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+ Esperanza

Texto bíblico: Job 14:14, Salmos 39:5.
Lectura adicional: : Eventos finales, capítulo 20.

INTRODUCCIÓN
A los jóvenes les cuesta enfrentar las tragedias de la vida. La muerte en especial no es entendida muy bien por ellos, pues es extraña para una generación en pleno vigor, que vive como si nunca fuese a morir.
La experiencia de Job en medio del sufrimiento y la angustia ante la muerte que parecía inminente, sirve de telón de fondo para el tema de hoy. Job indagaba profundamente: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). Pasó mucho tiempo desde Job, y hasta hoy esa pregunta ha sido frecuente en los corazones afligidos de los seres humanos. Fausto, personaje literario creado por el dramaturgo alemán Johann Wolfgang von Goethe, también se preguntó:
“¿De qué vale el eterno crear, su la creación en nada acaba?”
Ese es el drama y el dolor de la existencia: miedo, pérdida, separación... fin.

Conforme a la esperanza del Antiguo Testamento, esta declaración no sugiere que al momento de morir el alma del salmista volaría inmediatamente al cielo. El salmista simplemente dice que no permanecerá para siempre en la tumba. Llegará el momento en que Dios lo redimirá de la muerte y lo llevará a los atrios celestiales.

Una vez más, se describe la certeza de la resurrección futura, que aporta esperanza, seguridad y sentido a esta existencia actual. Por lo tanto, el sabio recibirá una recompensa mucho más gloriosa y eterna que la que el necio podría reunir para sí en esta corta vida.


Uno de los grandes objetivos de la Biblia es tratar los hechos de la vida humana, establecer su significado y destino y algunas veces echar luz sobre su causa.
La Biblia nos da luz también sobre la cuestión de la inmortalidad, un atributo que sólo pertenece a Dios: “el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén” (1 Tim. 6:16).
Otro atributo de Dios sobre lo cual tenemos luz es su eternidad, presentada exhaustivamente en toda la Biblia. Isaías escribe: “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio” (Isa. 40:28). Jeremías reafirma: “Mas Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su indignación” (Jer. 10:10). El salmista canta alegremente: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal. 90:2).

El tiempo, excluyendo su influencia en la transformación espiritual de la vida del hombre, no es nada delante de Dios. Él está más allá del tiempo;Dios es atemporal.
Haz como el salmista, canta hoy de la eternidad de Dios: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal. 90:2)... “[...] desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios” (BA).

En teoría es fácil reconocer que la inmortalidad y la eternidad pertenecen solamente a Dios y que dependemos enteramente de él y de su misericordia para tener vida eterna. Sin embargo, la apariencia de vida propia es tan fuerte en cada uno de nosotros, que no sentimos tal dependencia como una realidad; a menos que pasemos por una experiencia convincente acerca de quién es Dios y de quiénes somos nosotros.
Job vivió una experiencia convincente acerca de quién es Dios y de quién era él: “[…] [Dios,] le pusiste límites, de los cuales no pasará” (Job 14:5). “Mas el hombre morirá, y será cortado; perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?” (Job 14:10).

En Génesis 2:15-17 encontramos el relato de la prueba por la cual nuestros primeros padres pasaron: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. El pecado se convirtió, y todavía lo es, en el elemento más presente de la vida, y la muerte su mayor angustia.
Elena de White relata en el libro Patriarcas y profetas, que Adán y Eva “Suplicaron fervientemente a Dios que les permitiese permanecer en el hogar de su inocencia y regocijo”. El Edén es diferente de todo lo que conocemos. Allá, entre árboles y bosques, pulsaba la vida. La caída ante la prueba llevó a Dios a retirar a Adán y Eva del paraíso. La razón por la cual actuó así está relatada en el versículo 22 del capítulo 3 de Génesis: “que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre”. El fruto del árbol de la vida tenía la virtud (bajo Dios) de perpetuar la vida. Y Dios no quería pecadores inmortales. El pecado trae sufrimiento, agonía, amargura, sentimiento de culpa, miedo, disgusto de la vida e infelicidad. ¡El pecado es fatal!
Eternos pecadores, ¡serían eternos infelices!.

EXISTE LA MUERTE POR CAUSA DEL PECADO
a. El pecado simplemente perturba todo lo que Dios quiere para nuestra vida. Crea un abismo entre el hombre y Dios. El pecado comenzó con la rebeldía de Lucifer, su búsqueda de gloria e interés propio, y continuó con la rebelión del hombre contra Dios. En lugar de “vivir para Dios”, el pecado hace que al ser humano “vivir para el yo”. b. Los efectos del pecado son mucho peores que una enfermedad. Es un crimen intencional; no es parte esencial del hombre, conforme fue creado; es algo anormal, perturbador y destructivo. Pone las facultades mentales fuera de eje, rompe el equilibrio de las fuerzas vitales, así como la enfermedad perturba las funciones orgánicas. El pecado debilita la energía moral, como la enfermedad debilita el cuerpo. Es un agente de dolor, entorpece la sensibilidad. Con frecuencia produce contaminación visible. Algunos pecados son tan degradantes como la lepra era en el pasado. Tiende a aumentar en el hombre, y se revelará fatal antes que transcurra mucho tiempo. c. Desde Adán y Eva, el pecado ha corrompido nuestro mundo y manchado nuestras vidas. Dios ofreció a los hombres innumerables oportunidades para ser limpios del pecado, pero las personas, egoístas, concupiscentes, continúan arrastradas por el síndrome del pecado. Como consecuencia de ese síndrome letal no tenemos perspectiva de vida más allá de los setenta u ochenta años. David, en uno de sus salmos, escribió: “El hombre, como la hierba son sus días; fl orece como la fl or del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más” (Salmo 103:15 y 16).

TODAVÍA HAY ESPERANZA
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna [...]” (Rom. 6:23). Hay una esperanza para nosotros. Un don gratuito que da vida eterna. No estábamos totalmente perdidos y sin esperanza, pero “[...] cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20). La esperanza existe y está bien cerca de ti. ¡La esperanza es Jesús! a. Es necesario comprender que la eternidad y la inmortalidad son diferentes. La eternidad como concepto filosófico se refiere en el sentido común al tiempo infinito; o aun a algo que el tiempo no puede medir, pues trasciende el tiempo. Si entendemos el tiempo como duración con alteraciones, sucesión de momentos, la eternidad es una duración sin alteraciones o sucesiones. Para Boecio, filósofo, estadista y teólogo romano, la eternidad es “la posesión total, simultánea y perfecta de una vida interminable”.
Siendo así, la eternidad trasciende el tiempo. Está más allá del tiempo. No tiene principio ni fin.
b. Solo Dios es eterno. En Cristo tenemos esperanza de inmortalidad –tuvimos un principio, pero no tendremos fin.
C. S. Lewis, autor y escritor irlandés, conocido por ser el autor de la famosa serie de libros infantiles de nombre Las crónicas de Narnia, escribió sobre la experiencia relevante de los que ansían la eternidad y el cielo: “Si usted lee la historia, descubrirá que los creyentes que más realizaban en este mundo fueron exactamente aquellos que pensaban más en el mundo por venir... Es por el hecho de que los creyentes dejaron de pensar en el otro mundo que se volvieron ineficaces en este mundo”.

Lo que diferencia a una persona que entendió los propósitos de Dios para los demás habitantes de este mundo es su concepción acerca de la eternidad.
c. Job tenía convicción del propósito de Dios de volver inmortal al hombre. A través de la venida de Cristo al mundo para vencer la muerte y conceder vida a los suyos: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fi n se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27).
d. Sin Dios no existe continuidad de la existencia. La vida se resume al aquí y ahora. Entonces, tomadas por la enfermedad y por la muerte, las personas retroceden a la inexistencia para siempre. Jesús es la solución para esos dos problemas insolubles: la enfermedad y la muerte. El tiempo que pasamos en este mundo es muy poco. Fuimos creados para vivir eternamente, para vivir un sueño sin fi n. Como el lindo himno del Coro Joven de Río de Janeiro: Toda lengua y nación, Toda raza y color En un solo coro unidos Y el Director es el Señor. Y por tiempo eterno Viviremos allí. No hay más muerte o temor, Solo la vida y el amor Lindo sueño sin fi n. VIVE CON MÁS ESPERANZA Hay momentos en que las tragedias y las pérdidas personales entran en nuestra vida y nos llevan naturalmente a la tristeza, la afl icción y la desilusión. No obstante, existe una forma para soportar y lidiar con esas experiencias dolorosas; entendiendo que la venida de Cristo al mundo y su entrega en la cruz tuvo un propósito: transformar tu vida y restituirte el derecho de vivir para siempre. “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). a. El signifi cado más pleno de la afi rmación de Jesús “Yo soy la resurrección” es que la muerte no es una realidad permanente para los que desarrollen una relación personal con él por medio de la fe, porque él tiene el poder de vencerla. b. En la víspera de su crucifi xión, Jesús les dijo a sus discípulos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2, 3). c. El lugar del que Jesús habló es el cielo. Él es la esperanza de todo aquel que en él cree. Durante siglos el cielo fue retratado por artistas, poetas, escritores y predicadores. Agustín, Dante, John Milton, John Bunyan, C.S. Lewis y muchos otros escribieron sobre el cielo y sus glorias. El cielo es cantado en himnos, música erudita y popular. Es mencionado en anécdotas y sermones, hospitales y aulas. Casi todo el mundo tiene alguna vaga noción sobre el cielo, algunas bíblicas, otras no. La promesa del cielo ha dado esperanza a los afl igidos y confortado a los enlutados. “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25, 26). d. La muerte es la ausencia de vida. Cristo es la vida. Y aquellos que no tienen a Cristo estarán muertos por toda la eternidad. Juan dice: “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11-12). UNA DECISIÓN Espero sinceramente que las palabras de Jesús hayan acertado de lleno en tu corazón. La vida es una expresión de amor y la resurrección es el amor que se hace posible, es más esperanza para ti y para mí. Ten esperanza y vive feliz al lado de Jesús. Espera otro tiempo y lugar. ¡Abre tu corazón! 34 35 Semana Joven 2016 Semana Joven 2016 “Si usted lee la historia, descubrirá que los creyentes que más realizaban en este mundo fueron exactamente aquellos que pensaban más en el mundo por venir... Es por el hecho de que los creyentes dejaron de pensar en el otro mundo que se volvieron inefi caces en este mundo”. Lo que diferencia a una persona que entendió los propósitos de Dios para los demás habitantes de este mundo es su concepción acerca de la eternidad. c. Job tenía convicción del propósito de Dios de volver inmortal al hombre. A través de la venida de Cristo al mundo para vencer la muerte y conceder vida a los suyos: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fi n se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27). d. Sin Dios no existe continuidad de la existencia. La vida se resume al aquí y ahora. Entonces, tomadas por la enfermedad y por la muerte, las personas retroceden a la inexistencia para siempre. Jesús es la solución para esos dos problemas insolubles: la enfermedad y la muerte. El tiempo que pasamos en este mundo es muy poco. Fuimos creados para vivir eternamente, para vivir un sueño sin fin. Como el lindo himno del Coro Joven de Río de Janeiro: Toda lengua y nación, Toda raza y color En un solo coro unidos Y el Director es el Señor. Y por tiempo eterno Viviremos allí. No hay más muerte o temor, Solo la vida y el amor Lindo sueño sin fin. VIVE CON MÁS ESPERANZA Hay momentos en que las tragedias y las pérdidas personales entran en nuestra vida y nos llevan naturalmente a la tristeza, la afl icción y la desilusión. No obstante, existe una forma para soportar y lidiar con esas experiencias dolorosas; entendiendo que la venida de Cristo al mundo y su entrega en la cruz tuvo un propósito: transformar tu vida y restituirte el derecho de vivir para siempre. “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).
a. El significado más pleno de la afirmación de Jesús “Yo soy la resurrección” es que la muerte no es una realidad permanente para los que desarrollen una relación personal con él por medio de la fe, porque él tiene el poder de vencerla.
b. En la víspera de su crucifixión, Jesús les dijo a sus discípulos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2, 3).
c. El lugar del que Jesús habló es el cielo.
Él es la esperanza de todo aquel que en él cree. Durante siglos el cielo fue retratado por artistas, poetas, escritores y predicadores. Agustín, Dante, John Milton, John Bunyan, C.S. Lewis y muchos otros escribieron sobre el cielo y sus glorias. El cielo es cantado en himnos, música erudita y popular. Es mencionado en anécdotas y sermones, hospitales y aulas. Casi todo el mundo tiene alguna vaga noción sobre el cielo, algunas bíblicas, otras no. La promesa del cielo ha dado esperanza a los afl igidos y confortado a los enlutados. “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25, 26). d. La muerte es la ausencia de vida. Cristo es la vida. Y aquellos que no tienen a Cristo estarán muertos por toda la eternidad. Juan dice: “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11-12).

UNA DECISIÓN
Espero sinceramente que las palabras de Jesús hayan acertado de lleno en tu corazón. La vida es una expresión de amor y la resurrección es el amor que se hace posible, es más esperanza para ti y para mí. Ten esperanza y vive feliz al lado de Jesús. Espera otro tiempo y lugar. ¡Abre tu corazón!

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