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Refugio siempre presente - Salmos 46

En el corazón de Dios, los ancianos tienen un lugar especial. En este culto de adoración de la campaña “Basta de Silencio” de este sábado especial, estudiaremos las promesas del Salmo 46 desde la perspectiva del cuidado divino hacia las personas de 60 años o más. En cada etapa de la vida, Dios tiene provisión, gracia y misericordia. Ante los desafíos de la edad, tenga la seguridad de que Dios es “nuestro amparo y fortaleza, nuestro pron- to auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

Creer en esta verdad bíblica les permite a los ancianos envejecer con más calidad. Si eventualmente tienen que enfrentar crisis existenciales o, lamentablemente, sufrir abusos, maltrato físico o psicológico, explotación financiera o abandono, confiar en el Dios que es refugio trae esperanza para seguir caminando en la tercera edad.

En este contexto, la campaña “Basta de Silencio” tiene una buena noticia: el Dios todopoderoso está por encima de los dilemas existenciales. Los ancianos que han sido descuidados, aislados de sus familias, debilitados por enfermedades, que han sufrido violencia o han sido heridos en su auto- estima, pueden mirar al futuro con seguridad: “Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmo 46:7, 11).

DESARROLLO 

1.1 – Cántico de fe

El Salmo 46 es un cántico de fe que celebra la notable victoria del pueblo de Israel en los días del rey Josafat. Los ejércitos de Moab y Amón marchaban contra él. Era una lucha desigual. “Una gran multitud viene con- tra ti del otro lado del mar y de Siria; y ya están en Hazezón-tamar (que es En-gadi)” (2 Crónicas 20:2). El ambiente de emergencia militar generaba ansiedad y miedo, lo que llevó a Josafat a buscar a Dios y proclamar ayuno.

Josafat oró: “¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás tú? Porque en noso- tros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crónicas 20:12). Enton- ces, el Espíritu del Señor vino sobre Jahaziel en medio de la congregación, y surgió la esperanza: “No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes, sino mía [...] Simplemen- te, quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Se- ñor les dará” (2 Crónicas 20:15, 17, NVI).

El contingente israelita tenía una formación diferente: un grupo de cantores vestidos con ornamentos sagrados marchaba al frente del ejército, cantando: “Alabad a Jehová, porque para siempre es su misericordia” (2 Crónicas 20:21). Entonces, Dios actuó. La fuerza enemiga fue derrotada sin que los israelitas empuñaran armas. La tercera edad es un momento para mirar hacia atrás y agradecer a Dios por los milagros y victorias concedidas.

1.2 – Dios es

Los himnos con estrofas son conocidos por su carácter didáctico, pues cada porción enseña una verdad distinta. Al dividir el Salmo 46 en tres grandes estrofas, en la primera se destaca el tema central: “Dios es”. En mo- mentos decisivos,los adultos mayores pueden decir: “Dios es nuestro refugio, Dios es nuestra fortaleza, Dios es nuestro auxilio” (Salmo 46:1-3). Se expresa aquí una firme convicción.

Para órganos oficiales como la OMS (Organización Mundial de la Salud), se considera adulto mayor a toda persona de 60 años o más. El informe “World Population Prospects – 2024” de la ONU muestra que el crecimien- to y envejecimiento de la población, la urbanización y la migración interna- cional son tendencias que están moldeando la demografía actual (https:// www.un.org/development/desa/pd/content/world-population-prospects-2024-summary- results-0).

Sin embargo, este panorama lamentablemente presenta desafíos, como lo demuestra el aumento de la violencia contra la población de aa- dultos mayores. La OMS define como violencia el “uso intencional de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga alta probabilidad de causar lesiones, muerte o daños psicológicos”. Por eso, la Iglesia Adventista se une a las autoridades para combatir el mal y decir “bas- ta de silencio” ante las distorsiones sociales, familiares y comunitarias (https:// portaldeboaspraticas.iff.fiocruz.br/wp-content/uploads/2019/04/14142032-relatorio-mundial-so- bre-violencia-e-saude.pdf).

Sin embargo, en el contexto del cuidado espiritual, los ancianos que sufren agresiones, negligencia o abandono pueden tener la certeza de que Dios es un refugio seguro para las heridas del alma. Mantener la mente conectada con él a través de la oración trae paz. Ore: “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. [...] Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti” (Salmo 16:1,2).

Los que confían en el Señor crecen en la fe y se hacen firmes como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre (Sal- mo 125:1). Aunque “la tierra sea removida, y se traspasen los montes al cora- zón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmo 46:2, 3), confíe en Dios.

1.3 – Dios está

El segundo bloque del Salmo 46 cambia de ritmo y tonalidad. “Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísi- mo. Dios está en medio de ella; no será conmovida; Dios la ayudará al clarear la mañana” (Salmo 46:4, 5). El ritmo agitado de la primera sección, al mostrar el poder del Dios que “es”, da paso ahora a la calma y la alegría del Dios que desea habitar con su pueblo. El tono es sereno, tranquilo y lleno de confianza.

En los himnos tradicionales, había una pausa entre las estrofas. De la misma forma, en el Salmo 46, el salmista incluyó, en su “partitura”, una pausa especial. Esta pausa se llama “Selah”, palabra que aparece tres ve- ces en este salmo en las versiones antiguas de la Biblia, incluso en el último versículo. Esa interrupción nos invita a reflexionar: el “Dios que es” también es el “Dios que está” con su pueblo.

En el Salmo 43 encontramos consuelo para quienes han sufrido vio- lencia física, psicológica o sexual: “Hazme justicia, oh Dios, y defiende mi causa [...] líbrame del hombre engañoso e injusto. Porque tú eres el Dios de mi fortaleza” (Salmo 43:1, 2).

Así como el agua de un río humedece la tierra y refresca la ve- getación a su alrededor, así también la presencia de Dios refresca el alma. Las corrientes que descienden del trono de Dios hacen brotar la esperanza de quienes sufren ya sea por el aislamiento en hogares de ancianos, o por recibir cuidados paliativos. El Salmo afirma: “Él alza su voz [...] El Señor de los Ejércitos está con nosotros; el Dios de Jacob es nuestro refugio” (Salmo 46:6, 7).

Confiar en Dios es la única salida en este mundo lleno de peligros. Pero podemos estar seguros de que su voz se hace sentir de manera perso- nal e íntima. Él está con nosotros todos los días de nuestra vida. En el Salmo 5, el salmista clama con confianza: “Escucha, Señor, mis palabras, considera mi lamento” (Salmo 5:1).

El Espíritu de Profecía consuela: “Dios se inclina desde su trono para oír el clamor de los oprimidos. A toda oración sincera, él contesta: “Aquí es- toy”. Levanta al angustiado y pisoteado. En todas nuestras aflicciones, él es afligido. En cada tentación y prueba, el ángel de su presencia está cerca de nosotros para librarnos” (El Deseado de todas las gentes, p. 323).

1.4 – Dios hace

El tercer bloque del Salmo 46 habla de los milagros: “Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra” (Salmo 46:8). El tono aquí es de gratitud. Las obras que el Señor hace “por nosotros” son maravillosas.

A través del retrovisor de la existencia, podemos contemplar la ac- ción de los ángeles a nuestro favor. Ellos nos guían, dirigen nuestros pasos, nos protegen de peligros y nos asisten mientras dormimos.

A lo largo de la vida, podemos reconocer la acción de los ángeles. Nos guían, nos protegen del peligro, nos acompañan incluso al dormir. “Los ángeles de Dios están a nuestro alrededor...debiéramos saber estas cosas y temblar, y dedicarnos a pensar, mucho más de lo que lo hemos hecho hasta ahora, en el poder de los ángeles de Dios que están vigilando y guardándo- nos...” (La verdad acerca de los ángeles, p. 16).

En este punto del sermón, hay una invitación a la comunidad de fe: recordemos lo que Dios ha hecho por la Iglesia. Él envía a sus mensajeros angelicales para ser nuestra “sombra de protección y guardarnos de todo mal” (Salmo 121:5-8).

Pero las obras que el Señor hace “en nosotros” son las mayores bendiciones. Son milagros que nos transforman desde dentro. Es la rege- neración mediante el poder de la sangre de Cristo, y el Espíritu Santo que “intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).

El tono en esta parte del Salmo 46 es de esperanza. Dios “hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra”. En sentido espiritual, el Se- ñor de los Ejércitos “quiebra el arco” del enemigo, “rompe la lanza” de las huestes satánicas y, en el fuego, “quema los carros” que nos desvían hacia la perdición (Salmo 46:9).

La tercera edad es la etapa de la vida en la que se experimenta con mayor profundidad el gozo de lo que Cristo hizo en la cruz al librarnos de la culpa del pecado. Celebramos las obras de Dios por lo que Cristo hace en el santuario celestial, dándonos poder sobre el pecado. Y también nos invita a esperar con fe la liberación final, cuando Cristo venga a rescatarnos de la presencia del pecado.

CONCLUSIÓN

En las relaciones personales cotidianas, sea el rostro de Dios para los los adultos mayores que conviven con usted, tanto en la comunidad como en la iglesia. Cuando se cultiva un ambiente de comprensión, tolerancia y oración, las relaciones familiares se hacen más tranquilas y pacíficas. Por eso, promueva la autonomía de los adultos mayores. Permítales realizar tareas diarias, aunque eso demande un poco más de tiempo. Al conversar, recuerde mirarlos a los ojos y escuchar con atención. Intente valorar sus cumpleaños con actividades como cocina emocional y momentos que revivan historias del pasado. Las personas de la tercera edad están llenas de experiencias que pueden inspirar a las nuevas generaciones.

Las personas de 60 años o más se sienten valoradas cuando se las incluye en las decisiones familiares y se las invita a participar en momentos de recreación junto a hijos, sobrinos, nietos y bisnietos. Los sábados por la tarde, por ejemplo, se pueden organizar caminatas y cultos al aire libre que estimulen la memoria. Cante himnos antiguos y recuerde promesas bíblicas que fortalezcan la fe y la confianza.

Finalmente, el Salmo 46 concluye con un tierno consuelo: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmo 46:10, 11). Ser el rostro de Dios es exal- tar su nombre. Haga que la experiencia de la longevidad inclusiva sea una bendición vivida con espíritu de servicio. Los adultos mayores “plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes” (Salmo 92:13, 14). Maranata. ¡Ven, Señor Jesús! Amén.

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