“Y todo esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él” (1 Corintios 9:23).
Tema
La grandeza del cristiano no se mide por los derechos que reclama, sino por los privilegios que está dispuesto a entregar por amor a Cristo y a las personas.
Propósito
Llevar a la iglesia a comprender que la abnegación no es pérdida, sino una inversión eterna que multiplica el impacto del evangelio.
Palabra clave ABNEGACIÓN
INTRODUCCIÓN
El boleto que nunca usó
Un hombre participó en un concurso y ganó un pasaje gratuito para viajar alrededor del mundo.
Era el premio de sus sueños.
Podría visitar países.
Conocer culturas.
Vivir experiencias extraordinarias.
Sin embargo, pocos días antes del viaje, recibió una noticia inesperada: su madre había enfermado gravemente y necesitaba cuidados permanentes.
Aquella noche tuvo que tomar una decisión.
Viajar o quedarse.
Sueño personal o amor sacrificial.
Finalmente canceló el viaje.
Años más tarde alguien le preguntó:
—¿Nunca te arrepentiste?
Él respondió:
—No renuncié a algo valioso por algo menos valioso. Renuncié a algo bueno por algo mejor.
Esa es la esencia de la abnegación bíblica.
La mayoría de las personas piensa que la renuncia es perder.
Pablo enseña que la renuncia puede ser una de las formas más elevadas de amor.
La pregunta no es:¿Qué derechos tengo?
La pregunta es:
¿Qué estoy dispuesto a entregar por Cristo?
¿Qué valor tiene el evangelio para mí?
¿Hay algo a lo que no estaría dispuesto a renunciar si Dios me lo pidiera?
En 1 Corintios 9 Pablo realiza una de las declaraciones más impresionantes de todo el Nuevo Testamento.
Aunque tenía derechos legítimos (exousia), decidió no utilizarlos para que nada obstaculizara la proclamación del evangelio. (Anthony C. Thiselton, The First Epistle to the Corinthians (Grand Rapids: Eerdmans, 2000), 667-711).
Gordon Fee afirma que el centro del capítulo no reside en los derechos apostólicos de Pablo, sino en su decisión voluntaria de renunciar a ellos por una causa superior. (Gordon D. Fee, The First Epistle to the Corinthians (Grand Rapids: Eerdmans, 1987), 397-410).
Descubramos entonces los tres secretos de la verdadera abnegación cristiana.
I. PRIMER SECRETO: RENUNCIAR A MIS DERECHOS POR UNA CAUSA MAYOR
“Pero yo de nada de esto me he aprovechado” (1 Corintios 9:15).
En los versículos 3-14 Pablo demuestra que posee derechos legítimos:
Derecho al sustento.
Derecho al apoyo económico.
Derecho a una familia sostenida por la iglesia.
Derecho al reconocimiento apostólico.
La palabra clave es: Exousia “derecho”, “autoridad legítima”.
Pablo no niega esos derechos.
Los reconoce.
Pero decide no utilizarlos.
David Garland señala que Pablo no está renunciando porque sus derechos sean ilegítimos, sino porque el avance del evangelio es más importante que sus privilegios personales. ( David E. Garland, 1 Corinthians (Grand Rapids: Baker Academic, 2003), 418-425).
Ilustración bíblica: Abraham y Lot
Cuando surgió un conflicto entre los pastores de Abraham y Lot, Abraham tenía el derecho de elegir primero.
Era el anciano.
Era el líder.
Era el receptor de la promesa.
Sin embargo dijo: “Escoge tú primero.”
¿Qué hizo Abraham?
Renunció a un derecho.
¿Por qué?
Porque valoraba más la paz que la ventaja personal.
Los hombres de Dios entienden que hay cosas más importantes que tener razón o que hacer prevalecer nuestros derechos.
Muchas veces pensamos:
Tengo derecho a sentirme ofendido.
Tengo derecho a reclamar.
Tengo derecho a exigir.
Y quizá sea verdad.
Pero el discípulo de Cristo pregunta algo más profundo: “¿Qué glorifica más a Dios?”
La madurez espiritual comienza cuando dejamos de vivir defendiendo nuestros derechos y comenzamos a vivir defendiendo la misión.
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Filipenses 2:5-8
"Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. 2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. 3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí". Romanos 15:1-3.
"Y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". Mateo 20:27, 28.
“Cuanto más cerca llegue el hombre de la abnegación del Salvador, tanto más cerca estará de la perfección cristiana.” 5TI, 219.
Pero la renuncia cristiana no consiste solamente en entregar derechos.
Existe algo aún más profundo.
La abnegación bíblica transforma la libertad en servicio.
II. SEGUNDO SECRETO: CAMBIAR LA LIBERTAD POR EL SERVICIO
“Siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos” (1 Corintios 9:19).
Pablo utiliza dos conceptos sorprendentes.
Eleutheros - “libre”.
Edoulōsa - “me hice esclavo”.
El apóstol afirma: “Soy libre, pero escogí servir.”
Esto parece una contradicción.
Sin embargo, constituye uno de los principios más profundos del cristianismo.
La libertad verdadera no consiste en hacer lo que quiero.
La libertad verdadera consiste en amar tanto a Dios que elijo servir voluntariamente.
Anthony Thiselton afirma que la paradoja paulina consiste en usar la libertad cristiana para beneficiar a otros y no para complacerse a sí mismo. (Thiselton, The First Epistle to the Corinthians, 699-706).
Ilustración: La madre y el recién nacido
Una madre pasa noches enteras sin dormir.
Alimenta.
Cuida.
Protege.
Sacrifica comodidad.
Sacrifica tiempo.
Sacrifica descanso.
¿Es esclava?
No.
Ama.
Y cuando una persona ama, el servicio deja de ser una obligación.
Se convierte en una expresión natural del corazón.
Personaje bíblico: Jesús
El mayor ejemplo de este principio es Cristo.
El Creador del universo lavando pies.
El Rey llevando una cruz.
El Señor sirviendo a pecadores.
Pablo aprendió la abnegación observando a Jesús.
Porque el amor convierte el sacrificio en privilegio y el servicio en alegría.
"Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". Marcos 10:45.
"Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis". Juan 13:14-15.
"Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros". Gálatas 5:13.
Queridos jóvenes:
Muchos jóvenes preguntan: ¿Qué me va a dar la iglesia?
La pregunta de Pablo es diferente: ¿Cómo puedo servir mejor a Cristo?
La generación que transforme el mundo no será la que exija más privilegios.
Será la que esté dispuesta a servir más profundamente.
Pero Pablo todavía lleva la abnegación un paso más allá.
No solamente renuncia a derechos.
No solamente sirve.
También adapta toda su vida para alcanzar a otros.
III. TERCER SECRETO: HACER DEL EVANGELIO LA PRIORIDAD SUPREMA
“A todos me he hecho de todo” (1 Corintios 9:22).
Pablo declara:
“A los judíos me hice como judío.”
“A los débiles me hice débil.”
“A todos me he hecho de todo.”
Craig Blomberg explica que Pablo no está comprometiendo la verdad doctrinal; está adaptando sus métodos para alcanzar a diferentes personas. (Craig L. Blomberg, 1 Corinthians (Nashville: Broadman Press, 1994), 181-185).
Su pregunta constante era: “¿Qué puedo hacer para acercar esta persona a Cristo?”
Y culmina diciendo: “Todo lo hago por causa del evangelio” (v. 23).
Observe el énfasis.
No algunas cosas.
No muchas cosas.
No la mayoría de las cosas.
Todo.
Ilustración: El misionero y el puente
Un misionero intentaba compartir el evangelio con una comunidad aislada.
Durante meses nadie escuchó su mensaje.
Entonces comprendió que el problema era simple:
No existía puente entre él y la gente.
Aprendió su idioma.
Comió su comida.
Escuchó sus historias.
Comprendió su cultura.
Y cuando construyó el puente, las personas comenzaron a escuchar.
Pablo dedicó su vida a construir puentes sin comprometer la verdad.
Personaje bíblico: Daniel
Daniel sirvió en Babilonia.
Aprendió el idioma.
Comprendió la cultura.
Trabajó con excelencia.
Pero nunca comprometió su fidelidad a Dios.
Ese es exactamente el equilibrio que Pablo describe. Poruqe la abnegación no consiste en perder mi identidad en Cristo; consiste en usar todo lo que soy para acercar a otros a Cristo.
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén". Mateo 28:19-20.
"A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego" Romanos 1:14-16.
"Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna". 2 Timoteo 2:10
“Todo verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero.” DTG, 166.
CONCLUSIÓN
Ilustración Integradora: La semilla
Un niño preguntó a su abuelo agricultor:
—¿Por qué entierras las semillas si quieres conservarlas?
El abuelo respondió:
—Porque una semilla que se guarda sigue siendo una semilla. Pero una semilla que se entrega, aparentemente muere, pero produce una gran cosecha.
La semilla debe renunciar a permanecer sola.
Debe renunciar a la seguridad.
Debe renunciar a quedarse exactamente como está.
Pero esa renuncia produce vida.
Pablo entendió ese principio.
Renunció a sus derechos. Los entregó voluntariamente.
Renunció a usar su libertad para sí mismo. Decidió servir dedicadamente.
Renunció a vivir para su propia comodidad. Se sacrificó a sí mismo por la misión.
¿Para qué?
Por el evangelio.
Porque había descubierto una verdad extraordinaria:
La renuncia por Cristo nunca es pérdida; siempre es inversión eterna.
LLAMADO
Permíteme preguntarte:
¿Hay algún derecho que Dios te está invitando a entregar?
¿Qué has puesto por encima del evangelio?
¿Qué comodidad te está impidiendo servir más plenamente?
¿Hay alguien que necesita ver el amor de Cristo a través de tu sacrificio?
¿Puedes decir sinceramente como Pablo: “Todo lo hago por causa del evangelio”?
Quizá hoy Dios no te está pidiendo que renuncies a algo malo.
Quizá te está pidiendo algo más difícil.
Renunciar a algo legítimo por una causa eterna.
ORACIÓN FINAL
Padre amado:
Vivimos en un mundo que nos enseña a exigir, reclamar y defender nuestros derechos. Pero hoy contemplamos el ejemplo de Pablo y, sobre todo, el ejemplo de Jesús.
Reconocemos que muchas veces hemos pensado más en nuestra comodidad que en Tu misión.
Perdónanos cuando hemos puesto nuestros intereses por encima del evangelio.
Enséñanos a amar como Cristo amó.
Enséñanos a servir como Cristo sirvió.
Enséñanos a entregar voluntariamente aquello que impide que otros vean Tu gloria.
Señor, si hay algo en nuestra vida que está ocupando el lugar que te corresponde, hoy lo rendimos delante de Ti.
Haznos hombres y mujeres de abnegación.
Haznos siervos dispuestos.
Haznos discípulos que vivan para una causa superior.
Y que podamos decir junto con Pablo:
“Todo lo hago por causa del evangelio.”
En el nombre de Jesús, quien lo dejó todo para salvarnos.
Amén.
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