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Razones para agradecer y orar - Entre el cielo y la tierra

«Estoy seguro: el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6).

Pablo comienza intencionalmente sus epístolas con palabras de saludo y agradecimiento. «Gracia y paz a ustedes, de nuestro Padre Dios y del Señor Jesucristo. Siempre damos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo cuando oramos por ustedes» (Colosenses 1:2, 3).

Al igual que Pablo, tenemos mucho que agradecer. Hemos experimentado la gracia de Dios de formas profundas que ni siquiera los ángeles pueden comprender. Lo mismo puede decirse del don de la paz, que abarca la armonía con Dios y la esperanza que brota de su amor.

En el nivel humano, podemos mostrar aprecio a los demás y esperar que las personas aprecien lo que hacemos por ellas. Los padres oran para que sus hijos amen a Dios y valoren algún día, si no ahora, los sacrificios que ellos han hecho para darles la mejor educación posible. Pero los seres humanos cometemos muchos errores y aprendemos de ellos, o al menos deberíamos.

Esta semana estudiaremos las palabras iniciales de agradecimiento y oración de Pablo en Filipenses y Colosenses, las cuales pueden enriquecer y fortalecer nuestra propia vida de oración.

I. LA COMUNIÓN EN EL EVANGELIO

"Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, 4 siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, 5 por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; 6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; 7 como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. 8 Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo". Filipenses 1:3-8. 

¿Por qué estaba agradecido Pablo? ¿Qué seguridad dio a los filipenses y por qué es eso importante?

Puesto que Pablo fundó la iglesia de Filipos, podemos percibir en sus palabras el calor de la comunión cristiana impregnando su carta. Aunque separado de la iglesia por cientos de kilómetros y privado de la libertad, Pablo llevaba a la congregación y a sus miembros en el corazón, los anhelaba «con el afecto entrañable de Jesucristo» (Filipenses 1:8) y dio gracias a Dios por ellos. La oración de acción de gracias de Pablo deja entrever incluso la intercesión de Jesús por nosotros en el Cielo.

En el pectoral del sumo sacerdote había doce piedras que representaban a las doce tribus de Israel. El pueblo debía estar «sobre su corazón» mientras intercedía por él (Éxodo 28:29). De una manera aún mayor, nuestro Sumo Sacerdote, Jesús, nos representa ante el Padre en el Santuario Celestial.

En el idioma original, Filipenses 1:3 puede significar que Pablo se acordaba de ellos en su oración o podía también referirse a que ellos se acordaban de él. Esto destaca la estrecha relación que existía entre él y los filipenses, lo cual también es subrayado por la palabra «comunión» (griego koinōnia) en Filipenses 1:5 y 2:1. Así como Pablo participaba de los sufrimientos de Cristo (Filipenses 3:10), los filipenses «participaban» (griego synkoinōneō) de los sufrimientos de Pablo y apoyaban económicamente su ministerio (Filipenses 4:14, 15). Esta reciprocidad, que existió «desde el primer día hasta ahora» (Filipenses 1:5), lo motivó a agradecer a Dios por ellos y a orar por ellos «con gozo» (Filipenses 1:4).

Resulta interesante que Pablo describa su situación en la cárcel de forma positiva, como una oportunidad para «la defensa y confirmación del evangelio» (Filipenses 1:7). El uso de estos dos términos legales sugiere que su juicio es inminente, pero también que estaba compartiendo activamente el evangelio con soldados y visitantes. La defensa (apología, en griego) del evangelio contra los ataques dirigidos a él y la confirmación de sus verdades eternas son dos actividades igualmente esenciales. Pablo parece menos interesado en su propio futuro que en la vindicación del evangelio. Ya sea que viva o muera, confía en que Dios «irá perfeccionando» la «buena obra» que ha comenzado en quienes creen en él (Filipenses 1:6).

¿Cómo entiendes la promesa de que Dios terminará la «buena obra que empezó» en nosotros (Filipenses 1:6)? ¿Qué significa esto? ¿Terminará esta obra antes de la Segunda Venida?

II. LOS PEDIDOS DE PABLO EN ORACIÓN

Hace algunos años, un pastor hablaba de las oraciones que giran en torno a quien ora y sus necesidades o deseos. Las describió acertadamente como «pequeñas oraciones egoístas», ya que Dios tiene en mente cosas más grandes que esas para sus hijos.

"Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, 10 para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, 11 llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios". Filipenses 1:9-11. 

¿En qué se centra y qué grandes peticiones incluye? ¿Qué te dice eso acerca de la oración?

Esta oración solo tiene 43 palabras en griego, pero abarca todo lo que Pablo anhela que caracterice a los creyentes: amor, conocimiento, discernimiento, sinceridad, irreprochabilidad y justicia por medio de Jesucristo. En esta oración, así como en las anteriores expresiones de gratitud de Pablo, subyace un énfasis en la iglesia en su conjunto. La oración del apóstol está totalmente centrada en los demás, en el conjunto de los creyentes y en su bienestar. Veamos más detenidamente algunos de los elementos individuales de la oración:

Amor. Pablo no solo pide más amor, sino un amor encaminado en una dirección específica: «En conocimiento verdadero y en todo discernimiento» (Filipenses 1:9; LBLA). La referencia al conocimiento no se refiere a algo meramente intelectual, sino que implica una comprensión de las cosas espirituales que solo puede adquirirse mediante la comunión con Dios y el estudio de su Palabra (ver Efesios 1:17; 4:13; 1 Timoteo 2:4).

Discernimiento. Para Pablo, esto significa ser capaz de «aprobar lo mejor o excelente» (en contraste con lo moralmente perjudicial) y ser «sinceros y sin culpa»; es decir, irreprochables (Filipenses 1:10).

Sinceridad. La palabra griega así traducida significa «juzgado por la luz del sol» y se refiere a una intachable pureza de acción: «Todo cuanto hacen los cristianos debe ser transparente como la luz del Sol» (RAJ,. 63).

Sin culpa. Esto significa no ser piedra de tropiezo, no decir ni hacer nada que haga más difícil que una persona crea.

Justicia por medio de Jesucristo. Pablo se detiene largamente en esto en las epístolas de Romanos y Gálatas, y lo ampliará también en Filipenses 3. No tenemos justicia propia, sino solo la que recibimos por medio de Cristo.

¿Cómo puede nuestro amor «abundar aún más y más» (Filipenses 1:9)? ¿Por qué es esto tan importante para la vida cristiana? (Ver también 1 Corintios 13:1-8).

III. EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL APLICADO

Los filipenses, comprensiblemente, se angustiaron cuando supieron del encarcelamiento de Pablo. Ahora su trabajo estaría seriamente limitado, ya que no podía viajar, predicar, visitar las sinagogas para enseñar acerca de Jesús como el Mesías, ni establecer iglesias. Por ello, enviaron a Epafrodito para saber cómo estaba el apóstol, animarlo y asegurarse de que sus necesidades físicas estuvieran atendidas.

'Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, 13 de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. 14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. 15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. 16 Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; 17 pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. 18 ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún". Filipenses 1:12-18. 

¿Cómo veía Pablo su encarcelamiento? ¿Qué lecciones podemos aprender de su actitud a pesar de las circunstancias en las que se encontraba?

El mensaje que Pablo envió a la iglesia por medio de Epafrodito sorprendió indudablemente a los filipenses. Pablo veía sus circunstancias con otros ojos. Su discernimiento espiritual lo llevó a considerar su encarcelamiento como algo positivo, ya que no obstaculizó en absoluto su tarea, sino que «ha contribuido más bien al progreso del evangelio» (Filipenses 1:12). Donde otros solo veían cadenas y barrotes, Pablo veía a sus guardias romanos como potenciales ciudadanos del Reino de Dios. También vio que su encarcelamiento animaba a otros a ser más activos y a estar más decididos a difundir el evangelio, a hablar con valentía en nombre de Cristo sin temor a las consecuencias.

Aunque resulte inconcebible, algunos pensaron que el encarcelamiento de Pablo significaría más atención para ellos y su propia predicación del evangelio. ¡Qué lamentable ejemplo de egoísmo dentro de la iglesia misma! Como había dicho Jeremías mucho antes: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9).

Afortunadamente, en contraste, algunos obreros fieles se volvieron más activos en su difusión del evangelio. Amaban tanto a Pablo que el sufrimiento que le vieron soportar por su fe los llevó a confiar más en Cristo, a ser aún más activos en la causa del Señor, a ir adonde antes temían adentrarse, a hablar en situaciones en las que antes guardaban silencio; hizo también que aún más personas aceptaran a Cristo y difundieran el evangelio de salvación.

¿Qué has aprendido de experiencias incuestionablemente malas, pero que te han reportado algo positivo? ¿Cómo podemos aprender a confiar en Dios incluso cuando el resultado positivo no es evidente?

IV. EL FRUTO DEL EVANGELIO

La relación de Pablo con los colosenses era diferente de la que tenía con los cristianos de Filipos. Él los incluía entre aquellos que «nunca me vieron» (Colosenses 2:1). No obstante, Pablo les aseguró, como a los filipenses, que «siempre» daba gracias a Dios por ellos en sus oraciones.

"Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, 4 habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, 5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, 6 que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad, 7 como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo para vosotros, 8 quien también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu". Colosenses 1:3-8. 

¿Por qué tres cosas agradece Pablo a Dios?

Pablo reúne las tres virtudes que menciona en otros lugares: fe, esperanza y amor (ver 1 Corintios 13:13; 1 Tesalonicenses 1:3; 5:8). Nota que Pablo no atribuye estas virtudes a los colosenses, sino que da gracias al Padre por ellas, pues se cuentan entre las dádivas o dones «buenos y perfectos» que recibimos de él (Santiago 1:17). El amor que Dios siente por nosotros nos conduce a la fe en Cristo (Efesios 2:4-8) y a la esperanza del Cielo, que Pedro describe como «una herencia que nunca puede perecer, ni contaminarse, ni marchitarse, reservada en el cielo para ustedes» (1 Pedro 1:4).

Pablo también subraya que el evangelio es digno de confianza porque se basa en «la palabra de verdad», una expresión que Pablo utiliza en otros lugares para referirse a la palabra inspirada de Dios (ver 2 Corintios 6:7; 2 Timoteo 2:15). A diferencia de «la palabra de los hombres», aquella «actúa» eficazmente en quienes creen (1 Tesalonicenses 2:13) y cumple la voluntad de Dios (Isaías 55:11). Así, cuando se proclama el evangelio, el poder de Dios se manifiesta mediante la obra del Espíritu Santo en los corazones de quienes oyen y responden. El propio evangelio produce ese fruto porque es «palabra de vida» (Filipenses 2:16).

Quizá lo más asombroso sea la propagación del evangelio en un lapso tan breve. Unos treinta años después de la muerte y la resurrección de Cristo, Pablo ya podía decir que se había extendido «a todo el mundo» (Colosenses 1:6). Un poco más adelante, en el mismo capítulo, el apóstol dice que el evangelio «es predicado a toda criatura que está debajo del cielo» (Colosenses 1:23).

La extensa red de carreteras romanas hizo posible la celeridad en la comunicación y los viajes rápidos, y así fue como las epístolas de Pablo pudieron circular tan amplia y velozmente. Sin embargo, el poder de Dios que actúa a través del mensaje de la verdad es lo que hace nacer la vida espiritual en las personas (Santiago 1:18; 1 Pedro 1:23) y las convierte en nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5:17).

En Colosenses 1:5, Pablo se refiere a «la esperanza que les está guardada en el cielo». ¿Cómo interpretas esa esperanza y por qué se aplica a ti, aunque seas realmente indigno?

]V. EL PODER DE LA ORACIÓN

"Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11 fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; 12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz". Colosenses 1:9-12. 

¿Qué peticiones concretas encuentras en la oración de Pablo?

Pablo ora para «que sean llenos del cabal conocimiento de su voluntad». Pablo describe el conocimiento de la voluntad de Dios como «sabiduría e inteligencia espiritual» (Colosenses 1:9). La sabiduría proviene de confiar plenamente en Dios, estar dispuestos a hacer su voluntad (Juan 7:17) y no apoyarnos en nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:5). Pero a menudo surge la pregunta: «¿Cuál es la voluntad de Dios para mí en esta situación?». 
Hay cuatro fuentes principales de conocimiento acerca de la voluntad de Dios:
1. La fuente más importante de sabiduría es la Biblia misma: «Lámpara es para mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino» (Salmos 119:105).
2. Dios nos ha dado sabiduría especial para los últimos días mediante el Espíritu de Profecía (Apocalipsis 12:17; 19:10), que se ha manifestado a través de los escritos de Elena G. de White. La Biblia nos alienta: «Crean al Señor su Dios y estarán seguros; crean a sus profetas y serán prosperados» (2 Crónicas 20:20).
3. La voluntad y la conducción de Dios también pueden conocerse a través de circunstancias providenciales, al pedirle que abra o cierre puertas (ver Colosenses 4:3).
4. El Espíritu Santo nos guía una vez que hemos aprendido a reconocer su voz: «Si te desvías a la derecha o a la izquierda, oirás detrás de ti una voz que te dirá: “Este es el camino, síguelo”» (Isaías 30:21).

Pablo oró para que los colosenses anduvieran «como es digno del Señor» (Colosenses 1:10). Por supuesto, nadie es inherentemente «digno», pero Dios nos considera dignos por su gracia y nos llama a vivir de acuerdo con ese elevado llamamiento (Efesios 4:1; 1 Tesalonicenses 2:12). Pablo utiliza el verbo «andar» tres veces más en esta carta (Colosenses 2:6; 3:7; 4:5) y se refiere con ello a vivir y actuar de acuerdo con la Ley de Dios (Éxodo 18:20), lo cual solo es posible mediante la obra del Espíritu Santo (Ezequiel 36:27).

Pablo también ora para que la vida de los cristianos de Colosas (y la nuestra) «agrade en todo» al Señor, y enumera luego varias maneras de lograrlo: fructificando en toda buena obra (Colosenses 1:9, 10); creciendo en el conocimiento de Dios (vers. 10) y dándole gracias (vers. 12).

Si alguien te preguntara: «¿Cómo sabes que Dios te está guiando en una dirección o en otra?», ¿cómo responderías y por qué?

CONCLUSIÓN

«Muchos son incapaces de idear planes definidos para el futuro. Su vida es inestable. No pueden entrever el desenlace de los asuntos, y esto los llena a menudo de ansiedad e inquietud. Recordemos que la vida de los hijos de Dios en este mundo es vida de peregrino. No tenemos sabiduría para planear nuestra vida. No nos incumbe amoldar lo futuro en nuestra existencia. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8).

»Cristo, en su vida terrenal, no se trazó planes personales. Aceptó los planes de Dios para él, y día tras día el Padre se los revelaba. Así deberíamos nosotros también depender de Dios, para que nuestras vidas sencillamente sean la manifestación de su voluntad. A medida que le encomendemos nuestros caminos, él dirigirá nuestros pasos.

»Son muchos los que, al hacer planes para un brillante futuro, fracasan completamente. Dejad que Dios haga planes para vosotros. Como niños, confiad en la dirección de Aquel que “guarda los pies de sus santos” (1 Samuel 2:9). Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos escogerían, si pudieran ver el fin desde el principio y discernir la gloria del designio que cumplen como colaboradores con Dios» (MC, 343, 344).

¿Cómo puedes aprender a confiar en Dios de una manera tan profunda?

Piensa en la semana que está terminando y haz una lista de razones por las que estás agradecido. ¿Es posible que tengas más motivos de gratitud de los que crees?

A la luz de Colosenses 1:6, 23, analiza la siguiente afirmación: 
«Durante cuarenta años, la incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra de Canaán. Los mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en la Canaán celestial. En ninguno de los dos casos faltaron las promesas de Dios. La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años. Si la iglesia de Cristo hubiese hecho su obra como el Señor le ordenaba, todo el mundo habría ya sido amonestado y el Señor Jesús habría venido a nuestra Tierra con poder y grande gloria» (EUD, 36). ¿Cómo podríamos ser hoy culpables de los mismos errores?

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