“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).
Tema central
La madurez cristiana no consiste en preguntarnos solamente: “¿Puedo hacerlo?”, sino: “¿Glorifica a Dios?” y “¿Ayuda a otros a acercarse a Cristo?”
Palabra clave: GLORIFICA
Pablo presenta tres principios para vivir una vida que glorifique a Dios en un mundo lleno de decisiones complejas.
INTRODUCCIÓN
El puente colgante
Un turista visitó una reserva natural famosa por sus puentes colgantes.
Antes de cruzar uno de ellos preguntó al guía:
—¿Es seguro caminar por aquí?
El guía respondió:
—Esa no es la pregunta más importante.
Sorprendido, el turista dijo:
—¿Y cuál es?
El guía contestó:
—La pregunta correcta es: ¿Seguirá usted las reglas del puente?
Muchos accidentes no ocurrían porque el puente fuera inseguro, sino porque algunas personas ignoraban las instrucciones.
La vida cristiana es parecida.
Muchas veces preguntamos:
¿Es pecado esto?
¿Es permitido aquello?
¿La Biblia lo prohíbe explícitamente?
Pero Pablo nos lleva a una pregunta mucho más profunda:
¿Esto glorifica a Dios?
¿Esto ayuda a otros?
¿Esto contribuye al avance del evangelio?
En 1 Corintios 10:23-33, Pablo nos entrega un método extraordinario para tomar decisiones cristianas.
Lo llamaremos: EL MÉTODO “GLORIFICA”
I. GLORIFICA A DIOS BUSCANDO LO QUE EDIFICA
“Todo me es lícito, pero no todo conviene”
“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica” (1 Corintios 10:23).
Los corintios estaban obsesionados con sus derechos. Estaban obsesionados con la palabra libertad.
Pablo responde que la verdadera libertad necesita dirección. La pregunta no es: “¿Tengo libertad?”
Sino: “¿Esto construye mi vida espiritual?”
En otras palabras:
No todo lo permitido es beneficioso o provechoso
No todo lo posible o legal es conveniente o beneficioso
No todo lo aceptable es edificante ocontribuye al crecimiento espiritual.
Ilustración: La mochila del excursionista
Un muchacho participó en una carrera de montaña.
Mientras avanzaba comenzó a recoger hermosas piedras.
Las guardaba en su mochila.
No eran malas.
No eran peligrosas.
No eran pecaminosas.
Pero en determinado momento el peso comenzó a frenarlo.
Mientras otros llegaban a la meta, él apenas podía caminar.
Finalmente comprendió que las piedras eran hermosas, pero innecesarias.
Muchos cristianos cargan prácticas, hábitos, entretenimientos y prioridades que tal vez no sean pecados evidentes, pero sí obstáculos para el crecimiento espiritual.
"Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia" (Hebreos 12:1).
Nota que el texto distingue entre "peso" y "pecado".
Hay cosas que no son necesariamente pecaminosas, pero sí nos impiden correr con eficacia.
La madurez espiritual comienza cuando dejamos de preguntar si algo está permitido y empezamos a preguntar si realmente edifica. No todo lo que cabe en tu vida, merece quedarse en tu vida.
"Muchos permitidos placeres absorben tiempo que debería dedicarse a la oración y al estudio de la Palabra de Dios" (MJ, 392).
Ejemplo bíblico: Marta
Marta no estaba haciendo algo malo.
Estaba sirviendo.
Pero Jesús dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas” (Lucas 10:41).
Su actividad era legítima, pero había perdido de vista lo más importante.
“Todo me es lícito, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” (1 Corintios 6:12)
“Examinadlo todo; retened lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:21)
Sin embargo, la vida cristiana no se limita a evaluar cómo una decisión nos afecta a nosotros.
Pablo da un paso más.
La pregunta no es solamente: ¿Esto me ayuda a mí?
El creyente maduro también piensa en los demás.
II. GLORIFICA A DIOS BUSCANDO EL BIEN DE OTROS
“Ninguno busque su propio bien”
“Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24).
Aquí Pablo toca el corazón mismo del evangelio.
El pecado nos empuja hacia el egoísmo. Vivimos en la cultura del 'YO PRIMERO': Mi felicidad, mis derechos, mis intereses.
Cristo nos conduce hacia el servicio. Cristo nos muere del 'yo' al 'nosotros'
La pregunta ya no es: “¿Qué quiero yo?”
Ahora es: “¿Cómo afecta esto a mi prójimo?”
Ilustración: La lámpara en la ventana
Durante una tormenta una anciana encendía cada noche una lámpara en la ventana.
Un vecino le preguntó:
—¿Por qué desperdicia aceite?
Ella respondió:
—Porque algunos viajeros necesitan encontrar el camino.
La luz no era para ella. Era para quienes podían perderse en la oscuridad.
Así debería vivir el cristiano. Porque la libertad cristiana encuentra su expresión más elevada cuando renuncia a sí misma por amor a otros.
Ejemplo bíblico: Abraham y Lot
Cuando surgió conflicto entre sus pastores, Abraham cedió el derecho de elegir.
“No haya ahora altercado entre nosotros” (Génesis 13:8).
Aunque tenía el derecho,. Valoró más la paz que sus privilegios. Valoró más la relación que sus derechos.
Eso es exactamente lo que Pablo está enseñando.
Antes de tomar decisiones, preguntémonos:
¿Esto fortalecerá la fe de alguien?
¿Este comportamiento puede convertirse en tropiezo para otro?
¿Esto contribuye a la unidad de la iglesia?
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2).
“Cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo” (Filipenses 2:3).
“La ley del servicio propio es la ley de la ruina propia; la ley del servicio a otros es la ley de la felicidad” (Ed, 138).
Jesús tenía todos los derechos del universo.
Sin embargo:
renunció a la gloria celestial,
tomó forma de siervo,
vino a este mundo,
murió por nosotros.
La cruz es la evidencia máxima de una vida entregada al bienestar de otros.
La grandeza espiritual comienza cuando dejamos de preguntarnos qué merecmos y comenzamos a preguntarnos qué necesitan los demás.
"La esencia misma del evangelio es la restauración de la imagen de Dios en el alma, y esta restauración se manifiesta mediante el servicio abnegado" (El Ministerio de Curación, p. 143).
Pero todavía hay un nivel más alto.
No basta con pensar en nosotros ni únicamente en los demás.
Existe una meta suprema que debe gobernar cada decisión.
III. GLORIFICA A DIOS CUMPLIENDO LA MISIÓN
“Hacedlo todo para la gloria de Dios”
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).
Este versículo es la cima de todo el capítulo.
Pablo lleva el cristianismo hasta los detalles más simples:comer,
beber,
trabajar,
estudiar,
hablar,
descansar.
Nada queda fuera del señorío de Cristo.
Ilustración: El espejo y la ventana
Una maestra mostró dos objetos a sus alumnos.
Un espejo y una ventana.
Preguntó:
—¿Cuál es la diferencia?
Un niño respondió:
—El espejo me permite verme a mí.
La ventana me permite ver algo más grande que yo.
La maestra dijo:
—Así son las personas.
Algunas viven como espejos.
Todo gira alrededor de ellas.
Otras viven como ventanas.
Permiten que otros vean algo más grande: a Dios
Incluso, la gloria de Dios se expresa en la fidelidad cuando nadie está mirando.
Ejemplo bíblico: Daniel
Daniel comía para la gloria de Dios.
Trabajaba para la gloria de Dios.
Gobernaba para la gloria de Dios.
Oraba para la gloria de Dios.
Por eso incluso sus enemigos reconocieron algo diferente en él.
El objetivo final de Pablo
“Como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (1 Corintios 10:33).
Pablo vivía con una obsesión santa:
Que la gloria de Dios llene la tierra; es decir que el evangelio llegué hasta los confines de la tierra. Pablo tenía pasión por las almas, su mayor anhelo era la salvación de las personas.
Cada decisión era evaluada preguntando:
¿Esto glorifica a Dios?
¿Esto ayuda al evangelio?
¿Esto acerca a alguien a Cristo?
Esa pregunta evitará muchos errores y abrirá muchas puertas de bendición.
Recuerda siempre: La vida más feliz no es la que recibe más atención, sino la que refleja mejor a Jesús.
¿Esto ayuda al evangelio?
¿Esto acerca a alguien a Cristo?
La gloria de Dios y la salvación de las personas están íntimamente conectadas.
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres” (Mateo 5:16).
“Porque para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21).
“El propósito de toda la vida cristiana es revelar a Cristo al mundo” (PVGM, 315).
"El propósito de Dios para sus hijos es que brillen como luces en el mundo" (CC, 115).
"El propósito de Dios para sus hijos es que brillen como luces en el mundo" (CC, 115).
SECCIÓN ESPECIAL PARA LOS JÓVENES
Querido joven:
La sociedad te enseñará a construir una marca personal, pero Cristo te enseñará a formar un carácter.
Vivimos en una cultura que pregunta constantemente:
¿Qué me gusta?
¿Qué me hace sentir bien?
¿Qué me beneficia?
Muchas decisiones que tomarás en los próximos años estarán relacionadas con:
amistades,
noviazgos,
estudios,
redes sociales,
proyectos de vida.
Antes de decidir pregúntate:
¿Esta decisión glorifica a Dios?
Antes de publicar algo.
Antes de comenzar una relación.
Antes de elegir una carrera.
Antes de seguir una tendencia.
Pregúntate: ¿Esto refleja a Jesús?
Recuerda siempre: La vida más feliz no es la que recibe más atención, sino la que refleja mejor a Jesús.
No permitas que las redes sociales determinen tu identidad.
No permitas que la presión de grupo determine tus decisiones.
No permitas que la cultura determine tus valores.
Una parábola sobre actitudes y elecciones
Puntos destacados
- El estilo de vida es la manera como vives y las decisiones que tomas en cuanto a lo que vas a poner en tu cuerpo, cómo usas tu tiempo y lo que piensas.
- Las elecciones del estilo de vida afectan tu salud.
La historia que presentamos trata de dos pueblos que nos sirven de ejemplo; de cómo el estilo de vida afecta la salud para bien o para mal.
El contraste de dos pueblos
Hace mucho tiempo, en un gran pueblo, donde la mayoría de las personas eran parientes, los enemigos lo invadieron y desalojaron a su gente. La mitad de los pobladores se fueron caminando por un sendero angosto hasta el interior de la selva buscando protección. Los otros se fueron río arriba y se asentaron en la ribera del río.
El pueblo de la selva
Algunos de los pobladores de la selva encontraron maneras para sobrevivir de la caza; otros regresaron a su antiguo pueblo y encontraron trabajo Después de muchos años se construyó una carretera cerca del pueblo de la selva. Desde entonces la gente pudo trabajar en la ciudad, tomando un colectivo para ir y regresar, volviendo a casa cuando querían.
Se construyó una pequeña tienda de comestibles, y la gente estuvo feliz de poder comprar alimentos tan cerca.
¿Qué tipo de alimentos piensas que se vendía en esa tienda? ¿Piensas que eran alimentos de la selva, es decir, el tipo de alimentos que la gente solía usar? ¡No! La tienda de comestibles vendía comida de la ciudad, como carne enlatada, arroz blanco, harina refinada, azúcar, aceite, grasa de cerdo, sal, café y té negro, cerveza, cigarrillos, cajas de bebidas gaseosas y jugos y muchas clases de goma de mascar, caramelos, galletas y pan dulce. El único producto fresco eran manzanas.
Los dentistas que fueron a ayudar encontraron largas colas de personas esperando que les extrajeran sus dolorosos dientes podridos. Tristemente, muchos niños, incluso los más pequeños, tenían los dientes delanteros podridos por tomar refrescos endulzados en sus mamaderas.
Aunque el equipo de salud trabajó por dos días, no pudo atender a todos los pacientes porque se les acabaron los medicamentos.
El pueblo del río
A la semana siguiente, los trabajadores de salud fueron río arriba al pueblo del río. Era la temporada seca y el río estaba bajo.
Los hombres tenían que salir de la canoa y empujarla, a pesar de que había caimanes en el agua. En la temporada de lluvia, el río era más peligroso porque las inundaciones arrasaban con los árboles. El río hacía difícil viajar, así que la gente no iba con frecuencia a la ciudad.
Los pobladores del río plantaban bananas para ganarse la vida. Eso se volvió un gran negocio, y por muchos años llevaban las bananas al mercado en una canoa de fondo plano con un motor. Luego una plaga atacó la bananera y todas las plantas se murieron. No tenían maneras de conseguir dinero. Era difícil ir a la ciudad y cada familia tenía que vérselas por sí misma. Pescaban en el río, criaban gallinas y cabras, tenían grandes huertas con árboles frutales y nueces, verduras, frijoles y granos. Había una pequeña tienda de abarrotes, una escuela y en una colina, una iglesia Adventista del Séptimo Día. La gente intercambiaba entre sí, o cultivaba, mientras que unos pocos hombres trabajaban en la ciudad y compraban cosas que no podían hacer ellos mismos. Un trabajador de salud venía y los vacunaba.
Cuando el equipo de salud llegó al pueblo limpio y ordenado del río, sacó los medicamentos y vacunas, colocó los lentes y los dentistas colocaron sus instrumentos sobre las mesas. Así quedaron listos para atender a los enfermos.
Algunas personas llegaron y se sentaron en las bancas, pero no había colas largas. Los niños vinieron para ver lo que estaba sucediendo, pero sus dientes estaban perfectos y ninguno tenía tos ni congestión nasal.
Los adultos también tenían buenos dientes. Ninguno tenía dientes podridos, nadie tenía necesidad de extracción de muelas. Los dentistas, al no tener nada que hacer, se subieron a la canoa y se fueron a pasear.
El doctor solo tuvo un paciente, un hombre con una pierna herida. Nadie tenía sobrepeso, nadie tenía las enfermedades de la ciudad. No había enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes, ni adicciones. ¡Era sorprendente!
La gente vivía sana y feliz. Las elecciones en cuanto al estilo de vida hicieron la diferencia para los aldeanos ribereños.
¡Tú también puedes determinar tus propios hábitos de estilo de vida!
Al regresar, el equipo de salud comparó los dos pueblos. La gente estaba emparentada entre sí, todos eran del mismo clan. Pero su salud no era la misma.
¿Cuál sería la diferencia? La diferencia estaba en lo que comían.
La gente de la selva tenía una dieta con alimentos refinados como arroz blanco, azúcar, grasa, carne, gaseosas, cerveza y muchas cosas dulces.
Comían todo lo que querían, cuando querían. Los niños llevaban galletas y refrescos embotellados y a los bebés se les daba leche preparada (fórmula) y agua endulzada en sus mamaderas. La gente tenía sobrepeso y rara vez hacía ejercicios y algunos eran adictos a la cerveza y los cigarrillos.
Muchos estaban tristes y deprimidos.
La gente del río tenía una dieta de alimentos sin refinar, una dieta natural. Comían lo que producían en sus huertos, mayormente alimentos de origen vegetal, con huevos y leche de cabra para los niños, pescados del río en vez de comer carne roja. No había bebidas dulces, ni alimentos con azúcar, y sólo bebían agua y un té de hierbas. Eran personas felices, con buena salud.
La gente del río seguía la dieta del Jardín del Edén lo mejor que podía y su recompensa fue tener una salud excelente, en obediencia a la orden de Dios:
"Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios". 1 Corintios 10:31.
El resultado fue una vida abundante. ¿Te gustaría vivir así también?
Haz de la gloria de Dios tu norte. Haz de la misión de Dios, tú misión.
Porque una vida dedicada a glorificar a Dios nunca será una vida desperdiciada.
CONCLUSIÓN
El vitral y la luz
Un visitante admiraba los hermosos vitrales de una antigua catedral.
Cuando el sol brillaba a través de ellos, los colores llenaban todo el recinto.
Un niño preguntó:
—¿Qué son los santos?
La madre respondió:
—Son personas a través de las cuales pasa la luz.
Esa definición resume el mensaje de Pablo.
Un cristiano auténtico es alguien que permite que la luz de Dios pase a través de su vida.
Primer principio: ¿Esto edifica?
Segundo principio: ¿Esto beneficia a otros?
Tercer principio: ¿Esto glorifica a Dios?
Cuando estos tres principios gobiernan nuestras decisiones, la luz de Cristo puede brillar en nosotros. Entonces toda tu vida es un acto de adoración y una ofrenda agradable al Señor.
LLAMADO FINAL
Permíteme hacerte algunas preguntas:
¿Hay cosas en tu vida que te están frenando espiritualmente?
¿Hay cosas en tu vida que te están frenando espiritualmente?
¿Hay decisiones que has estado tomando solamente por conveniencia personal o motivadas por el egoísmo?
¿Estás considerando el impacto de tu ejemplo sobre otros?
¿Estás viviendo para ti mismo o para bendecir a otros?
¿Quién ocupa el centro de tu vida: tú o Cristo?
¿Estás viviendo para ti mismo o para bendecir a otros?
¿Quién ocupa el centro de tu vida: tú o Cristo?
¿Existe algo en tu vida que no glorifica plenamente a Dios?
¿Podrías invitar a Jesús a cada área de tu existencia?
¿Está glorificando a Dios con tus hábitos. conversaciones y prioridades?
Hoy el Señor nos invita a algo más grande que simplemente evitar el pecado. Nos invita a vivir para su gloria. Y no hay una vida más hermosa y bendecida que aquella que glorifica a Dios y conduce personas a la salvación.
ORACIÓN FINAL
Amado Padre celestial:
Venimos delante de Ti reconociendo que muchas veces hemos vivido centrados en nosotros mismos. Hemos preguntado qué nos conviene, qué nos agrada y qué nos beneficia. Hemos defendido nuestros derechos, buscado nuestra comodidad y perseguido nuestra propia gloria, olvidando preguntarnos qué te honra a Ti.
Perdónanos por las decisiones egoístas, por los momentos en que nuestro ejemplo no edificó a otros y por las ocasiones en que buscamos nuestra gloria en lugar de la tuya. Arranca de nuestro corazón todo egoísmo, orgullo y autosuficiencia.
Enséñanos a vivir como Jesús vivió. A renunciar a todo aquello que impide nuestro crecimiento espiritual. Danos sabiduría para elegir lo que edifica, sensibilidad para procurar el bien de quienes nos rodean y pasión para hacer de tu gloria el propósito supremo de nuestra existencia.
Que nuestras palabras glorifiquen tu nombre. Que nuestros hogares glorifiquen tu nombre. Que nuestros estudios, nuestro trabajo, nuestro ministerio y nuestras relaciones glorifiquen tu nombre.
Haz de nosotros ventanas por donde el mundo pueda contemplar la belleza de Cristo. Y que cuando nuestra vida llegue a su fin, podamos decir que vivimos no para nosotros mismos, sino para la gloria de Dios y para la salvación de muchas personas.
En el nombre precioso de Jesús.
Amén.
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