

en el Antiguo Testamento
El Antiguo Testamento menciona mucho más las ofrendas que el diezmo. El culto y las ofrendas son prácticamente inseparables en el Antiguo Testamento.
B) Las ofrendas y los sacrificios expiatorios eran por el pecado (Lev. 4) y por la culpa (Lev. 5).
1. Eran ofrendas que se apartaban para el Señor fuera del santuario y que luego se las traía al templo y se las entregaba a Dios.
2. La eficacia expiatoria se encontraba en la disposición de Dios a perdonar los pecados de su pueblo (Lev. 4: 26,31).
3. La única función de estas ofrendas era señalar a Dios como el único que podía expiar el pecado, porque es imposible para el ser humano traer una ofrenda al Señor que sea suficientemente costosa como para rescatarse a sí mismo.
4. Se describe a Dios como dispuesto a dar, como un “ofrendante”. Esto provee una plataforma teológica para la dadivosidad de los seres humanos. La dadivosidad humana debe seguir el modelo divino de dadivosidad. Si comparamos todo lo que Dios da, su pueblo en realidad le da muy poco.
5. Esto nos ayuda a entender que Dios espera que le traigamos una ofrenda, porque Él mismo ya dio una ofrenda en favor nuestro.
6. Ninguna de nuestras ofrendas cumplen una función expiatoria. Nuestras ofrendas nunca deben ser un intento de ganar simpatía, el amor o el perdón de Dios. Lo que hace aceptable nuestras ofrendas es la ofrenda sacrifical del Hijo de Dios que santifica nuestra dádiva.
C) Otras ofrendas en el Antiguo Testamento: Las ofrendas quemadas (Lev. 1:3-17) y las ofrendas de paz (Lev. 3:1-17). Sus características nos llevan a la conclusión de que:
1. Una ofrenda es algo que cuesta al adorador, porque se privaba de un animal costoso y útil al darlo al Señor.
2. Dios no espera que todos den en la misma cantidad, pero se da a entender que cada cual podía traer algo al Señor.
3. Dios considera especialmente la disposición interior del dador, y el deseo de adorarlo es más importante que el valor monetario de la ofrenda. La experiencia interna de uno se expresaría al traer al Señor lo mejor que pudiera ofrecer.
4. Una ofrenda es una expresión tangible de la entrega plena de una persona al Señor, traída con gratitud y amor.
5. Las ofrendas son requeridas por Dios, pero deben ser expresiones voluntarias de gozo y gratitud. También el Señor interpreta la negligencia en traerle ofrendas como un acto deshonesto (Mal. 3: 6-8).
6. El privar al Señor de las ofrendas equivale a rechazar su señorío y atribuir las bendiciones recibidas a algún otro poder.
7. Toda ofrenda presupone una firme entrega total y personal. Por ello existe una conexión entre una reforma espiritual y el incremento de las ofrendas (2 Crón. 31:1, 10-14). 
II.

A) LAS OFRENDAS EN EL NUEVO TESTAMENTO
Son mencionadas mucho menos que en el A.T.
1. Hay pocas referencias a las ofrendas en el Nuevo Testamento, aunque se usa extensamente el verbo “dar” (dídomi). Pero lo que impresiona es que alrededor del 25 por ciento de las veces que se usa el verbo dídomi, se relaciona con el acto de dar por parte de Dios a sus hijos. Él nos da el pan cotidiano (Luc. 11:3), la lluvia, la cosecha, el alimento (Hech. 14:17), la vida y todo lo que necesitamos (Hech. 17:25). Nos da arrepentimiento (Hech. 11:18), victoria (1 Cor. 15: 57), gracia (1 Ped. 5:5), amor (1 Juan 3:1), sabiduría (Sant. 1:5), el Espíritu Santo (Juan 3:34), los dones espirituales (1 Cor. 12: 7-10), y la vida eterna (1 Juan 5:4) a través de su Hijo (Juan 3:16).
2. El Nuevo Testamento describe a Dios y a Cristo como los grandes Dadores que enriquecen a los seres humanos mediante su bondadosa gracia.
3. El propósito de la dadivosidad cristiana no es suplir las necesidades de Dios, puesto que Él no necesita nada (Hech. 17:25). Nuestro dar nos hace más semejantes a nuestro Señor.

B. Jesús y las ofrendas.
1. Cuando Jesús nació, los magos no vinieron con las manos vacías, sino que trajeron con ellos dones para el nuevo Rey. Habían venido para adorarlo (Mat. 2:2). En este pasaje se asocia la ofrenda o don costoso con los conceptos de adoración, homenaje y sumisión.
2. Para Jesús, una ofrenda reflejaba no solo un estado de paz con Dios sino también con la comunidad de la cual uno formaba parte. El vivir en armonía era casi un prerrequisito al dar una ofrenda (Mat. 5: 23,24). Una ofrenda nunca expresará el amor y la gratitud a Dios si proviene de un corazón conflictivo y que está en guerra con sus semejantes. 
3. Las dimensiones verticales y horizontales de nuestra experiencia religiosa se interceptan en el acto de adoración mediante la ofrenda.
4. El dar una ofrenda a Dios no es evidencia automática de nuestra entrega indivisa al Señor como personas. La viuda y el rico trajeron ofrendas voluntarias para el sostén de los servicios del templo. Para el rico una ofrenda tal era una formalidad religiosa que podía satisfacerla con un mínimo, una muestra, no de lo que podía dar, sino de lo que estaba dispuesto a dar. En cambio la viuda trajo lo único que tenía, confiando en que Dios proveería para ella. Su dádiva se basaba en una decisión, en una lucha de fe, en la que prevalecieron su amor y su gratitud a Dios.
5. Todo esto sugiere que la verdadera benevolencia es más que compartir o dar. Tiene que ver con la condición interior de la persona, la fuerza espiritual de su amor a Dios. Este entendimiento erradica el egoísmo del acto de dar. Jesús afirmó claramente que debemos dar sin esperar recompensa alguna de otros, por consiguiente, nuestra dádiva debe ser silenciosa y secreta (Mar. 6: 1-4).
6. Jesús rechaza el egoísmo como motivación para dar porque corrompe la ofrenda. La dádiva debe provenir de un corazón dispuesto a dar y debe llegar a ser una respuesta natural de amor a Dios y de fe en Él (Luc. 6:30).

C. Pablo y las ofrendas.
1. Pablo es el que más aborda la teología de las ofrendas. 
2. Pablo era renuente a aceptar ofrendas. De esa forma rechazó el derecho al sostén financiero de su ministerio de parte de los miembros de la iglesia (2 Tes. 3:9). Además quería demostrar que no era avaro. Pablo estaba usando su libertad para proclamar el evangelio sin ocasionarles gastos a la iglesia a fin de proteger la integridad de su ministerio apostólico. 
3. Estando en prisión, Pablo recibe, a través de Epafrodito, una ofrenda de las iglesias de Macedonia para él (Fil. 4: 10-19). La ofrenda de los macedonios no era el resultado de un arranque emocional, sino que se basaba en un análisis racional, en el reconocimiento de una necesidad real de alguien a quien se estaba unido emocional y espiritualmente, y con cuya misión podían identificarse. Mediante esta ofrenda, los macedonios participaron de las aflicciones de Pablo (Fil. 4:14), además se les acreditó la ofrenda en la cuenta de ellos (Fil. 4:17), y finalmente este don fue aceptable al Señor (Fil. 4:18).
4. La ofrenda especial para los hermanos necesitados en Jerusalén fue promovida por Pablo. El don de la gracia de Dios (2 Cor. 8:1), el ejemplo de Cristo (2 Cor. 8:9) y las bendiciones de Dios (2 Cor. 9: 8-11) fueron los argumentos utilizados por Pablo para que los cristianos gentiles recogieran la ofrenda para sus hermanos judíos. 

La participación en la colecta no era un acto incidental, sino bien planeado. Estaba basada en los ingresos personales (2 Cor. 8:11), debía apartarse en el hogar (1 Cor. 16:2), determinando que el poner aparte la ofrenda era un asunto de familia, y debía entregarse a personas calificadas (2 Cor. 8: 17-23), para que la colecta fuese manejada en forma adecuada.
a)  Pablo enfatizó la actitud que se debía tener al dar. Esperaba que fuese con el espíritu adecuado. Debía experimentarse el dar como un privilegio (2 Cor. 8:4), dar voluntariamente (2 Cor. 9:7), y dar generosamente (2 Cor. 9: 11, 13).
b)  Finalmente la colecta tenía varios propósitos: suplir las necesidades materiales de la iglesia en Jerusalén; también fortalecer la unidad de la iglesia y dar expresión a esa unidad en forma objetiva; además era necesario expresar el amor cristiano, y por último, alabar a Dios. 
Un motivo aceptable
1. El amor a Dios es lo que motiva a los cristianos a dar ofrendas, un amor desinteresado cuyo foco de atención es Dios y los seres humanos.
2. Solo por medio de la ofrenda sacrifical de Cristo somos aceptados por Dios. Por lo tanto, para que nuestra ofrenda sea aceptable ante Dios es necesario que:
a)  Sea una expresión de nuestra auto entrega a Dios. Una ofrenda es una experiencia profundamente religiosa porque revela una vida enteramente entregada al Señor.
b)  Testifica que Dios está primero en la vida del creyente, dándole el mejor y más costoso don dependiendo de los recursos de la persona.
c)  Expresa fe en el cuidado providencial de Dios por nosotros. Tal ofrenda proviene de un corazón que confía en un Dios personal que suple nuestras verdaderas necesidades.
d)  Es la manifestación visible de la gratitud, la alabanza, el gozo y el amor del adorador. Una ofrenda es la forma concreta que toman nuestros sentimientos y actitudes interiores hacia el amor de Dios en el acto de adoración.
e)  Es voluntaria. Dios requiere que experimentemos el gozo de dar que enriquece nuestras vidas.
f)  Refleja nuestra entrega al mensaje y la misión de la iglesia. Debemos estar dispuestos a poner nuestros recursos al servicio del plan de Dios para la humanidad.
g)  Proviene de un corazón que está en paz con Dios y con los demás. El tratar a otros bondadosamente es un deber tan religioso como traer ofrendas a Dios.
h)  Aunque espontánea, la ofrenda debe ser sistemática. Se espera que planeemos nuestra dádiva de acuerdo a nuestros ingresos. Esto nos protege de dar únicamente motivados por las emociones. 

CONCLUSIÓN
1. Entre las muchas razones para entregar nuestras ofrendas hay dos muy importantes:
a) La fidelidad de Dios a sus promesas, la

permanencia de su Palabra. En el ser divino no hay inconsistencia ni en palabra ni en hechos. Él prometió morar con los seres humanos, proveyéndoles de identidad y supliendo sus necesidades. El Señor es confiable y responsable. Hay una constante en el carácter divino que lo hace digno de nuestra confianza. Él es fiel a sí mismo, a su propio carácter.
b) La segunda razón es que Él es el dueño, pero que está dispuesto a dar en forma natural de lo que es suyo a su pueblo. Por consiguiente, lo que su pueblo posee le llega como un don o bendición del Señor.
2. Los seres humanos somos llamados e impulsados a dar porque la gracia de Dios se reveló en el don gratuito de la salvación mediante Cristo. Nuestra dádiva debe ser moldeada conforme al modelo divino. Creados a la imagen de Dios, los seres humanos deben imitar la disposición divina a dar. Siendo que Dios da generosamente, los seres humanos deberíamos dar de la misma manera. 

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