Texto: 2 Samuel 11:1
"Aconteció al año siguiente, en el tiempo en que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel; y destruyeron a los amonitas y sitiaron a Rabá; pero David permaneció en Jerusalén".
Introducción
El barco más seguro del mundo... que se hundió
Cuentan que durante la construcción del Titanic muchos llegaron a afirmar que ni siquiera Dios podría hundirlo. Era la obra maestra de la ingeniería, el orgullo de la técnica y el símbolo del progreso humano. Sin embargo, el problema del Titanic no estaba en el océano. El problema comenzó antes de tocar el iceberg.
Primero vino la confianza excesiva.
Luego la relajación de las medidas de seguridad.
Después la ignorancia deliberada de las advertencias.
Finalmente llegó la colisión.
La tragedia no comenzó cuando el barco golpeó el hielo.
La tragedia comenzó cuando dejó de prestar atención.
Lo mismo ocurrió con David.
Muchos piensan que la caída de David comenzó cuando vio a Betsabé.
El Espíritu Santo dice que comenzó antes.
Mucho antes.
"El espíritu de confianza y ensalzamiento de sí fue el que preparó la caída de David... Y en vez de confiar humilde en el poder de Dios, comenzó
a confiar en su propia fuerza y sabiduría". PP, 678.
Comenzó en 2 Samuel 11:1.
Comenzó cuando David dejó el lugar donde debía estar.
Comenzó cuando abandonó su deber.
Comenzó cuando otros peleaban la guerra que él debía liderar.
"Cuando él estaba cómodo, tranquilo y seguro de sí mismo, se separó de Dios, cedió a las tentaciones de Satanás, y atrajo sobre su alma la mancha de la culpabilidad. El hombre designado por el Cielo como caudillo de la nación, el escogido por Dios para ejecutar su ley, violó sus preceptos. Por sus actos el que debía castigar a los malhechores, les fortaleció las manos". PP, 678.
"Esto redundó en deshonor para el Señor. El había favorecido y ensalzado a David, y el pecado de éste representaba mal el carácter de Dios, y echaba oprobio sobre su nombre. Tendía a rebajar las normas de la piedad en Israel, a aminorar en muchas mentes el aborrecimiento del pecado, mientras que envalentonaba en la transgresión a los que no amaban ni temían a Dios". (PP, 681).
Y aquí encontramos una verdad aterradora:
Las grandes caídas rara vez comienzan con grandes pecados. Comienzan con pequeñas ausencias.
"La obra del enemigo no es
abrupta; al principio no es repentina ni sorpresiva; consiste en minar
secretamente las fortalezas de los principios. Comienza en cosas
aparentemente pequeñas: la negligencia en cuanto a ser fiel a Dios y
a depender de él por completo, la tendencia a seguir las costumbres
y prácticas del mundo". PP, 678.
Esta mañana quiero hablar de cuatro peligros mortales que aparecen en este versículo.
No son peligros para los incrédulos.
Son peligros para los reyes.
Para los líderes.
Para los pastores.
Para los ancianos.
Para los maestros.
Para los padres.
Para los cristianos maduros.
Porque el mayor peligro espiritual no siempre está en el campo de batalla. A veces está en la comodidad del palacio.
I. EL PELIGRO DE ABANDONAR EL LUGAR DONDE DIOS TE PUSO
"En el tiempo en que salen los reyes a la guerra"
Observe cuidadosamente.
El texto no dice: "En el tiempo en que los soldados salen."
Dice: "En el tiempo en que los reyes salen."
David tenía una responsabilidad.
Un llamado.
Una tarea.
Una misión.
Y precisamente allí decidió ausentarse.
No era una cuestión de ubicación geográfica.
Era una cuestión de vocación.
Era el lugar donde Dios esperaba que estuviera.
Porque la distancia más peligrosa es la que nos separa de nuestro deber.
Una verdad incómoda
David todavía era rey.
Todavía tenía corona.
Todavía tenía autoridad.
Todavía tenía poder.
Pero ya no estaba ejerciendo plenamente su función.
Hay personas que siguen ocupando cargos espirituales mientras abandonan silenciosamente su llamado.
Siguen cantando.
Siguen predicando.
Siguen enseñando.
Siguen dirigiendo.
Siguen simulando, pero hace tiempo dejaron la guerra espiritual.
Hace tiempo dejaron la misión.
Hace tiempo dejaron la oración.
Hace tiempo dejaron la dependencia de Dios.
Y como David continúan sentados en Jerusalén.
"Si uno llega a perder de vista su total dependencia de Dios, y a confiar en su propia fortaleza, caerá seguramente" PP, 677.
"Es imposible que nosotros, con nuestra propia fortaleza, sostengamos el conflicto; y todo lo que aleje a nuestra mente de Dios, todo lo que induzca al ensalzamiento o a la dependencia de sí, prepara seguramente nuestra caída. El tenor de la Biblia está destinado a inculcarnos desconfianza en el poder humano y a fomentar nuestra confianza en el poder divino". PP, 677.
"Cuando los hombres se sienten seguros de sí mismos son abandonados a su propia debilidad para que comprendan su necesidad de depender de Dios." (Patriarcas y Profetas, cap. 71).
Ilustración
Un soldado puede morir por una bala.
Pero un centinela generalmente muere por quedarse dormido.
David no cayó por una espada amonita.
Cayó por quedarse cómodamente en Jerusalén.
Efesios 6:13 dice: "Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo."
Pablo no dice: "Guárdenla en el armario."
La armadura fue diseñada para la batalla.
Pero abandonar el lugar de la misión produce una consecuencia inmediata.
Cuando dejamos de estar ocupados en el Reino, algo ocupa ese espacio vacío.
II. EL PELIGRO DE LA COMODIDAD SIN PROPÓSITO
"Pero David permaneció en Jerusalén"
La palabra hebrea yoshev indica permanencia. Instalación. Comodidad. Estabilidad.
Mientras Joab luchaba.
Mientras Israel peleaba.
Mientras hombres morían.
Mientras el Reino avanzaba.
David descansaba.
Una observación
Después del capítulo 10, David había alcanzado la cima de su carrera.
Había ganado guerras.
Había recibido el pacto davídico.
Había conquistado enemigos.
Tenía estabilidad económica.
Tenía prestigio nacional.
Tenía reconocimiento internacional.
"Hasta entonces la foja de servicios de David como soberano había sido tal que pocos monarcas la tuvieron jamás igual. Se nos dice que “hacía David derecho y justicia a todo su pueblo.” 2 Samuel 8:15. Su integridad le había ganado la confianza y la lealtad de toda la nación". PP, 679.
Tristemente, muchos hombres han sobrevivido a la adversidad, pero pocos sobreviven al éxito.
El gran engaño
Creemos que Satanás trabaja principalmente en el sufrimiento.
No siempre. A veces trabaja en la prosperidad.
Ezequiel dice respecto a Sodoma:
"Esta fue la maldad de Sodoma: soberbia, saciedad de pan y abundancia de ociosidad" (Ezequiel 16:49).
Observe.
No comenzó con inmoralidad.
Comenzó con ociosidad.
Walter Brueggemann observa que el narrador presenta a David como un rey que ha llegado a disfrutar los privilegios del poder mientras otros cargan con las responsabilidades del reino.
La comodidad había comenzado a reemplazar la misión.
"Pero cuando se apartó de Dios, y cedió al maligno, se hizo, por el momento, agente de Satanás; sin embargo, conservaba el puesto y la autoridad que Dios le había dado, y a causa de esto exigía ser obedecido en cosas que hacían peligrar el alma del que las hiciera. Y Joab, más leal al rey que a Dios, violó la ley de Dios por orden del rey". PP, 679.
Ilustración
El agua más peligrosa para un barco no es la que está debajo.
Es la que entra dentro.
La iglesia no es destruida por estar en el mundo.
La iglesia es destruida cuando el espíritu del mundo entra en ella.
Porque cuando la misión sale de nuestra vida, las tentaciones entran por la puerta principal.
Proverbios 16:18 dice: "Antes del quebrantamiento es la soberbia."
David estaba subiendo al balcón precisamente cuando ya había comenzado a caer espiritualmente.
Frase de transición
Y eso nos lleva a una tercera realidad.
Las caídas visibles tienen raíces invisibles.
III. EL PECADO SIEMPRE COMIENZA ANTES DE VOLVERSE VISIBLE
La mayoría de las personas ubican el comienzo de esta historia en el versículo 2.
Dios la ubica en el versículo 1.
El proceso de la caída
Primero:
David abandona su deber.
Después:
David permanece ocioso.
Luego:
David mira.
Más tarde:
David desea.
Posteriormente:
David toma.
Finalmente:
David encubre.
La anatomía del pecado
Santiago 1:14-15 declara: "Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido."
La caída nunca es instantánea.
Es progresiva.
Nadie cae en un día; simplemente llega el día en que la caída se hace visible.
"Como David, los culpables pueden procurar que su crimen quede oculto para los hombres; pueden tratar de sepultar la acción perversa para siempre, a fin de que el ojo humano no la vea ni lo sepa la inteligencia humana; pero “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Hebreos 4:13. “Nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.” Mateo 10:26". PP, 681.
Paralelo con Génesis 3
Eva vio.
Eva deseó.
Eva tomó.
David vio.
David deseó.
David tomó.
El autor está mostrando una nueva caída.
Un nuevo Edén.
Un nuevo fracaso humano.
"Desde el principio, Satanás ha venido presentando a los hombres un cuadro de las ganancias que pueden obtenerse por la transgresión. Así sedujo a los ángeles. Así tentó a Adán y a Eva a que pecaran. Y así sigue todavía apartando a las multitudes de la obediencia a Dios. Representa el camino de la transgresión como apetecible; “empero su fin son caminos de muerte.” Proverbios 14:12" PP, 680).
Elena White afirma
"Las pequeñas transgresiones abren el camino para las mayores." (Patriarcas y Profetas).
"Aquel que antes tenía tan sensible la conciencia y alto el sentimiento del honor que no le permitían, ni aun cuando corría peligro de perder su propia vida, levantar la mano contra el ungido del Señor, se había rebajado tanto que podía agraviar y asesinar a uno de sus más valientes y fieles soldados, y esperar gozar tranquilamente el premio de su pecado. ¡Ay! ¡Cuánto se había envilecido el oro fino! ¡Cómo había cambiado el oro más puro! (PP, 679).
Ilustración
Las termitas no derriban una casa en una noche.
Trabajan ocultamente.
Durante años.
Cuando finalmente cae el techo, el daño llevaba mucho tiempo ocurriendo.
Así obra el pecado.
Sin embargo, hay algo aún más profundo en este texto.
IV. EL REINO DE DIOS SIEMPRE AVANZA, AUNQUE SUS LÍDERES SE DETENGAN
Observe la estructura.
Joab salió.
Israel salió.
Los siervos salieron.
Los amonitas fueron derrotados.
Rabá fue sitiada.
La guerra avanzó.
El Reino continuó.
Pero la nota: Sin David.
Tremenda lección
Dios ama a sus siervos.
Pero su obra no depende de ellos.
Nadie es indispensable para la obra de Dios; todos somos privilegiados por participar en ella.
Moisés murió. Dios siguió.
Josué murió. Dios siguió.
David cayó. Dios siguió.
Pedro negó. Dios siguió.
La misión siempre continúa.
Ester 4:14
"Si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte."
Ilustración
Cuando un corredor abandona una posta de relevos, la carrera no termina.
Simplemente otro toma el testigo.
La tragedia es que el primero pierde el privilegio de correr.
El mayor castigo no es que Dios deje su obra; el mayor castigo es que la haga sin nosotros.
Conclusión
Volvamos al versículo donde comenzó todo.
"En el tiempo en que salen los reyes a la guerra."
Hoy hemos descubierto que la tragedia de David comenzó antes de Betsabé.
Comenzó:
cuando abandonó el lugar de su llamado;
cuando sustituyó la misión por la comodidad;
cuando permitió pequeñas concesiones invisibles;
cuando olvidó que el liderazgo exige presencia y responsabilidad.
El problema no era Jerusalén.
El problema era la ausencia espiritual.
No era un balcón.
Era una vocación abandonada.
No era Betsabé.
Era una guerra descuidada.
"Dios quiso que la historia de la caída de David sirviera como una advertencia de que aun aquellos a quienes él ha bendecido y favorecido grandemente no han de sentirse seguros ni tampoco descuidar el velar y orar. Así ha resultado para los que con humildad han procurado aprender lo que Dios quiso enseñar con esa lección. De generación en generación, miles han sido así inducidos a darse cuenta de su propio peligro frente al poder tentador del enemigo común. La caída de David, hombre que fue grandemente honrado por el Señor, despertó en ellos la desconfianza de sí mismos. Comprendieron que sólo Dios podía guardarlos por su poder mediante la fe. Sabiendo que en él estaba la fortaleza y la seguridad, temieron dar el primer paso en tierra de Satanás. (PP, 684).
En los antiguos castillos existían vigías que observaban desde las murallas durante toda la noche.
Su trabajo parecía aburrido.
Monótono.
Repetitivo.
Pero toda la ciudad dependía de ellos.
Una noche de descuido podía significar una invasión.
Una sola hora de sueño podía costar miles de vidas.
"Natán transmitió la sentencia divina sin vacilación, aunque con tal sabiduría celestial que despertó la simpatía y la conciencia del rey y le indujo a que con sus labios emitiera su propia sentencia de muerte. Apelando a David como al guardián divinamente designado para proteger los derechos de su pueblo, el profeta le relató una historia de agravio y opresión que exigía justicia y castigo". (PP, 681).
David era un vigía del pueblo de Dios.
Y por un momento dejó su puesto.
La ciudad siguió en pie.
Pero su hogar se derrumbó.
Su familia se fracturó.
Su reino sufrió.
Su testimonio quedó marcado para siempre.
"Los que, señalando el ejemplo de David, tratan de aminorar la culpa de sus propios pecados, debieran aprender de las lecciones del relato bíblico que el camino de la transgresión es duro. Aunque, como David, se volvieran de sus caminos impíos, los resultados del pecado, aun en esta vida, serán amargos y difíciles de soportar". (PP, 682).
Todo comenzó cuando el rey se acomodó, se durmió y descuidó su deber.
Llamado
Permítame preguntarle algo personalmente.
¿Dónde debería estar usted hoy?
¿Qué guerra espiritual ha dejado de pelear?
¿Qué responsabilidad ha delegado indebidamente?
¿Qué llamado ha comenzado a abandonar?
¿Qué disciplina espiritual ha descuidado?
¿Cuándo fue la última vez que luchó seriamente en oración?
¿Cuándo fue la última vez que condujo a alguien a Cristo?
¿Cuándo fue la última vez que abrió su Biblia no para preparar una clase, sino para escuchar la voz de Dios?
¿Está usted peleando la batalla que Dios le asignó?
¿O se ha acomodado en bellas viejas historias?
Porque cuando los reyes dejan el campo de batalla, las tentaciones no tardan en aparecer.
Y porque alguien puede seguir teniendo una corona, mientras hace tiempo abandonó su misión.
Hoy Cristo llama a volver al campo.
A volver al deber.
A volver a la misión.
A volver al primer amor.
A volver al lugar donde Dios nos puso.
En el Salmos 31 y 51, David "En vez de procurar ocultar la culpa, quiso que otros se instruyeran por el conocimiento de la triste historia de su caída. El arrepentimiento de David fue sincero y profundo. No hizo ningún esfuerzo para aminorar su crimen. Lo que inspiró su oración no fue el deseo de escapar a los castigos con que se le amenazaba. Pero vio la enormidad de su transgresión contra Dios; vio la depravación de su alma y aborreció su pecado. No oró pidiendo perdón solamente, sino también pidiendo pureza de corazón. David no abandonó la lucha en su desesperación. Vio la evidencia de su perdón y aceptación, en la promesa hecha por Dios a los pecadores arrepentidos" (PP, 685)
"Quienquiera que bajo la reprensión de Dios humille su alma con la confesión y el arrepentimiento, tal como lo hizo David, puede estar seguro de que hay esperanza para él. Quienquiera que acepte por la fe las promesas de Dios, hallará perdón. Jamás rechazará el Señor a un alma verdaderamente arrepentida. El ha dado esta promesa: “Echen mano ... de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos: y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” Isaías 27:5 (VM); 55:7". (PP, 687)
Oración
Señor Dios Todopoderoso, Rey de reyes y Capitán de nuestra salvación, hoy reconocemos delante de Ti que muchas veces hemos sido como David. Nos hemos acostumbrado a las bendiciones, hemos disfrutado de la comodidad y hemos descuidado las batallas espirituales que nos llamaste a librar. Perdónanos por las ocasiones en que hemos estado físicamente presentes pero espiritualmente ausentes. Perdónanos por las responsabilidades abandonadas, por la oración descuidada, por el servicio postergado y por las oportunidades perdidas de avanzar Tu Reino.
Examina nuestro corazón, Señor. Muéstranos las áreas donde hemos permanecido en Jerusalén cuando debíamos estar en el campo de batalla. Despierta nuevamente la pasión por la misión, el amor por Tu obra y el celo santo por Tu causa. Que no nos conformemos con conservar una corona mientras perdemos el propósito para el cual fuimos llamados.
Líbranos del orgullo que nace del éxito, de la ociosidad que debilita el alma y de las pequeñas concesiones que preparan grandes caídas. Revístenos con toda la armadura de Dios. Fortalece nuestras manos para la batalla espiritual y nuestros corazones para la obediencia.
Y cuando llegue el tiempo en que los reyes salen a la guerra, concédenos la gracia de estar exactamente donde Tú quieres que estemos, haciendo exactamente lo que Tú nos llamaste a hacer.
En el nombre de Jesús, nuestro verdadero Rey y Victorioso Capitán.
Amén.
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