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Cómo lidiar con falsos maestros

"Porque las armas de nuestra milicia no son mundanas, sino poderosas en Dios para destruir fortalezas". (2 Corintios 10:4).

Como si Pablo no hubiera tenido ya suficientes problemas, surgió otro con el que también tuvo que lidiar: los falsos maestros en la iglesia. Estas personas se oponían a él, a su obra y a su ministerio. Peor aún, estos falsos maestros también habían seducido a los miembros de Corinto. El apóstol se refiere a su lucha contra este problema como una guerra espiritual.

¿Era eso una exageración? En absoluto. Pablo sabía que, en última instancia, esas personas no se oponían a él, sino a Cristo. Pablo no era el tipo de líder narcisista preocupado por mantener su reputación como medio para legitimar su poder y su autoridad sobre sus subordinados. Sabía que el mensaje que se le había encomendado predicar era una cuestión de vida o muerte, con consecuencias eternas. Y sabía que había sido enviado por Dios mismo para ello. «Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios» (1 Corintios 1:1).

Cuando se trata de falsas enseñanzas, se supone que la iglesia debe actuar con amor, pero con firmeza, basándose en la autoridad de las Escrituras. El mensaje del evangelio debe conservarse intacto y puro para dar a las almas la esperanza de la eternidad.

I. GUERRA ESPIRITUAL

Lee 2 Corintios 10:1-11. La mansedumbre de Pablo en su trato con los corintios era a veces confundida con debilidad. ¿Qué palabras o frases de este pasaje revelan la valentía de Pablo para lidiar con el problema de los falsos maestros en Corinto?

Pablo comienza 2 Corintios 10 de manera muy personal: «Por la humildad y la bondad de Cristo yo, Pablo, apelo a ustedes personalmente» (2 Corintios 10:1, NVI). Esto muestra lo preocupado que estaba por las falsas enseñanzas que se infiltraban en la iglesia. Sus palabras en 2 Corintios 10:1 se refieren irónicamente a la acusación de sus oponentes de que era temible cuando escribía cartas desde la distancia, pero un cobarde cuando trataba con las personas cara a cara (2 Corintios 10:10-11). Él responde que lo que parecía ser debilidad debía verse como una poderosa mansedumbre y una gentileza semejante a la de Cristo.
Pablo entiende bien que este mundo se desarrolla en un gran conflicto espiritual. Esta guerra se manifiesta de diversas maneras y Pablo interpreta sus interacciones con los falsos maestros en Corintos como parte de ese conflicto mayor. Para él, la hostilidad de sus oponentes no se ve simplemente como una confrontación personal, sino como un eco de un conflicto más amplio entre el bien y el mal.

Es necesario enfrentar a los falsos maestros con audacia y confianza (2 Corintios 10:2), pero combinadas con la amabilidad de Cristo (vers. 1). 
Jesús dijo: «Soy manso y humilde de corazón» (Mateo 11:29). Sin embargo, también se enfrentó con valentía a los cambistas en el templo, volcando sus mesas y llamándolos ladrones (Mateo 21:12-13). También llamó hipócritas y sepulcros blanqueados a los fariseos (Mateo 23:23-27). Al igual que Jesús, Pablo también sabía que estamos en una guerra espiritual que exige el uso de toda la armadura de Dios (Efesios 6:12-17). Aunque estamos en el mundo, no pertenecemos a él, no seguimos sus estándares, ni usamos sus armas. Es decir, una batalla espiritual debe librarse con armas espirituales.

"Porque las armas de nuestra milicia no son carnales" 2 Corintios 10:4.
El lenguaje que Pablo utiliza en 2 Corintios 10 es militar porque hay vidas en juego (2 Corintios 10:3-6). Cuando los falsos maestros distorsionan el evangelio de Jesús, la salvación de las personas está en juego. No se trata de un simple conflicto humano, sino de una batalla divina para ganar personas para Cristo. Por lo tanto, debemos tratar este asunto con la misma seriedad con que lo hizo Pablo. En última instancia, cuando los falsos maestros se levantan contra la iglesia para intentar seducir y engañar a sus miembros, debemos recordar que hay un enemigo mayor detrás de ellos. Esta es una guerra espiritual.
En ese sentido, todo argumento falso y toda opinión altiva deben ser enfrentados y derribados sobre la base de la Palabra de Dios para que todo pensamiento sea llevado cautivo «en obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5). Luchamos contra los falsos maestros y sus doctrinas erróneas al obedecer a Cristo y seguir su ejemplo.

En esta guerra espiritual, Pablo actuó con la autoridad de Cristo. Sin embargo, esta autoridad tenía como objetivo la edificación, no la destrucción (2 Corintios 10:8). Es fácil para los líderes espirituales afirmar que actúan con la autoridad de Dios. No obstante, deben recordar que su autoridad les ha sido dada por Cristo y que, al igual que él, deben ser mansos y humildes de corazón. La afirmación de Pablo acerca de su autoridad conferida por Cristo se debía a su preocupación de que los corintios estuvieran escuchando a las personas equivocadas, poniendo así en riesgo la lealtad de ellos a Cristo.

¿Cómo podemos ser a la vez mansos y valientes al tratar con los falsos maestros? ¿Por qué debemos mostrar ambos atributos?

Lee nuevamente 2 Corintios 10:1-6. ¿Cuál es la estrategia de Pablo para enfrentar las «guerras» espirituales por la verdad de Dios, y cómo podemos aplicarla a nuestras propias guerras espirituales?

II. GLORIARSE EN EL SEÑOR

Ayer vimos que Pablo y sus compañeros cumplían su ministerio como una guerra espiritual y lo hacían utilizando las armas de Dios. Hoy veremos que los falsos maestros actúan según criterios humanos. 

Entre los muchos problemas que Pablo tuvo que enfrentar en la iglesia de Corinto estaba el de la competitividad. Los líderes romanos ansiaban fama, estatus y honor "competían por el poder civil mediante  patrocinio de juegos y celebraciones, la financiación de edificios públicos, la dotación de distribución de alimentos, etc". (Robert Jewett y Roy David Kotansky, Romans: A Commentary (MN: Fortress Press, 2006), 50.
No pocas veces la competencia se extendió a la vida religiosa. Pablo afirma que sus oponentes se 'miden a sí mismos' y se comparan 'a sí mismos' ¡Qué vergüenza! Esto no es un ministerio y mucho menos cristianismo; ¡Es un concurso de talentos!
Se jactan de manera inapropiada. Por el contrario, Pablo solo se jactaba en el Señor. Como escribió: «Pero el que se gloría, gloríese en el Señor» (2 Corintios 10:17).

Lee 2 Corintios 10:13-17. ¿Cómo puede una atmósfera de competencia o rivalidad perjudicar la predicación del evangelio?

El uso que Pablo hace del lenguaje de la jactancia ha intrigado a los intérpretes a lo largo de los siglos. Sin embargo, la jactancia era una práctica común en el mundo antiguo y estaba controlada por las convenciones sociales para evitar ofender a la audiencia. Pablo conocía esas convenciones y las seguía. Además, él aclara que su forma de jactarse se distingue de la de los falsos maestros. Él se jacta en el Señor (2 Corintios 10:17). Esta es una cita del Antiguo Testamento: «Alábese en esto el que se alabe: en entenderme y conocerme que yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia» (Jeremías 9:24, RVA-2015). Al citar este pasaje de Jeremías, Pablo aclara que lo que ocupa el centro de su atención es el amor, la justicia y la rectitud de Cristo.
Presumir del propio estatus y de los logros, y presentarse como superiores a los demás mediante la comparación, eran tácticas habituales de quienes pretendían atraer seguidores. pPablo no se adhirió a esta tendencia secular.

En otras palabras, la jactancia de Pablo cuenta con el respaldo de la Biblia y es inofensiva pues se refiere a los logros de Dios en Cristo. Pablo es consciente que todos sus logros en la predicación del evangelio son fruto de la obra de Dios en él y a través de él. A diferencia de ello, sus oponentes entraron en una atmósfera de competencia al compararse entre sí, lo cual es «una tontería» (2 Corintios 10:12, DHH).

En 2 Corintios 10:14-16, Pablo da a entender que la predicación del evangelio era el enfoque principal de su ministerio, tanto en Corinto como en otras partes de su campo misionero. Su amor por Jesús lo llevó a hablar constantemente de las buenas nuevas de la salvación, que se encuentran en la muerte y la resurrección de Cristo.

A diferencia de los falsos maestros de Corinto, que se elogiaban a sí mismos, Pablo había sido elogiado y aprobado por Dios (2 Corintios 10:12, 18). Fue «llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios» (1 Corintios 1:1) y permaneció fiel a este llamado hasta el final de su vida (2 Timoteo 4:7).

Vuelve a leer 2 Corintios 10:12-18. ¿Cómo pueden los líderes de la iglesia, o incluso los miembros, evitar un ambiente de competencia o rivalidad? ¿Por qué es tan fácil dejarse llevar por cosas que realmente no importan?

III. LOS FALSOS MAESTROS SON IDENTIFICADOS

El Nuevo Testamento contiene varias advertencias contra los falsos maestros en las comunidades cristianas. El mismo Jesús advirtió a los discípulos sobre esto (Mateo 7:15-20). Los apóstoles también llamaron la atención acerca de ello (Gálatas 1:6-9; 1 Timoteo 6:3-5; 2 Pedro 2:1-3).

Lee 2 Corintios 11:1-15. ¿Cómo describe Pablo los desafíos a los que se enfrentaba en relación con estos falsos maestros?

Pablo desenmascara la obra de los falsos maestros. Al mismo tiempo, indica que su ministerio está centrado en Cristo. Compara a la iglesia de Corinto con una novia y se identifica a sí mismo como su padre, con la responsabilidad de presentarla a Cristo (2 Corintios 11:2). Lo hace porque la ama (vers. 11). Por eso estaba dispuesto incluso a no serle una carga financiera, aunque tenía derecho a ser sostenido por ella (vers. 7-12).

Por otro lado, los «más eminentes apóstoles» (2 Corintios 10:5) (probablemente se refiera irónicamente a los falsos maestros) (astutos engañadores) son comparados con la serpiente que engañó a Eva (2 Corintios 11:3). Al igual que Satanás en el jardín del Edén, los falsos maestros de Corinto se caracterizaban por el engaño y la corrupción (2 Corintios 11:3-4). La principal preocupación de Pablo era que pudieran desviar a los corintios de su sincera devoción y lealtad a Cristo.

Los intrusos predicaban un mensaje diferente del de Pablo: un Jesús diferente y un evangelio diferente (2 Corintios 11:4) (Predican a otro Jesús, lo que significaba que enseñaban doctrinas erróneas. Tienen otro espíritu, un espíritu falso distinto del Espíritu Santo y predican otro evangelio) Esto demuestra que no todos los que predican a Jesús son instrumentos comisionados por Dios. En ese sentido, Jesús mismo dijo: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 7:21).

En Gálatas 1:6-9, Pablo dice que quien predica un evangelio diferente trae maldición sobre sí mismo, pero algunos en Corinto toleraban este tipo de error. Los falsos maestros sacaban provecho financiero de las personas que servían.

Pablo expone a los falsos apóstoles diciendo que son «obreros fraudulentos que se disfrazan de apóstoles de Cristo» (2 Corintios 11:13), se 'glorían' con el propósito de promocionarse a sí mismos; así como «Satanás se disfraza como ángel de luz» y «sus ministros se disfrazan de ministros de justicia» (2 Corintios 11:14-15). Son falsos apóstoles. Qué situación tan trágica: personas que profesan ser siervos de Cristo trabajando como agentes de Satanás. Pablo concluye su pensamiento diciendo que «su fin será conforme a sus obras» (2 Corintios 11:15). Es decir, tanto ellos como sus obras llegarán a su fin porque Dios ve lo que están haciendo y destruirá sus obras malvadas.

En su descripción de lo que son y lo que hacen los falsos maestros, Pablo también expresa su preocupación por la iglesia y sus necesidad de permanencer pura, al decir: "Los celo con celo de Dios". Su deseo es que la iglesia permanezca incorrupta, y mantenga su devoción sincera y pura a Cristo.
En definitiva podemos ver un contraste visible entre los falsos maestros y la iglesia de Cristo. Mientras los primeros serán destruidos, la segund ase presenta pura ante Cristo y su segunda venida.

¡Nota la firmeza con que reacciona ante el error en la iglesia! ¿Qué nos dice eso?

La Biblia dice que muchos falsos maestros tratarán de alejar a las personas de la verdad antes del fin. ¿Qué puede hacer tu iglesia local para evitar que los miembros sean engañados por falsos maestros que podrían incluso estar en ella? ¿Por qué es esto tan esencial para el cumplimiento de la misión de la iglesia?

IV. SUFRIENDO A CAUSA DEL EVANGELIO

¿Por qué Pablo consideró necesario jactarse de una larga lista de sufrimientos (2 Corintios 11:16-33)? Además, ¿qué significa «gloriarse en el Señor»?

Después de exponer a los falsos maestros como agentes de Satanás (2 Corintios 11:1-15), Pablo utiliza el recurso de jactarse como lo haría un necio (vers. 16-21) para que los corintios vieran cuán absurdo era prestar atención a las palabras de los falsos maestros. Si los corintios los tenían en alta estima, Pablo merecía una consideración aún mayor. Sus sufrimientos por el evangelio demuestran que era un siervo fiel de Cristo (vers. 22-23).

Lee 2 Corintios 11:22 al 28. ¿Qué quiere decir Pablo aquí?

Aunque las credenciales judías de Pablo son idénticas a las de los falsos maestros (2 Corintios 11:22), su servicio a Cristo supera el de ellos (vers. 23). 
«¿Son ministros de Cristo?», pregunta. La respuesta es: «Yo más». Sus labores fueron más abundantes; sus encarcelamientos, más frecuentes; los maltratos que sufrió, más severos. Pero eso no es todo. Su lista de sufrimientos también incluye cinco casos de azotamiento, apedreamientos, naufragios y peligros de todo tipo y a manos de toda clase de gente (vers. 23-27). Como si eso fuera poco, tenía además que lidiar con la angustia mental resultante de su profunda preocupación por las iglesias (vers. 28).

Solo un verdadero siervo de Cristo estaría dispuesto a sufrir así por el evangelio. Su razón del gozo y la alegría no reside en el sufrimiento en sí, sino en la recompensa en el cielo. Si Pablo realmente se hubiera jactado de sus sufrimientos, habría tenido mucho que decir. 

Los profetas también sufrieron. Es un privilegio para los siervos de Dios en los últimos días participar en cierta medida de la suerte de estos grandes hombres.
"Antes gócense de ser participantes en las aflicciones de Cristo... Si son insultados por el nombre de Cristo... son dichosos... Pero si alguno padece por ser cristiano, no se avergüence, ates alabe a Dios por llevar su nombre (1 Pedro 4:13-16).
Pablo y su larga lista de sufrimientos en 2 Corintios 11:23-28, es prueba de que se tomaba muy en serio su vida cristiana y era un auténtico discípulo  de Jesús.
Sin embargo, la siguiente sección de la Carta muestra que el motivo de su jactancia no se basaba en lo que había hecho por Cristo, sino en lo que Cristo había hecho por él. Pablo sabía que el poder de Dios se manifiesta más claramente en la debilidad humana (2 Corintios 12:9-10). Al darle una espina en la carne (2 Corintios 12:7), Dios protegió al apóstol de jactarse de sus logros.

Esto lo mantuvo humilde, consciente de su debilidad, dependiente del poder divino y en condiciones de recibir más gracia y misericordia de Dios.

¿Has sufrido por causa del evangelio? ¿Qué has aprendido de tu experiencia? ¿Cómo te ayuda la forma en que Pablo enfrentó sus sufrimientos a afrontar los tuyos?

V. LLAMADO A LOS IMPENITENTES

En 2 Corintios 12:14 a 13:10, Pablo informa a la iglesia acerca de su tercera visita (2 Corintios 12:14; 13:1). Él había demostrado que no era inferior a ninguno de los falsos apóstoles y ahora se sentía seguro para ir una vez más a Corinto e intentar restaurar a los miembros impenitentes. De hecho, este era uno de los principales propósitos de su visita. Todo lo que Pablo hacía y decía tenía como objetivo la edificación de la iglesia (2 Corintios 12:19). Justamente, una característica genuina de quien lleva un ministerio fiel a Cristo es la preocupación por el bienestar espiritual de sus miembros.

Lee 2 Corintios 12:20-21. ¿Qué pecados estaban poniendo en peligro la condición espiritual de la iglesia de Corinto?

"Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes.
Que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido.
La lista de pecados que aparece en 2 Corintios 12:20-21 es similar a las que se encuentran en otras Cartas de Pablo (Romanos 1:29-31; Gálatas 5:19-21). Hay dos listas: La primera contiene 8 elementos y la segunda contiene 3. Los dos primeros de esos pecados aparecen en 1 Corintios 3:3, donde Pablo se refiere a los celos y las disputas entre los miembros de la iglesia de Corinto. Pablo temía que la situación no hubiera cambiado mucho para cuando les hiciera su tercera visita. Dice: «Temo que cuando llegue no los halle como quisiera». Agrega además: «Y que yo sea hallado por ustedes tal como no quieren» (2 Corintios 12:20). Esto significa que, en lugar de tratar con ellos con «la mansedumbre y la bondad de Cristo» (2 Corintios 10:1), ahora estaría «presto a castigar toda desobediencia» (2 Corintios 10:6).

Su principal preocupación era que los involucrados en «inmundicia, fornicación y lascivia» no se hubieran arrepentido (2 Corintios 12:21). Son pecados como estos los que causan divisiones en la iglesia.
Por lo tanto, 2 Corintios 13 constituye un llamado a los impenitentes y una advertencia de que se les aplicaría la disciplina eclesiástica. Y advierte: "No seré indulgente" 2 Corintios 13:2. No obstante, lo haría con amor.
A continuación, Pablo se centra en el papel de la disciplina eclesiástica para restaurar a quienes están en pecado (2 Corintios 13:1-4). La debilidad no es una excusa para llevar una vida pecaminosa. Hay poder disponible para quienes quieren vivir una vida victoriosa (2 Corintios 13:4). El hecho de que algunos en Corinto practicaran pecados sexuales es evidencia de que el poder de Dios no era una realidad en sus vidas. Pablo quería que se arrepintieran y experimentaran el poder que lleva a la obediencia. Disciplinarlos era lo último que quería. "Examínense a ustedes mismos para ver si están en la fe". Él dice: «Pedimos a Dios que no hagan nada malo [...], sino [...] lo bueno. [...] Oramos a Dios para que los restaure plenamente» (2 Corintios 13:7-9, NVI). ¡Qué hermosa oración! Pablo menciona dos veces que oró por los  que estaban en pecado (2 Corintios 13:7, 9). La disciplina eclesiástica es necesaria ¡Pero debe aplicarse con amor y oración!

Lee 2 Corintios 13:5. ¿Qué significa estar en la fe? ¿Cómo puedes saber que esa es tu experiencia?

¿Por qué es importante que los miembros de la iglesia se examinen a sí mismos para ver si están en la fe (2 Corintios 13:5)? ¿Qué diferencia supone esto?

CONCLUSIÓN

Lee el artículo «The Laodicean Church», en Review and Herald, 30 de septiembre de 1873, p. 125, de Elena G. de White.

Mientras Pablo ministraba a la iglesia en Corinto, enfrentó a falsos maestros que buscaban desacredita su autoridad y alejar a la iglesia de la pureza del evangelio. Lo hizo entendiendo que esto era más que un simple conflicto entre líderes: era una guerra espiritual Pablo enseña que una guerra espiritual debe librarse no solo con la mansedumbre y la bondad de Cristo, sino también con la firmeza que requiere al conflicto. Después de todo, nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra fuerzas espirituales (Efesios 6:12).
En esta guerra espiritual, debemos reconocer que nuestras victorias no son el resultado de nuestra fuerza o sabiduría, no más bien el fruto de la obra de Dios en nosotros y a través de nosotros. En última instancia, esta es la guerra de as él ve lo que los falsos maestros están haciendo, y traerá cio sobre ellos y sus enseñanzas. Aun así, Dios nos llama desempeñar nuestro papel en esta batalla, lo que puede llevarnos al sufrimiento, tal como Jesús sufrió por nosotros. Finalmente, al tratar con hermanos y hermanas en pecado, debemos llamarlos al arrepentimiento. Y, si se niegan, debe aplicarse la disciplina eclesiástica, con amor y oración.

«El Señor protege a su pueblo para que no repita las faltas y errores del pasado. Siempre han abundado los falsos maestros que, defendiendo doctrinas erróneas y prácticas impías, y actuando según principios falsos de la manera más engañosa y encubierta, se han esforzado por engañar, si es posible, a los mismos elegidos» (Elena G. de White, «Our First-Page Message», Review and Herald, 7 de enero de 1904, p. 24).

«El Señor desea que nuestras opiniones sean sometidas a prueba, para que veamos la necesidad de examinar de cerca los oráculos vivientes para ver si estamos en la fe o no. Muchos que pretenden creer la verdad se han sentido satisfechos diciendo: “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Apocalipsis 3:17)» (Elena G. de White, El otro poder, p. 30).

«Los hombres creen errores, cuando la verdad está claramente señalada. Si solo trajeran sus doctrinas hasta la Palabra de Dios en vez de leer la Biblia a la luz de sus doctrinas para demostrar que sus ideas son correctas, no andarían en tinieblas y ceguedad ni acariciarían el error. Muchos dan a la Palabra de Dios un significado que se adecua a sus propias opiniones, y se desvían a sí mismos y engañan a otros por sus falsas interpretaciones de la Palabra de Dios.

"Al ponernos a estudiar la Palabra de Dios, deberíamos hacerlo con corazón humilde. Todo egoísmo, todo amor a la originalidad debería ponerse a un lado. Las opiniones sostenidas durante mucho tiempo no han de ser consideradas infalibles" (Elena G. de White, El otro poder, p. 31).

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