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Familias con Identidad Misionera

Texto Central: Deuteronomio 6:6-7; Génesis 12:2; Salmo 78:4-7
Tema: Dios llama a cada familia a convertirse en un centro de formación espiritual y misión.

Palabra Clave: LAS TRES M DE LA IDENTIDAD MISIONERA
Modelar – Multiplicar – Mantener

Introducción
La carta que nunca llegó

Hace algunos años, un cartero relató una experiencia interesante. Encontró una carta escrita por un niño. En el sobre decía: "Para Dios. Dirección: El Cielo."

Movido por la curiosidad, leyó el contenido. El niño había escrito:
"Querido Dios, no sé exactamente cómo eres, pero mi mamá me dice que eres bueno, que me amas y que siempre estás conmigo. Quiero conocerte más."

Lo más interesante no era lo que el niño había aprendido en la iglesia. Era lo que había aprendido en casa.
Antes de conocer doctrinas, había conocido el carácter de Dios a través de su familia.

Esto nos lleva a reflexionar:
¿Dónde comienza realmente la misión?
¿Quiénes son los primeros misioneros en la vida de un niño?
¿Qué legado espiritual estamos dejando a nuestras generaciones?
¿Somos una familia que consume bendiciones o una familia que transmite bendiciones?

Vivimos en una época donde muchos creen que la responsabilidad espiritual pertenece únicamente a la iglesia o a la escuela. Sin embargo, la Biblia enseña que el primer campo misionero de una persona es su propio hogar.

“El gran propósito de la educación es capacitarnos para utilizar las facultades que Dios nos ha concedido a fin de que podamos representar como corresponde la religión de la Biblia, y para promover la gloria de Dios” (Recibiréis Poder, 17 de mayo, p. 148).

La educación verdadera y la misión verdadera comienzan en la familia.

Por eso estudiaremos las Tres M de la Identidad Misionera.

I. PRIMERA M: LA FAMILIA MISIONERA MODELA LA FE

"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos..." Deuteronomio 6:6-7.

Observe el orden del texto.

Dios no dijo primero: "Enséñalas a tus hijos."
Dijo primero: "Estarán sobre tu corazón."

Antes de ser enseñada, la fe debe ser vivida.
Antes de ser transmitida, debe ser experimentada.

La familia se convierte en una agencia misionera cuando los hijos observan una fe auténtica en sus padres.

Ejemplo bíblico: Timoteo

Pablo escribió:
"Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice" (2 Timoteo 1:5).

La fe de Timoteo comenzó mucho antes de sus viajes misioneros.
Comenzó en la sala de su casa.
Comenzó observando.
Comenzó imitando.

Así ocurre con la fe.
Los hijos aprenden más de lo que observan que de lo que escuchan.

Aprenden:
Cómo oramos.
Cómo tratamos a otros.
Cómo enfrentamos las pruebas.
Cómo honramos a Dios.

Ciertamente, los hijos pueden olvidar muchos sermones, pero difícilmente olvidarán el ejemplo que vieron en casa.

Entonces, la pregunta no es solamente: "¿Qué estoy enseñando?"

La pregunta más importante es: "¿Qué estoy modelando?"

Pero Dios no solamente nos llama a modelar la fe. La misión familiar tiene un propósito mucho más amplio. Lo que recibimos debe multiplicarse.

II. SEGUNDA M: LA FAMILIA MISIONERA MULTIPLICA LA FE

"Con tus descendientes formaré una gran nación. Voy a bendecirte y hacerte famoso, y serás de bendición para otros". Génesis 12:2.

Dios eligió a Abraham no solamente para recibir bendiciones.
Lo eligió para transmitirlas.
La elección tenía un propósito misionero.
La bendición tenía una responsabilidad generacional.

Ilustración: La vela encendida

Una maestra colocó una vela encendida frente a sus alumnos.
Luego tomó otra vela y la encendió.
Después otra.
Y otra.

Preguntó:
—¿La primera vela perdió su luz al compartirla?

Los estudiantes respondieron:
—No.

La maestra concluyó:
—Así funciona la fe.

No disminuye cuando se comparte.
Se multiplica.

Abraham: una visión más grande

Abraham entendió que la misión no terminaba con él.
Su tarea era formar generaciones que conocieran a Dios.
La misión más importante de un padre no es dejar herencia económica.
Es dejar una herencia espiritual.

Una generación puede construir edificios; una familia misionera construye discípulos.

"Instruye al niño en su camino" (Proverbios 22:6).
"Id y haced discípulos" (Mateo 28:19).

El discipulado comienza mucho antes de llegar a una campaña evangelística.
Comienza alrededor de la mesa familiar.

Apreciados docentes:

Permítanme hablarles de manera especial a ustedes, apreciadas docentes.

Tal vez algunas veces han pensado:
"Yo no soy predicadora."
"Yo no soy evangelista."
"Mi trabajo es solamente enseñar."

Pero la realidad es muy diferente.
Cada día ustedes moldean corazones.
Cada explicación.
Cada corrección.
Cada abrazo.
Cada palabra de aliento.
Cada oración con un estudiante.
Todo eso tiene poder misionero.

Quizás nunca sabrán cuántos niños encontraron esperanza gracias a una maestra que reflejó el amor de Cristo.

La obra del maestro tiene una influencia eterna. Ninguna otra obra es más importante que la formación del carácter.
"Maestros, ¡qué oportunidades tenéis! ¡Qué privilegio está a vuestro alcance al moldear la mente y el carácter de los jóvenes que están a vuestro cargo! ¡Qué gozo será para vosotros encontrarlos en derredor del gran trono blanco, y saber que habéis hecho lo que podíais para prepararlos para la inmortalidad!" CM, 48.

Querida docente:

Tu aula puede convertirse en un campo misionero.
Tu ejemplo puede ser el primer evangelio que muchos niños lean.

Modelamos la fe.
Multiplicamos la fe.

Pero aún queda una última responsabilidad.

Debemos asegurarnos de que la antorcha siga encendida.

III. TERCERA M: LA FAMILIA MISIONERA MANTIENE EL LEGADO ESPIRITUAL

"No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová." Salmo 78:4-7.

El salmista tiene una preocupación profunda.
Que una generación conozca a Dios.
Y que la siguiente también.
Y que la siguiente no lo olvide.

La misión familiar no es un evento. Es necesario que cada generación pueda abrazarla.

Ilustración: La carrera de relevos

En una carrera de relevos lo importante no es solamente correr.
Lo crucial es entregar correctamente el testigo.
Un equipo puede ser muy rápido.
Pero si pierde el testigo, pierde la carrera.

La vida cristiana es una carrera generacional.
Recibimos el evangelio.
Y debemos entregarlo a quienes vienen detrás.

"Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí..." Génesis 18:19

Cuando Israel olvidó transmitir su fe ocurrió una tragedia.

Jueces 2:10 declara:
"Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová."
El fracaso en la sucesión familiar podría resumirse en las siguiente frase:
"La empresa la funda el padre, la mantiene el hijo y la hunde el nieto"
"Padre rico, hijo noble, nieto pobre".

El problema en la sucesión familiar no es la ausencia de información, es la ruptura de la herencia espiritual.

Esto nos enseña que la fe está siempre a una generación de desaparecer si deja de ser enseñada.

"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos..." Deuteronomio 6:6-7.
Si la repetición es la madre del aprendizaje; es necesario entonces, repetir una y otra vez estas verdades a nuestros hijos.

"Lo que has oído de mí... encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros" (2 Timoteo 2:2).

"Una generación alabará tus obras a otra generación" (Salmo 145:4).

Conclusión

Un anciano cuidaba un faro en una costa peligrosa.

Cada noche encendía la luz para guiar a los barcos.

Un visitante le preguntó:
—¿No se cansa de hacer siempre lo mismo?

El anciano respondió:
—Tal vez nadie recuerde mi nombre, pero mientras esta luz siga brillando, muchos llegarán seguros al puerto.

Así es una familia misionera.
Modela la fe. Porque vive el evangelio.
Multiplica la fe. Porque comparte el evangelio.
Mantiene la fe. Porque transmite el evangelio.

Llamado

Permítanme terminar con algunas preguntas:
¿Qué aprenden nuestros hijos acerca de Dios al observar nuestra vida?
¿Estamos formando discípulos o simplemente criando niños?
¿Qué legado espiritual dejaremos cuando ya no estemos?
¿Nuestra familia consume la misión o participa en la misión?
¿Podrán las próximas generaciones decir: "Conocí a Dios porque mi padre, mi pmadre, mi familia me lo mostró"?

Hoy Dios sigue buscando familias como Abraham.
Hogares donde la fe sea visible.
Casas donde se enseñe la Palabra.
Familias que comprendan que su identidad no es simplemente existir, sino cumplir una misión.
Porque una familia misionera es una familia que vive para que otros conozcan a Dios.

Oración Final

Padre amado:

Gracias porque diseñaste la familia como el primer lugar donde aprendemos sobre tu amor. Perdónanos cuando hemos descuidado nuestra responsabilidad espiritual y cuando hemos dejado que muchas cosas ocupen el lugar que te pertenece.

Haz de nuestros hogares escuelas de fe. Que nuestros hijos puedan ver a Cristo en nuestras palabras, en nuestras decisiones y en nuestra manera de vivir.

Bendice a los padres y madres presentes. Dales sabiduría para modelar una fe auténtica. 
Bendice a los abuelos que siguen transmitiendo esperanza a las nuevas generaciones.
Bendice de manera especial a nuestras docentes. 

Fortalécelas en su sagrada misión. Que cada aula se convierta en un lugar donde tu amor sea reflejado y donde muchos niños encuentren el camino hacia Ti.

Señor, ayúdanos a ser familias que modelan, multiplican y mantienen la fe. Que cuando nuestra historia termine, otros puedan decir que conocieron a Jesús porque nosotros decidimos vivir para tu gloria.

En el nombre de Cristo Jesús. Amén.

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