"Y no solo esto, sino que nos alegramos aun en las tribulaciones, al saber que la tribulación produce paciencia; y la paciencia produce un carácter probado; y el carácter alienta esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Romanos 5:3-5).
Cierta jovencita caminaba hacia su casa al atardecer cuando se desató una fuerte tormenta. Aceleró el paso pues aún le quedaba camino por recorrer. Una gota de lluvia cayó sobre su mejilla, luego otra y, antes de que se diera cuenta, estaba empapada. Comenzó entonces a correr hasta que llegó a su casa y abrió súbitamente la puerta. Su padre se apresuró a cubrirla con una manta. Mientras lo hacía, le dijo:
- «Te vi por la ventana cuando comenzaba a llover. ¿Por qué con cada relámpago dejabas de correr, mirabas hacia arriba y sonreías?».
- «Me detenía para mirar hacia arriba porque Dios me estaba fotografiando», respondió ella.
¿Cuál es nuestra respuesta cuando llegan las tormentas de la vida o cuando tenemos ciertos contratiempos en nuestra relación con Dios? ¿Bajamos la cabeza mientras la lluvia cae sobre nuestras espaldas o miramos hacia el Cielo seguros de que Dios está allí?
Hoy exploraremos algunas respuestas que a menudo damos ante los desafíos de la vida y analizaremos cómo podemos utilizar los reveses que experimentamos para fortalecer nuestra relación más importante.
I. LAS TORMENTAS DE LA VIDA
Jesús había hablado durante todo el día a grandes multitudes a orillas del Mar de Galilea. Sus palabras habrían de resonar en la mente de la gente durante mucho tiempo y por la eternidad.
Al caer la tarde, el Maestro se dirigió a sus discípulos invitándolos a dirigirse con él «a la otra orilla» (Marcos 4:35). Él sabía que se desataría una tormenta, pero les sugirió que fueran de todos modos. Tenía que enseñar una importante lección de vida a sus seguidores más cercanos. Seguramente recuerdas lo que ocurrió luego.
Vuelve a leer acerca de esta tormenta en Marcos 4:35 al 41.
¿Qué lecciones puedes aprender acerca de la fe?
Piensa en lo siguiente: Jesús se quedó dormido en un rincón del bote, posiblemente en la popa, donde estaba el único cojín, que servía de asiento a quien dirigía la navegación.
No todos los discípulos eran nuevos en la navegación. Pedro, Santiago y Juan eran pescadores experimentados. Conocían el Mar de Galilea como la palma de sus manos, y habrían sabido cómo lidiar con una tormenta.
Este es el único relato de los Evangelios que presenta a Jesús durmiendo. Durante una de las peores tormentas de sus vidas, cuando los discípulos estaban aterrorizados y pensaban que morirían, Jesús dormía.
El clamor de los discípulos en el clímax de la crisis fue: «¿No te importa?». Cuestionaban el carácter de Jesús y su amor por ellos. Con demasiada frecuencia, esta es también nuestra respuesta cuando afrontamos dificultades.
En medio de la desesperanza, el dolor o la pérdida cuestionamos el amor de Dios o dudamos de su cuidado. Suponemos, desde nuestra perspectiva humana, que él debería actuar de una determinada manera. Sin embargo, como ocurrió a los discípulos, es en las tormentas de la vida donde Dios puede obrar los mayores milagros. Dios siempre es fiel, incluso cuando su aparente inacción no tiene sentido para nosotros. Él está a nuestro lado en medio de nuestras tormentas y, a diferencia de nosotros, puede calmarlas.
¿Cuál es tu respuesta habitual cuando enfrentas una tormenta en tu vida? ¿Cómo afectan esos momentos tu relación con Dios? ¿Cuándo has puesto en práctica 2 Corintios 5:7 (porque por fe andamos, no por vista)?
Según las investigaciones, los que logran superar la adversidad experimentan dos factores en su juventud que los diferencian de los demás:
1. Un fuerte vínculo con un cuidador, como un padre, un maestro o un líder espiritual.
2. La creencia de que sus circunstancias son temporales y pueden cambiar. (Emmy E. Werner y Ruth S. Smith, Overcoming the Odds: High Risk Children from Birth to Adulthood (Superando las adversidades: Niños de alto riesgo desde el nacimiento hasta la edad adulta)(Cornell University Press, 1992), 177.
Se ha demostrado que estos dos factores ayudan a los niños a superar situaciones angustiosas, pero también pueden beneficiar a cualquier persona en cualquier etapa de la vida, pero estos momentos no tiene por qué destruirnos. Estos dos factores que fomentan la resiliencia son importantes para todos pues cada uno enfrentará momentos difíciles. Tendremos que esforzarnos o terminaremos decepcionados, afligidos, heridos o en apuros. Y en esos momentos, saber que podemos avanzar a pesar de la adversidad nos da esperanza.
La Biblia no solo dice que no debemos temer los tiempos difíciles, sino que hasta debemos considerarnos 'muy dichosos' de enfrentarlos (Santiago 1:2) y que debemos gloriarnos 'en las tribulaciones' (Romanos 5:3).
Según la Biblia podemos estar alegres y resilientes ante las dificultades si creemos que Dios está con nosotros y confiamos en que nuestras circunstancias son temporales. Porque:
1. "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia" Isaías 41:10.
2. "Pues nuestra dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades" (2 Corintios 4:17).
Desde una perspectiva bíblica no nos convertimos en vencedores resilientes por nuestra propia fortaleza, sino porque tenemos un Dios fuerte y amoroso: "Antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó". (Romanos 8:37)
II. RECUPÉRATE
Hoy hay muchos que se enfrentan a situaciones muy adversas. Parece que no serán capaces de superar los retos que tienen ante sí, pero que sorprenden a todos adaptándose, superándose y aprendiendo sobre la marcha. La literatura indica que las personas que triunfan a través de las adversidades tienen una característica en común: la resiliencia. La resiliencia es la capacidad de adaptarse y crecer ante el estrés, el trauma o la adversidad. No es algo con lo que se nace o sin lo que se nace. Según las investigaciones, se puede desarrollar con el tiempo. Así, por ejemplo, nos volvemos más resilientes cuando contamos con determinadas influencias saludables, como la fe en Dios, relaciones positivas y la participación en comunidad.
Si tu fe es débil, dile a Dios en oración: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Marcos 9:24). Rodéate de personas que puedan animarte en lugar de desanimarte.
Imagina a la multitud en la orilla del Mar de Galilea. Esperan el regreso de Jesús desde la primera hora de la mañana y se apiñan en torno a él cuando baja de la barca para seguirlo luego hasta la aldea de Capernaúm. De pronto, aparece Jairo, jefe de la sinagoga, y ruega a Jesús que sane a su hija.
Entre la multitud se encuentra una mujer que está enferma desde hace muchos años. Había gastado todo su dinero en médicos, pero «más bien le iba peor» (Marcos 5:26). Ha oído hablar de este gran Hombre de Galilea y, con esperanza en el corazón, reúne las pocas fuerzas que le quedan para salir de su casa aquella mañana y unirse a la multitud. A medida que se acerca a Jesús, la presión del gentío le resulta casi asfixiante. Y entonces, entre empujones, lo ve y dice para sí: «Si tan solo tocara su manto, quedaré sana» (Marcos 5:28).
"Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. 22 Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, 23 y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. 24 Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. 25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. 29 Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30 Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31 Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. 33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote. Marcos 5:21-34.
¿Qué sucedió y qué podemos aprender de ello?
Decía C. S. Lewis: "Dios susurra... a la conciencia a través del placer, pero le grita mediante el dolor: es su megáfono par despertar a un mundo sordo" (C. S. Lewis. El problema del dolor (Ediciones Rialp, 2016), 60.
Este incidente muestra el cuidado y la compasión de Jesús por los enfermos, los que están solos y quienes normalmente pasan inadvertidos en la multitud. Aquel día, muchos se acercaron a Jesús mientras iban a la deriva con la multitud, pero solo una persona se acercó al Maestro para recibir la bendición que tanto necesitaba. Sin embargo, no fue su toque lo que le permitió recuperar la salud, sino su fe (Marcos 5:34). «El Salvador podía distinguir el toque de la fe del contacto casual de la muchedumbre desprevenida» (DTG, 317). El manto de Jesús no tenía ningún poder especial, sino que fue la fe de la mujer y su decisión de acercarse a él lo que la curó.
En medio de su sufrimiento y angustia, aquella frágil mujer pudo haber permanecido en su lecho aquel día, pero buscó deliberada y esperanzadamente a Jesús para ser sanada. No le bastó con verlo de lejos, sino que se acercó a él.
Jesús nos invita a hacer lo mismo hoy. Dice: «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré descanso. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma» (Mateo 11:28, 29).
¿Cómo demostró esta mujer tan necesitada la veracidad de lo dicho en Romanos 5:3-5? ¿Cómo podría ocurrir esto en tu vida?
El Reino de Dios funciona según principios que para este mundo parecen estar al revés:
- Los primeros serán los últimos.
- Los débiles son fuertes
- Para ganar la vida hay que perderla. Otro principio contracultural que desafía nuestro concepto de los tiempos difíciles es este:
- Regocijarnos en el sufrimiento.
Sin duda, Dios tiene otra perspectiva diferente de la de nosotros sobre las pruebas, porque el instinto humano nos impulsa a lamentarnos en nuestro sufrimiento, no a regocijarnos en él.
Según la Biblia (Santiago 1:2-4) nuestras dificultades pueden lograr una hermosa obra dentro de nosotros
¿Confías en que Dios sigue siendo soberano y dirigiendo tu vida a pesar de las dificultades? Si no es así, ¿cómo puedes desarrollar tu confianza en la bondad y el amor de Dios hacia ti?
III. JOB
Cuando pensamos en personajes bíblicos que experimentaron reveses, Job es quizá la persona que primero viene a nuestra mente. No solo perdió todas sus posesiones (Job 1:14-17), sino también a sus hijos (Job 1:18, 19) y su salud (Job 2: 7). Su mujer lo instó a maldecir a Dios y morir (Job 2:9).
Después de algún tiempo, tres amigos vinieron a visitarlo y se sentaron junto a él. Quedaron tan sorprendidos por su aspecto que permanecieron en silencio durante siete días (Job 2: 13). Cuando finalmente hablaron, intentaron explicar humanamente la desgracia de Job, pero aumentaron así involuntariamente su sufrimiento. Sus amigos lo culparon, diciendo que tenía algún pecado oculto del que debía arrepentirse (Job 8, 11, 15). Llegaron incluso a decirle: «Tal es la morada del impío, el lugar del que no conoce a Dios» (Job 18:21).
¿Cómo respondió Job? Lee Job 19:23 al 27; y 23:8 al 12.
A pesar de las trágicas circunstancias en las que estaba inmerso, y que él no comprendía, Job permaneció fiel y se mantuvo firme. No culpó a Dios ni lo maldijo. Por el contrario, cuando fue tentado a culpar a Dios, declaró: «Desnudo salí del seno de mi madre y desnudo me iré. El Señor dio, y él quitó. ¡Bendito sea su nombre!» (Job 1:21).
Nosotros vivimos en medio de esta misma batalla. Satanás nos aflige con dolor, sufrimiento, pérdidas y dificultades como parte de su plan para distorsionar la imagen que tenemos de un Dios amoroso. En esos momentos podemos responder de dos maneras: culpar a Dios y rechazarlo o aferrarnos a él con todas nuestras fuerzas. Aunque la batalla arrecia a nuestro alrededor, debemos recordar que, a la luz de la Eternidad, nuestros problemas no son más que pruebas temporales (2 Corintios 4:16-18). Hay muchas cosas que no vemos aquí y ahora, y uno de los grandes desafíos para un creyente es confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros. Dios nos ha revelado de muchas maneras la realidad de su amor. Debemos aferrarnos a esta verdad crucial incluso cuando no la percibamos.
Nuestras luchas pueden fortalecernos y ayudarnos a cercarnos más a Dios:
1. Los tiempos difíciles nos ayudan a escuchar a Dios con más claridad.
2. Los tiempos difíciles nos tornan compasivos hacia los demás.
3. Los tiempos difíciles nos enseñan a confiar en Dios.
Si estás pasando por un momento difícil, acude a Dios. Toma tu Biblia y un cuaderno, y encuéntrate con él en medio de la naturaleza. Copia Romanos 5:3 al 5, y reflexiona acerca de los diferentes mensajes contenidos en ese texto, con la certeza de que el amor y el cuidado de Dios hacia ti son lo más seguro y estable de tu vida.
¿Te mantienes anclado en la Palabra de Dios cada día? Pide a Dios que restaure tu primer amor por él mientras pasas por tiempos difíciles.
¿Cuándo fue la última vez que oraste para que la voz de Dios resultara más audible que la del Enemigo en tu vida? Recuerda que el ladrón (Satanás) viene a robar, matar y destruir, pero Dios concede vida abundante (Juan 10:10).
¿Cuándo fue la última vez que acudiste a Dios en oración como tu Consolador y Consejero, confiando en su promesa de nunca dejarte ni desampararte (Hebreos 13:5)?
IV. EL CAMINO A EMAÚS
Habían sido semanas muy duras para los dos discípulos, quienes repasaban mentalmente algunos de los acontecimientos vividos mientras el cielo vespertino se teñía de negro: la entrada triunfal en Jerusalén, la limpieza del Templo, la Pascua en el aposento alto, las oraciones de Jesús en Getsemaní, la horrible traición de Judas, el juicio, las burlas y los golpes, el cuerpo magullado de Jesús pendiendo de la cruz y sus últimas palabras antes de exhalar su último aliento; la rotura del velo del Templo; la resurrección de algunas personas; la delicada maniobra para retirar el cuerpo de Jesús de la cruz y su colocación en el sepulcro antes del sábado; y la confusión, el desaliento y los interrogantes de los desconcertados y descorazonados discípulos. ¿Cómo se habían equivocado tanto?
Los seguidores de Jesús estaban decepcionados, desanimados y confundidos. Aquel era el mayor revés de sus vidas. No percibían que aquello era solo un episodio de la mayor historia de todos los tiempos. Mientras dos de ellos se dirigían a Emaús, Jesús apareció y caminó con ellos.
Lee en Lucas 24:13 al 27 la conversación que tuvieron y piensa en las dos perspectivas diferentes: la de los dos seguidores y la de Jesús.
Cuando los ojos de su entendimiento fueron abiertos, los dos discípulos corrieron rumbo a Jerusalén para contar a los demás lo que les había sucedido en el camino (Lucas 24:33, 34). Cuando Jesús llegó y se puso en medio de estos, se aterrorizaron. Nota la pregunta que les hizo: «¿Por qué están turbados y suben esos pensamientos a su corazón?» (Lucas 24:38).
Este es también el mensaje de Jesús para nosotros hoy. Olvidamos con frecuencia que Jesús camina a nuestro lado en nuestros valles sombríos. Demasiado a menudo no lo reconocemos y perdemos de vista que hay mucho más en la historia. Nos sentimos turbados y permitimos que las dudas surjan en nuestros corazones, sin recordar que nuestra vida está segura en las manos de Jesús. Pensamos que sabemos mejor que Jesús qué está sucediendo realmente en nuestra vida (Lucas 24:18).
"Dios no envía la prueba a sus hijos sin un propósito. Nunca los conduce de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores con él. Los somete a la disciplina para humillarlos, para llevarlos, a través de la prueba y la aflicción, a ver su fragilidad y acercarse a él". ELC, 269.
La Biblia contiene muy buenos consejos acerca de cómo podemos los cristianos responder a los desafíos y los reveses de la vida. Dedica tiempo a estudiar los siguientes pasajes:
- Romanos 8:28 - A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.
- Filipenses 4:4-13 - No afanarme, porque Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
- Santiago 1:2-4, 12 - Si resisto la prueba, recibiré la corona de la vida eterna.
- 2 Corintios 12:9, 10 - Por amor a Cristo me gozo en las debilidades, porque cuando soy débil, soy fuerte.
- 2 Corintios 1:4 - Dios nos consuela para consolar.
El mundo no siempre se preocupa por los débiles, ignorantes, heridos y quebrantados. El mensaje divino «cuando eres débil, yo soy fuerte» puede transformar radicalmente la vida de las personas. Piensa en alguien a quien podrías animar hoy con este mensaje. Escribe tres mensajes que puedas compartir con alguien que esté enfrentando dificultades.
1. Nuestras dificultades son una oportunidad para ver la poderosa obra de Dios.
2. En nuestras dificultades Dios está más cerca que nunca. (Salmos 46:1; Salmos 91:15; Salmos 34:18)
3. Dios puede usar hasta nuestras peores situaciones para acercarnos más a él.
¿Cómo ha influido en tu imagen de Dios algún contratiempo que hayas enfrentado o estés afrontando? ¿Cómo puedes percibir más claramente el verdadero carácter de Dios?
V. VER A JESÚS
¿Has deseado alguna vez ver a Jesús cuando estabas desanimado? He aquí la experiencia de alguien que tuvo ese privilegio.
«Me veía sentada con profunda desesperación; con el rostro oculto entre las manos, reflexionaba así: Si Jesús estuviera en la tierra, iría a postrarme a sus pies y le manifestaría cuánto sufro. No me rechazaría. Tendría misericordia de mí, y por siempre le amaría y serviría. En aquel momento se abrió la puerta y entró un personaje de aspecto y porte hermosos. Me miró con compasión y dijo: “¿Deseas ver a Jesús? Está aquí, y puedes verlo si quieres. Toma cuanto tengas y sígueme”.
»Escuché esas palabras con gozo indecible y alegremente recogí cuanto poseía, todas las cosas que apreciaba, y seguí a mi guía. Me condujo a una escalera escarpada y de apariencia frágil. Cuando empecé a subir los peldaños, me advirtió el guía de que mantuviera la vista hacia arriba, para que no me dieran vértigos y cayera. Muchos otros que trepaban por la escalinata caían antes de llegar a la cima.
»Finalmente llegamos al último peldaño y nos detuvimos ante una puerta. Allí el guía me indicó que dejara cuanto había traído conmigo. Lo depuse todo alegremente. Entonces el guía abrió la puerta, y me mandó a entrar. En un momento estuve delante de Jesús. No había error, pues aquella hermosa figura, aquella expresión de benevolencia y majestad, no podían ser de otro. Cuando su mirada se posó sobre mí, supe en seguida que comprendía todas las dificultades de mi vida y todos mis íntimos pensamientos y emociones.
»Traté de ocultarme de su mirada, pues me sentía incapaz de resistirla, pero él se me acercó sonriente, y posando su mano sobre mi cabeza, dijo: “No temas”. El dulce sonido de su voz hizo vibrar mi corazón con una dicha que no había experimentado hasta entonces. Yo estaba muy gozosa para pronunciar una palabra, y así fue que, profundamente conmovida, caí postrada a sus pies. Mientras que allí yacía impedida, pasaron ante mi vista escenas de gloria y belleza, y me pareció haber alcanzado la salvación y la paz del cielo. Por último, cuando recobré mis fuerzas me levanté. Todavía me miraban los amorosos ojos de Jesús, cuya sonrisa inundaba de alegría mi alma. Su presencia despertaba en mí santa veneración e inefable amor. [...]
»Este sueño me infundió esperanza [y] fe [...] y en mi alma alboreó la hermosa sencillez de la confianza en Dios» (PE, 110, 111).
En medio de los reveses de la vida, debemos centrarnos en Jesús y en lo que él nos revela acerca de cuánto nos ama Dios.
¿Qué esperanza puedes extraer de lo que está escrito en Romanos 8:18 y 28?
CONCLUSIÓN
Cuando estamos ante los desafíos de la vida, necesitamos aferrarnos a Dios. Los temas que hemos explorado a lo largo de este trimestre contribuyen a mantener o revitalizar una experiencia sólida con Dios. Cuando te enfrentes a algún contratiempo, como un problema de salud, dificultades económicas, la ruptura matrimonial, la muerte de alguien cercano, u otra carga que te robe la alegría, considera las siguientes preguntas y reflexiona sobre las lecciones estudiadas hasta aquí.
Vivimos en un mundo pecaminoso y lleno de sufrimiento, y cada uno de nosotros enfrenta en algún momento dificultades que pueden hacerle cuestionar el amor de Dios. La manera en que diversos personajes bíblicos respondieron a los reveses de la vida puede ayudarnos en momentos difíciles a fortalecer nuestra relación con Dios, quien no cambia (Malaquías 3:6) y cuyo amor permanece constante.
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