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Todavía pueden luchar - Juntos rumbo al cielo

INTRODUCCIÓN

Qué alegría es encontrarnos una vez más aquí en nuestra Semana de la familia, Juntos rumbo al Cielo. Estamos orando los unos por los otros, cada día intercediendo por un grupo específico. Ya oramos por los niños, los adolescentes, los jóvenes, los padres, los viudos y divorciados, en fin, por las personas que forman parte de nuestra comunidad, personas que componen nuestro núcleo familiar y que queremos que estén con nosotros en el Cielo.

ORACIÓN INICIAL

Maravilloso Dios y Padre, te agradecemos por tu compañía durante toda esta semana. Queremos suplicarte que estés a nuestro lado al abrir tu Palabra, queremos pedir tu iluminación, y te pedimos desde ya que bendigas a los ancianos de nuestra comunidad, que reciban tu bendición, tu paz, que se sientan animados a continuar. Te suplicamos eso agradecidos, en el nombre de Jesucristo, amén.

En la oración ya adelantamos cuál será el tema de oración de hoy. Oraremos de manera más específica por los ancianos de nuestra comunidad. Muchos ancianos se encuentran en la mejor edad, ¿verdad? Pero, con seguridad, algunos de los que están aquí envejecieron y se sienten cansados y desanimados. Por eso, hoy queremos mostrar la historia de una persona quien, aunque era anciana, no se sintió desanimada. Abramos la Biblia.

En Josué 14:7, 10, 11, leemos: “Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón”.

Versículo 10: “Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años”.

Ahora veamos lo que Caleb dice a los 85 años en el versículo 11: “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar”.

¡Qué extraordinario! Imaginamos que Caleb dijo: “Yo estoy fuerte todavía. Si es necesario entrar en guerra, todavía puedo hacerlo, estoy en forma”. ¡Ojalá tuviéramos todo ese vigor a los 85 años! Pero, según pasan los años, comenzamos a ver y a sentir cambios en nuestro cuerpo. Nuestro cabello se pone gris o se cae, comenzamos a bajar la marcha, los dolores pueden ser nuestra compañía diaria. Si estamos casados y tenemos hijos, quizás nuestros hijos tienen sus propios hijos y entonces podemos aprovechar la compañía de nuestros nietos.

La verdad es que las fases anteriores de la vida nos ayudan a prepararnos para la última fase de la vida, la vejez. Yo sé que es difícil hasta de decirlo. Algunos tienen miedo de hablar de la vejez, miedo a las limitaciones que la vejez puede imponernos. Pero, lo invito a reflexionar un poco sobre la vida de Caleb, eso nos ayudará a mirar la vejez con más optimismo.

Caleb era hijo de Jefone, un hombre no judío, era cenezeo (Jos. 14:6), que se casó con una joven judía (Génesis 15:19 y Números 32:12). Caleb fue uno de los elegidos por Moisés entre los doce que fueron a espiar la tierra de Canaán, la tierra prometida. Lo interesante es que fueron doce, pero nosotros solo sabemos de memoria el nombre de dos, Josué (el autor del libro que leemos) y Caleb, nuestro personaje de estudio de hoy. Y de los doce, solo Caleb y Josué volvieron con un informe realista y más optimista sobre la tierra de Canaán.

¿Se ha puesto a pensar que el proyecto de los jóvenes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene justamente el nombre de un anciano? El proyecto Caleb. ¿Por qué será? ¿Qué podemos aprender con Caleb?

Abramos aquí un paréntesis. Tal vez, alguien esté pensando así: ‘Bien, yo no soy anciano todavía. Entonces, este mensaje no es para mí. Estoy afuera. Esto es para mi abuelo...’. Pero, ten en mente mi querido joven, mi querida joven, que los años pasan velozmente, y la vejez llegará. Y, dependiendo de lo que estés haciendo con tu vida, tus hábitos y tu estilo de vida hoy, la vejez podrá ser buena o no.

Continuemos aprendiendo con el anciano Caleb. ¿Qué lecciones podemos aprender con este personaje de la Biblia? Ese que dijo que, aún a los 85 años estaba fuerte y saludable, dispuesto y animado, aun a enfrentar una batalla.

1. NUNCA PERMITA QUE LAS PROMESAS DE DIOS SE BORREN DE SU MENTE

¿Qué promesa le había hecho Dios a Caleb? En Números 14:23, 24, leemos: “No verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá. Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión”.

Después de 45 años, Caleb recordaba las promesas de Dios en su vida, como si fuera ese momento. El tiempo no produjo amnesia ni olvido en Caleb; por el contrario, el tiempo hizo madurar la promesa en su vida. Nunca debemos olvidar las promesas de Dios. El tiempo es el instrumento que Dios usa para moldearnos y perfeccionarnos. Si las cosas todavía no sucedieron en su vida, Dios está en el control. Él cumplirá lo que prometió.

2. NUNCA PERMITA QUE SU ESPÍRITU JOVEN ENVEJEZCA

Esa es otra lección importante que aprendemos con Caleb. El cuerpo puede ir envejeciendo, pero la mente no. Necesita tener vivas las promesas de Dios que todavía no su cumplieron en su vida. Necesita creer en las promesas de Dios. En Josué 14:10, 11, como ya leímos, encontramos al anciano Caleb, a los 85 años diciéndole a Josué: “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar”.

3. NUNCA PIERDA LA FUERZA PARA PELEAR LA BATALLA ESPIRITUAL

Bien, hoy no iremos a ninguna guerra física, pero enfrentamos una batalla espiritual que es continua. Tenemos un enemigo que no duerme. Cuando un guerrero deja de luchar, automáticamente se entrega a su adversario. Nuestra vida es una guerra espiritual diaria. Luchamos, no contra una persona, sino contra los principados, contra las potestades... (Efesios 6:12). Cuando un cristiano en el campo de batalla pierde la fuerza para luchar, automáticamente ya perdió la batalla.

Nuestra lucha es contra ángeles caídos que se transformaron en demonios, huestes de maldad. Y si algún día usted luchó contra ellos, los enfrentó en el campo de batalla. Cuando usted se declara sin fuerzas para luchar, ellos ciertamente quieren destruirlo. Y un arma muy usada por el enemigo es hacer que perdamos la esperanza en las promesas de Dios. Mientras hay vida, hay esperanza, y cuando hay esperanza, necesitamos continuar luchando al lado de Jesús. Recuerde: no estamos solos en esta batalla, el Señor está a nuestro lado, él puede renovar nuestras fuerzas y levantar nuestro brazo en la lucha contra el mal. Es importante que el enemigo sepa de qué lado estamos.

Caleb fue enfático e incisivo: “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra” (Josué 14:11). Por eso, la mayor lección de Caleb para nosotros hoy es: ¡Nunca deje de luchar!

El Salmo 71 retrata a una persona anciana que vive los desafíos normales de la vida, pero que es feliz porque desde el principio depositó su confianza en Dios. La mejor manera de envejecer es confiar en él desde la juventud. 
El autor de ese Salmo compartió tres lecciones importantes que aprendió al caminar hacia la vejez. De acuerdo con él necesitamos desarrollar:

Conocimiento profundo y personal de Dios. Desde su juventud (Salmo 71:17), Dios había sido su refugio fuerte (v. 1, 7), su Salvador (v. 2), su roca y fortaleza (v.3), su esperanza, confianza y seguridad (v. 5). 
Habló de las maravillas de Dios (v. 16, 17), de su poder y potencia (v. 18), y de todas las grandes cosas que hizo (v. 19). Por fin, clamó “Tú has hecho grandes cosas; oh, Dios, ¿quién como tú? (v. 19), Esas conversaciones diarias con Dios, al estudiar su Palabra y al detenernos a reflexionar sobre todo lo que él hace por nosotros, profundizarán nuestra experiencia con él.

Buenos hábitos: buena alimentación, ejercicio físico, agua, luz solar y descanso. Esos recursos nos ayudarán a disfrutar de una vida más larga y mejor. Considere, de manera especial, la referencia del salmista a los hábitos de confiar (Salmos 71:3), alabar (Salmos 71:6) y esperar (Salmos 71:14).

Pasión y entusiasmo por la misión de Dios. La persona de ese Salmo no aguardaba con ansiedad estar ociosa en su vejez. Aun en su recogimiento o “jubilación”, quería continuar alabando a Dios (Salmos 71:8 y contándoles a otros sobre él (Salmos 71:15-18).

Cuántos se permitieron envejecer y comprometieron toda su eficiencia. Ya no hacen nada porque creen que están realmente ancianos. ¿Será que existe jubilación espiritual?

¡Seguro que no! Podemos continuar soñando, creyendo y esperando que él nos dará victorias. Esperemos sí, pero no con los brazos cruzados. Podemos escribir libros y mensajes, continuar enseñando e instruyendo a los más jóvenes en muchas áreas: canto, música, artes y oficios. Cada uno sabe cómo puede ser útil en la obra del Señor. Los de más edad pueden usar un arma poderosa en esta batalla: la oración. Pueden ser “intercesores”. En la cosecha del Señor siempre hay mucho que hacer. Y la cosecha es grande.

CONCLUSIÓN

¿Podemos continuar fértiles para la predicación del evangelio y ayudar a otras personas? Reanímese en Dios, él quiere continuar usándolo de manera poderosa. Y hoy le pediremos a Dios que renueve nuestras fuerzas, nuestro ánimo, renueve nuestra fe. Nuestro deseo sincero y nuestro pedido a Dios es que seamos calebs modernos. Vamos a decir juntos: También estamos listos para ir a la batalla espiritual. También estamos listos para continuar creciendo y siendo útiles a la causa del Maestro.

Testimonio de doña Lourdes, madre del Pr. Sidnei Roza (autor de esta Semana de Oración: Juntos rumbo al Cielo). Ella tiene 89 años, pero tiene vivo en su interior el deseo de hablarles a otros del amor de Dios. Cada vez que sale a la calle lleva un folleto. Siempre tiene libros misioneros que distribuye. Cada vez que se encuentra con una persona le habla del amor de Jesús, da su testimonio de cómo Jesús la salvó y transformó su vida. 
Yo (el pastor Sidney) sueño ser como mi madre, continuar hasta la vejez. Si Jesús no regresa, si los años pasan, mi deseo es ser un viejito igual a mi madre, continuar luchando la batalla espiritual. Y todos los días que tengo la oportunidad de estar en la casa de mi madre, doña Lourdes, la escucho, más o menos a las cinco de la mañana, arrodillarse y orar. Y como ella ya está con la audición un poco comprometida, habla con un volumen más alto. Por eso, quien está en la casa de doña Lourdes puede oírla orando de madrugada. Un ejemplo de alguien que decidió continuar luchando la batalla espiritual, que decidió ser un Caleb moderno, decidió continuar siendo un instrumento de Dios, continuar siendo una influencia en las personas. Con seguridad aquí tenemos muchos Caleb ancianos que continuamente están firmes en la batalla.

En este momento queremos orar por ese grupo de ancianos, para que también Dios haga de ellos y de nosotros Caleb modernos. Para que el Señor renueve nuestro ánimo, y si no tenemos más ánimo, que el Señor implante ese ánimo en nosotros. Que el Señor ponga en nosotros el deseo de hacer su voluntad y el deseo de compartir con otras personas la alegría de la salvación. Ahora invitamos a ese grupo de personas, los de mediana edad y los de más edad, 50, 60 años en adelante, que pasen al frente para interceder por ustedes. Vengan delante de Dios para recibir la bendición de esta oración. Ustedes que ya son padres, madres, abuelos, quien sabe hasta bisabuelos, vengan. Ustedes son muy especiales para Jesús. Para que nuestros ancianos continúen dispuestos en la batalla espiritual, así como Caleb.

ORACIÓN

“Nuestro maravilloso Dios y Padre celestial, te alabamos mucho por el privilegio de esta Semana, una semana especial de oración en la que hemos tenido la oportunidad de orar por varios grupos dentro de la familia. Comenzamos por el sacerdote del hogar, oramos por los niños, adolescentes, jóvenes, padres, viudos y divorciados, y ahora queremos poner en tus santas manos a este grupo que tanto se donó por tu obra, pero que está dispuesto a continuar siendo usado por ti, Señor. 
Por eso, multiplica sus fuerzas; que continúen siendo ejemplos para nosotros. Que continúen motivados cada día a testificar de tu amor. Que nosotros podamos seguir su testimonio y ejemplo. Si hay algún enfermo, Padre querido, por favor, ayuda a ese tu hijo, a esa hija tuya. En este momento recibe la preocupación de toda la angustia que esa persona siente. Oramos agradecidos, pidiendo que bendigas a cada uno de nuestros queridos de mediana edad y a los ancianos de tu iglesia aquí reunidos. Oramos seguros de que escuchas y atiendes nuestra oración, y lo hacemos en el nombre de Jesús, amén.”

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