Textos clave: Mateo 24:26-27, 36-44
Introducción
Vivimos en un mundo donde las palabras han perdido peso. Las promesas se hacen con facilidad y se rompen con la misma rapidez. Eso hiere, cansa y des- truye la confianza.
Tal vez tú ya te hayas decepcionado con alguien que prometió estar a tu lado... y no estuvo. Puede haber sido en un matrimonio que comenzó con promesas de amor eterno, pero terminó en silencio y distancia. O en una oferta de trabajo que parecía el cumplimiento de un sueño, pero nunca se concretó. Quizás fue esa amis- tad en la que confiabas, pero que se mostró frágil justo cuando más la necesitabas.
Estas experiencias nos marcan profundamente. Después de tantas decepcio- nes, es común comenzar a dudar de todo y de todos. Peor aún: algunos proyec- tan esa desconfianza incluso en Dios, preguntándose si sus promesas también podrían fallar.
Pero aquí hay una verdad que necesita ser reafirmada con toda fuerza: Dios no es como el ser humano. Él no miente, no engaña, no se retracta de sus promesas.
La promesa más fiel: La segunda venida de Jesús
Entre todas las promesas de Dios, hay una que se destaca como el ancla de la esperanza cristiana: la promesa del regreso de Jesucristo. Fue el propio Señor Jesús quien nos aseguró:
“No se angustien. Confíen en Dios y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas. (...) vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Juan 14:1-3, NVI).
Jesús no hizo esta promesa solo para consolar a los discípulos de aquella época. Él habló mirando a través de los siglos, a cada uno de nosotros que viviríamos en un mundo lleno de promesas humanas rotas. La Palabra de Jesús es un faro en medio de la oscuridad de la duda.
Aplicación
Cuando todo parezca incierto —cuando las relaciones fallen, cuando incluso tu fe esté debilitada por las decepciones— recuerda: Jesús prometió volver y lo cumplirá. Esa promesa no depende de sentimientos ni de circunstancias actua- les; está garantizada por la fidelidad del propio Dios.
Imagina la escena: el novio y la novia frente al altar. El pastor hace las preguntas del compromiso y la respuesta llega clara y firme: “Sí, lo prometo”. Es un mo- mento solemne, lleno de emoción. Pero con el tiempo, muchos de esos votos humanos se desvanecen; lo que era promesa se convierte en pasado olvidado.
Sin embargo, Dios no es un novio inconstante. Él es fiel. Ha hecho una alianza con nosotros, sellada con la sangre de Cristo. Prometió que vendrá a buscar a su novia, la Iglesia, y esa promesa no será olvidada ni cancelada. “(...) Aparecerá por segunda vez ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salva- ción a quienes lo esperan” (Hebreos 9:28, NVI). Podemos confiar plenamente en esto.
¿El arrebatamiento será secreto?
Existe una doctrina popular hoy en día, difundida por libros y películas como la serie “Dejados atrás”, que sugiere un rapto secreto de los salvos. Pero debemos preguntar: ¿Tiene base bíblica esta idea? La respuesta es: no, no la tiene.
La Biblia afirma que el regreso de Jesús será visible, audible y glorioso. Jesús dijo: “Porque, así como el relámpago que sale del oriente se ve hasta en el occidente, así será la venida del Hijo del hombre” (Mateo 24:27, NVI). Y en Apocalipsis 1:7 leemos: “Miren que viene en las nubes, y todos lo verán con sus propios ojos (...).” ¡No hay nada secreto en eso!
Muchos prefieren creer en un rapto secreto quizás porque imaginar un even- to tan dramático y definitivo causa temor. Pero Jesús nos advirtió claramente en Mateo 24:36-44 que su venida sorprenderá a muchos, como en los días de Noé —no porque será secreta, sino porque estarán desatentos y despreve- nidos. “Así será también la venida del Hijo del hombre” —los que no estén preparados serán sorprendidos, así como en el diluvio muchos ignoraron las advertencias de Noé.
Las señales de los tiempos señalados por Jesús —guerras, hambre, terremo- tos, aumento de la maldad y del engaño (Mateo 24:6-12)— están ocurriendo a nuestro alrededor. El dolor, la injusticia y el sufrimiento que vemos tienen un lí- mite establecido por Dios. ¡Él intervendrá en la historia para restaurar la justicia!
Aplicación práctica
Dios es fiel y siempre cumple sus promesas. Él prometió volver y volverá. Podemos descansar en esa certeza.
Jesús regresará en gloria y todo ojo lo verá. No te dejes engañar por teo- rías sin fundamento bíblico —la segunda venida será un evento real y es- pectacular que nadie podrá ignorar.
Seamos fieles a Dios constantemente, no solo en el último momento. La preparación para encontrarnos con Jesús es diaria, viviendo en comunión con él hoy.
Las señales del regreso de Cristo ya se están cumpliendo. Esto nos moti- va a vivir con esperanza y santidad, esperando el gran día del Señor.
Invitación y llamado
La Biblia nos asegura: “Cristo (...) Aparecerá por segunda vez (...) para traer salvación a quienes lo esperan” (Hebreos 9:28, NVI). La pregunta es: ¿Estás espe- rando y preparado para ese encuentro? No lo dejes para después; no permitas que las distracciones o decepciones de la vida te alejen de esta esperanza.
Si hoy tú reconoces que no estás preparado, Dios te da la oportunidad ahora mismo de entregarte completamente a Jesús. No esperes hasta que sea de- masiado tarde. Entrega tu vida a Cristo hoy y comienza a vivir con verdadera esperanza.
El mayor espectáculo de la historia está por suceder —el glorioso regreso de Jesús. ¡Prepárate para encontrarte con el Señor! Decide ahora estar del lado de Cristo, y no te decepcionarás, porque él jamás falla en cumplir lo que promete.
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