"Porque las armas de nuestra milicia no son mundanas, sino poderosas en Dios para destruir fortalezas". (2 Corintios 10:4). Como si Pablo no hubiera tenido ya suficientes problemas, surgió otro con el que también tuvo que lidiar: los falsos maestros en la iglesia . Estas personas se oponían a él, a su obra y a su ministerio. Peor aún, estos falsos maestros también habían seducido a los miembros de Corinto. El apóstol se refiere a su lucha contra este problema como una guerra espiritual . ¿Era eso una exageración? En absoluto. Pablo sabía que, en última instancia, esas personas no se oponían a él, sino a Cristo . Pablo no era el tipo de líder narcisista preocupado por mantener su reputación como medio para legitimar su poder y su autoridad sobre sus subordinados . Sabía que el mensaje que se le había encomendado predicar era una cuestión de vida o muerte, con consecuencias eternas. Y sabía que había sido enviado por Dios mismo para ello. «Pablo, llamado a ser apóstol de Jesu...
Un espacio con sermones que procuran fortalecer la fe y la esperanza en Jesús.